Pablo 20 siglos después - 01

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Original en audio.


Fecha: 20090124

Título: El carisma dominicano desde la dialectica entre la unidad y la pluralidad

Original en audio: 50 min. 34 seg.


Encontraremos aquí un marco de referencia o un terreno común de diálogo. Esencialmente vamos a visitar nuestro carisma común, vamos a visitar nuestro carisma dominicano, desde una óptica particular, que es la dialéctica entre unidad y pluralidad, o entre unidad y diferencia.

Partimos aquí de dos palabras que yo creo que son muy descriptivas de la situación actual en cuanto a la religión, las palabras intolerancia e indiferencia. Ese es nuestro punto de partida. Podríamos decir que la religión hoy se ve confrontada o se ve contestada desde esos dos frentes: se le acusa de intolerante, se le recibe con indiferencia.

En algunos países la religión es la norma única de la vida social, y se convierte como en un absoluto que llega hasta el extremo que llamamos "fundamentalismo"; ahí estaríamos en el caso de la intolerancia.

En otros países, las sociedades que llamamos laicizadas o secularizadas, lo que prima es la indiferencia; pareciera que la religión se convirtiera en el ciento por ciento, en el todo y único, en algunas partes; mientras que en otras partes se excluyera por completo de la vida pública, al punto que no queda simplemente lugar para ello.

La religión, si algo puede ser, en la Europa secularizada, es una especie de opción privada, como decía el filósofo español Fernando Savater en alguna ocasión, es más o menos lo mismo que la afición que tú puedes tener: "A mí me gustan las carreras de caballos", "a mí me gusta jugar al tenis", "a mí me gusta ir a Misa".

Más o menos es una cuestión que tiene que ver con el ámbito estrictamente personal. Entonces esas dos palabras nos sirven de introducción; pero resulta que cada una de estas palabras engendra la otra.

Entre ellas hay una relación que es compleja y que es muy interesante, porque los intolerantes, o los que consideramos intolerantes, justifican su intolerancia desde la indiferencia reinante. Esto lo he podido ver por mí mismo, especialmente en Inglaterra: el musulmán radical siente desprecio hacia una sociedad que no tiene un lugar para Dios.

Entonces, en un ambiente social de indiferencia, el sentimiento religioso se exacerba hasta el punto de convertirse en lo único, y llegar al fundamentalismo. En ese sentido, la indiferencia viene a alimentar una mentalidad radical, una mentalidad de fundamentalismo, de intolerancia.

Pero luego pasa lo contrario: los ataques de la intolerancia o las manifestaciones de intolerancia o de radicalidad, alimentan la lógica de los que dicen: "¿Te das cuenta que esa es la religión?" ¿Te das cuenta que de la religión no salen sino guerras, ataques terroristas, hipocresía, opresion psicológica, castración emocional?"

Como eso es lo único que produce la religión, la única manera que sensata de ser humano es suprimir ese cáncer. En la mentalidad anglosajona esto ha encontrado su expresión en filósofos como Denet, como Singer y también en este profesor que anda escribiendo, cada año, cada dos años saca otro libro en contra de Dios y de la religión, el famoso Richard Dawkins.

Entonces, el fenómeno no hay que analizarlo, me parece a mí, como dos cosas aisladas, sino que estos dos se alimentan mutuamente, son dos monstruos que se alimentan el uno al otro: la indiferencia religiosa, la intolerancia religiosa.

Y en el centro de ese ciclo, de ese círculo está la cuestión central que llevamos también nosotros en nuestro carisma: la verdad.

El problema es la verdad; es decir, la reacción que creo que tomó por sorpresa al Papa Benedicto cuando dio su discurso en Ratisbona, hasta cierto punto era predecible, porque en el fondo lo que el Papa intenta decir es que la razón sí tiene una palabra dentro de la fe y la fe sí tiene una palabra dentro de la razón.

Y por supuesto, fe y razón también aparecen en la mente de mucha gente, aparecen relacionadas como estas parejas que vamos encontrando. La fe corresponderia, por su puesto, a la intolerancia, el dogmatismo; mientras que la razón aparecería en el plano de la secularización y la indiferencia frente a lo religioso.

Y resulta que el Papa afirma que hay una palabra que sirve de puente, y es la palabra "verdad", y esa es la palabra que nosotros tenemos en nuestro propio escudo. Entonces la verdad se convierte en una cuestión central.

Podemos reescribir esta tensión dialéctica entre intolerancia e indiferencia bajo la expresión "buscar la verdad y poseerla". Lo que desconfía, lo que produce desconfianza a los escépticos es que la persona religiosa diga "poseer una verdad", ¿cómo puedes estar seguro de algo? ¿Cómo puedes pensar que tu Dios es el único Dios? ¿Cómo puedes pensar que tu libro es el libro?"

Ahí está en juego, por supuesto, el tema de la verdad, el poseer la verdad; mientras tanto, la indiferencia religiosa se vende a sí misma como un buscar la verdad, pero un buscar sin nunca poseer; es decir, para la mentalidad de indiferencia todos somos buscadores pero nadie ha encontrado.

Entonces la vida es como una especie de paseo: salimos de paseo, nos entretenemos, cada uno tiene su gusto, cada uno tiene su propio recorrido, pero aquí nadie ha encontrado nada.

Entonces, lo que hacemos es encontrar unas reglas de convivencia; la moral es reglas de convivencia y lo demás queda en la bruma, en la bruma del agnosticismo. Es lo único que puede ser una palabra mayor dentro de esa sociedad, porque todos somos buscadores nadie ha encontrado.

Mientras tanto, en el otro extremo, en la sociedad fundamentalista, en la sociedad integrista: "Aquí todos hemos encontrado; nosotros somos el grupo de los que sí saben; nosotros somos los que sí conocemos a Dios; somos los que sí conocemos donde está el bien, donde está la verdad y el destino del universo". Por lo mismo, se suele tratar de fundamentalista al que dice haber encontrado.

Es muy difícil en la sociedad que todos conocemos, en la sociedad europea es muy difícil presentarse como conocedor de una verdad trascendente sin aparecer como fundamentalista.

Y suponiendo que uno se arriesgue a decir: "-Bueno, es que yo sí creo que Dios envió a su Hijo Jesucristo", más o menos como que ya espera la respuesta del interlocutor: "-Bueno, pues igual los otros dicen que Mahoma es un profeta ¡y qué! Es decir, que tú digas lo tuyo, que el otro diga lo suyo da más o menos lo mismo".

Y si tú quieres hacer mucha fuerza, quieres empujar mucho en tu dirección, llevar el agua a tu molino, entonces eres un fundamentalista.

Mientras tanto, los religiosos, los que tiene fe miran como escépticos a los que afirman que hay que buscar y buscar y buscar porque todos estamos en un paseo, estamos aprendiendo a convivir, mientras cada uno hace más o menos sus experimentos y tienen sus experiencias.

Bueno, ahí está planteado el tema central de esta introducción, y lo que sigue aquí es: ¿cómo se encuentra un árbitro? Y para estudiar el tema del árbitro pues hay que hacer un poco de historia.

Resulta que el árbitro, cuando surge todo el conflicto entre católicos y protestantes, es la razón ilustrada; es decir, la razón se presenta a sí misma; la razón enciclopedista, la razón ilustrada se presenta a sí misma y se vende a sí misma como único árbitro posible entre las religiones.

Lo que vamos hacer ahora es examinar qué credenciales tiene la razón para afirmar algo de ese tamaño, qué consecuencias tiene eso y qué alternativas podrían encontrarse.

No hace mucho escuchaba una conferencia de un obispo anglicano que hablaba de la famosa parábola de los ciegos y el elefante; es una parábola que hemos oído muchas veces.

A veces se dice cuatro, a veces cinco ciegos se encuentran con un elefante y tienen que describir cómo es, y cada uno, pues, como solamente tiene el sentido del tacto, pues describe lo que encontraba.

Uno dice: "El elefante es como una columna", porque se ha encontrado con la pata del animal; otro dice: "No, qué columna, el elefante parece como una cobija", porque se ha encontrado con la oreja del animal; y el otro se encontró con el cuerpo del animal y dice: "Parece es como un tonel gigante"; y el otro dice que "es como una cuerda", porque encontró la cola.

Es una parábola muy ilustrativa sobre cómo una misma realidad puede ser plural en su descripción. ¿Qué tanto ayuda, para examinar el tema de la religión, el escepticismo, el fundamentalismo? En fin, Lo que hemos planteado hasta ahora, ¿ayuda la parábola del elefante?

Y el anglicano, muy interesante, este hombre decía: "Esa parábola es una parábola fallida cuando se aplica a la religión, porque ¿quién puede asegurar que esos ciegos no tienen la idea completa del elefante?

Pues sólo uno que esté por fuera y que pueda ver al elefante y que pueda verlos a ellos; es decir, sólo desde una meta realidad, sólo desde una experiencia congnoscitiva superior es posible relativizar el conocimiento de cada uno de los ciegos.

Si todos fueramos ciegos, si ninguno pudiera ver al elefante y ver a los ciegos, no habría manera de solucionar el problema. Porque cada uno simplemente insistiría en lo suyo. Es solamente porque hay alguien que ve más que todos ellos, solamente por eso, se llega a encontrar un punto de descripción que es: el elefante es un animal que tiene esta forma.

Y eso explica por qué este ciego da esta descripción, por qué el ciego número dos da esta otra, y así sucesivamente.

¿Qué pasa cuando se aplica eso a la religión? Pues que la razón ilustrada se arroga, podemos utilizar esa palabra, la pretensión de ver más que cualquiera.

De ese modo, lo que era un conflicto situado en terreno de economía, en terreno de política, el conflicto entre católicos y protestantes tal como se había dado sobre todo en Francia, en Alemania y en Inglaterra, ese conflicto, que era un conflicto de intereses fundamentalmente políticos y económicos, se trasladó a un ámbito nuevo, un ámbito del conocimiento, el ámbito también de las afirmaciones fundamentales sobre la realidad, sobre qué es es la realidad.

Yo creo que este es un hecho que no hemos apreciado completamente en su valor, y creo que nos hemos tragado esa pretensión de la razón: que entre dos versiones, entre dos conflictos, que en un conflicto de visiones distintas, la razón sea el árbitro.

Y tal vez no hemos caído en cuenta que al afirmar eso se está diciendo que la razón ve más que cualquiera, que la razón es la que sí puede ve a los ciegos, y la razón es la que sí puede acceder al elefante. El elefante, por supuesto, aquí es la descripción misma de la realidad, de la realidad cosmos, la realidad ser humano, la realidad sociedad.

Y la palabra misma, razón, muy pronto se convierte en conflictiva, se convierte en difícil de analizar, porque, a ver, hagámonos nada más esta pregunta: ¿Es única la razón? ¿Sí es única la manera de razonar? Cuando uno se enfrenta con textos realmente antiguos uno descubre que la razón tiene demasiados rostros.

En la Carta a los Gálatas el Apóstol San Pablo presenta un argumento sobre la diferencia entre el régimen de la ley y el régimen de la fe y la gracia.

Y la manera de sustentar su argumento es diciendo: "Abraham tuvo dos mujeres: Agar y Sara; Agar era esclava, Sara era libre". Pues ahí se ve muy claramente que Agar representa la ley y que Sara representa la promesa, representa la fe, y nosotros somos hijos de Abraham por Isaac, no por Ismael, donde se ve con claridad que nosotros estamos en el régimen de la ley.

Ese argumento hoy no convenceria a nadie, ese argumento no significa nada para nosotros, y sin embargo Pablo no estaba jugando. Pablo estaba presentando lo que él consideraba que era una razón sólida; en el caso de él, se trata de una razón construida a base de alegorías, alegorías bíblicas. Pero para él esa era una razón, ese era un modo de razonar. Entonces, ¿es única la razón?

Nos hemos tragado, repito, nos hemos tragado la idea de que la razón es el árbitro entre las creencias, y en este momento lo que estamos cuestionando es esa idea: si en verdad el árbitro que nos va a sacar del problema entre fundamentalismo y escepticismo, entre intransigencia e indiferencia, si es la razón humana la que nos puede sacar de ahí, y en caso de que sea asi, ¿cuál razón humana?

Porque hay más de una, hay más de un modo de mirar eso que llamamos "la razón", y el ejemplo que cito es esto de San Pablo. San Pablo ahí estaba presentando una razón, estaba presentando un argumento.

En la Biblia, otro caso que tenemos, es el de la famosa diatriba. Recordemos la muerte de Esteban, el primer mártir. Lleban a Esteban ante el sanedrín y él hace su alegato, y para nosotros, pues yo he leído el texto un poco de veces, y estoy seguro que vosotros también, yo no termino de agarrar el punto, o sea, qué es lo que él está diciendo.

Para nosotros es muy extraño esto, porque a Esteban se le acusa. Tratemos de ubicarnos: a Esteban se le acusa de predicar la resurrección, de eso se le acusa fundamentalmente; porque los del sanedrin estaban bajo el dominio de los saduceos, y los saduceos no creían en la resurrección, y consideraban que la resurrección le daba alas a un pensamiento revolucionario que terminaría por ocasionar la injerencia violenta de los romanos.

Entonces, a Esteban se le acusa de predicar la resurrección, y cuando Esteban tiene que hablar, o sea, cuando tiene que presentar su alegato, el alegato de Esteban es una historia; lo que él hace es empezar a contar la historia de Israel.

Algo parecido a que a nosotros nos dijeran: "-Tenemos que organizar un nuevo plan pastoral; a ver, "¿tú qué opinas, Tomás?" Entonces Tomás se pone en pie y dice: "-Cuando Domingo llegó a Languedoc..." Eso a nosotros nos produce risa: "-¡Pero espera un momento...!"

Resulta que esta gente razona así, ellos razonan presentando en primer lugar toda la historia, presentando todo el recorrido y eso es lo que hace Esteban.

Su manera de razonar es contar toda la historia, y la conclusión al que él quiere llegar es: hay una continuidad de rebeldia contra Dios, y hay una continuidad de resistencia al Espíritu, y la resistencia al Espíritu de Dios, que ya habia anunciado la resurrección, no es algo que esté empezando en vosotros, sino que ha sido una constante. Por esa resistencia sois incapaces de reconocer lo que ha sucedido en Jesús". Esa es más o menos la traducción del argumento de Esteban.

Pero yo creo que, por lo menos en el caso mío, uno lo lee diez veces y no se entera de qué es lo que está diciendo finalmente Esteban.

Entonces fíjate de que Estaban ahí está razonando desde la historia, es un tipo de razonamiento de orden más o menos talmúdico. Pablo, en la Carta a los Gálatas, está razonando desde la alegoría, razonamiento entonces alegórico, y ambos son adultos inteligentes, formados eruditos, si se quiere, y están razonando; pero a nosotros lo que ellos plantean no nos parecen razones.

¿Qué son razones para nosotros? Cifras; nosotros hemos crecido en lo que Marcuse llamaba "la razón instrumental"; nosotros ya somos hombres unidimensionales que miramos todo a través de cifras; lo que nosotros esperamos muchas veces, cuando alguien nos quiere convencer de algo, es que nos presente estadísticas, que saque una de esas tortas de los power point y que diga: "Mira, lo que tú has hecho en veinte años de mision, es un dos por ciento, y el resto de la torta ,el noventa y ocho por ciento, es lo que está pendiente".

Apenas nos empiezan a hablar de barras, torta, promedios, cifras, ya sentimos: "Bueno, ya esto lo manejo". Esto se ha convertido como en nuestro modo oficial de razonar, hasta un punto que es ridículo, un punto que es risible.

No tengo ni idea de cómo funcione la publicidad en este país, pero donde yo he estado, he notado que cuando se quiere vender un producto, a la gente se le aturde con nombres que no entienden.

Por ejemplo, hay una familia de bacterias que son los E. Coli. El otro día estaba viendo un programa de por qué esas bacterias son importantes, ¿y qué tienen que ver con nosotros? Esencialmente, cuando un niño nace, no tiene ninguna bacteria de esas en su intestino, y lo primero que hace la mamá, al darle pecho, es infectar al niño.

Eso es lo primero que hace la mamá. O sea, uno de los oficios de la leche materna es infectar al niño, porque la mamá, de su cuerpo, que está repleto de E. Coli, de esa bacteria, le da, a través de la leche, le llena, le puebla el intestino del niño con estas bacterias que empiezan a trabajar.

Pero si la mamá no hiciera eso, el niño se muere. Porque resulta que ninguno de nosotros puede funcionar en la digestión, apropiadamente, si no tiene esa bacteria. Entonces, de ahí sale la explicación de los famosos alimentos probióticos. Antes teníamos los antibióticos, contrarios a la vida, o sea, impiden la propagación de la vida, de los microbios, eso son los antibióticos.

Pero entonces los científicos descubren que hay una serie de bacterias que son necesarias para la autoregulación de los procesos digestivos, y entre esas la más importante es esta familia de bacterias E. Coli. Entonces de ahí surgen los probióticos.

Pero lo gracioso no es que existan los E. Coli, sino lo gracioso es que en un comercial de televisión le dicen a la gente: "-Bueno, ahora te tienes que tomar esto porque tiene probióticos", y la gente no tiene ninguna idea de qué es probiótico.

Pero esas palabras actúan como talismanes, esas palabras actúan como fetiches; es decir, no hay demasiada diferencia entre una madre del siglo XXI que dice: "-Tengo que tomar este yogurt para mi hijo; tengo que comprar este yogur para mi crío porque tiene probióticos", y lo que hace ochocientos, o novecientos, o mil quinientos años, el chamán azteca le decía a la señora azteca: "Ahora le echas esta sustancia, le das este potaje a tu hijo".

Lo interesante es que la mentalidad científica, la razón cientificista se ha convertido en el modo oficial de razonar, y si a nosotros nos echan por delante tres o cuatro terminajos, como "probiótico", y nos presentan unas estadísticas, ya nos convencieron. Pero el hecho de que ese sea nuestro modelo de razonar, no significa que esa sea la razón humana.

Entonces lo primero que hay que hacer, para abordar estos temas de intolerancia, intransigencia e indiferencia, es descubrir que el autonombrado árbitro, que es la razón humana, tiene muchos rostros, ha tenido muchas expresiones históricas y, además de eso, tienen sus propios límites.

Entonces, claro, cuando se dice hoy, cuando alguien dice: "-Yo creo en Dios", y el otro dice: "-Mira, eso es irracional", como hay varios modos de racionalidad, por supuesto hay muchos modos de irracionalidad.

Porque el argumento de Pablo sobre Agar y Sara, a mí me parece un cuento, pero para él no era un cuento, para él no era una ilustración, para él era un argumento decisivo, contundente, demoledor de por qué eso es así.

Y si tú miras el tono de la Carta a los Gálatas, él no está haciendo exhortacion piadosa, a él le interesa presentar argumentos decisivos, definitivos de por qué hay que aceptar el régimen de la Ley; para él eso es un argumento, para mí eso sería más o menos una parábola, eso sería más o menos una ilustración.

"Bueno, tú ahí estás ilustrando tu punto, pero ahora empieza a razonar, y empieza a razonar quiere decir: "A ver, sácame el power point, muéstrame las cifras y dime entonces cómo, de acuerdo con esa razón instrumental, cientificista, aritmetizada, yo tengo que aceptar lo que tú me dices".

Por su puesto, si la racionalidad es cientificista, instrumental, aritmetizada, entonces la irracionalidad será todo lo que no quepa en eso. Y es impresionante cómo, cientificos y predicadores del ateísmo, como Dawkins y como toda esta gente, se basan en eso, ellos tienen una idea terriblemente reduccionista de lo que es la razón, y desde ahí declaran irracional al resto, y por consiguiente no hay diálogo posible, porque ¿qué religión puede caber ahí?

El autor sobre el que he estado trabajando estos años, Bernard Lonergan, tiene un elemento muy interesante, que yo creo que nos puede servir aquí. Si la razón tiene esa polidimencionalidad, entonces ¿qué es lo real? Y se quejaba Lonergan, -murió en el año ochenta y cuatro-, se quejaba Lonergan del concepto de verdad, porque todo va unido: lo que es razonable, lo que es verdadero, lo que es real, lo que cuenta.

Eso va todo en la misma línea, obviamente, y por consiguiente, lo que puede ser defendido en un discurso público, lo que puede ser parte de la estructura de justificación pública de una sociedad. En nuestras Constituciones, "nuestras" en este caso significa las de los países latinoamericanos, una por una ha ido saliendo todo lo que tenga que ver con Dios, la religión lo que sea.

Todo eso ha desaparecido, porque no puede ser parte del discurso público. Si vamos a hablar de sociedad, vamos a hablar de convivencia, y la convivencia es que tú me respetas a mí y yo te respeto a ti; aquí no entra Dios; es decir, Dios no puede entrar en el discurso público ahí.

Pero, si lo examinamos más críticamente, entrar en el discurso público, pertenecer a la racionalidad predomiante en ese período de la historia, ser instrumento para la idea de verdad que se tenga en ese tiempo, eso va en al misma línea.

Entonces, lo que no pertenece a la racionalidad dominante en un período, no puede pertenecer al discurso público; como la racionalidad dominante, cientificista es instrumental, entonces Dios no puede pertenecer al discurso público.

Entonces todo lo religioso tiene que quedar metido en la sacristía: "-Tú, vete con tu religión a tu sacristía; no hagas ruido, y por su puesto, no pretendas que tus razones, que tu credo, que tus mandamientos rijan para esta sociedad; nosotros somos pluralistas y pertenecemos al siglo XXI, a una sociedad avanzada".

Entonces, Lonergan dice, refiriéndose a la realidad, dice que el terrible mal entendido está en que se considera como real el "already- out-there-now-real", eso es lo real, eso es lo verdadero; es decir, el concepto de que conocer es abrir los ojos a un dato, a un hecho; el concepto de que la verdad es accesible como dato inmediato para todo el que quiera ver.

Según Lonergan, y en este caso comparto plenamente su idea, ese es el gran problema, el considerar que la realidad es simplemente: "Mira, abre la ventana, ahí está, date cuenta". Es decir, el considerar que la realidad es una sumatoria de datos; ahí está el problema, según Lonergan. Está, ya, ahora mismo, ahí afuera, "already- out-there-now-real", "miralo ahí, es que ahí está, es que ahí está". Eso son los datos.

La realidad entendida como dato, es un dato; tú, abre tu ojo, y ahí está el dato, ya lo recibiste". Lonergan dice: "Mira, lo real no es el dato; el dato es el punto de partida para la búsqueda de lo real. Entonces lo real, lo que nosotros hemos de considerar, propone Lonergan, lo que nosotros hemos de considerar como real finalmente, no es lo que aparece como dato, no, no es el dato; el dato no es".

Y los ejemplos de él son buenos: a ver, si yo me voy por datos, pues tengo que decir que el sol salió esta mañana y que luego se oculta por la tarde, y que hace este recorrido en el cielo. Esos son los datos, ¿no?

Pero sólo cuando llegan otros datos que cuestionan los primeros datos, y cuando se hacen las preguntas pertinentes, y cuando se resuelven en modo satisfactorio las preguntas pertinentes, entonces se avanza en el conocimiento de la realidad.

Dicho de otra manera, frente a la razón cientificista, unidimensional, instrumental, necesitamos hacer la crítica del dato, mostrar que el dato no es obvio, ir más allá del dato mismo, eso es lo que necesitamos, y el nombre que eso tiene es, finalmente, hermenéutica, dónde adquieren significado y sentido las palabras.

Bueno, aquí no vamos a entrar demasiado en este tema de la hermenéutica, pero sí quiero mencionar un par de ejemplos, sobre todo relacionados con la ciencia, con la ciencia natural.

Un deporte muy grato para mí, que os invito a practicar, en el diálogo con gente que esté convencida, radicalmente convencida, del credo de la ciencia, es el preguntarles por el significado de las palabras, el significado, dónde adquiere su significado una palabra.

Por ejemplo, una cantidad de gente dice: "-Mira, yo creo lo que pueden palpar mis sentidos". Y la gente cree que creer, o mejor dicho, aceptar como real, es aceptar lo que ven los sentidos.

Según esa definición, ¿qué es la materia? "Tú eres materialista, bueno, ¿qué es la materia?" La inmensa mayoría de la gente que yo conozco, me refiero sobre todo pues al ámbito europeo occidental en general, no tiene realmente idea de lo que es la materia, ¿qué es la materia? Es que tampoco lo sabemos, es que tampoco lo sabemos, ¿qué es la materia?

-No, que yo soy materialista" "-Eres materialista, pero no sabes ni lo que es la materia, y aquí no se trata de quién sabe más física o quién tiene unas cuantas ecuaciones más, no, no se trata de eso, se trata de preguntas todavía más radicales, como por ejemplo, estas: "Bueno, y si tú te encuentras que existen unas leyes que rigen a la materia, ¿por qué esas leyes son así?"

"-Ah, pues son así porque son así". "-¿Y a ti te parece racional eso? Si yo te dijera: "Yo creo en Dios, hombre, porque creo en Dios", tú me calificas a mí de irracional; y si yo te digo a ti: ¿Por qué las leyes que rigen a eso tan fundamental en lo que tú crees, que es la materia, son como son?" tú me respondes: "Porque son así". "¿Por qué lo tuyo no es irracional y lo mío sí lo es?"

Entonces, cuando se toma en serio, esta no será la dirección de estas charlas, pero lo dejo aquí enunciado. Cuando se toma la dirección de la hermenéutica, no es difícil, digamos, por lo menos, no es imposible, no es difícil conducir incluso a los más enamorados de la razón cientificista, conducirlos al límite de su propio pensamiento. Bueno, ¿y por qué las leyes son así?

Ahora, esto que estoy diciendo yo no lo estoy diciendo por ser creyente. El famoso físico este, Paul Davis, no hace mucho, no hace mucho quiere decir hace unos dos dos o tres años, mencionaba eso, decía: "Mira, pero es que en la física no hemos empezado a hacer física en serio, hasta que no empecemos a explicar por qué existen las leyes que existen.

Que la cantidad de materia y energia permanece constante, "-oye, ¿y por qué? ¿Por qué eso es asi?" "-No, pues porque es así" "-Pero podría ser de otro modo". "-Pues sí, pero es así". "-¿y cómo sabes que es así?" "-Bueno, porque eso es lo que hemos verificado". "-Y a ti te parece científico eso? Que tú te has encontrado con un número de instancias, que algo se verifica, para ti es fuente de una afirmación universal".

Entonces, en la búsqueda de un árbitro hay que tener en cuenta que, -por su puesto necesitamos de la razón-, aquí no se trata de hacer un elogio de la locura, ni un elogio de la sin razón, pero la razón misma es plural y la razón misma resulta insuficiente.

Con los filósofos pasa una cosa semejante: para aquel filósofo, que parece que tuviera un sistema completo, no hay nada más agradable que hacerle esta pregunta: "¿Tú cómo sabes que tu primera pregunta, la pregunta que arranca con todo tu sistema, es la primera pregunta?"

Porque cada filósofo tiene una primera pregunta. En Kant, por ejemplo, tú puedes decir, que es el famoso tema de los si existen juicios sintéticos a priori, esa es la primera pregunta para él; y para otra persona la primera pregunta puede ser el lenguaje, para otro la primera pregunta es el ser, ¿y tú cómo sabes que tu primera pregunta es la primera pregunta?

Sobre todo que cuando estudiando los filósofos, te das cuenta que esa, que se ha convertido en la primera pregunta de ellos, suele estar perfectamente condicionada por circunstancias históricas e incluso estrictamente biográficas; ¿cómo hace uno, por ejemplo, para separar a Schopenhauer de su biografía?

¿Cómo hace uno para separar a Nietzsche de su biografía, de su desengaño amoroso, de su pasión por Wagner? ¿Cómo hacer para separarlos? No se puede.

Entonces, tú quieres presentar un sistema filosófico, que tú dices que es una catedral, que es un edificio que se sostiene en sí mismo y que es pura racionalidad, y yo te muestro que tu sistema proviene, finalmente, de que tienes un conflicto con tu mamá desde el principio, Arthur, que desde el principio tienes un conflicto de amor y odio hacia tu madre.

Y eso marcó a Schopenhauer desde el principio, es de los misógenos más espantosos que ha tenido Occidente. Y de ahí el fastidio hacia la vida.

Entonces, tú quieres que nosotros tomemos tu racionalidad como si fuera neutra, aséptica, autocontenida y entramos en diálogo contigo y resulta que tú, lo mismo que los demás seres humanos, dependes de un contexto, de una cultura, de lo que se discutía en tu época y de cómo te fue con tu mamá.

Entonces, ¿cómo pretendes que esa racionalidad tuya, que ese sistema tuyo, que está condicionado por todo esto, se convierta en un absoluto para nosotros?

Reflexionar sobre la razón y sobre el límite este de la razón es muy interesante y es muy necesario, porque, aunque sólo saquemos una cosa, sacar la conclusión de que la razón cientificista no puede ser finalmente el árbitro, no es pequeño logro.

Entonces, cerremos estas reflexiones. Es muy interesante que el mismo Pablo, que presentó tantos argumentos, hay por lo menos tres discursos que son pura apologética o semilla de apologética, los discursos de Pablo en el libro de los Hechos de los Apóstoles, pero el mismo Pablo hacia el final de sus vida, él llega a la conclusión de que no cree en las discusiones.

Es decir, no es sólo que la razón tenga sus límites, no es sólo que haya distintas expresiones de la razón a lo largo de la historia, no. Es que el acto mismo de discutir parece que hiciera más daño que bien. Y ahí, pues, doy algunas citas bíblicas, que como notais, pertenecen todas a las cartas pastorales.

Sea que se atribuyan directamente a Pablo o que se atribuyan vía algún secretario, o como se quiera llamar al mismo Apóstol, estos textos son interesantes. Por lo menos tres, cuatro veces en la Primera Carta a Timoteo, y otra vez en la Carta a Tito, Pablo insiste: "Mira, le dice a estos discípulos suyos, no perdais tiempo en discusiones no perdais tiempo en discusiones"

A mí me paso una cosa sencilla, que la he contado varias veces. Una vez tuve una serie de conversaciones con un profesor de una universidad reconocida allá en mi país, en la Universidad Konrad Lorenz, que por su puesto se orienta hacia la psicología, psicología conductista. Y este profesor, pues, ateo declarado. Entonces aquí viene Nelson a convertirlo, ¿no? A discutir con este hombre.

Como lo que yo hacía antes de entrar a la comunidad era estudiar física pura, y como mi pasión por la ciencia me ha acompañado toda la vida, entonces yo me sentía, a ver, bien preparado: "Vamos a esta contienda vamos a entrar en franca lid". Hoy yo no haría eso, hoy ya no perdería ese tiempo, no lo toméis a mal, pero esas horas de rodillas, delante del Sagrario, hubieran logrado mucho más.

No lo toméis a mal, que no es burla del pietismo, sino que es un hecho. Al término de nuestra tercera o cuarta conversación y de como seis o siete horas, argumento va, argumento viene, Dios existe, Dios no existe, las miserias de la Iglesia, Galileo, la Inquisición, osea, lo de costumbre.

Conclusión de parte del eminente profesor: "Pues realmente no tendría mucho más que decir; de pronto yo creo que quisiera creer, pero no me convence. Sin embargo tengo un favor que pedirte, padre, me dice a mí: mi esposa y yo hemos tenido una niña, una bebita, ¿usted le podría dar una bendición a mi bebita?" Entonces, es decir, es el absurdo.

La discusión no suele ser el ejercicio más apropiado de la razón; yo creo que sobre este tema y vosotros que conoceis mucho más de aquí de Oriente, más bien me podreis ilustrar a mí.

No sé yo mucho de estas cosas pero la impresión que yo tengo es que en general la gente evita discutir. Van conociendo, cuando digo aquí esos "ellos que te van conociendo", me refiero a muchos orientales; aquí mis fuentes no son directas, porque esta es la primera vez que vengo acá, sino es lo que he leído de cómo se hacen negocios en Oriente, dicho por empresarios norteamericanos, por ejemplo.

Entonces ellos manifiestan su sorpresa, por ejemplo, ¿cuál es el modo típico de negociar de un codicioso, de un audaz empresario norteamericano que va abrir un mercado en China o en Corea? ¿Cuál es el modo típico de negociar de él?

Pues él llega con su portátil, con su video bin, con su proyector, y trae más o menos cuarenta o cincuenta tortas de esas de power point, a presentar, por medio de la razón instrumental, cientificista, a presentar al otro, sea Japonés sea coreano, sea chino, por qué va a ganar tanto dinero en tanto tiempo.

Pero entonces en un artículo que publicaba "The Economist", contaba uno de estos empresarios, que llega a Japón y, por supuesto, él con su agenda apretadísima, porque tiene que sellar un negocio aquí y luego tiene que volar a Nueva Zelanda y luego tene que ir a Indonesia, y bueno, ese estrés, ¿no?

Entonces dice él: "Llegué a Japón, me recibe la comitiva, y lo primero que hacen no es hablar de negocios, lo primero que hacen es muchas venias, muchas sonrisas, mucho té, llevarme a un lugar espléndido, conversar de cualquier cosa menos de negocios, y eso por dos días".

Y cuanto más alto el monto de lo que se va a negociar, más largo ese período inicial, un período en el que no se habla de negocios y cualquier alusión que tú hagas, una sonrisa discreta indicará: "Todavía no es el tiempo, todavía no es el tiempo".

Esto es interesante, porque yo creo que estos imperios que llevan cuatro y cinco mil años, algo deben haber aprendido, y parece que una de las cosas que han aprendido es de los límites de la razón humana.

Otro ejemplo. Hay una foto famosa que a nosotros nos parece chistosa, en la que aparece el presidente norteamericano actual, todavía le queda un poquito de tiempo, George Bush. Aparece Bush caminando allá en su rancho en Texas, y entonces va caminando con la mano cogida, va caminando con un jeque de estos árabes; van caminando los dos.

Pero van caminando no son diez metros, van caminado es que todo el tiempo lleva mano del otro; para nosotros es eso absurdo. Y resulta que los árabes negocian así, y cuanto mas importante el negocio, más importante es sostenerle la mano a la otra persona.

Pero es que todo el diálogo se hace con la mano sostenida. Bueno, eso suena ridículo, pero haz la prueba de decir tres mentiras seguidas sosteniéndole la mano a la otra persona.

Haz la prueba alguien sosteniéndole la mano, haz la prueba de engañar sosteniéndole la mano a la otra persona, y de tanto en tanto te mira a los ojos. O sea, algo han aprendido estos de lo que es negociar, algo saben ellos de lo que es negociar.

Entonces, Pablo tenía una formación esencialmente griega, podríamos decir que Pablo era un occidental, y Pablo era feliz en la argumentación, pero al final de su vida él se desencanta de eso y lo que le dice a sus discípulos, a Tito y a Timoteo, es: "Vosotros dejáos de esa historia, que discutir no lleva a ninguna parte".

Entonces, ¿qué está haciendo el japonés cuando va a sellar un contrato contigo, un contrato que implica una circulación de miles de millones de dólares? Y lo primero que hace es llevarte a lo que podríamos llamar, en nuestra mentalidad, una casa de retiro, y te pone a que descanses, y se pone a hablar contigo, y camina contigo, y te habla de la última cosecha, de la flor de no sé qué, ¿qué está haciendo ese tipo contigo? ¿Qué es lo que esta haciendo? Está creando un lenguaje.

Lo primero para ellos es: "Mientras no tengamos el mismo lenguaje...", -y el mismo lenguaje no es que los dos hablemos japonés, o que los dos hablemos inglés, no; el mismo lenguaje es: "que cuando tú camines hacia allá, los dos vayamos hacia allá, y que cuando yo me devuelva, tú también te devuelvas; mientras no tengamos eso, estamos perdiendo el tiempo".

Entonces, para ellos, la mejor manera de aprovechar el tiempo es perder el tiempo; lo primero es: "Si vamos a hacer un negocio, te repito, cuanto más importante el negocio, más tiempo, porque claro, si tú vas a comprar un televisor aquí, pues no te van a agarrrar de la mano, ni te van a echar historias, ni venga sientese, no, "el televisor, tú pagas, y te lo llevas".

Pero si el negocio es grande lo primero es: "necesitamos crear un lenguaje"; hasta que creemos el lenguaje.

Es muy interesante que Jesús en Mateo nueve nos habla de que "la mies es mucha" San Mateo 9,37; jesús no define la tarea de los misioneros como "vayan a reventarse la espalda, sino "vayan a cosechar".

¿Por qué Jesús dice eso?" Esa frase es misteriosa, porque, "mies", no es terreno de cosecha, "mies" es ya la cosecha, ¿por qué dice Jesús: "Vayan a cosechar"? ¿Por qué la labor del misionero es: "Vayan a cosechar"? ¿Qué quiere decir eso?

Resumen: tenemos esa confrontación entre intolerancia e indiferencia; hay un árbitro que se ha erigido, que es el árbitro de la razón, pero ese árbitro lo encontramos que tiene una historia que es conflictiva, que es sucia, que es ridícula en algunos casos.

Y encontramos que, culturas milenarias, han ido desarrollando una convicción: "Antes de ponernos a razonar demasiado, tenemos que estar seguros de que estamos hablando en la misma página, tenemos que estar seguros de que estamos refiriéndonos, con los mismos nombres, a las mismas realidades".