Pablo 20 siglos después - 12

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Fecha: 20090205

Título: Algunos erores que debe evitar un evangelizador: declararse derrotado, apelar a una rutina juiciosa y seguir como si nada pasara, anorar el pasado y refugiarse en el, vender mas barato el Evangelio;

Original en audio: 68 min. 59 seg


Es desconcertante y triste ver a Europa dar la espalda a sus raíces cristianas, no sólo ni principalmente por lo que digan los papeles de una supuesta Constitución europea, sino ante todo porque la mayor parte de la gente se pronuncia en contra de las enseñanzas de la Iglesia y del Evangelio, especialmente en lo que atañe a la moral de la familia y el respeto a la vida frágil: el aborto, la eutanasia.

Ante un cuadro así, es muy humano querer ver resultados pronto, es decir, querer que muy pronto salga a luz un Cristianismo renovado, vigoroso y a la vez fiel a sus raíces multiseculares; un Cristianismo con real incidencia en la vida pública y en la sociedad.

Sin embargo, lo que uno se encuentra es casi lo opuesto, por ejemplo, con respecto al aborto es claro que la batalla se está perdiendo país tras país, ese es un hecho concreto; y luego sigue la eutanasia y las distintas versiones de matrimonio y de divorcio.

En ese sentido, España va bien, bien adelante, está marcando la parada a todos los que van detrás, gracias al actual Presidente del gobierno.

Entonces, lo que podemos desear, lo que es natural desear es que haya un cambio, y que haya un cambio pronto, y que la legislación refleje esa moral compartida por todos.

Es entendible, que quienes somos cristianos católicos, anhelemos ver que todo el desconcierto, el cinismo, el libertinaje, retroceden al fin, y llega un tiempo de orden, de sensatez, de respeto a Dios y a sus leyes y de celebración fervorosa de sus misterios.

Pero entre el estado actual y ese estado deseado hay, sin duda, un trecho bastante largo, y aunque no seamos muy mayores en edad, -aunque algunos quizá lo somos-, la convicción que uno tiene es que ya uno no verá esto.

Entonces, de lo que se trata es de aprender a sembrar. ¿Qué hay que hacer en este momento para poner bases, para sembrar en ese futuro?

"El desconcierto y el dolor pueden llevarnos a actitudes erradas". Este título que he querido dar a las dos predicaciones, ésta que tenemos y la siguiente, pues es un título un poco conflictivo, eso de hablar de errores es como presentarse uno en el terreno de: "Yo soy el que sé, yo soy el que está en la verdad y yo soy el que puedo enseñar".

Pero yo más bien utilizo aquí la palabra más o menos en el sentido en el que también la utilizaba, por ejemplo, Santo Tomás. Santo Tomás tiene una cantidad de títulos que son "contra", "Contra Errores Graecorum"; una de las Summas más famosas de Santo Tomás, pues es, por supuesto, "Contra Gentiles".

Entonces, en la mentalidad medieval, el decir uno: "Estoy contra tal cosa", no era animadversión, sino era una manera de fijar la propia postura, "que los demás sepan a qué atenerse, en dónde estoy parado yo".

Recientemente, el penúltimo Maestro de la Orden, Timothy Radcliffe, hablaba mucho de la importancia de esto: "En una conversación, tú fija tu postura y fíjala claramente", lo cual significa que tú hay cosas que compartes y hay cosas que no compartes. Cuanto más claro seas, dentro de un ambiente de respeto, se entiende, incluso de caridad; pero cuanto más claro seas tú, más avanza el diálogo.

La idea que preside este modo de hablar, repito, no es atacar, no es descalificar, sino es presentar una serie de posturas, que en este caso son fruto de una análisis, de una experiencia particular, que es la mía, quizá compartida por otros; pero aquí no se trata de posesión de la verdad ni se se trata de animadversión, sino se trata de fijar lo que ha sido el resultado de mi experiencia, porque así es como puedo ser útil.

Ya otro dira: "Pues esto que plantea Nelson no me convence o no me sirve; yo estoy en desacuerdo en esto y esto". Pero cuanto más claro sea yo, más rápidamente se llega a en qué estamos o no estamos de acuerdo.

Por eso, hace un tiempo me puse a compilar esto que he llamado "errores", "doce errores que no podemos cometer", "errores que deberíamos tratar de evitar a toda costa". Y la razón, para mí, la razón de evitar estos errores, es que los errores hacen más dolorosa la espera, hacen más largo el camino.

La mayor parte de los títulos casi que se explican por sí solos; por una vez voy a leer la lista de los doce errores. El primero, declararnos derrotados; segundo, apelar a una rutina juiciosa y seguir como si nada pasara; tercero, añorar el pasado y refugiarnos en él; cuarto, vender más barato el Evangelio; quinto, disparar anatemas contra todos.

Sexto, fiarnos demasiado de la apologética y los argumentos; séptimo, poner las esperanzas en el diálogo interreligioso, el movimiento ecuménico o las causas sociales compartidas; octavo, encerrarnos en los grupos piadosos; noveno, querer resolver los problemas con manuales, cánones y rúbricas.

Décimo, reemplazar a los sacerdotes con otro tipo de personas, o sea, básicamente laicos cualificados; once, centrar las fuerzas en la visibilidad política o en la relevancia social; duodécimo y último, suponer que veremos la cosecha.

Esta lista nace de algo de mi experiencia en Colombia, pero sobre todo de los últimos años en Europa, específicamente Irlanda; pero creo que, guardadas las proporciones, puede servir en otros contextos.

Bueno, vamos a ir comentando algunas cosas sobre estos errores, repito, unos son más obvios que otros. El primero es declararnos derrotados, entregar las armas. Esto sería simplemente reconocer la semilla que portamos, desconocer la semilla del Evangelio.

"La calidad de nuestra semilla es incorruptible" 1 San Pedro 1,23, nos dice el Apóstol San Pedro en uno de sus textos; "nosotros, -dice él-, hemos nacido de semilla incorruptible" 1 San Pedro 1,23.

Y ese "incorruptible" a mí me ha llamado la atención, porque nosotros, no sólo nuestro cuerpo, sino nosotros como seres humanos, y nuestras propias vocaciones, y nuestras instituciones son corruputibles.

Por ejemplo, la legislación dominicana, no porque sea la nuestra, -pero ya que estamos solos ponderémonos-, la legislación dominicana es una maravilla, para mí es una maravilla de la especie humana, así la catalogo.

Ese balance tan delicado y tan sabio que hay entre la comunidad y el superior; entre el individuo y el grupo; entre el apostolado personal y lo que hemos llamado a veces "proyecto comunitario"; ese querer que todas las voces sean escuchadas, pero que también haya un camino resuelto.

¡La legislación nuestra es una maravilla! Pero no está exenta de ser mal utilizada, y no falta el que encuentra el detalle, la coma, el parágrafo para salirse con la suya. Es decir, aún la ley nuestra, que recoge una experiencia de sabios y santos, puede ser corrompida.

Nuestras vocaciones son corruptibles, por supuesto, cada vez que tenemos que reconocer con humildad: "Necesito confesión", ¿eso qué es? Que algo en mí se ha pudrido, que algo en mí huele mal, que necesito renovarme, que necesito sanarme, quiere decir que estoy sujeto a corrupción.

Y así sucesivamente. Nuestras instituciones más venerables puede caer y han caído, de hecho, en corrupción de una o de otra manera; pero la Palabra de Dios es incorruptible, esto no sólo significa que dura, no es solamente como aquellos granos de trigo que encontraron en las pirámides de Egipto y que luego los sembraron y crecieron.

O sea, llevaban cuatro mil años guardados, y sin embargo no se habían dañado. No significa únicamente que la Palabra de Dios dura, sino significa que es más fuerte, más fuerte que todo lo que pudiera corromperla.

Creo que un ejemplo interesante nos lo da el Papa Gegorio Magno en la lectura que está en el día de su fiesta precisamente, cuando él dice que la Palabra tiene tanta fuerza, que juzga al mismo que la pronuncia, y él dice: "Por amor a esta Palabra, dejo que esta Palabra me condene".

Nosotros llevamos una Palabra que es tan fuerte, que es tan vigorosa, que es capaz de renovarnos a nosotros mismos, o por lo menos, es capaz de traer luz para situarnos en la verdad de los que somos, tenemos y hacemos.

Entonces, declararnos derrotados es un pecado contra la Palabra; declararnos derrotados es un pecado contra ese texto en particular que dice que la Palabra es incorruptible. Y, por supuesto, uno siempre se siente tentado de esto, en pequeño y en grande.

Las circunstancias pueden ser bastante adversas, y aquí serviría la parábola del sembrador, basta con mencionarla; las dificultades que dice Cristo ahí son las mismas que siguen sucediendo una y otra vez.

Gente que acoge la Palabra con entusiasmo, esa gente puede ser personas o puede ser culturas; culturas que acogen el Evangelio con entusiasmo, pero como una moda, y pasa la moda, y pasaron las conversiones, pasó la oleada de conversiones.

O también, gente que acoge la Palabra, pero que luego, en la maraña de los entretenimientos, de los placeres, de los negocios, y hoy podríamos decir la tecnología, la administración, la política, se complica, se enreda, se asfixia la semilla del Evangelio.

Es decir, vemos muchos fracasos, y es hasta cierto punto explicable que uno sea tentado de esto, de derrotismo. Pero una cosa es sentirse desalentado y otra declarase en derrota.

La pregunta es cómo vencer el desaliento cuando ves que la casa se te va quedando sola, que tu mensaje no es atacado, porque el mensaje atacado por lo menos algo pinta, pero el problema es cuando tu mensaje ni siquiera es atacado, por eso, dicho sea entre paréntesis, y que sirva de tributo de amor a España, yo tengo plena confianza en el revivir del Cristianismo en España.

Es tanta la virulencia de ataque contra la fe, contra la Iglesia, que para mí esa es señal, de uno y de otro bando, de la concienca de la vitalidad que está a ahí.

Yo creo, quizá no lo alcance a ver mayormente en el tiempo que Dios me dé en esta tierra, pero que España se levanta de donde está, y que viene una generación muy distinta y con el vigor que es característico de ese país, para mí eso no tien duda.

Lo que sucede es que yo lo veo, -perdón que pontifique aquí de un país que no es el mío-, pero lo veo como un país de extremos: si se tata de santos, pues es hasta el extremo, hasta reventarse, hasta rabiar; y si se trata de apostatar, pues a apostatar con todo, con ganas y maldecir, invocar al infierno, y discípulos de Satanás, y no sé cuántas cosas más.

Entonces, se va entre extremos; pero esos extremos hasta cierto punto hablan de una vitalidad. Más grave, me parece a mí, es el caso anglosajón, donde lo que se va tendiendo es una cobija de irrelevancia: "No importas", "no existes", "tú, ahógate; vete a tu sacristía y suicídate; procura no hacer mucho ruido". Es más o menos lo que va quedando allá: "No pintas nada", "no existes".

Cuando eso sucede, cuando la casa se va quedando sola, cuando las fuerzas vivas de la sociedad prescinden de todo aquello a lo que uno le ha empeñado la vida, eso duele mucho.

Claves que he encontrado y que me han servido: bueno, que el Cristianismo no tiene que ser una religión de mayorías. Es interesante pensar que cuando Pablo murió, no había en el mundo más cristianos de los que hay hoy en taiwan, esa cifra lo hace pensar a uno.

Y Pablo trabajó, y se esforzó, y todo aquello, y los demás apóstoles; pero muy probablemente no había más cristianos en todo el mundo, de los cristianos que hay en taiwan. Entonces eso le da a uno una cierta perspectiva.

El mensaje de aquellos apóstoles fue calificado de ridículo, de escandaloso, subversivo; les valió cárcel a los apóstoles, mofa, destierro, exclusión, indiferencia. En cierto sentido, ser cristiano es estar dispuesto a ser minoría y lo anormal es lo contrario, hasta cierto punto.

Jesús en ninguna parte presenta la obra del Reino como una obra de mayorías. Nos habla de la puerta estrecha, y nos habla del camino estrecho, y cuando lo presionan mucho, entonces dice: "Muchos van por la senda ancha; pocos van por la senda estrecha" San Mateo 7,13-14.

Eso no tiene que reflejar necesariamente estadísticas o censos del cielo; pero lo que sí muesta eso es que Jesús tenía la convicción de que, por lo menos, sobre esta tierra, el Reino no es una presencia aplastante, no es una presencia mayoritaria.

Por supuesto, en nuestros países la realidad ha sido otra. Para nosotros lo que ha sido normal, ha sido lo que el Evangelio consideraría excepción.

De todas maneras, la consigna que pongo aquí, creo que sigue siendo cierta: que la Iglesia tiene que preocuparse cuando es mayoría; es más en ese momento cuando parece que tiene que preocuparse.

El otro punto que sirve es mirar el conjunto: la fe florece en muchas partes del mundo. ¿Tenía que estar siempre en primavera y creciendo en Europa? Pues sería de desear, pero las cosas humanas no suelen ser así.

Entonces, si uno mira el conjunto, pues uno ve que, en medio de persecuciones, la fe está creciendo en la India. A mí no me deja de impresionar que nuestros queridos jesuitas, a los que hay que mencionar periódicamente, pues tienen seis Provincias allá en la India; algo debe estar sucediendo allá para que haya vocaciones para seis Provincias.

Y en otros sitios suceden cosas así. En mi propio país, estamos con unos estudiantados de arriba de cincuenta personas, y cada año el Noviciado, doce, quince, y eso descartando una cantidad de gente que está haciendo fila para entrar.

Entonces, las realidades van cambiando de un sito a otro, y no sabemos, hay muchas sorpresas que pueden darse. También en ese mirar en el conjunto sirve.

La otra cosa que sirve para tratar de evitar este desaliento, es recordar lo que Karl Rahner llamaba la "invernada", ahora, yo no sé qué tan castiza es esa palabra. Karl Rahner habló de la "invernada de la de la Iglesia".

Hay momentos en que toca resistir el temporal y aguantar, y de esa purificación sale una cosa nueva, seguramente más humilde, seguramente más alegre, seguramente menos acartonada. Recordemos que cuando la Iglesia se va volviendo mayoría, los que tiene el poder son los burócratas.

En una Iglesia de mayorías, son los intrigantes y los burócratas los que logran el poder, porque son esos los que saben cómo entrar a palacio, y cómo manejar, y a qué horas hay que hablarle al monarca, y de quién tengo que volverme amigo.

Entonces cuando la gente empieza a idolatrar demasiado, o a recordar con nostalgia, que es lo que vamos a mencionar también después, de la Iglesia anterior al Vaticano II, y la Misa en latín y todas aquellas cosas, pues de ese romanticismo pronto hay que despertarse.

Porque esa Iglesia era una Iglesia que estaba llena de mucho de esto, mucho de la murmuración de pasillo, y mucho de saber con quién tengo que hablar, y a qué horas tengo que hablar, y de quién tengo que ser amigo.

Para repetir la frase, que me gustaría que quedara con cierto énfasis, una Iglesia de mayorías tiende a ser una Iglesia de burócratas; una Iglesia de minorías tiende a ser una Iglesia de profetas.

Claro, también hay veces en que somos minoría. Pero lo que sucede a menudo es que esa minoría nos hace recuperar toda aquella teología tan bella de las fronteras, del famoso Capítulo General de Ávila, que fue el que habló de las fronteras; y a mí me parece que lo que se dijo ahí de las fronteras sigue teniendo toda su validez, como si hubiera sido escrito hoy a primera hora.

Y eso que se dice de la Orden, eso que se dice de la evangelización, eso sigue siendo una realidad de la Iglesia; el ser minoría, el quedarnos un poco sin recursos, nos ayuda a una montaña de cosas: nos quita acartonamiento, nos simplifica, nos obliga también a encontrarnos.

Me contaba este querido hermano que cuando estaba empezando la misión aquí en Taiwan, y cuando hubo el primer aire acondicionado, -perdón lo cuento en público, ya todos lo sabrán-; cuando llegó el primer aire acondicionado, pues tres frailes a dormir en la pieza que tenía aire acondicionado.

Pero eso era en esa época, ahora, frailes de mi generación, y me incluyo yo el primero, somos muy celosos de "mí habitación para mí, y ojalá que tenga su propio baño, y ojalá que..."

Entonces, la carencia, la necesidad nos obligan a abrirnos al hermano, a descubrirlo en otra dimensión; mi hermano no es un desconocido, no es una competencia; mi hermano es el que me ha visto llorar, y me ha visto sufrir, y me ha visto sudar, y me ha visto trabajar, y sabe dónde me aprieta el zapato, y bueno, de todas estas cosas, indudablemente, conocéis mucho más vosotros que yo.

Entonces, hay una ventaja en esto, hay una bendición, hay una grandeza. Y muchas veces, en una Iglesia de mayorías,la mirada que nos damos unos a otros es una mirada de desconfianza, una mirada de supicacia; en una Iglesia de minorías a veces aprendemos a admirar como nadie al otro, porque sabemos que está dejando la piel en esto; le vemos, literalmente, quemarse, día por día, hasta que entregó lo último.

Y eso produce una certeza de la presencia de Cristo, una certeza de la presencia de la gracia. Claro, igual nos vemos los defectos; igual, cuando estamos así pocos y pequeños y reducidos, pues va ser mucho más difícil que aparezcamos como los grandes, porque no lo somos tampoco.

Cuando uno ha tenido ocasión de dar así ciertas giras de predicación... El otro día os contaba que me han invitado varias veces a California a predicar a hispanos, y alguna de estas reuniones, como llega tanta gente, son reuniones de cientos y de miles; hay veces que me ha tocado predicar a miles de personas.

Entonces, claro, uno ahí se siente más o menos la estrella, porque llegan y te hospedan en un buen lugar, un buen hotel, no lo máximo, pero muy, muy bueno. Y de ahí, pues tú vas a allá, y te encuentras con miles de personas, y gran micrófono, y tal, y Cristo, y no sé cuánto, y aplausos al gran predicador, y tú te sientes estrella.

Pero en eso hay mucha mentira. Yo no soy esa estrella, yo no soy ése. Lo que yo soy seguramente se conoce mucho más así en ese trato a corta distancia.

Entonces, casi que hay muchas ventajas que aparecen ahí, aparece mucho la verdad del Evangelio. Recordemos que nunca fue tan intensa la comunión, nunca fue tan intensa la koinonía, como en ese tiempo de las catacumbas.

Los relatos de las actas de los mártires, auque les quitemos todo el embellecimiento, que también lo tienen; y exageración, que también la tienen, hablan de gente que aprendió a amarse; aprendieron a amarse como eran, en la realidad de lo que tenían y en la realidad de lo que carecían.

Entonces, lo primero: nada de sentirnos derrotados, hay en nosotros una semilla incorruptible, el tesoro está intacto, el barro se resquebraja o puede romperse, pero el tesoro está intacto.

Que hay que resistir, pues sí, hay que resistir, y hay que saber que el Espíritu saldrá por otro lado; el Espíritu llevará por otras naciones, tendrá otras horas distintas, tendrá otros tiempos distintos.

Lo que pasa también, a veces, es que uno tiene prisa, uno quiere ver el fruto, uno quiere no sólo sembrar sino que se vea: "He aquí que yo soy el misionero, y he aquí que aquí estan los misionados". Pero muchas veces eso no se logra, por lo menos no con todo el esplendor que uno quisiera.

El segundo error fue muy típico en Irlanda. Es famoso que, cuando el Arzobispo de Dublín volvió del Concilio Vaticano II, pues claro, había bastante curiosidad entre el clero preguntar: "Bueno, y ya ha teminado, -eran años, ¿no? Un proceso de años el Concilio Vaticano-.

Termina el vaticano II y le preguntan al Arzobispo de Dublín: "Bueno, ¿y qué viene ahora, qué sigue ahora?" Y entonces dice él: "Dos o tres pequeños cambios, pero "business as usual"".

y acababa de pasar, lo que muchos mirarán después como un Sunami que arrasó con la Iglesia, así lo miran muchos integristas, que el Concilio Vaticano II acabó con la Iglesia; para otros, el Concilio vaticano II es el principio de una primavera del Espíritu. Así habló Pablo VI, así han repetido los siguientes Papas.

Pero para este obispo, no: "Business as usual"; es decir, tú, con tu Breviario; yo, con mi Misa, y aquí seguimos, y a aquí no ha pasado nada".

Las consecuencias de tratar de aferrarse a una rutina y tratar de seguir como si nada pasara, son desastrosas, son son terribles. Porque luego queda muy difícil, -esa expresión cómo me gusta en inglés-; luego queda muy difícil el "catch a", ¿no? El tratar de alcanzar eso luego es un problema, eso luego es muy difícil, y ha tocado hacerlo un poco improvisadamente y, sobre todo, la formación se resiste mucho.

Hay gente que ve la situación de la Iglesia de un modo bastante estoico, su consigna es: "Sigamos haciendo bien lo que sabemos hacer bien. La tormenta pasará. La gente volverá". Y seguimos con nuestros horarios de Misas. Quede claro una vez más, si fuere necesario, que yo vivo agradecido con los irlandeses, pero que están en esto, están en esto.

Ellos tiene su horario: "Aquí tenemos nuestro horario de Misas: que a la Misa de nueve y media llegaron doce personas; que a la Misa de diez y media llegaron quince personas; que a la Misa Mayor llegaron cincuenta personas, pues un día volverán, o no volverán, aquí nos moriremos, el último que se muera apaga la luz, y ya, ahí quedó".

Pero, en eso hay una especie o de temor, o de arrogancia, o yo no sé que, que es como esperando a que la realidad tiene que responder a lo que yo le estoy diciendo, es como diciendo: "Un día la gente tendrá que convencerse de que como estábamos estábamos bien, y mientras tanto, pues yo sigo aquí machacando en frío".

Hay un núcleo valiosos de esperanza y de deseo de fidelidad en estas palabras, no cabe duda que eso es admirable; pero también hay un riesgo de miopía de los signos de los tiempos. Y la principal miopía es que en una Iglesia de mayorías tú puedes limitarte a abrir la Iglesia, que ya se te llena; pero en una Iglesia de minorías no llegará sino el que se sienta invitado, no llegará sino el que tenga una razón para ir.

Entonces, mientras que en la Iglesia de mayorías podemos aquí esperar a que vengan, en la Iglesia de minorías tenemos que hacernos simpre la pregunta de cómo ir, de cómo invitar, de cómo convocar.

Y esto es maravilloso, si lo pensamos bien, esto es maravilloso, porque es que la plabra "Iglesia", como ya lo hemos recordado, significa eso: convocación, es el convocar; la Iglesia es el fruto del acto de convocar, y yo no convoco simplemente quitándole el cerrojo a la puerta, y ¡ale!, entrar y vamos a la Misa.

Ese es un acto que presupone que ya existe una fe, y que ya existe una práctica, y que ya existe una necesidad.

Entonces en esto hay una cierta, a veces timidez, a veces arrogancia, a veces comodidad; pero junto a eso también hay otras virtudes de fidelidad y de una cierta esperanza: "Bueno, llegarán mejores tiempos". Pero existe ese peligro, existe el peligro de esa miopía.

Yo creo que un caso interesante nos lo dan los primeros cristianos cuando fueron expulsados de Jerusalén, allá cuando mataron a Santiago el Mayor. Cuando fueron expulsados de Jerusalén, hubieran podido quedarse en ciudades pequeñas y menos problemáticas, Jericó la tenían ahí al pie, Betania estaba ahí no más; hubieran podido refugiarse ahí, quedarse ahí, y aquí esperar a que pase la tormenta.

Pero ellos no hicieron eso. Ellos convirtieron la persecución en evangelización; y a mí me parece que ese es un paradigma que nosotros no podemos obviar, bajo riesgo de traicionar al Evangelio. Lo que hicieron aquellos cristianos fue convertir la persecución en evangelización.

Y esto no es otra cosa sino leer la obra del Espíritu: "Que aquí no me quieren, es una mala noticia, y es triste, y es doloroso"; pero si yo me quedo sólo mirando a la gente, lo único que veo es ese dolor.

Pero un momento, si en este instante el Espíritu está escribiendo algo en la historia de la Orden, en la historia de la Iglesia, en la historia de mí vida, "que aquí no me quieren", de pronto significa, "me quieren en otra parte".

Es decir, ¿cómo nos estamos imaginando que el Espíritu Santo nos va a decir que nos toca movernos a otro sitio? ¿Van a salir avisos de neón en el cielo? Creemos que no. Entonces el Espíritu nos hablará así, con las puertas que se cierran y las puertas que se abren.

Entonces, ¿por qué vamos a renegar de que se cierren las puertas, si tanto nos está diciendo el Espíritu con la puerta que se cierra como con la puerta que se abre? Si ambas cosas son lenguaje de Dios, ¿por qué una sí queremos recibirla y la otra no? Dice Job en esa lectura que sale en Laudes: "Si recibimos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?" Job 2,10.

Pues una de las interpretaciones alegóricas de eso es esto; yo necesito las dos cosas: yo necesito que se me cierre una puerta y necesito que se me abra otra. Y aquí yo hago una aplicación ahí pedestre, que es el caso mío en Villavicencio.

Cuando nosotros empezamos la misión en Villavicencio allá en Colombia, pues llevábamos año y medio en que, bueno, experimentando una cosa, y como que sí funcionaba y como que no, atención, que yo era el líder de eso, y nunca, nunca caminó.

Ahora, yo no sé si porque eso no caminó, recuperé mi vocación de hacer doctorado de Teología, porque cuando eso no caminaba, fue cuando apareció el provincial a decirme: "Mira, que mejor te vas a Europa y haces un doctorado".

Probablemente fue un acto de compasión del superior mayor que dijo: "Mira, dejemos esto. Este ya pateó bastante el agua y no ha hecho nada; más vale que se vaya, y por lo menos saca un doctorado en este tiempo".

El hecho concreto, es que si yo recuerdo mi etapa en Villavicencio, tengo dos o tres recuerdos buenos; pero ese fue un fracaso, punto.

Las cosas hay que darles su nombre, eso fue un facaso, tan fracaso fue, que cuando yo salí, -después sacaron a otro-, tuvieron que cerrar temporalmente esa casa, con un acto de caridad ahí: "Bueno, que nadie se enteré que ahí Nelson acaba de hacer el ridículo de su vida. Ya está haciendo su doctorado en Irlanda".

Y después, calladamente y con gran caridad, volvieron a abrir la casa en un lugar incluso distinto geográficamente, y ahí parece que va caminando bien.

Entonces, para mi historia personal, parece que yo necesitaba que se me cerrara esa puerta para que se me abrieran otras. Y entonces, bueno, ahí he resultado predicando en otros lugares, y en algunas partes como que fuciona bien y en otras partes dicen: "Bueno, ya te conocimos, ya puedes irte a hacer otro doctorado a otra parte, porque ya aquí estuvo bien".

Pero bueno, el ejemplo se entiende: el Espíritu nos hablará tanto por los éxitos como por los fracasos.

Y el libro de los Hechos de los Apóstoles no es los Hechos de los Apóstoles, es los Hechos del Espíritu. En el plan de San Lucas, esto es muy interesante, si miráis los prólogos del tercer Evangelio y de Hechos de los Apóstoles, el plan de Lucas es muy claro, es: la obra del Espíritu en el Mesías y la obra del Espíritu en los discípulos del Mesías. Para Lucas el Protagonista es el Espíritu.

Y en ese libro, que nosotros llamamos "los Hechos de los Apóstoles", pero que en realidad es los Hechos del Espíritu en la comunidad cristiana, ahí es clarísimo. Ya ellos tenían organizado: "Bueno, listo, nos vamos a Listra a evangelizar". Y no, que se trabó, que no sé que, que no funcionó.

Bueno, pues quiere decir, y Lucas lo toma con mucha naturalidad: "El Espíritu no nos dejó entrar a tal parte, entonces sigamos para tal otra". Pero sin hacerse drama; esa no es la tragedia, esa no es la gran tragedia, no es el gran drama.

En otra ocasión, los sacan apedreados. Si yo me quedo únicamente mirando a los que me lanzaron esos pedruscos, pues me lleno de resentimiento y me lleno de ira, y digo: "Esta gente es perversa", y bueno, no sé cuántas cosas más.

Pero si yo leo la presencia del Espíritu ahí, entonces yo digo: "En esto el Espíritu me está diciendo algo más, y a ver qué es lo que me está diciendo el Espíritu", y se van dando pasos ahí.

Pero lo que sucede es que así, como los jefes de las sinagogas en Asia Menor, ya tenían su rutina y llega y Pablo y les dice que ahora ya no se necesita sinagoga, "hombre, estamos muy cómodos en nuestra sala de espera", lo que decíamos la otra vez, "ya estamos muy bien aquí, hombre. Ya nos hemos acostumbrados a que no hay solución, y ya tenemos todo organizado en torno a esa convicción."

"Los judíos instigaron a las mujeres piadosas y distinguidas y a los hombres más prominentes de la ciudad y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su comarca" Hechos de los Apóstoles 13,50, esto es capítulo trece de Hechos.

Ellos no se quedaron alegando ni defendiéndose ni esperando mejores tiempos, se fueron a Iconio. Esto parece que tiene que ver con la famosísima, simpre predicada y muy poco practicada, itinerancia dominicana. Pues parece que tiene que ver con esto.

Tiene que ver con esa capacidad de levantar las anclas y de decir: "Bueno, en esto el Espíritu nos está mostrando algo, pues entonces vamos a ser ágiles, vamos a movernos, vamos a seguir nuestro camino; ya llegarála hora para otros".

Un hombre muy interesante, del que podemos aprender esto, es Diego de Aceves, el Obispo que acompañó a Domingo. Resulta que la frase esa que se atribuye a Santo Domingo cuando se encuentra con los monjes, que les dice: "No lograréis mucho así", porque no sé cuánto, y los invita a la pobreza, pues eso no fue Domingo, eso fue Diego el que dijo eso.

El que lideraba esa misión era Diego, el Obispo; Diego es el primero que pone en práctica la pobreza, junto a Domingo; y Diego es el primero que empieza a predicar al estilo de los herejes, y es pie al suelo, y todas estas cosas.

Pero lo interesante de Diego es que, a pesar de que algunos frutos se veían, también se da cuenta de que él no es la persona para continuar esa obra, y gracias a eso tenemos a Santo Domingo. Gracias a que Diego supo quitarse; gracias a que Diego fue capaz de decir: "Pues esto está muy bien, pero yo tengo también cosas que hacer en Osma; sigue tú aquí".

Entonces, ahí hay una sabiduría, ahí hay un paso del Espíritu. Si Diego hubiera dicho: "Bueno, se han convertido algunos, después se convertirán más, y entonces yo me quedo aquí, yo me quedo aquí, yo me quedo aquí", ni él hace lo que tenía que hacer con su diócesis de Osma, donde estaba llevando a cabo una reforma del clero maravillosa, ni tampoco deja surgir a Domingo.

Entonces uno tiene que pensar eso; aquí no es solamente quién está surgiendo, sino a quién no estamos dejando surgir, cuál es la semilla que no estamos dejando nacer.

Entonces, mi provincial fue caritativo conmigo y dijo: "Mira, tú no vales para esto", pues no me lo dijo así, lo dijo con más caridad todavía, porque los latinos solemos ser así un poco más suaves, vamos a decirlo; pero en esencia, yo lo miro en retrospectiva, y lo que me estaba diciendo era eso: "Tú no vales para eso", o sea, lo que estás haciendo aquí, quizá en otra misión, quizá quén sabe dónde". Así que dejad de hacerme propaganda para Taiwan.

El provincial mío en esencia lo que me dijo es: "Mira, lo que que estás haciendo aquí, tú no vales para esto; podemos de pronto aprovechar un poco más si tú vas y haces unos estudios en esto y en esto otro".

Y bueno, en ese momento, yo seguramente había leído bastante de Santa Catalina de Siena esos días, que no hace sino alabar y alabar y alabar la obediencia, y dije: "Bueno, entonces dejo esto y me voy a hacer mi doctorado".

Y resulta que los que vinieron detrás de mí, pues yo creo que están trabajando muy bien, están haciendo las cosas muy bien. Si yo me hubiera aferrado a que: "Aquí me quedo porque no, aquí me mandaron, yo tengo que estar aquí unos años porque este es mi encargo, sostener esta misión", os puedo asegurar que, más que hacer estorbo, no hubiera hecho mucho más. Entonces hay que tener esa conciencia de movimiento, de agilidad.

Con todo, este principio de agilidad debe aplicarse con discernimiento y sabiduría. Sería erróneo sacar conclusiones como la que sigue: puesto que la gente no reza el Rosario, intentemos conciertos de rock metálico; aunque, bueno, hay por ahí uno o dos padres que evangelizan con rock metálico, "Our soul this say".

La idea no es cambiar la propuesta, a ver qué termina gustando a los clientes, -de esto vamos a hblar después, sobre lo de vender barato el Evangelio-; muchas veces hay que también saber insistir, o a veces la misma idea pero con una población distinta.

Para mí el caso más extraño sucedió en una parroquia de Bogotá, la parroquia se llama de San Juan de Ávila, parroquia donde queda el colegio de los Dominicos, parroquia donde yo recibí mi confirmación.

Pues bien, el Padre de ahí tenía esta idea en su cabecita: el Padre de ahí decía: "Bueno, ¿quiénes rezan el Rosario? Las señoras, está claro; Rosario, igual, beatas; beatas, igual, Rosario. Por siglos y siglos; siglo tras siglo así ha sido, así es, así será".

Y él entonces quiso fundar una célula de la Legión de María, ¿y en quién pensó el Padre? "Las viejitas. ¿Qué más hace una viejita, además de rezar unos cuantos Rosarios al día, que más puede hacer que sea productivo? Nada".

Pues resulta que sus grupos de Legión de María, sus grupos del Rosario nunca prosperaron, aparte de tres o cuatro señoras, no avanzó mayor cosa eso.

Pero resulta que un muchacho muy famosos en Colombia ahora, un muchacho llamado Felipe Gómez, joven estudiante de arte, ha tenido una experiencia de conversión, a raíz de un retiro espiritual y de otras cosas que hizo, y este hombre se ha pegado una enamorada del Rosario. Y entonces, no es mujer, sino hombre; no es viejita ni viejito, sino jovencito.

Y empieza este a rezar, y los primeros que se unen a su rezo del Rosario son otros jóvenes también hombres, y detrás de esos hombres, las amigas de ellos.

Entonces empieza un grupo de oración del Rosario, que no es en la parroquia, como quería el padre, "porque está mandado que la parroquia es el centro de evangelización, y todo lo que suceda tiene que estar aquí, aquí, bajo mi control; aquí, bajo mis garras".

Pues no. Este hombre empieza a rezar el Rosario ahí, a rezar y a rezar el Rosario, bueno, con sus aditamentos; los aditamentos de él es que toca muy bien la guitarra, tiene una gran voz, tiene unos cantos preciosos, entonces este hombre, pues, es la sensación. Y hace muchos años es una sensación este señor en la predicación del Rosario.

Bueno, luego empiezan las peleas con el párroco, porque el párro es: "Mira, tú, eso de que estés reuniendo gente y convirtiendo gente allá en tu casa... El lugar propio donde están los salones comunales nuevos, amplios, es aquí, el grupo tiene que reunirse aquí".

Y resulta que era tanta la gente que iba a la casa de felipe, y entre esa gente este servidor, ¿y yo a qué iba a allá? Pues iba a rezar el Rosario, iba a ver si cogía un poco de fervor yo mismo, iba a allá también porque la gente empezaba a pedir confesión.

Entonces, la gente dice que los jóvenes no se confiesan, pero todos estos chicos y chicas, y con el Rosario, y lo que la Virgen dijo en Fátima, y lo que la Virgen dijo en Medjugorje, y la Virgen dijo, y claro,uno se sonríe de todo eso, pero luego tú oyes las confesiones, y las confesiones no son "la Virgen dijo", sino las confesiones son: "Yo he pecado".

y empieza esta gente a confesarse. Entonces el padre entra en pánico: "La gente se está convirtiendo en una casa de familia; no vienen a la parroquia; mi salón parroquial, elegante, recién refaccionado, vacío; la casa allá de no sé quién, repleta; la gente confesándose en casas; no les falta sino que empiecen a celebrar Misas".

Y eso sucedió porque, claro, más y más sacerdotes se volvían amigos de Felipe, y entonces alguno ya empezó a celebrra la Misa ahí en la casa, cosa que está en contra de la disciplina de la Arquidiócesis de Bogotá. Entonces, los conflictos y no sé que.

Pero todas esas historias, si uno las analiza bien, parten de un hecho: el padrecito estaba convencido de que "Rosario, igual, viejitas", la misma idea con un pequeño twist, con un ligero cambio, y mira las maravillas que ha hecho.

y este muchacho, entonces, se dedicó a su arte, y se dedicó a evangelizar y a sacar CDs, y bueno, es toda una figura en la Iglesia Católica en colombia hoy. Felipe Gómez, se llama.

Ustedes lo pueden encontrar, para que vean que no sólo se hace propaganda a la página Web de Fray Nelson.com, ustedes pueden encontrar la página Web de él que me parece que se llama, pero eso se puede verificar, "felidemaría", en una sola palabra.

Porque la enamorada de este señor con la Virgen del Rosario, es una cosa del otro mundo.

Esta historia de Felipe Gómez la cuento para insistir en un punto: en que a veces la ideas es buena, sólo que tiene que aplicarla a otro tipo de población; a veces es otro renglón; a veces tú partes de la base que: "¡Estos son jóvenes, esto qué van a rezar!"

Y cuando llegas tú a allá, a la casa esta de Felipe, y ves cincuenta, sesenta muchachos, llámalo gregarios, di que es moda, di que es por lo que sea, pero el hecho es que son jóvenes, están rezando el Rosario, se están confesando, están adorando el Santísimo; mejor dicho, están haciendo lo que muchos adultos no hacemos.

Pues hay algo que el Espíritu Santo nos está diciendo ahí. Por eso, lo de la agilidad no es solamente agilidad geográfica, a veces la agilidad es agilidad en las ideas, y a veces agilidad es la capacidad de pasar a otro renglón de población.

En mi paroquia de Dublín, para que no se crea que yo hablo solamente mal de Dublín, en mi parroquia de Dublín ha sucedido esto: nuestro brillante Padre Adrian Farrelly tuvo una intuición, él dijo: " Mira, Esto está cayendo, claramente, a ojos vista está cayendo la asistencia en inglés; pero igual puede crecer en otras lenguas".

Y entonces empezó a notar por las calles que había más gente de Polonia y Polonia y polonia; polacos que llegan con más polacas y más polacos y polaquitos, y bueno, y a quello se va llenando, hasta el punto de que casi un diez por ciento de la actual población de Dublín son polacos, que además están trabajando muy, muy bien.

Entonces el Padre Adrian llegó a una conclusión: "Quizás lo que nos está fallando no es nuestro sistema pastoral, sino que tenemos que aprender a orientarnos a otro tipo de población". Y entonces se fue a allá, a Polonia, a hablar con el provincial, y dijo: "Oye, ¿por qué no enviamos a un par de dominicos que vivan en nuestro convento, que estén asignados a nuestro convento, y empiecen a trabajar con la comunidad polaca?" ¡Éxito total!

Animado por eso, entonces: "Bueno, vamos también con la comunidad hispana", y ahí hemos ido creciendo: empezamos cinco personas, actualmente nos estamos reuniendo cincuenta, sesenta en la Eucaristía semanal en español en Dublín.

Y luego, ya les quedó el gusto, entonces están haciendo Misas en portugués, Misas en eslovaco, y las otras que ya dije, español y polaco y, por supuesto, inglés.

Entonces, muchas veces, el Señor también quiere eso, que tengamos esa agilidad: "Bueno, ¿y si voy a otro sector de población? ¿Por qué tiene que ser este sector?" A veces nosotros queremos utilizar demasiado los recursos del mundo. Me explico: a veces creemos que, "si hay una clase dirigente y de ahí dimana todo, evangelicemos a la clase dirigente y de ahí dimanará todo". A veces eso funciona, unas pocas veces.

Pero muchas veces Dios no obra así, muchas veces Dios empieza por otros grupos, empieza por otros grupitos. Los grupos más exitosos en Colombia han sido de que: un fulano se curó de un cáncer y empezó un grupo de oración en su casa, o este Felipe que tuvo su retiro espiritual, y tuvo no sé que experiencia con la Virgen y, bueno, ahí está el hombre.

Luego otro famoso, que anda predicando en ingés y en español por medio mundo, se llama Marino Restrepo, -yo aquí haciéndole propaganda a todos los colombianos-. Marino Restrepo fue secuestrado por las FARC, y en su secuestro, lo mismo que Ingrid Betancur, no se extrañe que Ingrid Betancur termine haciendo grupo de oración, lo mismo que muchos otros.

Marino Restrepo trabajaba en Holliwood, era un actor de tercera línea, no era gran cosa, pero ganaba dinero, porque es que lo que se mueve allá son millones.

Y este señor llevaba una vida, pues, de desenfreno allá en California; tenía ya su ciudadanía norteamericana. En uno de sus viajes a Colombia es ecuestrado por las FARC, la guerrilla colombiana, se convierte allá, y después de eso empieza a predicar, y lo que no logran muchos frailes y lo que no logran muchos obispos, lo logra Marino Restrepo contando su historia de cómo se convirtió.

El Espíritu no se detiene, el Espíritu es como ese viento que, donde encuentra un resquicio, por ahí se mete; y el problema no es del Espíritu, el problema somos nosotros. Es decir, el Espíritu va a seguir, y el Evangelio va a seguir, y la Iglesia va a seguir. El punto es si nosotros vamos a estar en esa oleada de amor que es el Espíritu Santo.

Y para saber si vamos a estar o no, pues todo depende de si nosotros tenemos esa docilidad. La hermana esta, María Pilar, la dominica, decía que necesitamos el don de la creatividad, difiero un poco, yo diría que más bien necesitamos docilidad a la creatividada que el Espíritu tiene, porque es el Espíritu el que es creador.

El tercer error, por supuesto, es añorar el pasado y refugiarnos en él. Cuando las cosas se vuelven confusas, los límites borrosos, queda siempre la tentación de cerrar los ojos; una vez que negamos el presente, el siguiente paso será refugiarnos, o en un futuro de fantasía, o en un pasado idealizado.

La experiencia muestra que es esto segundo lo que suele suceder. El problema de quedarse en un pasado que ya no existe, es que nos volvemos inútiles para el presente que sí existe.

Vistas desde la distancia, las cosas se van coloreando con el cariño que tenemos por noostros mismos. Somos fruto de nuestro pasado, que viene a ser como nuestro padre. Es fácil, por eso, trasladar al pasado la gartitud que tenemos por todo aquello que hizo posible que llegáramos a ser lo que somos. Esto es muy humano y muy bello, pero entraña el riesgo de un engaño.

No usamos los mismos lentes, ni podemos usar los mismos lentes de color rosado, cuando miramos el presente.

El engrandecimiento del pasado es más seductor, si te encuentras rodeado de tanta historia rica y fecunda, como la que tiene Europa; vivimos de los laureles y vivimos de los santos. Allá, por ejemplo, los latinoaméricanos somos graciosos, todos creemos que somos o Bartolomé de las Casas o Antón de Montesinos.

Yo ya sé qué voy a hacer, porque en todas las reuniones de SIDAL, que ahora se llama SIDALC, y está muy bien que se llame así porque es con el Caribe, todas las reuniones de SIDALC, no falta el que: "Porque en el sermón de Navidad, Pedro de Córdoba..." ¡Otra vez!, ¡Ay! "Antón de Montesinos, Pedro de Córdoba..."

Y bueno, a ver, está bien en la medida en que recordamos nuestras raíces; pero, por favor, que ese recuerdo sirva también de aguijón que nos despierta, y que entendamos que no tenemos las glorias, ni tampoco tal vez los defectos de Bartolomé de las Casas o de Antón de Montesinos.

Ellos estaban jugándose el pellejo ahí, porque recordemos que lo que estaban haciendo era esencialmente declarar una excomunión, y diciéndole a los españoles de allá, de esa época, que tenían sus esclavos indios, diciéndoles: "Pues os vamos a negar los sacramentos mientras perseveréis en ese pecado".

Y ahí no había Naciones Unidas, ni había Ginebra, ni había Tribunal de la Hayaua; si te agarran entre cuatro y te mataron, te matarono elpellejo.

Entonces estos se estaban jugando el pellejo, y a veces uno se queda en esas glorias pasadas, allá de cómo éramos, con una injusticia, porque a veces en esas glorias pasadas se nos olvida que también esos tenían sus problemas, tenían sus defectos.

Por eso ese dicho, que lo he oído en varios países y en varias lenguas: "Un santo es el que vive para Cristo, y un mártir es el que le toca vivir con un santo".

Entonces claro, cuando ya nos hayamos muerto todos, vendrán las biografías: "Fulano de tal, héroe, santo predicador, no sé cuánto"; pero ve tú a preguntar a los que vivian con él, cómo era la situación.

Entonces ahora en el convento, como tenemos estudiantes irlandeses ahí en mi convento, en Dublín, entonces ahora hay que hacer las dos preguntas, en inglés preguntan mucho: "Are you okey?" "¿Estás bien? "Todo en orden?" Entonces también hay que preguntar: "¿Those were with you are okey?" Porque de pronto tú estás muy bien, pero a ver cómo se sienten los que les toca vivir contigo.

Y esta anécdota tiene su gracias porque todos conocemos a Luis Gonzaga, pues, el modeló máximo de caridad, castidad, penitencia, tantas cosas, ¿no? Resulta que Luis Gonzaga estaba en el estudiantado, que llamamos nosotros, ellos le tenían otro nombre, escolasticado de los jesuitas en Roma, estaba allá.

Y en esa epoca llevaban con mucho juicio las crónicas, tal vez ya conocéis esta historia. Y bueno, un día salieron de paseo, iban, qué sé yo, a cualquiera de los lugares ahí cerca un buen número de jesuitas, y entonces el cronista puso: "Salimos de paseo, Luis Gonzaga no pudo ir, Deo gratias".

Parece que el tal Luis Gonzaga tenía una capacidad de arruinar los paseos, parece que quería que a todas horas la gente estuviera rezando, o meditando, o no sé que. Entonces el día que no pudo ir: "¡Deo Gratias!"

Eso demuestra que uno fácilmente idealiza el pasado. Y en esto caemos todos. Ya otra cosa sería vivir esas situaciones.

Quienes miran con nostalgia hacia la Europa cristiana, tiene mucho que admirar, ya se trate de la Edad Media o la Contrarreforma. Es posible, incluso, añorar el tiempo de los monasterios y de las escuelas abaciales y catedralicias, cómo sería aquello, y el tiempo en el que toda una población se unía para hacer una catedral.

¿Sabes qué es lo único malo de ese tiempo? Que se estaba cocinando lo que después fue la masonería; la masonería nació de la gente que hacía catedrales. Pues sí, que eso es así, que eso está estudiado.

Entonces esta gente tenía un saber que para ellos era un saber gnóstico, para ellos era un saber esotérico. Porque la ingeniería y el saber acomodar los arcos esos góticos famosos, el saber hacer esos arcos góticos en piedra y cómo se monta eso cuando estás allá a cuarenta, cincuenta metros de altura, pues eso no es tan fácil.

Entonces, pues masón significa eso, eso viene del francés y significa eso, "constructor". Los masones nacieron de estas asociaciones de constructores, cuyo principal oficio era hacer ayuntamientos y, sobre todo, catedrales.

Para mí esa es una parábola, para mí esa es una imagen. A veces en los tiempos que consideramos grandiosos, se están cocinando las peores traiciones contra la Iglesia.

Ahora bien, añorar el pasado es bueno si eso va a servir de motivo para confiar en la Providencia de Dios, y un poco va a servir de motivación crítica, también, para nuestro presente. Cualquier otra cosa a veces es engañosa.

Yo quiero tocar aquí brevemente un punto polémico. Resulta que como doy clases allá en Dublín, he notado que varios de los estudiantes jóvenes, incluyendo a algunos de los más jóvenes de la Provincia de Polonia, a la que admiro, porque mis mejores estudiantes son polacos; pero varios de esos tienen un amor apasionado, que casi me parece es excesivo, por el latín y por los ritos antiguos.

Y el rito extraordinario de Benedicto, y a ver cómo se dice el latín, y ya alguno está tratando de ve si se puede hablar en latín todo el tiempo, y bueno.

A ver, querer el latín no es malo, es muy bueno y es una herramienta poderosa y necesaria. Pero me parece ver un poco de idealización de esa Iglesia, y hasta ahora no he encontrado el primero que responda satisfactoriamente a esta pregunta: ¿Por qué nos quedamos en el latín y no en el griego?

Porque si se trata de echar para atrás, ¿por qué te vas a parar en elsiglo V o en el siglo IV?Más de para atrá, vete a Clemente Romano, ¿en qué celebraba Clemente Romano? En Griego; ¿en qué celebraba Justino? En griego; ¿en qué celebraba Ignacio de Antioquía? En Griego.

Entonces, pues si se trata de nostalgias, échate la nostalgia completa, y devolvámonos al hebreo y al arameo y al griego, que era lo que tenían los cristianos de aquella época.

Hay que tener cuidado porque la nostalgia es una trampa, es una trampa de idealización; pero, por otro lado, pues sirve también para reconocer el paso de Dios.

y el último punto que tocamos en esta sesión, es aquello de vender más barato el Evangelio. En ingés llaman a esto "water down", ¿No? Es "dilute", es disolver. Parece que el Evangelio es como muy exigente, entonces pues lo aguamos, aguar, aguar, aguar, para que resulte vendible.

El mundo globalizado vive bajo el signo del mercado, y ello significa, bajo las frías leyes de la oferta y la demanda. Existe la tentación de entra al mercado de las religiones y ver qué quisieran los posibles clientes.

De nuevo tengo que hablar de mi país que, por su puesto, es el que más conozco. Por ejemplo, mucho del avance de estas sectas protestantes es porque jamás tocan temas de fidelidad en el matrimonio.

Entonces claro, todos los católicos que ya van en el segundo o tercer matrimonio, y saben que la Iglesia no les va a admitir eso jamás, entonces "vamos a allá a bendecir a Cristo; Cristo sí me entendió, Cristo me perdonó todos mis errores, y al fin me dio una mujer que sí me sabe entender. Y sé, que si esta falla, la siguiente no fallará". Con ese Cristo estamos arreglados. Ojo, que esto está vivo y está vivo en frailes, frailes de mi Provincia y de otras.

cuando escuchamos a muchos decir que la Iglesia "tendrá" que adoptar la democracia, o "tendrá" que ceder frente al rechazo de su moral sexual o familiar, hay gente que da eso por un hecho: "La Iglesia tendrá que..."

Y se da eso como una verdad apodíctica, ahí se está actuando bajo la premisa de que el mercado reina y manda, como quien dice: "Mira, como la gente nunca comprará la idea de un Evangelio que implique fidelidad, y todos estos cuentos, y añádele a eso métodos naturales y todo lo demás, eso no lo van a comprar nunca, entonces, si no puedes contra ellos, úneteles, ¿no?"

Esa es la mentalidad del Evangelio diluido: "Como no van a aceptar la fidelidad, como no van a aceptar la pureza, como no van a aceptar que no hay relaciones prematrimoniales, entonces úneteles".

Curiosamente, en Estados Unidos, que mucha gente tendría por un país sólo libertino, pues hay de todo, por supuesto que hay libertinaje, pero hay de todo. Las asociaciones de la pureza están prosperando en Estados Unidos; asociaciones de cristianos, muchos de ellos no son católicos, porque los curas católcos ya entregaron las armas hace tiempo.

Muchos curas católicos dicen: "Bueno, ya no se puede contar con que la gente llegue virgen al matrimonio, ya se sabe que todos tendrán relaciones, ya se sabe que esa batalla se perdió, entonces enfaticemos otros aspectos, o sea, hagamos la vista gorda frente a eso, disolvamos la exigencia del Evangelio frente a eso. Eso, los curas católicos, su gran mayoría.

Pero, pastores protestantes, de esos mismos que a veces son radicales y dicen que no se puede beber ni una gota de licor, pues esos mismos tienen también sus propuestas con respecto a esto de la sexualidad, entonces hacen asociaciones de gente que promueve virginidad hasta el matrimonio.

y bueno, y yo sé que si yo planteo esto en las calles de Sevilla, de Barcelona, de Bilbao, de Madrid, y salgo salgo yo con una pancarta: "Bueno, ya sabeis, vírgenes hasta el matrimonio", estoy seguro que salgo en un noticiero, estoy seguro.

Pero, sin embargo, ¿a quién le interesa eso? a veces hemos perdido la capacidad de encontrar el encanto que también tiene lo difícil; a veces hemos perdido la capacidad de predicar, porque no nos lo creemos, no alcanzamos a creer que también eso que es difícil, también eso que es desafío, también eso tiene su encanto, y también eso tiene su alegría, y también eso tiene su victoria, y eso lo ve uno.

Por ejemplo, mis amigos estos del grupo de Felipe, que es donde más yo he visto jóvenes reunidos, bueno, hay varios de ese tipo de grupos en Colombia, pero por mencionar ese, mis amigos esos, hombre, cuando se acaba el problema ese de las relaciones y las más relaciones, ese nombre técnico que no vamos a decir en este momento, tantas relaciones íntimas, cuando se acaba ese problema, la gente también siente alegría, porque en el fondo se sentían sucios, se sentían usados, sobre todo las muchachas.

Le podemos tratar de lavar el cerebro a una joven y decir: "No, ahora eres liberada porque te puedes acostar con quien quieras". Pero el fondo del corazón de esa niña le sigue diciendo: "Entre una prostituta y yo cada vez hay menos distancia". Y eso lo admiten ellas prontamente, en un díálogo abierto, de corazón a corazón, que lo van sintiendo, lo van sintiendo.

No es sino establecer el diálogo en estos términos: "-Cuando tú te entregas a tu novio, te entregas por completo, ¿cierto? "-Pues sí". "-¿Y tú quisieras darle pasado, presente y futuro?" "-Pues sí". "Y cuando terminas con ese novio y luego te entregas completamente a otro, y sabes que tu anterior novio está con otra, ¿ahí qué sientes? "-Pues mal, me siento fatal". "Y cuando te ha pasado eso, cino años, diez años, ¿qué sientes de tu propio cuerpo?" "-Pues asco".

Entonces nos falta, a veces, creer que en la virtud también hay una dulzura peculiar, que también hay una alegría peculiar, y entregamos pronto las armas, como decir: "Bueno, todos estos son borrachos, borrachos los conocí, borrachos los dejaré, borrachos morirán"; o: "Estos son todos unos libertinos, eso no tiene solución, entonces aquí ya eso se queda de ese tamaño". Y no, resulta que hay una alegría ahí.

Y hay otros grupos, sobre todo los grupos de Derecha, dentro de la Iglesia católica, o grupos protestantes de tipo conservador, que empiezan a predicar esto y cosechan no poco fruto, porque el que logra la victoria sobre sus propias pasiones y vicios, conoce mejor que nadie la fuerza del Evangelio.

Lo que muchos de estos muchachos han tenido que batallar para dejar la droga, lo que han tenido que batallar para dejar la fornicación, lo que han tenido que batallar para dejar la pornografía, cuando por fin pueden decir: "Llevo meses sin ver una gota de pornografía", la persona siente libertad, la persona siente la alegría del Evangelio.

Entonces nos falta creernos más esa alegría; la alegría que tiene la victoria sobre el vicio, así sea una victoria ardua, nos hace falta volver a creer en la victoria ardua, que es una victoria que trae su propio gozo.

Como no creemos en la victoria ardua, a veces porque también nosotros tenemos mediocridades, de unas y de otras, que ya han hecho carrera, entonces la solución fácil es: "Pues todo es natural, todo es parte del proceso, pues sí". "-Que llevas una vida de beodo, llevas una vida de borracho"."-Pues es parte de la edad, es decir, esta será una etapa, ¿no?"

"-Que llevas una vida de libertino, que llevas una vida de prostituta sin sueldo". "-Pues, qué más da, la mayor parte están como tú. Aquí todas las que se confiesan son así". ¡Más o menos lo equivalente es lo que les estamos diciendo! Y eso es vender barato el Evangelio, eso significa no creer en la potencia de Jesucristo para transformar esas vidas.

Pero resulta que yo me encuentro, en la vida de Marino Restrepo, y en la vida de Felipe Gómez, y en la vida de una cantidad de laicos y sacerdotes también, que el Evangelio tien un poder magnificente para transforamar la existencia de muchas personas.

Claro, hay que evitar también el otro extremo, hay que evitar la rigidez, hay que evitar el tema de los escrúpulos y hay que evitar la ley por la ley; pero sin caer en la ley por la ley, no le neguemos a nuestra gente la alegría de tener una victoria ardua, la victoria que cuesta trabajo.

Nosotros, estoy seguro que muchos de los que estamos aquí, sabemos que esa alegría existe y no tenemos ningún derecho a negársela a otros hermanos y hermanas.

Esto para decir que es un error que también se comete y que, pienso yo, que si dejamos de cometerlo, apresuramos la hora de Jesús.