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Fecha: 20010415
Título: Un retrato de Jesucristo
Original en audio: 19 min. 37 seg.
El Apóstol Pedro, en la casa de un hombre llamado Cornelio, hizo ese pequeño discurso que oímos en la primera lectura. Cornelio no era de familia judía. Por eso, decimos que era un pagano.
Y como nosotros tampoco somos de familia judía, -seguramente, ninguno de nosotros lo es-, también nosotros somos como Cornelio; es decir, nuestros antepasados fueron paganos, adoraron las fuerzas de la naturaleza, tuvieron ídolos.
Pedro le habla a Cornelio y a los que están en la casa de Cornelio, gente que no conocía la Alianza, o mejor, gente que no pertenecía a la Alianza.
Lo que me llama la atención del discurso del Apóstol Pedro, es que resume lo que fue la vida de Cristo. Esas palabras de Pedro nos muestran bien quién fue, quién es Jesús.
Dice Pedro: "Jesús de Nazareth...", -¿quién es Jesús de Nazareth?-, "Ungido por Dios, con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él" Hechos de los Apóstoles 10,38.
Son cuatro cosas. Ahí está descrito Jesús. Y es muy importante saber quién es Él. Porque, si no, el día de hoy, el día de la Resurrección de Cristo, se convierte solamente como en una especie de magia: un hombre que estaba muerto y que de pronto como que resucitó.
La Resurrección de Cristo no es simplemente un hecho asombroso. La Resurrección de Cristo es el corazón de nuestra fe. Y por eso, necesitamos conocer quién es ese Jesús.
¿Quién es Ése? Porque, no murió por casualidad ni resucitó por magia. ¡Cristo no murió por casualidad! ¡Cristo no resucitó por magia! Hay que saber quién es Cristo. Y Pedro, en la lectura de hoy, nos presenta el retrato de Jesús en cuatro puntos.
"Ungido por Dios, pasó haciendo el bien, curó a los oprimidos por el diablo, Dios estaba con Él" Hechos de los Apóstoles 10,38.
¡Ungido por Dios! ¿Qué es ungir? Untar. Estaba impregnado, untado, poseído, rebosante, lleno, oloroso a Espíritu Santo. ¡Ungido con el Espíritu Santo!
De hecho, la palabra "Ungido", lo que significa es éso, Cristo. La palabra Cristo quiere decir, Ungido, en la lengua griega. Cuando uno dice, Jesucristo, lo que está diciendo es, Jesús es el Ungido.
Luego, fíjese que en esta lectura de los Hechos de los Apóstoles, capítulo diez, está como una explicación del Nombre de Cristo. Porque, lo primero que dice Pedro es, que, "Jesús es el Ungido" Hechos de los Apóstoles 10,38.
Ungido por Dios, es lo primero. Ungido por Dios, impregnado, empapado, -diríamos-, rebosante del Espíritu. Ungido, como se ungía a los reyes.
¡Ungido! ¿Qué quiere decir ungido? Quiere decir, señalado y separado por Dios, para conducir como Rey y como Pastor a su pueblo. Quiere decir, dotado por Dios con la fuerza para una misión particular. Quiere decir, lleno de la presencia de Dios para hacer una obra.
Eso quiere decir ungido. Y Jesús es el Ungido. Jesús es el Cristo, Él es Jesucristo, Jesús-Cristo. Por ahí va el retrato de Nuestro Señor.
Segundo elemento: "Pasó haciendo el bien" Hechos de los Apóstoles 10,38. ¡La bondad! ¡La bondad de las obras de Cristo! ¡La bondad de las palabras de Cristo! ¡La bondad de las actitudes de Cristo!
Ahí está, podríamos decir, la presencia de Dios en acción. Está Dios obrando. "Pasó haciendo el bien" Hechos de los Apóstoles 10,38.
¡Es tan bella esta Palabra que se dice sobre Cristo, que yo pienso, lo más hermoso que se puede decir de una persona cuando ya se ha ido de esta tierra, es éso: "Pasó haciendo el bien".
Pregunta para nosotros: ¿Se puede decir lo mismo de nosotros? Si alguien tiene que resumir la vida mía porque yo me muera hoy o mañana, ¿puede decir que por donde pasaba, hacía el bien?
"Pasó haciendo plata, pasó haciendo negocios, pasó haciendo su capricho, pasó haciendo lo que se le daba la gana, pasó aprovechándose de cualquiera que pudo, pasó marcando su ley, pasó regando todo en sangre, pasó matando a diestra y siniestra".
Esos son retratos de personas humanas. ¿Será ése el retrato que queda de mí, o que queda de ti cuando nos vamos?
De Cristo se dice: "Pasó haciendo el bien" Hechos de los Apóstoles 10,38. Donde estuvo, hizo el bien. ¡Qué hermosa expresión! ¡Es la señal! Podríamos decir, que es la exteriorización del primer punto.
El primer punto es: "Estaba ungido por el Espíritu Santo" Hechos de los Apóstoles 10,38. Y el segundo punto es como la exteriorización de ese primer punto.
Precisamente porque estaba lleno del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien. Donde estuvo, hizo el bien, y eso es muy hermoso.
Porque, es una invitación a que nosotros le digamos a Cristo: "¡Pasa por aquí! ¡Pasa por aquí!" Hay varios cantos que dicen: "Jesús está pasando por aquí...", -¿si lo ha oído?-, "Jesús está pasando por aquí, y cuando pasa, todo se transforma, se va la tristeza, llega la alegría,..." El canto es de ese capítulo, capítulo décimo de los Hechos de los Apóstoles.
Hay otro canto que lo he escuchado unas poquitas veces, utilizado mucho en la Costa Atlántica de Colombia: "Paséate, Nazareno, Nazareno, paséate. Paséate, Nazareno, Nazareno, paséate..." Tiene ritmo de, "yo no sé cómo se llama", diciéndole a Jesús éso: "¡Paséate! ¡Paséate!"
¡Es tan bonito pensar en ello! Por ejemplo, una asamblea. Estamos aquí reunidos: "¡Paséate, Jesús!" Como, Jesús, por donde pasa, va haciendo el bien: "¡Paséate! ¡Paséate, Jesús! ¡Paséate!"
"Pasa cerca del que está triste, pasa cerca del que está cansado, pasa cerca del que está dormido, pasa cerca del que está amargado. ¡Pasa, Señor! ¡Paséate, Nazareno! ¡Paséate!"
Porque, donde va pasando Jesús, va haciendo el bien. Lo mismo en la casa. Hay que decirle a Jesús: "Paséate, Nazareno, Nazareno, paséate...".
Hay que decirle a Jesús, -no todo tiene que ser vallenatos, ni salsa; trans, rock; hay que ponerle también otras canciones a esto-, "Paséate, Nazareno, Nazareno,..."
Hay que pedirle a Cristo que se pasee. Usted tiene que llegar hoy a su casa y decir: "Paséate, Nazareno, Nazareno, paséate..." Tiene que ir por toda la casa, irse a la cocina y decirle: "¡Paséate por aquí!" Irse, allá, a las habitaciones e insistir: "Jesús, paséate por aquí. ¡Paséate!"
"Que no te vayamos a ofender en esta casa, Jesús. Que esta casa esté llena de ti, Jesús. Porque, Tú eres el que pasa haciendo el bien".
A veces, cuando se hacen Misas por los enfermos, también se utiliza este mismo texto. Hay otro canto que pide: "Pasa por aquí, Jesús, pasa por aquí. Pasa por aquí, Jesús, pasa por aquí..." ¿Por qué? Porque, Jesús, por donde pasa, pasa haciendo el bien.
Si usted siente, por ejemplo, que está malo, -no sólo que es malo, sino que está malo-, de la gastritis, o de los riñones, o de lo que sea, tiene que decirle a Jesús: "Pasa por aquí, Jesús, pasa por aquí..." Porque, Jesús, donde pasa, pasa haciendo el bien.
Si usted tiene, por poner el caso, entre sus planes, casarse, si usted tiene amigos y le proponen un negocio, usted tiene que rogarle a Jesús: "Jesús, en este negocio, o en este noviazgo, o en esta pareja que tengo, Jesús, pasa por aquí. ¡Pasa por aquí, Jesús! Que este noviazgo esté lleno de tu presencia."
Jesús no te va a dañar nada que valga la pena y sí te va a guardar de muchos peligros que te pueden estar acechando.
Una vez había una muchachita que estaba muy encaprichada con un noviecito que tenía. Fue a hablar conmigo y me dijo: "-Es que en la casa no me dejan tener ese novio, porque es que mis papás son unos amargados; es que mis papás son del siglo pasado". "-¡Todos somos del siglo pasado!"
"-Mis papás son del siglo antepasado, mis papás jugaban con dinosaurios, mis papás son muy viejitos, mis papás no me entienden, y yo quiero tener mi novio".
"-¿Y usted ya le dijo a Jesús que pasara por ese noviazgo?" "-No, padrecito, eso sí no he dicho". "-Hagamos una oración. Vamos a decirle a Jesús que si ese noviazgo le conviene, que se afiance, que se arreglen las cosas en su casa. Pero, si ese noviazgo no le conviene, que se acabe".
Y eso sí fue santo remedio. A los tres días había resultado una pelea terrible. Entonces, volvió: "¡Ahora sí entiendo qué era lo que quería ese hombre conmigo! Y ahora sí entiendo a mis papás, aunque habían jugado con dinosaurios. ¡Ahora sí entiendo a mis papás!"
¿Ven? Jesús salvó a esa muchacha. La salvó, seguramente, de un problema muy grave en que se estaba metiendo. ¿Cómo la salvó Jesús? Jesús pasó.
Y ahí es donde viene el tercer punto: "Jesús cura a los oprimidos del diablo" Hechos de los Apóstoles 10,38. Donde va llegando Cristo, al poder de las tinieblas le toca irse. Así como cuando llega la luz; -ahorita acabó de llegar la luz-. ¿Y las tinieblas? ¡A correr! A correr porque llegó la luz. Donde llega Cristo, la maldad sale a correr.
Hay un Salmo muy lindo que dice: "Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos. Huyen de su presencia los que le odian" Salmo 68,1. ¡Ése es Jesús!
Y Cristo, el Jesús, el Nazareno, se levanta con una luz nueva, una luz que nadie puede detener. Arroja las tinieblas y las aleja.
"¡Ven, Jesús! Queremos que te levantes en medio de nosotros, así como te levantaste del sepulcro. ¡Levántate, Jesús, en medio de nosotros! ¡Levántate! ¡Alumbra todo! ¡Expulsa las tinieblas, Jesús!"
Y el cuarto punto es en el fondo, igual al primer punto. "Dios estaba con Él" Hechos de los Apóstoles 10,38. ¡Dios estaba con Él! Cristo es el lugar del encuentro con Dios. ¡Ése es Cristo!
Mis hermanos, eso es lo que podemos esperar de Cristo. Pero, hay una pequeña diferencia. Cuando Pedro dijo esto, se estaba refiriendo a lo que había sido la vida de Cristo antes de padecer. Y alguien podrá afirmar: "Bueno, pero ya se murió". ¡Pues, claro! Ya se murió y ya resucitó.
¿Y sabe cuál es la ventaja de que haya resucitado? Antes, cuando todavía no había muerto, estaba como limitado. Porque, su presencia, de alguna manera, sólo podía llegar hasta donde llegaba su Carne, hasta donde llegaba su Cuerpo.
Ahora, que vive resucitado de entre los muertos, no hay quien lo pare. Ahora, que vive resucitado de entre los muertos, nadie lo puede detener. ¡Nadie!
Ahora, hasta atraviesa paredes. ¿No ve que los discípulos estaban asustados y se les entró con las puertas cerradas? Ahora, nadie lo puede asustar, nadie tiene poder sobre Él, nada lo puede limitar.
Ahora, está libre para hacer esto: darnos su unción, darnos su bondad y darnos su liberación sin límites. Por eso, puede pasearse por aquí, por este pueblo, por estas familias, y nadie le puede decir nada.
¡No hay retén que lo pare! Allá va Jesús, de día y de noche. ¡Allá va Jesús! Nadie lo puede detener.
¡Es libre, tiene vida y nos ama! ¡Es el Resucitado! ¡Aleluya!