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Fecha: 19970330

Título: La resurreccion de Cristo responde al ansia de vida que hay en el corazon humano

Original en audio: 20 min. 3 seg.


El evangelio de hoy termina con una afirmación muy profunda, “Él debía resucitar de entre los muertos” San Juan 20,9.

En el texto original esto se dice por medio de un verbo, el verbo " ", en griego, que indica una cosa que tiene que ser, que es necesario que sea, eso tenía que ser así.

Y es bueno que en esta mañana de la Pascua nos preguntemos por qué tenía que resucitar Cristo de entre los muertos, si lo que dice es que tenía que resucitar, era necesario, eso tenía que ser así ¿por qué tenía que ser así?

Ese es el mismo tema que nos encontramos en la primera lectura, dice el Apóstol Pedro, “Ya conocéis el acontecimiento que trascendió a todo el territorio judío, me refiero a cómo ungió Dios a Jesús de Nazaret, llenándolo del Espíritu" Hechos de los Apóstoles 10,37-38.

"Pasó haciendo el bien y curando a todos los que estaban bajo el dominio del diablo. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día” Hechos de los Apóstoles 10,38-40.

Y luego dice: “De Él dan testimonio todos los profetas, declarando que el que cree en Él, e invoca su nombre, recibe el perdón de los pecados” Hechos de los Apóstoles 10,43.

Los profetas dan testimonio de que Cristo tenía que resucitar de entre los muertos, ¿por qué tenia que resucitar? Por una razón hermosa, sencilla: porque el amor no estaba en el plan original de Dios, dice el libro de la Sabiduría: “Tú sólo lo creaste para que subsistiera” Sabiduría 1,14.

Y por eso, el corazón humano tiene anhelo de inmortalidad, tiene ansia de no morir, de vivir, de permanecer; y la muerte viene a cerrar nuestras esperanzas, y con la muerte, todo lo que anticipa la muerte, por ejemplo, la vejez, la enfermedad, los accidentes, las incapacidades, el cansancio mismo, a su manera, el sueño.

Todo lo que anticipa la muerte frena nuestros anhelos. Suponga, por ejemplo, que a uno de ustedes le guste mucho el estudio y quiere estudiar y quiere preparase mucho, pues tarde o temprano usted puede prepararse en muchas cosas, pero usted no puede estudiar cien años o doscientos años.

Y supongamos que a usted le gustara mucho algo, por ejemplo, los computadores, pero estudiar computadores es algo que toma muchísimo tiempo, porque es una ciencia muy extensa.

Lo mismo que las demás ciencias, la ciencia de la informática, de los computadores, es como un árbol en el que uno tiene que especializarse, y cuando usted escoge una rama de ese árbol de la ciencia, ya no puede seguir por otra rama, porque necesitaría otra vida para especializarse en otra cosa.

Es lo mismo que les sucede a los médicos, ¿qué médico hay que sea experto en todas las cosas? Un médico sabe o es experto en algo del ser humano, por ejemplo, en las enfermedades del corazón.

¿Pero hay un médico que sea al mismo tiempo especialista en enfermedades del corazón, en problemas neurológicos, en problemas del riñón, en cáncer, en lepra, tuberculosis, en enfermedades epidémicas? No.

Ya los antiguos latinos lo decían con un proverbio: "El arte, la ciencia, la técnica, son muy extensos, y la vida se acaba.

Supongamos otra persona que dice: "Bueno, a mí no me interesa tanto esos asuntos del estudio, yo lo que quiero es gozar y pasarla bien; a mí me interesa, yo soy un hombre tranquilo, yo soy un hombre guapachoso, a mi lo que me interesa es gozar y pasarla bueno".

¿Cuánto tiempo la puede pasar bueno una persona? Supongamos una persona a la que le guste mucho el trago, ¿cuánto tiempo la puede pasar bueno? Ahí se mete su borrachera, como se dice vulgarmente, y toma trago aquí y toma trago allá.

Y supongamos que tiene mucha plata y que la plata le rinde, y él gasta su plata aquí y gasta su plata allá, es posible que tenga mucho dinero, pero no tiene suficiente hígado. Empobrecido prematuramente, lleno de lagunas y de enfermedades, con el hígado podrido, a la tumba.Quizá tiene mucho dinero.

Pero siempre hay algo que frena nuestro anhelo de felicidad, nuestro anhelo de ciencia, y ese algo es la muerte y lo que anticipa la muerte, por ejemplo, la vejez, por ejemplo, la misma enfermedad, y tantas otras cosas.

¿Qué será lo que uno pueda hacer que siempre lo pueda hacer? Si a una persona le cuesta mucho el trabajo, ya llegando a la vejez... Yo conocí a una anciana a la que le gustaba mucho bordar, le gustaba mucho tejer y hacía unas obras de bordado bellísimas, ella era feliz en eso.

Pero pasan los años y los ojitos se le fueron acabando y se le fueron acabando y se le fueron acabando y ya ella ya no podía hacer su bordado.

Parece que la muerte nos estuviera esperando en todas las cosas de la vida, parece que la muerte saliera al paso de todos los caminos.

Y bien pronto, mucho más pronto de lo que uno cree la piel se arruga, las piernas se cansan, las rodillas duelen, los ojos se agotan, las fuerzas abandonan y una especie de tristeza te va llegando al alma, y ya no estamos en la flor de la juventud, sino que la enfermedad y la vejez nos van cerrando nuestras esperanzas.

Uno necesita, por ejemplo, veamos una niña muy simpática, ella es la flor de todas las fiestas, le llueven los admiradores, la quiere mucho la gente, qué niña tan bella, qué muchacha tan simpática.

Al poco rato la vida de trasnoche, de desorden o de baile, y aunque no sea una vida desordenada, al poco tiempo, mucho más pronto de lo que nosotros creemos, empieza la niña a mirarse en el espejo y ya están las arruguitas, -empiezan siempre por los ojos-, ya empezaron las arruguitas, ya la gente se da cuenta cuando sonríe, ya ahí está su arruga que le va saliendo.

Ya se va dando cuenta de que se agacha la cabeza, la arruguita en el cuello, y ya se va dando cuenta de que hay otras niñas, que esas están en la flor, y esas son las que llaman ahora la atención.

Entonces la muchachita dice: "Bueno, entonces lo que pasa es que necesito una operación, entonces le hacen una operación y le tiemplan toda la cara para que se le acaben todas las arrugas, y sale así toda templada de la operación, ¿cuánto le dura esa operación? Al cabo de un tiempo, la arruga por aquí, la arruga por allá.

Queridos amigos, la muerte acecha a la vida humana; todo lo que nosotros intentamos tiene en su fondo y tiene en su horizonte la muerte, pero no sólo la muerte, el límite de nuestras propias fuerzas.

Una persona llega a entender, en su empresa, en su trabajo, en la política, siempre llega un momento en el que uno se convence: " Bueno, yo, por lo menos en esta vida, yo Presidente de la República no voy a ser; en esta vida, por lo menos, yo nunca haré tal cosa, nunca haré tal cosa. Creo que está suficientemente clara la idea.

La muerte acecha, la muerte detiene al corazón humano, pero Dios no quería la muerte, la muerte no estaba en el plan original de Dios.

Uno de ustedes que tenga mucha imaginación entonces dirá: "¿Quiere eso decir que si no hubiera habido pecado original entonces los seres humanos no morirían?" Esa es una pregunta fuerte, "¿entonces la gente no iba a morir? ¿Se quedaba viva, viva y viva, como quien dice, tendríamos por allá un viejitos arrugaditos?"

La Biblia dice, expresamente, es un lenguaje simbólico, que hubo personajes que vivieron no sé cuántos años, el que más vivió fue Matusalen, que vivió novecientos setenta y tantos años y entonces de pronto, uno de los viejitos que hay por aquí, pero no son viejitos, son juventud acumulada.

De pronto, algunos o algunas de los que tienen juventud acumulada, me dice: "Mire, Padre, son tantos los problemas que tiene la vejez, que qué pereza que uno tuviera que vivir doscientos, trescientos o quinientos años, imagínese uno quinientos años, ¿si ya desde los cincuenta y tantos, de los sesenta ya: "¿Cuánto falta? Ya no puedo vivir"?

"Ay, ¿qué haríamos con una vida más larga?" Pero es que en el plan original de Dios, -cuánto desconocemos de estas cosas-, en el plan original de Dios, la mente humana iba a tener un perfecto dominio sobre el cuerpo humano. Hay gente por ahí que se dedica a hacer ejercicios de concentración mental y a lograr que la mente domine sobre el cuerpo.

Hay gente que se pone a hacer tantos ejercicios de esos, que logra controlar las funciones musculares y nerviosas que normalmente uno no puede controlar, por ejemplo, la tensión.

Porque ahí, donde está, usted puede hacer usted lo que quiera, pero usted no puede cambiar su tensión arterial, la tensión viene de los músculos y músculos que rodean especialmente las arterias y esos músculos están fuera del control del sistema nervioso humano, es decir, del sistema nervioso que depende del cerebro y la médula espinal.

Uno no puede controlar eso, pero hay gente que se pone ha hacer control mental y en esa concentración tan tenaz logra cambiar la temperatura del cuerpo, logran cambiar la tensión arterial, logran alterar incluso los procesos de la digestión.

Fíjese usted que en el plan original de Dios la mente humana, lo espiritual en el hombre, iba a tener un completo poder sobre el cuerpo del hombre, y esa armonía entre lo más espiritual y lo más material fue rota por el pecado; en el plan original de Dios no era que la gente iba a envejecer hasta quedar como una uva pasa.

En el plan original de Dios no era que la gente iba a envejecer y envejecer, no, en el plan original de Dios las personas iban a tener una perfecta armonía dentro de su ser, iban a poder gobernar por completo sus funciones orgánicas, biológicas, a partir de su corazón y de su mente, ese era el plan original de Dios.

¿Y qué hubiera sido de la vida de estas personas? Por ejemplo,Adán, si Adán hubiera podido vivir y vivir, qué, ¿seguiría teniendo hijos como conejos? ¿Hijos, más hijos, más hijos? No, en el plan de Dios esas personas cada vez irían alcanzando una perfección mental y espiritual mayor, y cada vez se convertirían más en seres orantes y contemplativos, pero ese plan original de Dios se acabó.

Lo que la gente busca hoy en el yoga, en el método Silva, en la concentración mental, en la repetición de mantras o de frases raras por allá, y en las religiones orientales; lo que la gente está buscando en las religiones orientales hoy, es devolverse al paraíso terrenal, devolverse al plan que Dios tenía al principio, pero ese plan quedó cerrado ya por el pecado, ese plan quedó roto por el pecado original.

Parece gran novedad la superación personal, la concentración mental, el cuerpo astral, las personas que se concentran y se concentran hasta que quedan concentradas, las personas que se concentran, que por ejemplo, doblan una llave, luego tiene que venir otro que se concentre el triple para que enderece la llave.

Estas personas y estos métodos de meditación con posturas corporales raras, control de la respiración, repetición de frases extrañas, ¿qué están buscando? Están buscando lo que Dios había pensado para el ser humano si no hubiera habido pecado.

Y resulta que la fiesta de hoy de la Resurrección, es una fiesta para que descubramos la diferencia entre el paraíso y el cielo. El paraíso es una realidad en esta tierra, que suponía que se hubiera dado, la armonía de la mente y del cuerpo del hombre y de la naturaleza.

El paraíso terrenal prontamente se quedó roto por el pecado, y Dios por eso inventó otro plan que supone el perdón del pecado.

Nosotros ahora, nosotros los cristianos, no estamos para contemplar a ver si doblo una llave, o doblo una reja, o enderezo la reja, o tuerzo la reja, a nosotros no nos interesa el poder mental, ese poder mental lo hubiéramos tenido de manera perfectamente natural todos los seres humanos, si no hubiera habido el pecado.

Pero a nosotros no nos interesa devolvernos al poder mental, porque esa también es una idolatría, la idolatría de un poder; nosotros sabemos que ese camino ha quedado cerrado, eso se manifiesta en el Ángel ese, que estaba con una espada de fuego a la entrada del jardín de Edén.

El camino nuevo lo ha inaugurado Jesucristo y nosotros no estamos para recuperar los poderes mentales de Adán, sino para recuperar el cielo que ganó para nosotros Jesucristo. ¿Y qué es el cielo? Es la gran respuesta al ansia de vida que hay en el corazón humano.

En la existencia celestial en la que Cristo entró por su resurrección, en esa existencia celestial hay vida para el cuerpo y para el alma; Cristo tiene cuerpo y nosotros también vamos a resucitar con cuerpo, de ahí la santidad del cuerpo humano.

Cristo tiene cuerpo, Dios va a renovar todo nuestro ser, Dios va a transformarnos con el poder de su resurrección, de manera que todo aquello en nosotros que no quiere morir, encuentre una respuesta, pero eso no se logra a través de la concentración mental y la acumulación de poder, sino se logra a través de la fe nuestra y de la gracia de Dios.

Dios nuestro Señor vive; y Él, con su vida, le ha dado vida a nuestra vida. Dios nuestro Señor ha conquistado nuestro corazón, somos heredad suya, y lo que nosotros deseábamos, de no morir, por la fe y por la gracia, lo tenemos precisamente por Cristo.

A quien sea la gloria y el honor por los siglos eternos.

Amén.