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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020331

Título: ¿Estamos descartando a Cristo?

Original en audio: 10 min. 31 seg.


El salmo que utilizamos en la celebración de hoy, es un salmo de victoria. Y Jesús en su predicación lo utilizó también alguna vez, cuando discutía con las autoridades judías.

La frase más conocida, tal vez, de ese salmo es: "La piedra que desecharon los arquitectos, se ha convertido en piedra angular" Salmo 118,22. En la Cruz, Cristo es ese despojo. Ha sido desechado, ha sido descartado.

Judas Iscariote lo descartó: "Éste no sirve para nada". Los Apóstoles, amigos de Él, lo descartaron: "Éste no nos va a defender, ni se va a poder defender". El sumo sacerdote lo descartó: "Éste es un pecador, es un blasfemo".

Poncio Pilato lo descartó: "Seguramente se trata de un loco. En todo caso le tienen envidia, pero yo me lavo las manos. Hagan con Él lo que quieran". Jesucristo fue descartado. Su pueblo lo desechó. Él es la piedra desechada.

Pero ahora, el Cristo Resucitado es el único que puede ofrecer salvación. El Cristo Resucitado es el comienzo del universo nuevo. El Cristo Resucitado es la revelación del rostro verdadero de Dios Padre: "Es la imagen de Dios invisible" Carta a los Colosenses 1,15, nos dirá San Pablo.

El Cristo Resucitado es la verdadera libertad de Israel. El Cristo Resucitado es la verdadera justicia, es el verdadero derecho, para que lo escuche Poncio Pilato.

De manera que lo que decía ese salmo se cumplió, y vemos que se cumple exactamente en este día. El Cristo desechado, el Cristo descartado, es ahora centro de nuestra atención, es ahora centro del universo, es ahora fundamento, cimiento de la creación nueva.

Eso podemos decir históricamente de lo que sucedió en aquella época. Pero también lo podemos decir de nuestra época. Porque es fácil decir nosotros: "Estaba equivocado Poncio Pilato, porque descartó a Cristo".

Muy fácil decir nosotros: "Se equivocó el sumo sacerdote, porque descartó a Cristo". Fácil para nosotros decir: "Se equivocaron los Apóstoles, porque descartaron a Cristo".

Pero nosotros mismos: ¿No será que a veces también estamos descartando a Cristo? La Primera Carta de Juan dice: "El que dice que está en Él, tiene que vivir como Él vivió, tiene que andar como Él anduvo" 1 Juan 2,6.

Nosotros descartamos a Cristo, cuando no seguimos el camino que mostró Cristo, cuando nos parece que ese camino no es el que nos va a traer resultados. Nosotros descartamos a Jesucristo, si Jesús nos invita a la humildad, y nosotros decimos: "La humildad es para los pendejos". Ahí estamos descartando a Cristo.

Estamos diciendo: "Jesús, muy bonito su Evangelio, pero para usted. Porque para mí, yo prefiero el orgullo, prefiero la soberbia".

Si Jesús nos dice: "El que mire a una mujer casada deseándola, ya cometió adulterio con ella en el corazón" San Mateo 5,28, y nosotros seguimos cometiendo esa falta o cualquier otra falta, ¿qué le estamos diciendo a Jesús? "Su camino será para usted. Pero yo sigo por los caminos míos, porque para eso soy muy hombre". Ahí estamos descartando a Cristo. Le estamos diciendo: "Su propuesta no vale conmigo".

Si Jesús dice: "Ustedes recen por sus enemigos" San Lucas 6,27, y nosotros estamos amontonando en el corazón las palabras para el insulto que le vamos a meter a nuestro enemigo, o estamos revolviendo rencores, o estamos repartiendo murmuraciones, ¿qué le estamos diciendo a Cristo? Le estamos diciendo: "Mire, sus Palabras son muy bonitas, pero yo no les voy a hacer caso". Ahí estamos descartando a Cristo.

Cristo tiene una propuesta, Cristo nos muestra un camino, que es el camino de los hijos de Dios. Y por eso en este día de la Resurrección, tenemos que preguntarnos, si queremos aceptarle el camino a Cristo, o si vamos a descartar a Cristo también.

Claro que la mayor parte de nosotros, los que estamos aquí, tal vez hemos tenido las dos experiencias. Es decir, hemos tenido la experiencia de descartar a Cristo, lamentablemente, pero también hemos tenido la experiencia de volvernos hacia Él y descubrir que sólo en Él, se puede fundar una vida, y sólo en Él, se puede fundar un hogar.

Por ejemplo, cuando en una pareja el resentimiento por todo lo que se han hecho y todo lo que se han dicho, es lo único que reina y parece que lo único que queda en esa casa es destrucción, pero esa pareja hace un retiro espiritual, o va a un encuentro matrimonial, o sencillamente cada uno recapacita, escucha un buen consejo, hace una buena confesión, ¿qué están haciendo?

Cuando el resentimiento reinaba, habían descartado a Cristo, porque el resentimiento es el triunfo del odio, del egoísmo y de la soberbia, por encima del perdón y de la misericordia.

Cuando el resentimiento reinaba, habían descartado a Cristo. Pero cuando cada uno recapacitó y dijo: "Oiga, ¿yo qué estoy haciendo? ¿A dónde estoy llevando este barco, que es nuestro hogar? ¿A dónde lo estoy llevando? ¿Al fracaso? ¿A que se hunda? Yo tengo que dejar mi orgullo de hombre; yo tengo que dejar mi sensibilidad de mujer, hipersensibilidad de mujer.

"Tengo que recapacitar. A base de gritos y de odio no voy a lograr nada. Yo voy a tomar una actitud distinta".

Y desde esa actitud distinta, que es la actitud que nos enseña Cristo, renace el hogar. Esa es una experiencia muy hermosa: ver que nosotros mismos hemos descartado a Cristo, hemos desechado a Cristo porque no le hemos creído, pero Cristo mismo nos da la oportunidad de recapacitar, nos da la oportunidad de arrepentirnos, y nos da la oportunidad de pensar otra vez.

Entonces, ¿qué viene a suceder? Que luego habla uno con esa pareja y dice: "Ahora sí tenemos hogar, ahora sí tenemos familia. Desde que Jesús llegó a esta casa, ahora sí hay casa. Desde que Jesús llegó a mi vida, ahora sí tengo vida".

¡Ahora sí tengo vida! ¿Eso qué quiere decir? Que yo había descartado a Cristo, pero ahora descubro que Él es el único fundamento, que Él es la piedra angular, que Él es el cimiento sobre el que puedo parar mi vida.

Hermanos, esta es una manera de mirar la Pascua. Dos preguntas para terminar: ¿En qué cosas de tu vida has descartado a Cristo? Cristo nos habla de misericordia, de perdón. Cristo nos habla de obediencia a Dios Padre y de una vida en alabanza. Cristo nos habla de caridad, de verdad, de pureza. Ese es el lenguaje de Cristo. ¿Has aceptado ese lenguaje? ¿O sigues descartando a Cristo?

Segundo: Suponiendo que hay cosas en nuestra vida en las que no hemos aceptado a Cristo, ¿qué estamos esperando? ¿Qué estamos esperando para decirle sí al Señor? Para decirle: "Quiero que seas el Señor de toda mi vida, quiero que la Pascua no sea una noticia de hace dos mil años, sino sea la gran noticia de hoy, de mañana y de siempre"

Amén.