Pablo 20 siglos después - 07

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Fecha: 20090131

Título: Un reto para el evangelizador hoy: ¿como pronunciar la novedad del Evangelio cuando la gente ya cree que sabe el Evangelio?

Original en audio: 60 min. 48 seg.


Nuestro retiro espiritual, según las Constituciones que nos orientan y gobiernan, es una oportunidad para contrastar nuestra vida con la Palabra de Dios. Es también un tiempo de descanso, por lo menos en el sentido de hacer una pausa en las actividades usuales.

Y sin embargo, seguramente pasa a vosotros lo mismo que a mí, uno tiene reacciones, llamémoslas así, emocionales diversas con respecto a un retiro. Por una parte, entendemos que es algo importante, que es un elemento constitutivo de nuestra vida; pero por otra, cuesta un poco entrar en la dinámica del recogimiento, de la oración.

Hemos oído y hemos hecho tantas predicaciones a lo largo de la vida, que a veces cuesta trabajo abrirse a la novedad del Espíritu. Suelo decir que el peligro más grande de un sacerdote, sobre todo de un predicador, es tomar la actitud de: "Eso ya lo conozco". Y Es una actitud que fácilmente nos tienta.

Sin embargo, Dios suele arreglárselas para darnos sorpresas y aún de textos tan antiguos como son los de la Escritura, seguramente podemos encontrar siempre un mensaje que nos toca, que nos afecta.

Yo creo que la principal actitud espiritual al empezar un retiro es precisamente estar dispuestos a ser afectados por el Señor, a ser tocados por Él. Y con ese principio que es a la vez anímico y que es hermenéutico, deseo compartir algunos pensamientos.

Este retiro sucede en el contexto del año de San Pablo. El Papa Benedicto nos ha invitado a reflexionar en la figura del Apóstol a los dos mil años de su nacimiento, según las fechas probables de ese acontecimiento.

Y es una ocasión magnífica para volver con más entusiasmo a los escritos del Apóstol, por si hiciera falta, porque para nosotros, Dominicos, San Pablo es una mina que nunca se agota.

Sabemos todos que nuestro Padre, en tiempos en que era difícil cargar esos materiales, llevaba consigo las Cartas del Apóstol, y esto debía significar unos cuantos rollos o libros pesados, incómodos para hacer camino a pie.

No se había terminado de inventar el Memory Stick, y el USB y todas esas cosas en ese tiempo. Entonces la figura de Pablo es la que nos va a acompañar durante estos días. No vamos a hacer un estudio histórico ni un estudio exegético, lo que queremos más bien es eso, como tener la referencia de él, y con bastante frecuencia vamos a aludir a él.

Pablo es ejemplo para nosotros en muchos aspectos: es un teólogo, -algunos lo llaman el primer teólogo del Cristianismo-; es un misionero, de algún modo es el paradigma del misionero; es un hombre contemplativo; es un fundador de comunidad; es un maestro de vida pastoral y para coronar todo eso, también un mártir, así que no le faltan títulos a Pablo para servirnos de referencia en estos días.

Por otro lado, el Papa Benedicto, que propuso este año de San Pablo, también ha hecho, él mismo, bastante esfuerzo para hacer conocer esa doctrina del Apóstol, ha dedicado un buen número de catequesis, algunas, una serie, hace como dos años, y ahora recientemente, de nuevo vuelve sobre el Apóstol, tocando distintos aspectos: la cristología de San pablo, la eclesiología de San Pablo.

Personalmente, creo que la cualidad en la que tal vez sobresale más Benedicto XVI, es precisamente el magisterio. Fundamentalmente estamos ante un profesor, un buen profesor, y en ese sentido, no está de más tomar esos materiales.

Para mi sorpresa, creo que ha logrado una síntesis muy completa y al mismo tiempo muy accesible. Pensemos en un maestro, un maestro universitario, que sin embargo tiene que dar estas audiencias a toda clase de personas en la plaza de San Pedro. Y de algún modo eso es juntar lo más alto y lo más corriente, lo más común.

Creo que Benedicto lo ha logrado, tanto en sus catequesis sobre los Padres de la Iglesia, -que le han ocupado cerca de cuarenta o más sesiones-, como en estas catequesis últimas sobre San Pablo, lo que yo veo es eso, altísima calidad de contenido, en un lenguaje que es tan simple como puede serlo. A mí personalmente me ha servido de alimento, me ha servido de referencia, y, bueno, por eso lo comparto.

¿Cuál va a ser la estructura de nuestras charlas o predicaciones durante estos días? Pues hay un material que no es poco, son algo más de veinte páginas, veinticuatro en esta edición. Pues, obviamente, no se trata aquí de leer lo que ya está ahí impreso, más bien, este es un material que puede ayudar, puede complementar, puede servir para algún tiempo de reflexión de esos que tenemos durante estos días. Pero también nos da el esquema general.

¿Cuál es el punto de partida? El punto de partida es que el mundo en el que evangelizó Pablo, es un mundo que vive una serie de dificultades en paralelo a lo que nosotros vivimos.

¿Como cuáles? Bueno, el ser minoría, obviamente, el Cristianismo era una predicación nueva; y luego, un poco más de fondo, esa palabra que está siempre presente en la enseñanza del Papa, la palabra "esperanza". Yo creo que necesitamos una especie de "salto mental" para ubicarnos en el siglo I en el Mediterráneo, ver lo que estaba sucediendo ahí.

Al mismo tiempo, hay un hervidero de propuestas, filosofías, credos, religiones, maestros, grupos, cultos, pero también una sensación general, una sensación profunda de vacío.

Cuando hay demasiadas propuestas es que nadie está acertando. Si en ese tiempo hubiera habido una religión o un culto que fuera completamente dominante, diríamos: "Bueno, esto está satisfaciendo las necesidades de la gente", pero la pluralidad muchas veces no es signo de buena salud, sino lo contrario.

Esa sobreabundancia de religiones, que es una cosa impresionante, esa sobreabundancia de filosofías, y religiones, y cultos de todo tipo, en la cuenca del Mediterráneo en el siglo I, pues está hablando de una falta de respuesta. La necesidad de encontrar una respuesta.

Entonces, la hipótesis fundamental de estas predicaciones está en el tercer título de estas hojas: "Tal vez el mundo es Corinto". De todas las comunidades que fundó o en las que evangelizó Pablo, yo tomo esa comunidad de Corinto como una referencia, porque creo que lo que se vivía ahí, sin violencia, puede ponerse en paralelo con lo que vivimos un poco, creo yo, que tanto en Oriente como en Occidente, aunque, por supuesto, hay diferencias.

El mundo actual se parece a ese Corinto, en la abundancia, repito, de religiones, y propuestas, y cultos. Pero también en la actitud cínica, decimos en Colombia "cortoplacista".

Esa miopía que se queda en el hoy, disfrutar el hoy, pasar bien el hoy, ya mañana se verá que se hace, ese aferrarse al hoy, el carpe diem, en su sentido materialista, hedonista, "yo aquí la paso bien", "yo aquí me sostengo en lo mío", "por hoy pasé el día, ya mañana se verá qué sucede".

Esa actitud miope, utilitaria, un poco cínica que aparece reflejada en varios escritos del Apóstol, cuando él se refiere al mundo pagano, por ejemplo, toma ese estribillo, pues, que era común en la época "Comamos y bebamos que mañana moriremos" 1 Corintios 15,33.

"Pasar bien por esta tierra, pasarla bien, la vida humana es como un paseo, hay que tratar de disfrutarla, hay que tratar de estar bien y cuando no se pueda estar bien..." ¿Para qué se inventó la eutanasia? "Pues, a por ello, salir de esta tierra".

Y esa sensación que es como estar colgando sobre el abismo, eso era lo que vivía el mundo pagano de la época. La vida como aprovechar lo que se pueda aprovechar, lo que se pueda vivir, lo que se pueda degustar, y después, pues, esto se acabó y no tiene mayor sentido.

En palabras de alguno de los existencialistas del siglo XX, "la vida es una pasión inútil", se vive, se juega, se disfruta, se emborracha, se tiene buen sexo, se gana algún dinero, se gasta bastante dinero y se acabó el espectáculo, gracias por los tragos, chao. Se acabó la vida.

Y en ese cinismo, en ese desconsuelo vive mucha gente, pero sin hacerse mayor problema por ello. Algunos, unos pocos, quizás, hacen preguntas de cierta profundidad, de vez en cuando asoma en la literatura, asoma en el teatro, asoma en algunos libros de filosofía como esa tragedia, como ese abismo sobre el cual estamos como suspendidos, el abismo del absurdo, el abismo del nada tiene una última explicación.

Pero la mayor parte de la gente en nuestra época, lo mismo que en el siglo I, no entra en esa clase de consideraciones. Simplemente va viviendo el día a día, va ganando su dinero, va gastando su dinero, va disfrutándola, tiene una pareja, se casa, se descasa, compra, disfruta, está más o menos bien, sobrevive, y cuando ya todo acaba, pues ya todo acabó, y hasta luego.

En ese sentido, la predicación de Pablo a mí me parece que puede enseñarnos más de una cosa. Yo mentalmente varias veces trato de ir a ese momento, ese primer momento en que Pablo como cristiano llega al puerto de Corinto.

La ciudad del cinismo, la ciudad del comercio, la ciudad de la prostitución. En el ambiente griego de la época, decirle a una mujer: "Pareces corintia", era decirle: "Pareces baja, pareces prostituta".

Llega Pablo ahí ¿y qué se encuentra? Todo el mundo ocupado y todo el mundo vacío; todos disfrutando y a la vez padeciendo; todos trabajando y todos sin saciedad. Y dice uno: "¡Por Dios! ¿Cómo se empieza ahí? ¿Cómo se empieza ahí?" Esa pregunta no está demasiado lejos de lo que vosotros mismos habéis conocido en tierras como estas.

Se está celebrando el aniversario ciento cincuenta de la evangelización aquí en Taiwan. Y aquí también uno como que vuelve a pensar en lo que debieron ser esos pioneros, ¿no?

¿Cómo se empieza? ¿Qué se hace ahí? ¿Qué se propone? ¿Para dónde va uno? Y esa pregunta, el ¿por dónde comenzar, el por dónde tirar, es algo que a mí personalmente me produce una sensación como de vértigo, ¿no? ¿Qué hizo el apóstol ahí? ¿Qué hizo en esas circunstancias?

Sin embargo, así como hay un cierto paralelo entre lo que vivió San Pablo en el siglo I y lo que podemos tener nosotros en el siglo XXI, veinte siglos después, también parece que hay una diferencia, yo creo que esta reflexión o este punto nos va a acompañar también en estas reuniones.

Así como hay un parecido, también hay una diferencia, y es que la sensación en el caso de Pablo podía ser como: "Yo traigo un producto nuevo". En cambio, cuando se habla de una nueva evangelización en Occidente, o cuando se habla de prolongar la misión aquí en Oriente, seguramente las cosas no nos quedan así tan claras.

Me explico: las personas que rechazaban la predicación de Pablo, tenían primero que oírla, no la conocían, algunos la rechazaron, como aparece ahí en Atenas, ¿no? Cuando él echa su discurso y dice que Dios ha designado a Jesucristo para juzgar al mundo, y para demostrarlo, lo ha resucitado de entre los muertos.

Pero esa era la situación, ahí el Cristianismo era nuevo y el que trae algo nuevo, siempre tiene a su favor como la expectativa de que la gente no sabe qué es esa novedad.

En cambio, cuando uno intenta evangelizar con "renovado vigor", así como decía Juan Pablo II, "con nuevos métodos"; cuando uno intenta evangelizar en España, evangelizar en Irlanda, ahí la gente ya dice: "Es que yo ya conozco tu propuesta". Entonces tal vez la diferencia más significativa, y no es pequeña, es eso.

Mientras que Pablo tenía, hasta cierto punto, a su favor: "Traigo una cosa nueva", nosotros, en cambio, podemos tener el peso de que muchos creen que ya conocen el Cristianismo.

Luego resulta que no conocen nada. Luego resulta que lo que piensan y lo que afirman de la Iglesia es una montaña de prejuicios y medias verdades. Pero ese espesor de los prejuicios y de las malas experiencias y de la presión desinformante de los medios de comunicación, pues eso juega en contra nuestra.

Y aquí es donde viene lo de la palabra "esperanza", aquí es donde la palabra "esperanza" cobra su matiz más complejo: ¿cómo cultivar la esperanza cuando, por ejemplo, el número de los misioneros va bajando? Algo comentábamos esta mañana sobre eso.

¿Cómo puede uno sentir uno la novedad del Evangelio, cuando al mismo tiempo tiene que sentirse como en retirada? Por lo menos si se piensa con realismo de aquí a unos pocos años. ¿Cómo sentir el gozo de la Buena Noticia cuando ya mucha, mucha gente ha sabido del Cristianismo y no le interesa, y les parece que están muy bien así, y les parece que con lo que tienen es suficiente?

Entonces, ahí hay una diferencia y eso no lo podemos negar. El mismo Pablo dice "He tenido como título de gloria predicar donde nadie más lo ha hecho" Carta a los Romanos 15,20. Él, evidentemente, se sentía más cómodo dirigiéndose a lugares donde hasta cierto punto era el primero en llevar la Buena Noticia.

Nosotros no podemos darnos ese lujo. Si estamos en una parroquia en Dublín, el solo hecho de salir a decir la Misa significa que yo soy otro sacerdote como el sacerdote que violó a tu hermanito menor. Entonces, a ver, ¿cómo voy a evangelizar ahí? Yo soy otro sacerdote como el sacerdote que te traumatizó, que te humilló cuando eras un adolescente.

Y eso para lo bueno y para lo malo, porque también pertenezco a la misma Iglesia que defendió tu identidad irlandesa, en los momentos en que toda la presión protestante y británica quería aplastar tu propia cultura. Entonces ese bagaje, ese peso cultural, eso que traemos y de lo cual no podemos sustraernos, eso también está como un reto para nuestra propia evangelización.

¿Cómo pronunciar la novedad del Evangelio cuando la gente ya cree que sabe el Evangelio? Sin dar una respuesta en este momento, yo sí quisiera que descubriéramos ese mismo problema en nosotros mismos.

Es decir, el problema no empieza en cómo le voy a vender a los demás la novedad del Evangelio, el problema empieza en cómo puede ser el Evangelio nuevo para mí mismo, cómo puedo yo percibir hoy, como puedo descubrir la lozanía, la frescura, la perpetua juventud del Evangelio, cómo se puede descubrir hoy, cómo se puede experimentar hoy.

Cómo se puede experimentar hoy. Porque muy mal voy a poder transmitirla a otras personas, si yo mismo siento que ese Evangelio carece de esa novedad.

Y muy posiblemente estas dos preguntas están relacionadas la una con la otra. Es decir, sólo en la medida en que el Evangelio vuelva a ser noticia inesperada, gratuita, maravillosa para mí, empezaré a ver que también Dios tiene noticias maravillosas, inesperadas, buenas noticias para la Iglesia, buenas noticias para la misión en Taiwán, buenas noticias para la propagación del Evangelio.

En ese sentido, el propósito de nuestro retiro es sobre todo ése, es entrar de nuevo, adquirir eso que Paul Rickert llamaba una "segunda inocencia", me parece una expresión muy feliz.

Alcanzar una segunda inocencia, porque la vida tiene eso, la vida tiene que uno se enamora y luego se cansa, y luego se desengaña, y pasa la vida y a veces hay personas que nunca más vuelven a recuperar ese entusiasmo.

Entonces Rickert habla de esa "segunda inocencia", ¿cómo puede el mundo? -Ya no sólo pensemos en la Iglesia-, cómo puedo un día volver a maravillarme del mundo? ¿Cómo puedo un día reencontrar el asombro? Porque esto tiene una dimensión antropológica también, esto no es sólo religión.

Esto es que las personas, nosotros, sentimos que nos pesan los siglos, siglos de una cultura, siglos de una tradición; hay un algo que hace que finalmente no logremos percibir la novedad. Entonces como que el sol que amanece, ya amanece viejo; y como que el aire que respiramos en la mañana, ya se siente rancio, y los colores ya no nos seducen con su destello.

¿Cómo se puede volver a encontrar el esplendor primero, el esplendor primigenio de la creación, de la naturaleza? Muchos, sobre todo en Occidente, buscan ese reencuentro en la naturaleza y creo que hay mucho de razonable en eso.

Una inmersión profunda en la naturaleza: "Cortar, cortar con tanta tecnología, tanto Internet, tanto ordenador, tanto celular; cortar, cortar con eso, y me voy a meter de cabeza cuatro días de excursión a Machu Pichu en el Perú".

Eso les fascina a los irlandeses, para ellos unas vacaciones ideales, sobre todo para los jóvenes, es: "Me voy a la jungla, para que me piquen los mosquitos, a ver si me sale una culebra, a ver si el mundo me da una sorpresa, a ver si puedo encontrar un aroma, un olor que nunca haya visto; a ver si puedo encontrar un tono de luz que otra vez me cautive; a ver si puedo ver un rostro o encontrar una filosofía o una narrativa que diga: "Esto sí que es nuevo".

Entonces algunos buscan en la naturaleza, otros buscan en culturas exóticas o indígenas. Con alguno de vosotros hablaba sobre una región de Colombia, la Sierra Nevada, se llama.

Es un lugar impresionante, exótico, sí los hay en esta tierra, porque en el curso de unos kilómetros, -bueno son decenas de kilómetros, pero eso no es mayor cosa para lo que voy a decir-, en unos pocos kilómetros pasas de la altura del nivel del mar, quiero decir, a más de cinco mil metros de altura.

Entonces imagínate lo que es ver cambiar la vegetación, literalmente, ante tus ojos, y ver asomar otros climas y todo eso, y además el encuentro con una de estas reservas indígenas, lo poco que puede haber ahí. Entonces esa también es una manera de querer sorprenderse, de querer recuperar la novedad.

Algunos, entonces, buscan lo exótico; otros, buscan la naturaleza; otros, buscan las culturas antiguas, por ejemplo, el Oriente también seduce en eso, la cantidad de paquetes turísticos que yo he visto allá en Dublín para ir al Tibet, para ir al Nepal, eso tiene como un encanto, tiene como un aura de misterio. Y la gente llega y cuenta cosas de lo que vio.

Dice el libro del Eclesiastés: "El ojo no se cansa de mirar" Eclesiastés 1,8, pero parece que a veces sí se cansa, entonces busca otras cosas que pueda mirar.

Incluso la gente que se somete al yugo de una adicción, sobre todo en lo que tiene que ver con las drogas, parece que también quisiera eso, como llevar los sentidos a su tope, como experimentar algo que no lo haya encontrado jamás: "A ver, cuál puede ser el "viaje", en Colombia decimos, no sé si en otras partes, la "traba", es estar bajo el efecto fuerte de una droga alucinógena. Una "traba" es estar drogado.

Entonces, "¿cuál puede ser el tope de la traba? Qué pasa si ahora le mezclo esta cocaína con este licor y me voy a la cama con cuatro o con cinco, a ver ahí qué pasa". Y a eso están jugando una cantidad de europeos, por lo menos unos cuantos irlandeses.

"O a ver qué pasa entonces, ya no bastan los hombres, ya no bastan las mujeres, entonces, bueno, a ver qué pasa con los trasgenders y los travestis", y experimentar una nueva cosa.

Detrás de todo eso, indudablemente, hay una necesidad de experimentar la novedad, una necesidad de encontrar lo radicalmente nuevo.

Y aquí volvemos a nuestro punto de partida, pues como que eso también sucedía en esta Grecia. Eso de las sustancias psicotrópicas, y eso de las orgías, y los cultos extraños, y la última noticia de qué viene de Oriente, pues eso no es solamente Europa en el siglo XXI, eso era Atenas, los atenienses tenían esa fama, como lo dice los Hechos de los Apóstoles "Estaban pendientes de la última novedad" Hechos de los Apóstoles 17,21.

O sea que, bueno, como que finalmente no estamos tan lejos de ellos, que si nosotros o nuestros contemporáneos se sienten cansados de un mensaje cristiano que ya consideran conocido, quizás, estos otros griegos de aquella época también sentían que sus propias tradiciones habían llegado como a un callejón sin salida.

Y entonces miraban hacia el Oriente, miraban hacia Zoroastro, miraban hacia los cultos órficos, miraban hacia los cultos asirios, miraban hacia Babilonia, "a ver si llega alguna cosa que me haga sentir algo nuevo". Y ahí quizás no estaban tan lejos de nosotros o nosotros no estamos tan lejos de ellos.

Creo que en esa línea de argumentación o de presentación de las cosas, resulta bastante actual lo que podamos decir sobre Pablo y el Evangelio. ¿Cuál es la novedad, entonces, que él ofrece, a estos ojos corintios, a estos ojos griegos, acostumbrados a verlo todo? Acostumbrados a lo que también nosotros nos hemos tenido que acostumbrar, a la fuerza, o como sea.

Que el uno quiere suicidarse, que el otro anda en depresión, que el otro está consagrado a su homosexualidad, que el otro está dedicado a sus orgías, que el otro se droga todos los días, que el otro cambió de religión, el otro lleva ocho divorcios...

Ese era el mundo también de estos griegos, esos ojos que ya lo habían visto todo, pudieron encontrar, sin embargo, en la predicación de Pablo un algo, pudieron encontrar un mensaje, una noticia.

¿Cuál es la noticia que puede rejuvenecer el corazón? ¿Cuál es esa perpetua novedad que es lo propio de los contemplativos? No se puede ser contemplativo en la repetición, la repetición fatiga la mente, cansa los sentidos.

Esta gente, como Rosa de Lima, como Catalina de Siena, como el mismo Domingo, Francisco de Asís, esta gente contemplativa, de las horas, de las horas, mirando a Jesús, mirando el Sagrario, mirando la Cruz, tenían que estar encontrando algo, tenían que estar viendo algo maravilloso, tenían que ver algo, que tal vez yo no he sido capaz de ver, porque yo me fatigo, me canso, no le encuentro finalmente ya más sabor, necesito que me entretengan.

Ese era el mundo griego y ese es un poco el mundo, por lo menos en Occidente, pero yo creo que eso está por todas partes.

Nuestro mundo bien se puede representar como una danza de gente, como un baile de gente que se entretiene, pero se entretiene danzando sobre el abismo, el abismo del absurdo y de la nada.

Entonces nos cansamos, pero "bueno, mientras se arregla el problema de si la vida tiene sentido, ponme ahí un programa, conecta ese televisor, y mientras averiguamos si la vida tiene significado, pues, todavía se puede ver otro reinado de belleza, o se puede el deporte, o se puede el humor, o se puede lo que sea". Pero muchas veces la vida se convierte en eso, está sólo en el nivel del consumir y del entretenerse.

Al principio de estos apuntes, hay un texto que lo envía una monja dominica, que algunos conoceréis, María Pilar Cano. Ella no lo envió específicamente para este retiro, sino le gusta hacer sus reflexiones. Me mandó eso hace poco, y refiriéndose a San Pablo, dije: "Bueno, ahí queda como un poco para alguna reflexión personal que alguno quiera hacer".

Pues es interesante, ella hace ahí su predicación, hace su planteamiento, y bueno, destaquemos un par de frases haciendo honor a sor María Pilar: "Os veo un tanto deprimidos por el declive del Cristianismo en el Occidente desarrollado y progresivo envejecimiento de vuestras iglesias, algo de este desaliento se percibe en vuestras publicaciones, acciones y asambleas que deberían estar empapadas de la alegría del Resucitado".

Me decía una priora de una comunidad dominica de vida activa allá en Irlanda, me decía: "Bueno, mi principal deber como priora es verificar que la gente quede bien enterrada".

"Comprendo vuestros sentimientos, yo también quería con locura a mis comunidades, pero creo que habéis perdido la perspectiva de las cosas. Dios es más grande que nosotros y es capaz de hacer brotar la vida y la energía de nuestra debilidad".

Luego, es interesante en el otro párrafo: "No estáis acostumbrados como yo a vivir la fe en la intemperie, en minoría, sin presupuestos, teniendo que dar cada día razón de vuestra esperanza".

Yo creo que muchos nos sentimos así, por una u otra razón, nos sentimos exactamente así, a la intemperie, en minoría y teniendo que dar cada día razón de nuestra esperanza.

"Los nuevos tiempos os han pillado desentrenados" -a mí cómo me gusta ese verbo en España, "Os han pillado desentrenados"-, "pero no penséis en absoluto que estáis abandonados de la mano de Dios". Bueno, ahí hace ella esa reflexión, envía ese mensaje.

En lo que queda de este rato, vamos a comentar cómo hace diagnóstico de este tiempo el Papa Benedicto. Entonces damos ahí algunas claves de lectura, las cuales nos servirán para tener una referencia sobre nuestro propio contexto, y también, pues, para ver qué podemos poner en paralelo o en distancia con lo de Pablo.

Ahí señalo diez puntos que me parece que son interesantes en el diagnóstico que hace el Papa. El primero viene de su obra "Informes sobre la fe", que es como un clásico en esto de los escritos de Ratzinger, ese fue una entrevista que le hizo este católico, Vittorio Messori, entonces le hace una entrevista, en esa época era Cardenal Ratzinger.

Y Es interesante ese primer punto. La fe es un don a toda la Iglesia, el acto personal de creer cae en el vacío sin la comunidad de la que recibe su contenido.

Eso lo comenta el Papa diciendo, -me acuerdo muy bien ahí en su obra-, es que él dice, a ver, en la Misa hay una parte donde decimos: "No mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia", y él dice: "Hoy hay gente que dice: "No mires los pecados de la Iglesia, sino mira que yo creo"".

Es decir, vivimos en un tiempo en el cual el acto personal o la convicción sobre la propia creencia, se considera en el mismo plano o incluso en un plano superior al de la Iglesia. Y Joseph Ratzinger considera que esa es una trampa, porque la fe, cuando está desconectada de la comunidad creyente, se convierte más o menos en un capricho o en un sentimiento.

Cuando pierde esa referencia al resto de la comunidad, también pierde su propia solidez. Es decir, cuando la fe en la que yo me afirmo es el Jesús que yo conozco, y la manera como yo entiendo, y la Liturgia como yo la organizo. Pues, eso finalmente lo que termina haciendo es desconectándome de la fuente de donde yo mismo he recibido la vida.

Entonces este es un llamado a recuperar, -siempre hay esa diléctica-, a recuperar la convicción de que la fe es recibida en la comunidad y es vivida en la comunidad. Que es el principio de todo lo demás: ¿por qué la Liturgia es como es? ¿Por qué existe una obediencia, una autoridad en la Iglesia? ¿Por qué existe un derecho?

Todo se deriva de eso. La primera convicción que hay que tener es, a ver: "Mi fe no es solamente mi fe, mi fe es la fe de la Iglesia".

En el Catecismo de Juan Pablo II esto quedó representado en ese título que tiene la primera parte del Catecismo: "Creo, creemos", y lo pone así: "Creo, creemos", porque es, al mismo tiempo, la fe es afirmación y convicción personalísima, pero es afirmación y convicción de la comunidad.

Y no podemos perder ninguno de los dos polos, ningún encuentro con Jesús, ningún encuentro con la fe, ninguna versión de la fe o de la Liturgia escapa por completo al control de la comunidad. Y si pretendemos hacer eso, estamos perdiendo la referencia.

En una catequesis reciente sobre San Pablo, decía el Papa que Pablo, después de llevar un tiempo evangelizando, y evangelizando con gran fruto, porque sabemos que este era hombre de milagros y todas aquellas cosas, que hasta cierto punto confirman la presencia de Dios en la propia vida.

Pues después de un tiempo de predicar, según nos cuenta Pablo en su Carta a los Gálatas, fue al encuentro con Pedro, Santiago y Juan, y dice esta frase que es muy elocuente: "Para ver si yo no había corrido en vano" Carta a los Gálatas 2,2.

Es decir, Pablo, siendo quien era, con la convicción que tenía, con la calidad de experiencia de Dios, de experiencia de Jesús que él tenía, considera; "Si estoy en desconectado de los demás, estoy corriendo en vano".

No importa cuál sea la intensidad emocional, psicológica de lo que yo haya vivido. No importa cuanto Espíritu Santo aparezca en mí, si me desconecté de los Apóstoles, si me desconecté de la comunidad, estoy corriendo en vano. Entonces este es un tema muy interesante en la postura del Papa, y pues lo toma directamente de Pablo.

Otro punto importante: la Iglesia no es una sociedad totalmente comparable a ninguna otra sociedad. Esto para aquellos que quieren que la Iglesia tome como referencia a una monarquía en la cual el rey sería el Papa, así se llaman los cardenales, "los príncipes de la Iglesia", o para los que quieren, en el otro extremo, que la Iglesia sea una democracia.

Entonces, hombre, es que no hay ninguna institución humana que sea del todo comparable a lo que es la Iglesia. La estructura, el ser mismo de la Iglesia nace de algo que es diferente, y lo indica su nombre, pues "ekklesía", es convocación, los que han sido convocados.

La Iglesia nace del mensaje, la Iglesia nace de la predicación y la predicación no tiene parangón, porque no hay otra religión que diga que uno que vivió sobre esta tierra y que murió, ha resucitado, y como dijo Pablo en Atenas: "A Él ha entregado Dios el juicio sobre toda carne" Categoría:Hechos , pues eso no se predica en ningún otro.

Entonces la completa unicidad del mensaje, produce la completa unicidad, el fenómeno completamente único de eso que llamamos Iglesia. Y esto es muy importante porque las referencias de la Iglesia no pueden ser únicamente de orden administrativo.

Es decir, ¿cómo hacemos para que esto funcione mejor? Para que la Iglesia camine mejor necesitamos algo más que buena política, buena diplomacia, buena sensatez, administración de empresas, o como se le quiera llamar. Necesitamos encontrar las referencias que son propias de una comunidad creyente.

Y según el Papa esas referencias, cuando queremos recuperar lo propio de la Iglesia, las referencias son: el pueblo elegido, como aparece ya en "Lumen gentium", la comparación de la viña, la comparación del rebaño, etc.; luego, la comunidad apostólica, sobre todo como aparece capítulos del dos al cuatro o cinco de Hechos de los Apóstoles; luego, la enseñanza de los Padres de la Iglesia; luego, el testimonio de los mártires y los santos.

Es decir, cuando necesitamos referencias no necesitamos buscar, en primer lugar, cuáles son los países mejor gobernados, ni cuáles son las empresas más eficaces, ni cuál es la gente que está haciendo más dinero.

Eso puede, secundariamente, dar alguna idea; pero si queremos construir Iglesia, si queremos trabajar por la Iglesia, nuestras referencias son: los Mártires, los Santos, los Padres de la Iglesia, los Apóstoles, etc.

Es interesante porque, no sé aquí, pero por lo menos en mi Provincia y en mi medio cultural y teológico allá en Colombia, yo veo mucho eso.

Que hay gente que dice: "Mira es que la Iglesia lo que necesita es implementar reingeniería social, o implementar tal nueva teoría de administración, y si inyectamos esos elementos de administración de empresas, o esos elementos, qué sé yo, de política, como esto de la democracia, quedó arreglada la Iglesia".

El remedio de la Iglesia no está en aplicar una fórmula, el remedio de la Iglesia pasa siempre por una conversión nueva al mensaje. Es siempre el volver al mensaje.

Y esto es muy cierto. Como destacaba Juan Pablo II, y como destacaban nuestras hermanas dominicas de la Presentación, las francesas, que tienen mucha gente en Colombia, las de Marie poussepin, "sólo las obras de los santos tienen impacto".

Es decir, ruido, hace ruido mucha gente; y teorías, hay muchas teorías: "que si la Iglesia tiene que ser Iglesia de la base, o que si vamos a seguir un modelo vertical o un modelo horizontal".

Esa clase de análisis tienen un cierto valor, nos ayudan a ubicar algunas fortalezas y debilidades, pero lo que tiene impacto a largo plazo, lo que realmente produce un bien en la Iglesia a largo plazo, no es simplemente esa clase de análisis.

"Ah es que tú estás..." -me acuerdo en mis años de formación, quién sabe cómo sería allá en vuestra tierra-, pero en mis años de formación: "Ah lo que pasa es que tú tienes un modelo piramidal y así no puedes, "es que si lo dijo un obispo ya es sospechoso".

Esa era la lógica con que funcionábamos en aquellos años de extrema izquierda: "Mira, si eso lo ha dicho la Conferencia Episcopal, es sospechoso, eso no puede ser, porque la Iglesia es la Iglesia de los pobres, la Iglesia es de la base".

Y entonces venimos con una serie de teorías, a veces económicas, a veces políticas, a veces de administración, que repito, alguna utilidad tienen, indudablemente que la tienen, como la tiene la tecnología y como la tienen otras cosas.

Pero si tú quieres trabajar por la Iglesia tus referencias son estas otras, tu referencia es: que se vea que el mensaje, el mensaje del que hemos nacido todos, que se vea que ese mensaje se ha apoderado de ti; que se vea que el Evangelio se vuelve carne de tu carne y te aseguro que te seguimos, porque así funciona esto.

La razón por la que la gente seguía a Santo Domingo no es porque este sí entendió la Iglesia de arriba, la Iglesia de abajo, los de la base, los de arriba. No. La razón por la que siguen a Santo Domingo es "Vir Evangelicus", es que se le ve el Evangelio, es que exuda Evangelio, es que se le puede creer, lo vive.

Precisamente por eso, porque se ve que lo que le brota en sus obras y palabras es Evangelio, precisamente porque está convertido a esto, por eso se le puede seguir.

En la misma línea, ¿qué es la Liturgia según Benedicto? Es expresión de la fe de toda la Iglesia, eso es un lugar común. Pero el Papa insiste, a ver, la Iglesia es Iglesia visible e invisible, no me quites los Santos, no me quites los Ángeles, no me quites a la Virgen y no quites al Espíritu.

La Liturgia no es simplemente a ver cómo nos vamos a sentir nosotros aquí, la Iglesia es nosotros y todos los que no vemos; la Iglesia es nosotros y todos los que ya murieron por Jesús, la Iglesia es nosotros y los coros de los coros de los Ángeles, así tú creas mucho, poquito o nada en los Ángeles.

Esa es la Iglesia, toda esa es la Iglesia. Y luego la Iglesia es la Iglesia pasada, presente y futura. Entonces no es que "Ahora toca hacer así" -"Espérate un momento porque la fe que tú celebras es la misma fe de los otros y de los otros y de los anteriores".

Este énfasis a veces puede resultar un poco pesado. Cuando el Papa dio la autorización para lo que se llamó el rito extraordinario, mucha gente pensó: "Bueno, pues este es el primer paso para cancelar el Vaticano II".

Honestamente, no cabe duda de dos cosas. Primero, que el Papa tiene ciertas preferencias por esa clase de Liturgia, eso es clarísimo. Pero que su proyecto, por hablarlo de algún modo, sea que esto se implante en todas partes, hasta allá no creo yo que sea cierto, ni tampoco creo que vaya a suceder.

El hecho concreto, y la parte que quiero destacar aquí no son los gustos del Papa, sino quiero destacar esta parte de su enseñanza que creo que es muy útil. Nosotros celebramos la misma Misa de Santo Domingo, no en el sentido literal de las palabras, pero celebramos el mismo evento y estamos contemplando el mismo sacrificio, y, por consiguiente, recibiendo la misma gracia.

Sin esa clave que supera lo temporal, la Liturgia se convierte más o menos en una feria de las modas de la época.

Luego, aquí ya pasamos, pues, como a otros temas, la razón. La razón entendida en su sentido más amplio como logos, precede a las leyes mismas de la naturaleza. Esto va en el diálogo de aquellos que en nombre de la ciencia quieren descartar el papel de la fe. Aquí lo pongo sólo como por referencia.

Según el Papa la afirmación de un universo sin Dios va no sólo contra la fe, sino también contra el proyecto más alto de la misma razón. Esto es muy interesante porque estamos viviendo un tiempo en el que los mismos científicos se dan cuenta de que las preguntas más hondas no son las preguntas por la materia, sino por las leyes que rigen a la materia.

Por ejemplo, las preguntas más hondas sobre el cerebro humano, no son cómo está constituido el cerebro, es decir, qué tipo de ingredientes o qué tipo de anatomía o fisiología esté ahí, sino cuáles son los patrones de conexión.

Un artículo muy reciente decía, -para mí por lo menos es fascinante-, decía que hoy las teorías más avanzadas sobre qué es la memoria humana en el cerebro, dicen: "A diferencia de lo que sucede con un computador en el que tú puedes saber en qué chip específico está guardada esta palabra, en el cerebro humano la memoria no está constituida por células específicas que tengan codificada la información, sino que la memoria es patrones de conexión entre las neuronas, patrones que pueden mudarse de una a otra parte del cerebro".

Por eso, nunca se ha podido encontrar una región del cerebro donde se diga: "Aquí está delimitada la memoria", mientras que, por ejemplo, para el movimiento de la mano, o para el riñón, o el hígado, o lo que sea, ahí sí se encuentra: al hígado le corresponde tal lugar en el cerebro.

Esto es interesante, porque la ciencia, tanto en el caso del ser humano, como en el caso cósmico, la ciencia está llegando a la conclusión de que el gran reto no es la materia, el gran reto no es ver de qué está hecho el cerebro.

El gran reto es explicar cómo se producen esos patrones estables pero cambiantes también, dinámicos, que constituyen la identidad del ser humano, porque si me quitas la memoria, me quitas lo que soy. Si mañana me despierto y no sé quién soy, pues no soy nadie, tan sencillo como eso.

Entonces, la identidad del ser humano y el ser mismo del cosmos están en las leyes. Entonces aquí es donde el Papa dice: "Te quedan sólo dos posibilidades: o tú afirmas que las leyes son así porque sí, y ahí estás renunciando a la razón, o tú afirmas que esas leyes tienen un sustento último en una causalidad trascendente, que nosotros llamamos Dios".

Entonces dice: "La negación de Dios termina convirtiendo el proyecto de la racionalidad en un "es que es así porque sí", y eso es una renuncia a la misma razón. Esto lo ha dicho el Papa varias veces, pero claro, como suele suceder, la gente le presta muy poca atención, en todo caso, creo que es de lo más brillante que tiene el hombre.

Luego, sobre la relación entre Cristianismo y mundo griego, esto le fascina al Papa. En eso parece que fuera un poco como Hegel, aunque no tiene nada de hegeliano. "El Cristianismo encontró relativamente pronto su camino en el mundo cultural griego, porque el logos que ellos buscaban no es ajeno a la Palabra de gracia y verdad que nos ha sido dada en Cristo".

Entonces para el Papa es muy importante esto, porque esto va unido a la identidad de Europa, que es una de las preocupaciones constantes del hombre. Si el logos es puente entre pensamiento y asentimiento, hay un uso legítimo de la razón dentro del ámbito de la fe.

"La fe genuina no teme al ejercicio del intelecto, ni por consiguiente, deja lugar a la violencia irracional, la coerción o el fundamentalismo". Este es el discurso de Ratisbona, el punto número seis de aquí.

Si el logos es puente entre pensamiento y asentimiento, hay un lugar para el logos en el asentimiento, en el acto mismo de afirmar lo que se cree. Lo que pasa en Ratisbona es que él dice eso y luego pasa a aplicarlo al caso del Islam, y ahí es donde la gente se rebota.

Luego el número siete, distinguir entre laicidad y laicismo. Otra clave que puede ser muy interesante para lo que traemos aquí de San Pablo y la evangelización.

En el laicismo se excluye la presencia pública de la fe. Es decir, el laicismo es un credo, esta es una frase fundamental para el Papa. Por ejemplo, lo que está sucediendo en España, es laicismo, eso es un credo, que es una forma, es un conjunto de convicciones que implican, -con bastante intolerancia por cierto-, que no haya ejercicio público de ningún otro credo.

El laicismo es un credo que suprime a los demás. Como aquí hay que afirmar, en todo lugar, que el agnosticismo o el ateísmo mandan la parada, entonces "tú no tienes lugar en las discusiones sobre leyes, no tienes lugar, incluso, en la presencia pública o celebrativa de tu propia fe".

Por el contrario, la laicidad implica que el Estado no se pronuncie en materias de fe, no tiene porqué hacerlo, no es su especialidad.

Entonces, la propuesta del Papa es: "Orientémonos hacia la laicidad", es decir que el Estado no tiene competencia en todo lo de la religión, y que lo único que tiene que preocuparle al Estado es la sana convivencia y el respeto a todos los ciudadanos, eso es lo que tiene que preocuparle al Estado.

Para el Papa el Estado moderno que cumple con esa laicidad se llama Estados Unidos de América, lo dijo expresamente en su visita allá. Entonces, si lo quieres ver en ejemplos: laicismo, España, laicidad Estados Unidos, esa es la postura del Papa.

Laicismo, es que aquí no sólo no se sabe si Dios existe, sino que se sabe que no existe y "¡cuidado con decirlo de otro modo!". Es decir, se mutila el ejercicio público de la fe, ese es el laicismo. Laicidad, es la separación entre ejercicio público de la autoridad y predicación de una fe y eso lo ve el Papa con buenos ojos.

Es interesante, pues, para el contexto en el que tenemos que evangelizar. La exclusión -número ocho, vamos a ver a dónde lleva el laicismo-, la exclusión de la presencia pública de la fe, unida a la exaltación del individuo, pero el individuo como sujeto de producción y consumo básicamente, ¿qué produce? Produce los tres "ismos" que están ahogando el alma de los europeos, según el Papa: narcisismo, hedonismo y relativismo.

Cuando queda únicamente el individuo, y ese individuo como sujeto de producción y de consumo, pues lo que se produce es esto: únicamente narcisismo, hedonismo y relativismo, y la primera víctima, la primera que muere en ese ambiente enrarecido es la esperanza.

Cuando lo único que queda es el individuo que tiene que producir y consumir, pero que está, según la imagen del principio, bailando sobre el abismo, pero sabiendo que existen esas fauces que se lo habrán de devorar, ¿qué esperanza? ¿Qué espacio para la esperanza queda?

Luego, el tema de la teología de la liberación. La búsqueda de la justicia es inherente al Evangelio, pero su lugar no excede el ámbito de la teología moral. Esto en contra de los que propagaron, de los que iniciaron la teología de la liberación, especialmente Gutiérrez, y por supuesto Boff, y bueno, los otros, Sobrino.

Por tanto el Papa entiende teología de la liberación como un capítulo de la teología moral. Bueno, yo tengo que decir aquí abiertamente que este es uno de los puntos, que no son muchos, en los que yo personalmente no estoy de acuerdo.

A mí me parece que el intento de Gustavo Gutiérrez era perfectamente válido y no se limitaba a la teología moral. A mí me parece que el intento de Gutiérrez, e incluso Clodovis Boff, algo de Sobrino, pero bueno, es que Sobrino ya toma una opción de análisis marxista desde el principio.

Pero sobre todo Gutiérrez y Clodovis Boff, el intento de ellos no era solamente: "A ver cómo encontramos otra herramienta para luchar contra la injusticia". El intento de ellos era: "¿Qué pasa si empezamos a buscar el lugar epistemológico de los pobres dentro de la vida y el quehacer teológico de la Iglesia?

Es decir: "Qué pasa cuando la teología se escribe desde un lugar distinto? Ese elemento no lo aceptó nunca el Papa y no lo ha aceptado y eso se ha quedado de ese tamaño. De manera que en términos prácticos, lo que era ese intento de la teología de la liberación, sobre todo en América Latina, aunque hubo también en África y en otras partes, eso quedó prácticamente cercenado ahí.

Mi postura personal porque tengo que ser honesto, no es, por supuesto, favorecer la versión marxista, ni yo tampoco le creo al análisis marxista de la lucha de clases y esas cosas, yo a eso no le creo, ni creo que eso sea solución para nadie, eso en este momento se lo creen algunos chavistas y no más.

Pero, en lo que tiene que ver con esa postura epistemológica-teológica, será uno de los pocos puntos en los que yo digo, ahí no encuentro yo completa compatibilidad entre lo que enseña el Papa, y, bueno, lo que hemos visto nosotros en Latinoamérica.

Punto número diez, el ministerio de Pedro, o sea, el papel del Papa. "El ministerio de Pedro, sólo excede al de los demás obispos en aquello que implica confirmar en la fe a los hermanos". La idea de Papa que tiene Ratzinger a mí me gusta, a mí me gusta, porque es básicamente, como decía Tillard, el canadiense este dominico, decía él: "Que el Papa sea fundamentalmente y en primer lugar el obispo de Roma".

Ratzinger está mucho más cerca a esa versión, que podemos llamar simplificada del Papa; es decir, el Papa con menos boato, con menos espectáculo. y ha dado dos señales de esas. Una, quitar ese título, que finalmente no significaba mayor cosa, de "Patriarca de Occidente", "eso me lo quitan", mandó quitar eso. Y lo otro, el que no hay razón para que el Papa presida todas las beatificaciones.

El Papa no tiene por qué poner por delante su autoridad de sucesor de Pedro en las beatificaciones, que por sí mismas no son actos definitivos de magisterio, las canonizaciones sí lo son.

Entonces Benedicto, siempre que puede se sustrae de las beatificaciones y ha quitado que las beatificaciones tengan que ser en Roma, eso pertenece más al dominio de la Iglesia local o de las comunidades religiosas o de otro género, es algo más local. No todo tiene que hacerlo el Papa.

Lo mismo en muchos de estos eventos, él envía un legado, envía un representante, lo que sea, pero él no siente que tenga que estar en todo encuentro internacional, en ese sentido es interesante la imagen que tiene de sí mismo como sucesor de Pedro.

Bueno, mis hermanos, pues así llegamos al final de esta reflexión. Estas son algunas pinceladas, que las tomamos del magisterio del Papa Benedicto, y por supuesto, nos apoyamos en él porque nos ayuda a mirar nuestro propio contexto de evangelización.