Pablo 20 siglos después - 08

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Original en audio.


Fecha: 20090201

Título: EL Evangelio es sorpresa

Original en audio: 75 min. 19 seg.


Muy bien, hermanos, empezamos recordando la frase que ya mencionamos una vez del filósofo español Javier Zubiri: "Los griegos somos nosotros".

Estamos acostumbrados, es nuestro medio natural, constituye el ámbito de lo obvio para nosotros buscar la lógica, la estructura y el ideal cartesiano de las ideas claras y distintas, es el nuestro.

Lo que nos gusta de un discurso, lo que suele gustarnos de un discurso es precisamente que haya claridad, es casi el requisito primero, fundamental.

Por eso, necesitamos un poco un salto intelectual para asomarnos a otros mundos, como pudo haber sido el mundo de Jesús o incluso el mundo del mismo Pablo.

No se nos olvide que Pablo estaba en esa doble pertenencia, él era judío y habla de los de su raza, pero también estaba insertado y pertenencia plenamente al mundo greco-romano.

Por recordar algunas frases paradójicas de San Pablo, él dice "Cristo se hizo maldición por nosotros" Carta a los Gálatas 3,13. Es un lenguaje excesivamente duro, que creo que ninguno de nosotros espontáneamente utilizaría en la predicación, ni yo estoy sugiriendo que se utilice.

Esa clase de lenguaje es un modo de argumentación judío. Es tomar aquella prescripción de la Ley: "Maldito todo aquel que cuelga de un palo o de un árbol" Deuteronomio 21,23, y a partir de ahí elaborar una predicación.

Pero es algo rudo, es algo tosco, lo mismo cuando él dice también, utilizando la palabra anatema o maldición, "Yo quisiera ser un maldito, con tal de que se salvaran los de mi raza" Carta a los Romanos 9,3.

Es un lenguaje excesivo, es una cosa llevada al extremo y nosotros no hablaríamos así, pero esas expresiones no son del todo ajenas al lenguaje semítico.

Los que conocen de hebreo y de griego, pueden explicarlo mejor, pero, por ejemplo, las palabras para amor y para odio. En el Evangelio, cuando Jesús dice: "El que no odia a su padre y a su madre" San Mateo 10,37, eso es lo que Él dice, el verbo que utiliza es odiar.

"El que no odia a su padre y a su madre no puede ser digno de mí" San Mateo 10,37. Nosotros jamás hablaríamos en esos términos, para nosotros las palabras tienen ya un significado, odiar, significa lo que dice el diccionario que significa.

Entonces cada vez que yo utilice la palabra "odio", estoy utilizando lo que dice el diccionario, así funciona nuestro cerebro. Pues así no funciona el cerebro de ellos, muchas veces la palabra odio en el Evangelio lo que significa es no amar o no preferir.

Un ejemplo que me gusta poner con respecto a esa palabra, la palabra hebrea o aramea para amar u odiar es el caso de, supongamos, una familia, en la cual hay tres hijas que están en edad de merecer.

Y resulta que un amigo de la familia, un joven que parece un gran, un muy buen partido, empieza a volverse amigo de esta familia que tiene estas tres jovencitas.

Y resulta que a él la que le gustó fue la de la mitad, la segunda, no la primera ni la última. Nosotros planteamos eso en términos de: "a él la que le gustó", "la que él prefirió".

Pero en el lenguaje semita, en arameo o en hebreo, no sería extraño oír una expresión como esta: "Amó a la segunda y odió a las otras dos". No es que tenga odio ni hacia la primera ni hacia la tercera, sino que así se expresan.

Es decir, es un lenguaje que depende muchísimo más del contexto. Para nosotros las palabras existen como en la alacena, como en la nevera, y de ahí las sacamos con un significado estable y permanente, y así las decimos a los demás.

Pero resulta que estas personas, esta gente, funciona mucho más con el contexto. Eso se ve bien en el hebreo, por ejemplo, con esa estructura temporal tan compleja que tiene. Para nosotros existe la línea del tiempo: pasado, presente y futuro, es una línea: "¿Lo que me estás diciendo fue que pasó o es que va a pasar?"

En cambio, en el hebreo la cosa funciona de otro modo, entonces hay un modo perfectivo y hay un modo imperfectivo. Y entonces, de acuerdo con el aspecto, llaman ellos, de acuerdo con el aspecto perfecto o imperfecto que tenga, y de acuerdo con el contexto, entonces tú sabes si se está hablando del pasado o del futuro.

Por eso, curiosamente, en las traducciones de los Salmos, si uno ha tenido ocasión de verlas en distintos idiomas, ve que algunos Salmos que uno está acostumbrado a que se traduzca tal verso en pasado, después va a otro idioma y se lo encuentra, por ejemplo, en futuro.

A mí a cada rato me sucede, porque después de muchos años de rezar en español, voy a Irlanda y encuentro todas las traducciones en inglés. Y resulta que hay salmos que algunos versículos específicos, están dichos, allá se presentan en futuro y nosotros los teníamos en pasado.

Lo mismo si uno compara la Vulgata o la Neovulgata con la traducción española. Todo esto es para decir que no todo es griego, no todo es claridad y no todo es concepto.

Si nosotros funcionamos, si nuestro cerebro se ha acostumbrado a funcionar con las palabras- alacena, esas son las palabras nuestras, palabras-alacena o palabras depósito, según la cual idea, uno saca las palabras y siempre significan lo mismo.

Esta gente no obra así, entonces, el lenguaje mismo de ellos es muy diverso. Y quiero destacar esto, el objetivo de esta enseñanza es un poco ayudarnos a despertar la mente a la novedad del Evangelio.

Decíamos en nuestra sesión anterior que fácilmente estamos tentados de creer: "Eso yo ya lo conozco", pero observa que ahí estamos cayendo en una trampa mental que es muy propia del estilo griego.

Si yo, por ejemplo, he hecho un curso, en qué sé yo, en mecánica de fluidos y lo he aprobado y lo he entendido, pues, en buena lógica no tiene ningún sentido que yo vuelva a tomar el mismo curso, no tiene lógica porque ya lo conozco. Hombre que ya sé las ecuaciones, ya sé los ejercicios, ya eso lo aprendí, ya no tengo que volver a estudiarlo.

Según la mente griega, -lo que estamos haciendo aquí es una comparación entre la mente griega y la mente semita-, según la mente griega, el universo es un cuadriculado y yo voy avanzando en ese cuadriculado, cada cuadrado corresponde a un concepto, un concepto para cada realidad, una realidad para cada concepto, y yo voy avanzando en la realidad y voy encontrando estructuras y voy avanzando, voy tomando posesión del mundo a través de ese mecanismo.

Pero resulta que los sabios judíos, los sabios, los del Talmud, pero antes de eso, los sabios que meditaron en la Escritura y la Mishna y todas esas cosas, y los midrash o midrashim, ellos vuelven sobre el mismo texto, por ejemplo, el relato de Adán y Eva, ¡cuántos Midrash o cuántos midrashim hay sobre el relato de Adán y Eva!

Y vuelven al relato de Adán y Eva, y otra vez el relato de Adán y Eva, para nosotros es una historia que "ya me la sé, ya me la aprendí, ya sé en qué termina".

Es decir, nosotros obramos, bueno, quizás estoy siendo injusto al decir nosotros, pero la tendencia griega, racionalista, conceptual lo que hace es cuadricular el mundo: " Y, bueno, ya entendí la parte de Adán y Eva, ya entendí la parte de Cristo, ya entendí San Pablo, ya entendí el Cristianismo, ya se acabó la novedad del Cristianismo, ahora venga a ver qué es lo próximo".

Esa es la trampa en la que hemos caído o esa es la trampa a la que conduce la mentalidad griega. En cambio, al judío no le sucede eso, porque el judío está acostumbrado no a avanzar en una cuadrícula sobre el cosmos, sino avanzar como quien saca, como quien extrae de una mina o como quien saca agua de un pozo, es más o menos como esa imagen.

Y entonces se vuelve al mismo relato y se le encuentra otra cosa, y el relato crece con la persona y la persona crece con el relato. Es decir, se establece una relación orgánica entre la Palabra y el oyente, entre el predicador, el oyente y la Palabra, y ese triangulo va creciendo.

De manera que el ideal de sabiduría para los semitas no es el que tiene una cuadrícula más amplia, el que puede hablar de muchos más temas.

Para nuestra mentalidad occidental, un sabio es lo que eran los grandes sabios del Renacimiento. Ese es un sabio para nosotros, un Leonardo da Vinci, que sabía pintura, que sabía escultura, pero también sabía anatomía, y también sabía ingeniería, lo que era la ingeniería en esa época, y también sabía lo que era la química en esa época, ese es el ideal para nosotros.

Es decir, el ideal occidental, heredado de los griegos, es una cuadrícula muy, muy extensa según la cual el mundo entero cabe ahí.

Ese ideal en la Edad Media se expresa por medio de la palabra "summa", una summa es eso, es una gigantesca cuadrícula que se supone que debe cubrir muchas cosas, debe recorrerlo todo.

El sabio por excelencia, el punto de referencia por excelencia es Aristóteles, que cubrió todo lo que se podía cubrir en aquella época.

Entonces habla de animales, habla de plantas, habla de fenómenos atmosféricos, habla de minerales, pero también habla de metafísica y de lógica y de razonamiento, y también habla... Ese es el ideal que ha quedado para nosotros.

Esta gente semita obra de otro modo, el ideal es la persona que ha crecido con la Palabra, es decir, la persona que puede escuchar más ecos en una palabra. No la persona que la conoce, conocerla como saber el significado del diccionario, sino la persona que puede escuchar más ecos.

El hebreo sabio, el verdadero rabino es el que oye: "Adán, Adán, Adán, el hombre, Adán", y también el del Génesis, y ahí escucha ecos de millones de cosas: de lo que es la vida en la familia, de lo que es el rey para su pueblo, de lo que es Dios con el alma, de lo que es el señorío sobre la creación.

Cuantos más ecos, cuantas más conexiones, cuanto más orgánico y completo es el saber que se tiene sobre cada palabra, mayor es la sabiduría de esa persona.

Eso se ve muy bien en el caso de Salomón, Salomón es llamado en la Biblia "El más sabio" 1 Reyes 4,31, no hay otro que tenga la sabiduría de Salomón. Pero uno nunca encuentra que Salomón tenía una teoría sobre los fenómenos atmosféricos o que Salomón tenía una teoría sobre las distintas clases de plantas.

El verdadero saber y profundo saber de Salomón es el conectar la verdad de la vida con la verdad de la Alianza. Es decir, el conectar al Dios que nos da vida el Dios que nos ha hecho Alianza, con lo que vivimos aquí y ahora.

Si uno pudiera hacer ese salto cultural, y se puede, yo creo que se puede, si uno pudiera hacer ese salto, inmediatamente el Evangelio recupera color, inmediatamente recupera color, recupera vida.

Porque nosotros, occidentales, nosotros solos nos hemos metido en una trampa, que es la trampa, yo la llamo la trampa de la cuadrícula. Y la trampa de la cuadrícula es que el día que yo termine de aprender todo, entonces ya tengo el cosmos metido en mi cabeza.

Esa es una trampa porque uno nunca repite el curso, entonces, "bueno, pues si ya aprendí qué es el Cristianismo, ya de ahí en adelante puedo "pasar" del Cristianismo, como dicen en España, ya eso no me dice nada, ya eso no me importa, ya ese experimento lo hicimos".

Entonces, lo que sigue ¿qué es? Pues, un poco lo que hacen en Dinamarca y en algunos países escandinavos y en la misma Irlanda: "Pues miremos al Cristianismo como un largo paréntesis, ¿y qué era lo que había antes? Pues volvamos a los cultos druidas, volvamos a los cultos celtas a ver si eso sí tiene sentido para nosotros".

Pero esa es una trampa y esa trampa surge de utilizar una cuadrícula. Y la solución para eso está en aquellos que durante siglos y siglos aprendieron a meditar sobre las mismas palabras.

Bueno, no todo en Occidente es tan trágico, por supuesto, hay una tradición también dentro de Occidente que es, por ejemplo, expresada en la Lectio Divina.

La Lectio Divina es un tipo de conocimiento que no quiere cubrir, no es una red que se arroja sobre el mundo para yo poseer al mundo, al estilo de Aristóteles o de Leonardo Da Vinci. No es una red, no es una cuadrícula sobre el mundo, sino es el rumiar la Palabra, el permancer en ella.

Esto no es muy griego, recordemos que el movimiento monástico realmente florece es en Egipto básicamente. Es en los desiertos de Egipto, sobre todo en torno a la ciudad de Tebas, por eso aquello de la Tebaida.

En torno a la ciudad de Tebas, donde empieza a florecer ese fenómeno de los monjes, y el noviciado y la formación básica de los monjes, es alimentar ante todo la memoria, es llenar la memoria con los textos de la Escritura.

Y se habla con elogio, por ejemplo, en las Colaciones de Casiano, se habla con elogio de aquellos que tenían el Salterio en su cabeza. Se lo sabían, se lo sabían ya de memoria y rezaban muchísimos salmos todos los días hasta que quedaban en su cabeza.

Pero no se trataba únicamente de tenerlo como el disco duro, como quien llena un disco duro, sino se trataba de meditarlo, de encontrar las resonancias, encontrar los ecos, ese es un punto que yo creo que nosotros necesitamos.

Recientemente, nuestro Papa Benedicto, ha vuelto a proponer, con motivo de este Sínodo de la Palabra, ha vuelto a proponer como modelo para toda la Iglesia la Lectio Divina.

Hasta cierto punto, esto de la Lectio Divina es como un contrapeso al estilo griego. Si uno mira los griegos no tenían nada equivalente, y en particular, Aristóteles, no tiene nada que se parezca a eso.

Aristóteles es un genio, es un gigante, es un coloso de la historia de la humanidad, pero tiene su límite. Y el límite es que el método de conocimiento que propone Aristóteles es el método de la cuadrícula, que conduce fácilmente a una trampa y la trampa es: "Ya eso ya lo sé, eso también lo sé, lo demás también lo sé, entonces ya no tengo más que aprender".

Aparte de esa sugerencia general sobre la Lectio Divina, otra aproximación para recuperar la novedad del Evangelio es detectar esto que aparece como título en los apuntes que tenéis: ambigüedades, dialéctica, fecundidad.

El pensamiento semita, lo mismo que el pensamiento oriental, tiene un gran gusto por la paradoja. Y Jesús lo utilizaba mucho, es Jesús y no Aristóteles el que dice "Hay muchos primeros que serán últimos y muchos últimos que serán primeros" San Mateo 19,30.

Esa clase de frases paradójicas cumplen una doble función. En primer lugar, la mente humana está hecha, -algún día los científicos sabrán por qué eso es así, pero yo no sé ninguna explicación de eso-, la mente humana está hecha para darle especial atención a eso que parece contradictorio.

Como decía el otro: "Bueno, si yo abro la mano, ¿a dónde se fue el puño?" Esa clase de frases así un poco tontas. La mente humana tiene una particular adicción o gusto por aquello que parece contradictorio, por lo que parece extraño, extravagante.

Quizás para los que creen en la evolución rigurosa desde otras especies, pues, precisamente porque la novedad es fuente de conocimiento.

El mismo Aristóteles decía que la curiosidad es la puerta del conocimiento, pero lo importante de eso, es que el cerebro humano está hecho así en todos los niveles. Es una cosa impresionante.

Por ejemplo esto, mire este experimento para que no todo sea religión y Biblia. Si uno aquieta perfectamente los ojos, por ejemplo, mirando un determinado punto, uno dice que tiene quietos los ojos, pero no, resulta que los ojos humanos nunca se quedan quietos.

Hay una cantidad de lo que llaman micromovimientos, que es como una especie de temblor sutilísimo que se mide en términos de decimas de milímetros o menos en los ojos. Y resulta que por más serenos y quietos que uno quiera tener los ojos, uno mantiene esa especie de pequeño temblor.

Entonces los científicos se han puesto a averiguar por qué existe ese temblor, y la razón es esta: si un ojo se deja absoluta y perfectamente quieto, al cabo de unos pocos segundos deja de ver, porque si las mismas células están recibiendo exactamente el mismo estímulo luminoso, inmediatamente pierden la sensibilidad a ese estímulo.

Algo parecido a lo que acontece cuando uno tiene un ruido de fondo, cuando acabábamos de encender el abanico, pues oímos el abanico, pero ya después uno cancela un ruido que está en el fondo. El cerebro humano está hecho para eso, para cancelar lo que ya sabe que es.

"Bueno, este es un abanico", y yo ya no tengo que pensar durante una hora o dos horas: "Ahora el abanico se fue para allá, ahora el abanico se devolvió para acá, ahora el abanico se fue para allá, ahora el abanico...".

El cerebro me economiza eso y lo que hace es ponerle una gran equis roja al abanico y ya no existe para mí. Ese mecanismo permite que uno vaya dándole la atención a lo que merece atención.

Lo mismo sucede cuando oímos a una persona o cuando miramos un paisaje, ninguno de nosotros es como una cámara fotográfica que recibe toda la imagen.

Dentro de una imagen, lo que uno ve, -si se pudiera traducir lo que hay en el ojo-, lo que uno ve es un sector diminuto que está claramente delimitado y el resto es completamente borroso, sino que uno va recorriendo, va fijando su atención en distintas cosas.

Bueno, ese tema en sí es muy interesante, pero aquí lo mencionamos solamente para decir que lo paradójico produce ese efecto despertador o ese efecto atractivo en el cerebro.

Entonces, por una parte, se despierta el entendimiento que tiene que hacer una pregunta: "¿Por qué los primeros van a ser últimos y por qué los últimos van a ser primeros? ¿Por qué? ¿Por qué es eso si yo lo que veo es que el que va de primero termina de primero, llega de primero?".

Entonces despierta la inteligencia y atrapa la memoria. Tenemos que contar a Jesús de Nazareth como uno de los maestros más eficientes de la historia, porque en las condiciones en las que Él enseñó, lograr que tantas de sus palabras quedaran grabadas en la gente es toda una proeza, y en buena parte lo logró con esta clase de afirmaciones.

Entonces, las paradojas, las ambigüedades, las contradicciones, son parte del tejido mismo del Evangelio. A ver, aquí tenemos algunos ejemplos en distintas áreas: en la evangelización, en cuanto a la razón y la fe, en cuanto a la pastoral.

Por ejemplo esto, a ver: "¿Dios está muy lejos o es muy paciente?" Esto ya aparece en la segunda Carta de Pedro, en el Nuevo Testamento. La realidad es ambigua, la realidad es compleja, porque uno por una parte puede decir: "Bueno, Dios se olvidó".

Y entonces responde Pedro o su secretario o quien escribiera a nombre de él, si ese fue el caso, responde Pedro en la segunda Carta: "No no no, Dios no está lejos, lo que pasa es que Él da tiempo para que todos se conviertan" 2 Pedro 4,9. Entonces Dios no es que esté lejos, sino que Dios es paciente.

Hay lecturas posibles, la realidad es ambigua, y parte de mi propósito en esta reflexión, mis hermanos, es que descubramos que nadie tiene la receta para la evangelización.

Nadie tiene la receta que va a hacer que Taiwan sea cristiano en un siglo o en cincuenta años o en doscientos años. Todo puede suceder, pero nadie tiene la receta, y algunas veces la receta o lo que mejor parece funcionar es más institucional.

Otras veces, como en el norte de Rusia, tenemos ese Cristianismo tan extraño, tan extravagante, el Cristianismo de los startzi. Un staretz es un loco, son locos por Dios. No sé si ustedes conozcan alguno.

Los locos por Dios, entonces eran, startzi, entiendo yo que es el plural de esa palabra, el singular es staretz. Entonces un staretz es una persona que se hace loca por Dios, no se hace el loco, sino que es como perder la razón.

Entonces se dedicaban a ser mendigos y perdían todo, perdían el nombre, y se iban a otra ciudad y empezaban a recorrer pueblos y pedían limosna como todo el mundo; con las únicas características, obviamente, de no ser violentos, ni ladrones, ni malvados, ni criminales en ningún aspecto.

Pero también que toda su humildad encontraba razón en Cristo: "-Bueno, ¿tú quién eres? ¿De dónde vienes?" -"No, yo soy un penitente de Cristo". "-¿Y cómo te llamas?" "-Así". O sea, "yo voy a perder mi nombre, yo voy a perder mis riquezas, voy a perder hasta mi salud, voy a perder todo".

Bueno, y resulta que esa locura ha tenido una tremenda popularidad y un tremendo éxito, si ustedes leen a Anton Chejov o si leen a Tolstoi, él los menciona a este tipo de personajes, porque son muy conocidos en el medio popular ruso.

Pero creo que si uno hace lo mismo, o no sé, si uno hace lo mismo en Nueva York o lo hace en Bogotá o lo hace en Buenos Aires, tal vez no funciona, pero allá sí funcionó eso.

En Europa funcionó bien lo de los monasterios, en Colombia nunca ha funcionado bien la vida monástica. Ahí tenemos dos o tres monasterios masculinos, porque femeninos hay muchos desde el tiempo de la Colonia, pero los monasterios de clausura masculinos, es impresionante, en Colombia no han funcionado.

Ahí no tenemos ni Cartujos, ni tenemos Trapenses, ni tenemos Cluniacenses, ninguna de esas razas. Hay por ahí unos Camaldulenses, de estos de Camaldoli y poco más.

Entonces fíjate, en algunos países, como Irlanda, el monasticismo ha sido columna vertebral por siglos y siglos. Prácticamente desde comienzos del primer milenio hasta San Patricio, e incluso después de San Patricio, el monasticismo ha sido la columna vertebral del Cristianismo en Irlanda.

Pero en Colombia no, en Colombia funcionaron, lo que llevasteis vosotros los españoles. Funcionaron los autosacramentales y funcionaron las novenas y las fiestas de los santos y Nuestra Señora del Rosario.

El Rosario funcionó en Colombia de un modo fantástico. De manera que tú vas a una cantidad de poblados diminutos y, de pronto, una estatua de Santo Domingo y una estatua de la Virgen del Rosario, ahí están, ahí funcionó bien eso, pero fórmulas no tenemos.

Los startzi rusos, los monjes irlandeses, los colegios a veces funcionan bien, a veces no funcionan tan bien, o a veces funcionan un tiempo y después toca dejarlos. Lo mismo la salud y los hospitales, las Hermanas de la Misericordia allá en Irlanda, pues hicieron maravillas, pero eso ya no se puede, ya no funciona.

El Evangelio está lleno de sorpresas, el Evangelio es plural, nadie tiene la receta, nadie la tiene; y la realidad a la que uno se enfrenta desde la fe es así compleja, no hay respuestas definitivas.

Alguien puede decir: "Dios se olvidó de nosotros", y otro puede decir: "No, espérate lo que pasa es que Dios es muy paciente".

Lo mismo con el tema de la inculturación y de la diferencia, ¿tiene uno que inculturarse o tiene que tratar de ser distinto? ¿Tenemos que tratar de ser iguales o tenemos que tratar de ser distintos?

Entonces yo hablo un poco de lo que conozco, allá en mi país, en Colombia, el tema típico es con los jóvenes.

Entonces tienes un tipo de sacerdote que dice: "Nosotros tenemos que ser una alternativa para la juventud", entonces sacerdotes tipo Opus Dei, tipo Legionarios de Cristo, sacerdotes jóvenes, disciplinados, si algo tienen, disciplina, cuello romano, clergyman veinticuatro horas al día. Y eso es el método de ellos.

En el otro extremo tienes al sacerdote "hippie", que está con lo que nosotros llamamos una mochila, está con una guitarra, habla y lo primero que hace es echar tres cuatro tacos, que llamáis allá en España.

Y cada uno argumenta, porque entonces el uno dice: "Estos jóvenes están cansados de su mediocridad y lo que necesitan es un desafío", entonces este tipo, ¿cierto? Siempre debidamente afeitado, no como yo, este tipo, este cura legionario de Cristo u Opus Dei, o lo que sea, perfectamente pulcro, además, muchos de ellos bien parecidos y de buena familia, pues se convierten en un tremendo signo de interrogación para los muchachos.

Porque te encuentras con un cura que es inteligentísimo, que es culto, que es de buena familia, que evidentemente hubiera podido conseguir la novia que se le hubiera dado la gana, y te lo encuentras ahí parado predicando horas y horas: "Y tal, y el Evangelio, y no sé cuanto..."

Como estos retiros del Lumen Dei, yo hice uno de esos por allá hace los años, eso fue el siglo pasado. Hice un retiro con los del Lumen Dei tiempo antes de entrar con los Dominicos, y ese cura era impresionante, no exagero, eran seis o siete sermones al día, entre eso y el lavado de cerebro créeme que no hay demasiada diferencia.

Y bueno, hay gente que dice: "Nosotros tenemos que ser alternativa", y resulta que hay jóvenes a los que eso les atrae efectivamente.

¿Por qué? Porque efectivamente su vida no tiene una sola referencia sólida, no tienen nada claro en su existencia, no saben cómo batallar con su propia pereza, con su propia mediocridad.

Y de pronto, aparece un hombre de estos que les dice: "Es que lo que te hace falta es una disciplina; ven, que en mi casa nos levantamos a las cinco y cuarto de la madrugada, y a las cuarto para las seis estamos en la capilla en meditación personal hasta las seis y media, y a las seis y media...".

Y cualquiera diría: "Pues vas a aburrir a esos muchachos", pues no, muchos no se aburren, porque muchos lo que sienten es: "Por fin encontré una estructura, por fin encontré una referencia".

Entonces yo miro ahí, por ejemplo, yo estoy dando unas clases en Irlanda a estudiantes dominicos que vienen de distintas naciones. Y es curioso, algunos de ellos están en esa tónica: "Es que tenemos que infundir seguridad, tenemos que infundir certeza".

Claro, los otros dirán: "Pues eso es ser fachista, tú lo que eres es un facho y tú vete con tu derechona adonde quieras, de eso, nada", expresión que me fascina: "De eso, nada".

Pero sucede que esos le llegan a algunas personas, y luego, va uno a ver a los otros de izquierda o liberales o progresistas o como se quiera, y esos parece que también tienen lo suyo.

Me imagino que hay límites, me imagino, me imagino que hay límites, es decir, tú puedes tener todas las mochilas que quieras, pero si además de mochila, pues tienes tu novia, y tienes tu no sé cuanto y quieres seguir siendo cura, llega un momento en el que...

...Y vas a fumar lo que ellos fuman y vas a ir a las fiestas donde ellos van y si ellos se drogan tú también porque hay que inculturarse, en algún momento perdiste el camino, hasta allá tampoco. O sea, hay un límite.

Pero la cosa es bastante ambigua, y a veces uno no sabe por dónde va a salir la sorpresa. A veces uno no sabe por dónde la gente va a resultar cautivada.

Me llamó la atención lo que tú nos decías ahí en la meditación del Santo Rosario, sobre cómo a veces uno escoge textos del Evangelio, los textos que a uno más le gustan y mencionaste aquello de que Dios es amor.

Bueno, cuando yo estaba en mis años mozos, por allá en mi adolescencia, realmente la predicación yo sentí cambió en esa dirección, es decir, todo el mundo empezó a hablar de Dios misericordia, Dios amor, etc., y eso está bien.

Pero hay un problema y es que después de años y años de estar predicando sólo: "Dios es amor, Dios es ternura, Dios es misericordia", entonces también parece: "Dios es un complaciente y Dios es un alcahueta. Y a Dios se le puede comprar y se le puede convencer con cualquier cosa, y Dios no pinta nada, Dios no importa".

Entonces una vez más es complejo, no hay una fórmula definitiva para eso. ¿Tenemos que volver al terror y a la predicación del infierno?

Mira, el Padre mayor de mi comunidad, de mi Provincia de Colombia, cuyo nombre no diré aquí porque se está grabando, pero con esa referencia. Bueno, él tenía fama de eso, no había homilía donde no mandara a dos terceras partes de la audiencia al infierno.

Buen sermón es aquel en el que la gente quedaba convencida: "Mi único destino posible es el infierno". Claro, puesto así, uno dice: "Eso es casi patológico".

Pero luego si uno lee a Santa Catalina de Siena, resulta que el punto de partida para ella es: "Yo no merezco otra cosa que el infierno, de ahí cualquier vuelta de sus ojos hacia mí que me dé el Señor, es regalo, es gracia".

Entonces, por eso este tipo de pregunta: ¿estamos bien inculturados? A ver cómo vamos a hacer, lo mismo este ejemplo aquí manual que me habéis contado vosotros mismos de Taiwan. Lo de las imágenes, alguno entre vosotros me decía, porque yo preguntaba: "Bueno, ¿y las imágenes, por ejemplo, de Jesús de María, y tal, en algún lugar se acostumbra ponerlas con rasgos orientales?"

Por ejemplo, en las puertas estas, de esta casa de retiro, yo veo imágenes de Jesús y de María y de San José así, pero lo que he visto en todas las demás partes donde he estado, que me habéis llevado vosotros, nada.

Y alguno me decía: "No les gusta, no les gusta, prefieren que tengan los rasgos distintos". Entonces, ¿cuál es la fórmula? Pues el Evangelio nos enfrenta más a preguntas que a respuestas.

A mí no me gusta pensar en el Evangelio como una caja de respuestas. No me gusta pensar la Iglesia como una caja de respuestas. Y no me gusta pensar en el Magisterio como una caja de respuestas.

A mí me parece que Jesús fue más una pregunta viva que una respuesta viva, aunque es las dos cosas, por supuesto, que Jesús es la gran respuesta, la gran respuesta al hambre del corazón humano, la gran respuesta que esperaban los siglos, es cierto.

Pero Jesús también es pregunta y el Evangelio también es pregunta. Y si queremos recuperar, si queremos que brille para nosotros el esplendor del Evangelio, en buena parte hay que pasar por la perplejidad.

Este es el punto que estoy tratando de hacer, que tenemos que pasar por la paradoja y por la perplejidad. Y el no saber, y el explorar, y el tratar una cosa y ver si funciona, tratar otra cosa, y ver si no funciona.

Esto no me lo estoy inventado, San Pablo, se cuenta de cuatro misiones de San Pablo en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En alguna de ellas, en alguna o tal vez dos de ellas, Lucas, autor del libro, se incluye en el relato. Ahí son las secciones que los exégetas llaman las secciones "nosotros" de los Hechos de los Apóstoles.

Y bueno, ahí donde Lucas era parte del relato, ahí ve uno la cantidad de vacilaciones de esos misioneros. Esos no tenían claro: "Mira, vamos aquí, luego hacemos allá, luego aquí fundamos esto, luego aquí compramos esto, y lo que hagamos aquí lo pasamos para allá".

No, ellos no tenían nada de eso claro, y por lo menos tres o cuatro veces dice Lucas: "Nosotros queríamos ir a Iconio, pero no se pudo el Espíritu Santo nos dijo que ahí no, que nos tocaba irnos para otra parte, y de ahí bajamos a Derbe, pero los de Derbe nos sacaron corriendo, entonces nos tocó irnos a Listra" Hechos de los Apóstoles 14,1-5.

Esa era la vida de ellos, la vida del evangelista, la vida del evangelizador, no es el progresivo avance como el que se obtiene en un razonamiento estilo Spinoza, o estilo griego, o estilo Euclides: "Esto, luego esto, luego esto, luego esto, y en esta escena se convierte Taiwan".

Eso no existe, lo que existe es la vacilación, esos son los Hechos de los Apóstoles, y qué digo yo los Hechos de los Apóstoles, vamos a Jesús.

¡Habéis tratado alguna vez de poner en el mapa de Palestina las ciudades de Jesús? Es una locura, eso subía y bajaba, se fue a la Decapolis, y se devolvió; y luego a Tiro y Sidón, y se devolvió.

Fue a Samaria, se devolvió, ni siquiera sabemos cuántas veces estuvo en Jerusalén, Juan parece que indica que tres veces, según los otros parecería que fue más bien una sola en su ministerio público.

Es decir, Jesús también estaba hasta cierto punto haciendo experimentos, y en esos experimentos y en esa siembra en parte caótica, hay sólo una constante que es la que anuncia Jesús: "Mirar las señales de los tiempos" San Mateo 16,3, dice Él.

Y las señales de los tiempos a veces parece que simplemente es: "Miremos a ver qué pasa, y miremos a ver qué funciona, y miremos a ver por dónde se abre una puerta".

¿Qué pasaría si en un Capítulo provincial se levanta uno y dice: "Padre Provincial, queridos capitulares, yo creo que tenemos que abrir en tal parte una casa, porque yo tuve un sueño, anoche tuve un sueño y en ese sueño se me aparecieron cuatro de ese poblado y me dijeron: "Pasa a nuestra ciudad y ayúdanos", por consiguiente, creo yo, padres capitulares, que el Espíritu Santo nos está enviando hacia esa ciudad".

Pues de lo poco que conozco aquí y de lo que yo sé de mi Provincia, aparte de dos buenas carcajadas y tres días de chistes, es difícil que eso produjera mucho más.

Ni yo tampoco estoy diciendo que nos mudemos al estilo de la improvisación total, que es otra cosa que comentaremos aquí más adelante.

Sino solamente estoy diciendo que nosotros como creyentes no estamos sostenidos en un andamio de certezas, sino estamos en las manos amorosas de Papá Dios que tiene preparadas toda clase de sorpresas para nosotros, y entre esas sorpresas hay algunas que son fascinantes y emocionantes y hay otras que son decepciones totales.

Mire, cuando salieron para la primera misión que fue en Chipre, enviaron desde Antioquía de Siria, bueno, de Siria o de Pisidia. Desde Antioquía enviaron a San Pablo, pero no lo enviaron a él solo, enviaron a Juan Marcos y a él.

El orden es importante porque en la Biblia el orden siempre indica prelación, por eso, en las listas de los Apóstoles siempre Pedro va de primero. Entones en esa misión, en la primera misión de San Pablo, esa no fue la primera misión de San Pablo.

Esa fue la primera misión de Juan, de Juan Marcos se llamaba él. Muchos creen que ese Juan Marcos es el mismo del evangelio de Marcos.

Y este Juan Marcos fue compañero de misión de Pablo, pero luego se unió a Pedro cuando Pedro fue a Roma, en la parte final de su ministerio.

Entonces Marcos estuvo con Pablo primero y luego estuvo con Pedro. ¿Y por qué dejó a Pablo y por qué se fue donde Pedro? Pues si leemos los Hechos de los Apóstoles, porque salieron de pelea, y Pablo no se entendió con Juan Marcos.

Y dijo: "éste no es, éste no es" Hechos de los Apóstoles 15,38, y de ahí en adelante, en todas las demás misiones ya se menciona a Pablo de primero. O sea que la primera vez que los envió la comunidad de Antioquía, el que iba al frente de la misión, el "prior" pues ahí era Juan Marcos, y de ahí en adelante luego siguió Pablo.

¿Qué indica eso? Pues que también en eso tenían todo tipo de sorpresas.

Y si uno lee las las cartas de la cautividad, digo las cartas de san Pablo, ahí él se queja de más de uno y dice: "Bueno, pero cómo vamos a tomar a uno que nos abandonó en tal parte" Hechos de los Apóstoles 15,38.

Ahí se refiere a Juan Marcos, "¿Cómo vamos a tomar de compañero a este si nos dejó el trabajo tirado? Ese no nos sirve para esta labor" Hechos de los Apóstoles 15,38.

Con lo cual estaba indicando, que fue muy complejo. Los orígenes mismos del Cristianismo están llenos de toda esa clase de sorpresas.

La Segunda carta a los Corintios, especialmente la Segunda Carta a los Corintios es la que tiene todo el elenco largo de los problemas que cuenta Pablo: "Que he pasado una noche y un día en el mar, que me han metido a la cárcel, que me dieron azotes, que los falsos hermanos, que no sé que...".

O sea que hay todo tipo de sorpresas, el Evangelio puede ser cualquier cosa, menos aburrido. Cuando el Evangelio se vuelve aburrido, es que nos hemos pasado demasiado al modelo cuadrícula.

Estamos demasiado en Leonardo Da Vinci, demasiado en Aristóteles, y demasiado en el modelo Summa. Que son importantes las Summas y es importante Aristóteles, pero estamos demasiado en ese modelo.

El Evangelio es cualquier cosa menos aburrimiento, es sorpresa, sorpresas maravillosas, inesperadas.

¿Cómo empezó la evangelización de Europa? La evangelización de Europa empezó de la siguiente manera: resulta que Pablo tiene su sueño: "Pasa a Macedonia y Ayúdanos" Hechos de los Apóstoles 16,10. Entonces se va a allá y la primera ciudad en Europa donde él llega es Filipos.

Y allá en Filipos ellos no sabían por dónde empezar, entonces, dijeron: "Parece que hay un lugar donde se reúnen unas mujeres donde lavaban la ropa", entonces, fueron a allá.

Uno ve claramente que esta gente estaba improvisando, estaban tratando de hacer lo que podían. Y una de ellas dijo "Me convence mucho esto, y tenéis que quedaros en mi casa, y a mi casa" Hechos de los Apóstoles 16,15, y dice ahí Lucas: "y nos forzó a quedarnos en su casa" Hechos de los Apóstoles 16,15.

Y se quedaron ahí y empezaron a evangelizar ahí. O sea que esta gente, esta gente estaba ahí como, a ver, experimentando, queriendo hacer, evaluando sobre la marcha, sembrando mucho, viendo por dónde sale, a ver qué resulta, qué no resulta, con quién se cuenta, con quién no se cuenta.

Siempre dispuestos a rehacer la plana, siempre dispuestos a cambiar el esquema con una sola convicción: "El que nos envió está con nosotros". Esa es la convicción. "El poder de Dios no me llevará donde la Providencia de Dios me desampare; luego, allá vamos. Pero es haciendo experimentos, es probando una cosa y otra.

A veces uno siente que uno es insignificante: "¿Qué puedo ser yo en medio de esta gran ciudad taoísta o budista o agnóstica?" Para efectos prácticos, ya se siente algo bastante parecido en Londres o en Taipei, creo yo.

"¿Yo qué pinto aquí? Soy insignificante". Pero también el grano de levadura, el poquito de levadura parece insignificante. Y a veces uno siente: "Bueno, pero algo se está haciendo y esto florecerá", otras veces uno siente: "¡Qué va, eso no se está haciendo nada, y esto se va a morir!".

Y somos las dos cosas, somos levadura y somos insignificancia. Vamos propagando un mensaje y al mismo tiempo vamos haciéndonos muchas preguntas.

También en la evangelización, ¿Qué es mejor, ser admirable pero distante, o ser cercano pero común y ordinario? Y los dos modelos existen, los dos modelos existen.

San Gregorio Magno, por ejemplo, habla de eso, él es el primero que hace esa comparación, que yo sepa, hace esa comparación basándose en Ezequiel, el sacerdote tiene que ser como el vigía que está puesto en alto, entonces el sacerdote tiene que destacar por sobre todos.

Y sí, en parte, tiene que ser admirable el sacerdote, tiene que ser admirable por su calidad de vida, tiene que ser admirable por sus conocimientos, pero también tiene que ser cercano, tiene que ser accesible.

Entonces la evangelización está hecha de las dos cosas: ser admirable y ser accesible, ser extraordinario y ser común. Y las dos cosas son necesarias y si falla alguna de las dos, no funciona.

Una vez más, el Evangelio puede ser cualquier cosa menos aburrido, porque este es el tipo de desafío que tenemos. Y repito, si no somos cercanos, jamás habrá evangelización, la gente nos deja allá en nuestra torre de marfil.

Pero si somos tan cercanos que somos ordinarios y somos lo mismo, con las mismas miserias y pecados y errores que todo el mundo, tampoco decimos nada. Entonces, ¿cuál es la alternativa? no es ser una sola cosa, ni ser la otra, ni estar en la mitad.

Ahí sí como decían de un Presidente colombiano del que todo el mundo se burlaba, Turbay se llamaba él o era el apellido, y era lo más ambiguo del mundo, entonces le preguntaban algo y él decía "Ni sí, ni no, sino todo lo contrario".

Entonces a nosotros nos toca algo parecido, aquí no se trata de ser sólo admirable, ni se trata de ser sólo accesible o cercano. No es sólo admirable ni es solo cercano, ni la mitad entre admirable y cercano.

Es ser las dos cosas a la vez, porque Jesús mismo es la gran paradoja, es el Hijo de Dios pleno de gracia y de santidad, y sin embargo, es aquel que tanto inspira que la más pecadora del pueblo va y se le tira a los pies y se los besa.

O sea, evidentemente, no era por allá una figura distante, era el más accesible de todos y el más admirable de todos. Y si el que se inventó esto, si el que inició esto es así, no hay remedio para nosotros, también a nosotros nos corresponde ser paradoja.

Razón y fe, hablemos de algunas dialécticas y ambigüedades y paradojas de razón y fe.

A ver, ¡vale más una teología "lógica", que muestre a todos que es razonable creer? ¿O vale más una teología mística que muestre a todos que es maravilloso creer? Es parecido a lo anterior, pero puesto en el plano intelectual.

¿Cuál es el papel de un catecismo? Nosotros en Occidente tendemos a mirar los catecismos como explicaciones de la fe. Pero realmente, ¿ha de ser ese el objetivo de un catecismo? ¿Explicar? O sea, ¿vas a explicar a Dios? ¿Seguro? ¿Vas a explicar la Resurrección? ¿Vas a explicar la Eucaristía?

Y uno se come ese cuento, que uno está, en el catecismo está explicando, pero eso es porque depronto somos demasiado occidentales en eso. Un momentico, hay otro modo de catecismo, es mostrar que es maravilloso creer.

El teólogo reciente que más a insistido en esto, que insistió en su tiempo en esto fue Von Balthasar, él decía: "Mira, ya párate un momento con esa teología que te traes, donde tú crees que estás explicando la Trinidad, "y preparáos, que mañana os explicaré la Eucaristía, y luego voy a explicar..." "Tú párate de tantas explicaciones; enséñame a admirar".

Entonces, ¿qué es la teología? ¿La teología es como el alumbrado público que me muestra el camino? ¿O la teología es el camino que me sumerge en lo maravilloso, en lo admirable?

¿La teología me aclara el camino? ¿O la teología me invita o me inspira para recorrer ese mismo camino?

Y es una cosa muy interesante. Yo pienso que esa presunción, -porque en el fondo hay algo de presunción en eso-, esa presunción de explicar la fe hace muchísmo daño, y los grandes maestros jamás dijeron eso, jamás.

Si hay una cosa que a mí me quedó grabada del estudio de Santo Tomás, cuando Santo Tomás analiza el acto de la fe, lo primero que dice es que es un acto del entendimiento.

Esa es la primera sorpresa, que la fe pertenece al entendimiento, no es un movimiento de la voluntad, ni por consiguiente del afecto, ni del sentimiento. La fe está en el orden del entendimiento, primera sorpresa para mí.

Luego, segunda sorpresa, la explicación o la teología, lo que nosotros llamaríamos la explicación, o sea la teología, no va a mostrar por qué es así, sino que va a mostrar por qué lo que se dice en contra de la fe no se sostiene.

Es decir, el papel de la razón dentro del acto de la fe, según santo Tomás, no es acabar el misterio, no, sino guarnecerlo. Lo que hace la razón con respecto a la fe, según Santo Tomás, no es explicar.

Eso de que el catecismo: "-Te voy a explicar..." "-Espérate, tú no me vas a explicar nada, ni hay quien lo pueda explicar". Nadie puede explicar Por qué Dios se hizo hombre, nadie puede explicar qué es la Resurrección. Eso no lo puede explicar nadie.

Pero, dice Santo Tomás: "Lo que hace la razón es como formar una casa o una muralla", -digo tal vez-, una pared que protege, así como cuando tenemos el Sagrario, por hacer una comparación un poco visible.

Si tenemos el Sagrario, pues no lo dejamos ahí en la mitad de un parque o no lo dejamos ahí tirado en el campo, sino que le hacemos una casa.

Entonces dice Tomás que la fe lo que hace es esa protección, de manera que si alguien dice: "-Oye, tu Eucaristía es un absurdo", la razón entra ahí a funcionar, la razón en el creyente entra a funcionar y dice: "-No, absurdo no es, por esto, esto, esto y esto otro".

De las obras de Tomás la que me parece más interesante en ese sentido es una que se llama "Contra errores Graecorum", un opúsculo que no está, bueno, ya debe estar traducido, pero en mi época no estaba traducido, es buenísimo porque ahí muestra Santo Tomás eso.

Nosotros jamás vamos a explicar la Trinidad, lo que hacemos es, que si alguien ataca a la Trinidad, nosotros decimos: "No, espérate así no es por esto y esto". Pero la razón ahí está defendiendo el misterio, no está explicándolo.

Nosotros podemos explicar las ecuaciones de la matemática, podemos explicar los procedimientos de la bioquímica, o lo que sea, pero la fe no la explicamos.

Entonces este punto yo creo que es interesante, porque entonces la teología, y por consiguiente la predicación, no son :"Ahora yo te voy a enseñar". Sino la predicación y la teología son: "ven y te muestro algo que yo no he terminado de entender, que yo jamás podré terminar de entender, pero que es bello, santo, bueno".

A mí se me antoja que esa perspectiva que es muchísimo más humilde, tiene muchísmo mayor recibo en muchas más culturas y seguramente es la mejor manera de llegar a personas que de otro modo no prestarían atención.

Además, hay un peligro, cuando nosotros presentamos la teología como una caja de respuestas, entonces, el poder de la pregunta se vuelve en contra de nuestra fe, porque no se te olvide que en un juzgado el que tiene el poder es el que hace las preguntas.

Entonces si tú dices: "Bueno, yo sé muchísimo, es que sé tanto, he aprendido tanto, hay tanto libro en mi cabeza y tengo tanta sabiduría, a ver, preguntad no más".

Lo primero que te van a decir es: "-Dios es omnipotente, omnisapiente y santo, o sea, óptimo, buenísimo, perfecto en su bondad. Si Dios es perfecto en su poder, en su bondad y en su sabiduría, ¿por qué mueren niños en África?" "-No, que espérate, que Dios va a sacar un bien". "-Ahora díselo a la mamá, ahora ve y díselo a la mamá".

Si nosotros presentamos la fe como una caja de respuestas, si la Iglesia se convierte en una caja de respuestas, siempre estaremos a merced de esa clase de trucos, que en el fondo dependen de un uso manipulado de las palabras.

Cuando la Biblia nos dice que Dios todo lo puede, no es el juguete intelectual de omnipotencia que significa "pantocrator" en griego. Pero mientras uno explica todo eso: "Que es que espérate que los términos en la Biblia, los términos en griego", ya el otro se va con su sonrisa y con otra victoria más.

Entonces yo creo que esto es importante, necesitamos más una teología de la admiración, esta era la teoría de Balthasar, Von Balthasar. Necesitamos una teología más estética, una teología de la admiración.

Una teología que produzca, Von Balthasar, era además amigo personal del Papa que tenemos. Una teología que produzca adoración, una teología que produzca veneración, una teología que produzca contemplación, una teología que no sea simplemente "ya lo sé".

Recordemos que cuando uno siente que ya sabe, ya sabe la explicación, ya sabe el contenido, ahí el poder reside en el sujeto humano. En cambio, cuando digo: "Ahora Dios me parece más admirable, me parece más hermoso, me parece más santo", ahí el poder reside en el sujeto divino.

Y cuando Santo Tomás de Aquino habla de la teología como ciencia, dice: "Sí, la teología es ciencia, conocimiento", ciencia tenía un sentido distinto en esa época, pero el sujeto de ese conocimiento es Dios. Para Santo Tomás el único teólogo es Dios, ese es el único que tiene la ciencia, el único que conoce realmente.

¿Nosotros qué somos entonces según Santo Tomás? Somos perpetuos discípulos, beneficiarios, que podemos utilizar nuestra la razón para dos cosas. La primera la que ya dije: defender la fe de ataques que vengan de ateos o gente de otras religiones. Y utilizamos nuestra razón para tratar de exponer de un modo organizado los misterios.

Es decir, le damos orden a los misterios. O sea, como la sacristana de mi pueblo, ella no puede producir la Eucaristía, ni el sacerdote tampoco por sí solo. Ella no puede producir la Eucaristía, pero ella organiza el cáliz, el misal, las albas, las estolas.

Ese es un teólogo para Santo Tomás, la razón lo que hace es organizar los misterios, darle un lugar a ellos para no repetirlos.

En su cuestión primera de la Summa lo que afirma es precisamente eso, que ha querido componer esa obra para que haya menos repeticiones.

Es decir, el objetivo de la razón es organizar el misterio: "Aquí van los cálices, aquí van los purificadores, aquí van las estolas", pero lo que allí sucede, eso sólo lo produce, eso finalmente sigue siendo únicamente de Dios.

Yo creo que si uno aprendiera a tratar la predicación como tratamos la Eucaristía, ganamos muchísimo. Es decir, sabiendo que cada vez que pronunciamos el nombre de Dios, que cada vez que decimos que Jesús resucitó, estamos diciendo algo que nos rebasa, algo que nos supera completamente, algo que jamás podremos entender.

Como le pasa a uno con la Eucaristía, uno de sacerdote tiene que decir: "Este es el Cordero de Dios", pero si alguien me dijera: "Bueno, explícalo", pues ahí no tengo cómo, lo que sé es que ahí está, lo presento para alimento tuyo y mío, pero no soy dueño de la Eucaristía.

Pues lo mismo, no soy dueño de la teología, el conocimiento de Dios conserva siempre ese carácter, que por eso, Santo Tomás la llamaba "la sacra pagina" o "la sacra doctrina".

Bueno, la otra ambigüedad sobre razón y fe: ¿Cuando no entiendo es porque es absurdo o porque me excede entenderlo? Es una paradoja que se entiende por sí sola, pero aquí la he escrito, sobre todo para que recordemos que hay que pasar por la perplejidad.

La gente sabe cuando una está fascinado por Cristo y cuando uno no está fascinado por Cristo. O sea, hay gente que ya se acostumbró, ya se acostumbró a Cristo, ya se acostumbró al Evangelio, ya se acostumbró a la lectura.

Y yo creo que cuando uno se termina de acostumbrar al texto, ya puede decir esa frase que me ha dado tanta risa: "Ahora sí, dejemos la Biblia a un lado y entremos en lo que importa, os voy a decir cuatro verdades".

Esa frase sólo puede nacer cuando uno siente que ya la Biblia dijo lo que tenía que decir. O sea que los primeros que empezaron a pasar de la Biblia fueron los sacerdotes. Si esa historia es real, los primeros que empezaron a pasar fueron...: "Mira es que ya, otra vez el sembrador, todos sabéis lo que es el sembrador, que salió, que sembró, que no sé que, ya eso está, ahora vayamos a lo que sí importa".

¿Qué indica eso? Eso indica que mi capacidad de fascinación se agotó, mi capacidad de admiración se agotó. "Ya yo sé cómo se hace la Misa, ya yo sé cómo se explica el catecismo, ya yo sé cómo se obedece al obispo, ya sé cómo se recogen los diezmos, ya soy católico".

¡Qué tristeza, qué tristeza! Necesitamos un catolicismo que sienta la perplejidad, que sienta el absurdo, necesitamos una fe que sienta el escalofrío.

Cuando Paul Claudel describe su conversión allá en Notre Dame, que luego eso se volvió famosísimo. El hombre lo que siente es un vértigo y él dice: "El edificio de todas mis ideas estaba entero, pero yo ya no habitaba ahí", ¡que manera tan drástica de describirlo!

El hombre se siente de repente arrojado a una especie de vacío, se siente arrojado, se siente sin casa, se siente desposeído de todo, se siente perplejo.

Yo creo que el sacerdote tiene que pasar, el predicador, el misionero tiene que pasar por esa perplejidad. Que no estemos tan seguros de que sabemos lo que sabemos, que matemos esa perplejidad que en el fondo es la semilla de toda admiración.

Ambigüedades, dialéctica y fecundidad, última parte, la pastoral. A ver, ¿es mejor improvisar o es mejor planificar? Porque resulta que el Evangelio da para ambas cosas.

El Evangelio da para improvisar, porque: "El Espíritu os sugerirá lo que hay que decir" San Mateo 10,20. Pero el Evangelio también da para planificar, porque Jesús dijo: "¿Quién de vosotros, si va a construir una torre, no hace primero cuentas y sumas y restas?" San Lucas 14,28

Tampoco ahí tenemos demasiada, absoluta claridad. ¿Qué nos toca hacer si algunos están por la improvisación total y otros por la planificación y el control total? ¿Qué nos toca hacer?

Pues mira, si yo soy el de la planificación, que en este caso no es familiar. Si yo estoy en la planificación, pues, a ver cómo planifico que le llegue la luz del Espíritu a mi gente.

Y después de que yo vea que no puedo planificar la llegada del Espíritu y la llegada de la alegría, seguramente, aprendo a cuestionar lo mio. Y si yo estoy por la improvisación, entonces, a ver si no estoy borrando con una mano lo que hago con la otra.

Es decir, yo creo que el principio es que cada uno aprenda a cuestionarse lo suyo. Porque es muy fácil encerrarse uno en que: "Mira, si no planificamos no hacemos nada". Y el otro dice: "Si matamos al Espíritu no hacemos nada".

Pues para mí lo primero es que cada uno aprenda a cuestionar lo suyo. Los que tenemos la obsesión de planificar demasiadas cosas, a ver si podemos planificar el gozo del Espíritu, la alegría de creer, que es lo que siempre falla.

Para mí, no sé vosotros, pero para mí, de las experiencia más desagradables, y qué pena que esto tenga que quedar grabado, de las experiencias más desagradables es asistir a ceremonias de Confirmación.

Porque todo el lenguaje es: "Ahora el poder del Espíritu, ahora eres soldado de Cristo, ahora eres misionero, ahora eres...", y la gente confirmada la ve uno tan igual antes y después.

Para mí, criado en esta locura o medio locura de la Renovación Carismática, esto sí que fue un choque muy grave después de fraile. Porque cuando yo recibí mi Sacramento de la Confirmación, era uno de esos obispos que tienen la cabeza bien puesta, que los hay.

De esos obispos que tienen mucha teología y mucha lógica y mucha formación. Y el hombre yo me acuerdo que nos hizo allá un sermón muy bien hecho. Es decir, en términos académicos, si lo quieres mirar así, bien hecho, bien hecho.

Relacionó las lecturas, las necesidades de la Iglesia, el momento en el que estamos como jóvenes que nos abrimos a las expectativas. Es decir, quedó el diagrama perfecto, pero aquí en el corazón, un témpano de hielo. Así se le sentía en él, ya murió y que me perdone, pero así se le sentía.

Tú sentías que con ese mismo tono y con ese mismo estilo, podría haber estado explicando reacciones de oxidación y reducción en un proceso de ácidos y bases.

Hubiera podido estar explicando exactamente lo mismo: "Aquí tú juntas este ácido con esta base y se te produce sal y agua". Igual: "Aquí viene el Espíritu, llega, te transforma y quedas tú confirmado", lo mismo.

Entonces todo bien planificado, pero no hay fuego, no hay alegría, no hay convicción, se cumplió el requisito. Los que ya se confirmaron, ya se pueden casar, ya punto, se acabó la historia, esa fue toda la Confirmación.

Entonces, el que esté demasiado por la planificación que se haga serias preguntas, porque luego, como seres humanos todos necesitamos la fiesta, necesitamos la alegría, necesitamos el fuego, necesitamos la experiencia de la comunión.

Y si eso no lo encontramos en la fe, y si eso no lo encontramos en la Iglesia, pues lo vamos a buscar en una borrachera, o lo vamos a buscar en las relaciones prematrimoniales, que no son prematrimoniales, porque nunca llega el matrimonio, o sea que no se pueden llamar así porque no lo son.

El que no encuentra pasión, fuego, alegría, comunión en su fe, la buscará en alguna parte. Entonces, si tú estás por la excesiva planificación hazte esa pregunta sobre la alegría, el don, el fuego, el amor.

Y si estás por la improvisación pues luego hay que preguntarse si somos buenos servidores de Dios, si estamos haciendo lo que pudiéramos hacer realmente, porque es que servir a Dios es servir con todo el ser.

Y el que improvisa demasiado no está sirviendo con la inteligencia. Porque si vamos a que el Espíritu de Dios me va a poseer, pues, me va a poseer todo, y todo es también mi inteligencia.

Y cuando el Espíritu de Dios llena mi inteligencia yo aprendo a planear y a planificar mejor. Que luego toque cambiar el plan es otra cosa, pero que toca tener referencias y toca hacer planes, toca tenerlos.

Y eso lo ve uno en Pablo en los Hechos de los Apóstoles, él tenía su plan: "Ahora vamos a hacer esto y luego vamos a hacer esto otro", y por eso dijo: "Como colofón de mi vida, pues, de último, lo mejor, España".

Entonces llegó hasta Tarragona, allá en Tarragona vi la capilla donde se dice que predicó Pablo. Y es con toda probabilidad, -hubo un congreso de especialistas, de biblistas, ahí en Tarragona este año, en el año de San Pablo-, y la conclusión de ellos, claro que no podían decir otra cosa habiéndose reunido ahí, pero la conclusión fue que lo más probable sí es que Pablo haya estado en España, en concreto ahí en Tarragona.

Así pues, que Pablo tenía sus planes "Ahora voy a hacer esto y luego voy a hacer esto otro". Entonces, el que improvisa demasiado, que se haga esa pregunta: "Oye yo no le estoy entregando al Señor mi inteligencia".

Porque Dios tiene que adueñarse de mi inteligencia también. Entonces Si me dio una inteligencia no es para que yo la mutile o me olvide de ella, sino para que yo la ponga también a funcionar.

Pero está esa tensión, ¿no? Está esa tensión. A ver, destacamos que somos distintos, nosotros los cristianos, somos distintos de los demás: agnósticos, ateos, taoístas, y todo lo demás.

Destacamos que somos distintos porque Jesús dijo: "El que no está conmigo desparrama" San Mateo 12,30. O destacamos, en cambio, que hay muchas cosas que nos unen con todos porque también Jesús dijo "El que no está contra vosotros está con vosotros" San Lucas 9,50. Y las dos frases son de Jesús.

¿Qué se hace? Si tú eres Aristóteles o si tu eres griego, esto no tiene solución. En esto pasa lo mismo que pasa con el lenguaje coloquial, o que pasa con el lenguaje afectivo, o que pasa con tantas cosas.

El mismo consejo no sirve todas las veces. Entonces, por ejemplo, una mamá que le va a aconsejar al hijo cómo tiene que decirle las cosas al papá. Le dice: "Bueno, hoy tienes que ir así un poco despacio con él, porque hoy te toca despacio". Otro día, en cambio, "Mira, ve directo al punto y plantea qué es lo que quieres".

O sea que el mismo Jesús nos da la pauta, no hay una fórmula única.

Frente a las demás religiones, frente a las demás personas, en cierto momento uno puede agradecer el don que ha recibido y decir: "Señor no lo merezco, pero bendito seas que existe la fe".

En otro momento puede decir: "Cuántas cosas admirables hay también en estas culturas". Y las dos cosas son necesarias y las dos cosas son válidas.

¿Qué hacemos? Contemporizar porque San Pablo dijo "Me he hecho todo para todos" 1 Corintios 9,19. O entrar en intransigencia, porque el mismo Pablo también dijo "¿Qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo?" 2 Corintios 6,15.

Y este es Pablo, y dice dos cosas que no hay manera de conciliarlas completamente. Por una parte, que a ver cómo me adapto a todos, y por otra parte, que no hay nada en común entre un creyente y un incrédulo, dice ahí.

¿Ahí qué se hace? Pues ahí no se hace nada. Ahí toca utilizar lo que llamaba Santo Tomás la "ratio superior", que es aquella sabiduría que busca el bien mayor dentro de las circunstancias específicas.

Bueno, toda esta reflexión un poco así diversa, un poco ramificada, es simplemente para que recordemos que el Evangelio es sorpresa. Y que si ha dejado de serlo no es culpa del Evangelio, seguramente, la culpa está más del lado nuestro, pero que hay camino para recuperarlo también.

Hemos mencionado aquella estrategia semita, ese aprender a saborear las palabras. Y luego comprender que en medio de toda esta dialéctica lo que palpita es vida.

Al fin y al cabo, decía Hegel, que lo que pone en marcha la historia es la tensión, la dialéctica. Solamente en el contraste, solamente en una cierta incertidumbre, solamente en una cierta perplejidad, uno es capaz de decir: "Pues sí vale la pena echar para adelante, sí vale la pena hacer un esfuerzo y una apuesta más"..