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Fecha: 20010525
Título: Sentido pagano y cristiano del sufrimiento
Original en audio: 26 min. 53 seg.
A veces se obtiene una gran enseñanza solamente con tomar en serio las palabras. Jesús dice: "Vuestra tristeza se convertirá en alegría" San Juan 16,20. Casi siempre uno piensa: "Primero va haber tristeza y luego va haber alegría".
Pero Jesús no dijo: "Primero vais a tener tristeza y luego vais a tener alegría", dijo: "Vuestra tristeza se convertirá" San Juan 16,20, eso es del verbo griego metanoien, se convertirá, se volverá, se transformará, pasará a ser, alegría.
Nosotros entendemos muy pobremente este lenguaje, si hablamos de primero tristeza y luego alegría. Jesús no está diciendo: "Primero les van a dar harto palo y después les van a dar harto caramelo; primero los van a regañar mucho y luego los van a consentir mucho". Jesús dice: "La tristeza se convertirá en alegría" San Juan 16,20.
Para entender este mensaje debemos pensar en qué significa eso de que una tristeza se convierta en alegría, es decir, que una realidad se convierta en otra. Tomemos el caso de las Bodas de Caná, ahí el agua se convirtió en vino, no fue que primero sacaron agua, se acabó el agua y después compraron vino y apareció el vino.
Obsérvese que había muchos modos de hacer el milagro de las Bodas de Caná: "No tienen vino" San Juan 2,3, ese fue el dato que dijo la Virgen. Hubiera habido más de una manera de resolver el problema, por ejemplo, se hubiera podido que Jesús hubiera motivado la generosidad y hubiera hecho una vaca ahí, y rapidito hubieran ido al mercado cercano y traen vino. O Hubiera podido aparecer vino, por fantasear un poco, pero Jesús no obro así.
¡Jesús tomó agua y la volvió vino! Ese es el milagro en las Bodas de Caná, que una cosa se vuelve otra. No que primero hay una cosa y luego hay otra. ¿A dónde voy con esto?
Voy con esto, a que cuando uno piensa en que primero está la tristeza y luego está la alegría, ¿qué actitud toma? "Llegó la tristeza, voy a aguantar, tengo que aguantar, debo resistir, resistiré como el que aguanta un aguacero sin paraguas. Esto tiene que terminar, esto tiene que terminar, como que está terminando, ya, ya va a pasar, ya va a pasar, ¡ah, ya, se acabó!"
"Ahora vendrá la parte de la alegría: ya aguanté; ahora tienen que darme amor, dulzura, bendición, comprensión o todo lo demás". Es decir, ahí no hay una conexión entre el sufrimiento y el gozo, no hay una conexión.
Sino que uno, cuando llega el sufrimiento, dice: "Bueno, a ver, ¿dónde están mis resistencias? ¿De qué me agarro? Me voy agarrar aquí de esta mesa, voy a agarrarme, voy a soportar, voy a soportar, voy a soportar; Jesús me ayudará a soportar".
Eso no fue lo que dijo Cristo. Lo que dijo Cristo es que hay una conexión, y eso sí que es una maravilla, porque decir que primero hay alegrías y que luego hay gozos tampoco es una gran cosa de decir, eso, perdón lo que voy a decir, pero para decir eso no se necesitaba que llegara Jesús.
Además, cuando uno interpreta malamente ese evangelio únicamente pensando en primero tristeza y luego alegría, ¿qué pasa? Pasa que entonces uno puede también cambiar primero alegría luego tristeza. La persona que no ha interpretado bien este evangelio normalmente tiene una concepción cíclica, pagana y mágica del mundo.
Es decir, "Claro, he sufrido bastante, ahora debe venirme algo bueno; he gozado mucho, seguro que algo malo me viene". Es un pensamiento mágico. Si eso fuera así seria como si Cristo nos dijera: "Vosotros ahora estáis alegres, preparáos para el garrotazo".
Pero eso no es lo que Cristo dice. Cristo no nos está diciendo simplemente esto: "Mire, cuando ustedes estén contentos, prepárense porque el golpe es salvaje; y cuando se sientan tristes, aguanten, aguanten, que ya llegará el momento feliz".
Cristo no está hablando aquí de la alternancia de la felicidad y del sufrimiento como del que habla del día y la noche: "Es de día, ah, pero pronto será de noche y usted va a saber lo que es noche".
"Es de noche, aguante, aguante que llegará el día". Ese es un pensamiento pagano, eso lo puede decir Séneca, el filósofo estoico. El estoicismo es la filosofía que ha llevado a sus más altas expresiones racionales la palabra: "Aguante, mijo". Ser estoico es aprender a eso: aguantar; el estoico es el que sabe aguantar todo más o menos con el mismo rostro, más o menos con el mismo aspecto.
"Llegó la gran prosperidad, no me voy a dejar alterar gran cosa porque esto también pasa; llegó la gran desgracia, no me voy a dejar hundir gran cosa porque esto también pasa". Ese es el estoicismo: "Me voy a mantener en lo mío, en mis quince; me voy a mantener en mis quince porque como el día y la noche van alternando, entonces yo tengo que tener una estabilidad y tengo que aguantarme, saber resistir y no dejarme alterar".
Ese es el estoicismo. Fíjese, qué peligro, una frase del evangelio lo convertiría en una especie de dilema estoico. Séneca conoció el cristianismo, pero no se hizo cristiano. Uno podría ser un pagano con esa frase: primero la tristeza, luego el gozo, y después del gozo, más tristeza, y después de la tristeza, más gozo, y así día y noche, noche y día. Eso no fue lo que dijo Cristo.
La novedad de Cristo es: "Vuestra tristeza se convertirá en gozo" San Juan 16,20; hay una conexión, una cosa se vuelve la otra y aquí es donde entra nuestra reflexión, aquí es donde nosotros nos preguntamos, "¿pero qué conexión puede haber?"
¿Cómo es posible que haya una conexión, si el sufrimiento es el momento en el que siento que el mundo no me quiere, que la gente no me quiere, incluso que Dios no me quiere, mientras que el gozo es el momento en el que siento que Dios me quiere, el mundo me quiere, el sol me sonríe, las flores exhalan su perfume por mí?"
"¿Cómo puede decir que hay una conexión entre el sufrimiento donde me siento solo, agrietado, árido y el gozo donde me siento fecundo, florecido lleno de vida? ¿Qué conexión puede haber?
Jesús, perfecto Maestro, maravilloso Pedagogo, sabía que esto no era tan fácil de entender y por eso añadió una comparación: "La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre" San Juan 16,21.
Ahí es donde se ve que Jesús no está en el esquema pagano de, día luego noche, noche luego día. Fíjate el dolor del parto y la alegría del niño no son intercambiables. Bueno, si hay otro niño se repetirá el esquema, pero en principio no es intercambiable.
Es decir, la mujer después de tener el niño, ya no tiene que acordarse del parto; eso es clave. Porque todo lo que el parto tenía de doloroso, todo ha quedado plasmado en la alegría del niño y no tiene que volverse al parto.
Es un proceso unidireccional, es una carretera de una sola vía, no es la carretera de doble vía. El paganismo es de doble vía: "-Hoy estoy feliz", "-bueno, disfrútalo, los dioses te lo permiten, pero prepárate para la desgracia que te viene pierna arriba". "-Estoy deprimido", "-resiste, seguramente los dioses mañana te van a cambiar la suerte". El paganismo es de doble vía.
El niño que nace, el niño que se sostiene en los brazos indica una sola dirección. Ahí entendemos que lo que Cristo está diciendo es definitivamente algo que implica una conexión.
Sigamos con el ejemplo que nos da el Señor Jesús y tratemos de reflexionar juntos, mis hermanos, que para eso es la homilía, tratemos de reflexionar en nuestro corazón cómo es esa conexión.
El dolor del parto, la alegría del niño que ha llegado al mundo. Hay un dolor, hay una alegría, ¿qué conexiones hay ahí? Este dolor floreció en esa alegría. Esa alegría no me hubiera llegado sin este dolor.
¿Ves la conexión que hay? No es del modelo estoico "y aguanto, aguanto que ya se acabará este maldito tiempo, yo aguanto; ojala no hubiera llegado nunca ésta desgracia, pero yo aguanto aguanto; ya se acabó, ahora sí viene el gozo". Ese es el modelo pagano.
En el modelo pagano el sufrimiento únicamente aparece como un estorbo que debería no estar, pero, ah, llegó, aguantarlo, a aguantar esa porquería. Es una maldición la vida humana; aguantarlo.
Yo aguanto la desgracia de sentirme mal, la desgracia de la enfermedad, la desgracia de la muerte, la desgracia de que no me quieran, la desgracia de que me traicionen, la desgracia de que no llegue eso que yo esperaría; yo aguanto eso, me lo aguanto".
Pero lo aguanto sin verlo, lo aguanto con los ojos cerrados lo aguanto renegando y maldiciendo por dentro, lo aguanto diciendo: "Esto no debería estar, no debería estar, no debería estar, ¿cuándo se acabará?" Ese es el modelo pagano. La mujer, cuando da a luz sufre, sufre mucho, pero hay una conexión, este sufrimiento ha traído esta alegría.
Salvo casos de locura, una mujer, una mujer no diría -si nos situamos en el contexto de Jesús, no en las técnicas de la ginecobstetricia del siglo XXI-, una mujer no diría: "Mire, este sufrimiento está muy grande, más bien mátenme, que se muera chino y mamá y de todo aquí y acabamos con este sufrimiento".
La mamá no hace eso, la mamá no quiere que se acabe el sufrimiento porque sabe que ese sufrimiento apunta, es un sufrimiento penetrado por la luz, penetrado por la fe.
Allí aparece entonces una enseñanza cristiana básica: el modo cristiano de sufrir. El modo pagano ya sabemos cuál es: cerrar los ojos, apretar los dientes, maldecir por dentro, soportar y esperar a qué esta vaina se acabe; ese es el modo pagano.
Un modo ciego, un modo ciego que es el modo que conoce la gente, porque el mundo se está volviendo pagano, en parte no ha salido el paganismo y en parte está retrocediendo el paganismo.
Un modo ciego. No entender nada, no mirar nada, no penetrar nada, no buscar nada, sino simplemente apretar ojos y dientes, apretar los puños y decir: "Pues me aguantaré".
Jesús tiene un modelo distinto. Parece que Jesús nos dice hoy en esta palabra es: "¿Le has encontrado la fecundidad a la contradicción? ¿Le has encontrado la fecundidad al dolor? ¿Le has encontrado la fecundidad al arrepentimiento, a la amargura, a la depresión, a la soledad? ¿Has buscado cuál es la fecundidad de? ¿O simplemente tienes los ojos cerrados y apretados junto con los puños y los dientes y estás al modo pagano diciendo ¿cuándo acabará esto?"
Pues Jesús nos dice: "Por ahí no es, por ahí no es. El parto apunta al nacimiento, hay una conexión, y por tanto, en la perspectiva de Jesús, sólo saldrás de tu sufrimiento cuando estés dispuesto a reconocer fecundidad en tu sufrimiento, cuando estés dispuesto a decirle: Señor, de acuerdo, de acuerdo, esto tiene una fecundidad, yo no se cuál es, esto tiene una fecundidad, muéstrame tú cuál es, muéstrame esto para qué sirve, esto hacia dónde apunta".
"Conduce esto hacia dónde tiene que llegar; conduce esto hasta su flor y su fruto". Sólo cuando el ser humano dice eso, sólo cuando el ser humano dice: "Señor, estoy dispuesto", ojo, "estoy dispuesto, Señor, a vivir este momento de tal manera, que cuando termine este sufrimiento, yo pueda decir: gracias".
Sólo así seremos discípulos de Cristo, si no, vamos a ser discípulos de Séneca o discípulos de Rambo.
Fíjense cómo sufren los héroes de las películas. Yo me acuerdo, por ejemplo, de Rambo: lo amarran a una rueda de la que se le pueden poner no sé cuántos voltios, una tortura espantosa y ahí está Rambo amarrado, y le ponen corriente y entonces él se retuerce de dolor, ahh, cesa el dolor; y le ponen más corriente y vuelve y suelta, y le ponen más corriente; pero al final uno ya sabe en qué va a acabar Rambo.
Rambo va a acabar con una ametralladora destapándole la tapa de los sesos a esos desgraciados y diciendo: "Ya, se mueren todos", como quien dice: "Ustedes no debieron haberme hecho esto, ¿no sabían que se estaban metiendo con Rambo? Qué, ¿no conocen a Rambo? Rambo soy yo, Rambo es duro. Ese es el modo Rambo, el modo Rambo de sufrir.
El modo cristiano es otro, es el de la mujer. Mientras que el idea pagano para el sufrimiento siempre es el del hombre y el del soldado, el modelo de Jesús es el de la mujer que da a luz, el de la mamá. Mientras que el modelo del mundo es un acorazado que resiste todo y que sí muere, ¿cómo es que dice el águila solitaria? "Matar, morir es la ley de mi raza", ¿no?
Mientras que el modelo pagano es el del soldado, el del gladiador, ese es el modelo pagano, el de un hombre y un hombre insensible o un hombre más allá del dolor, el modelo de Cristo es el de la mujer, la mujer sensible, la mujer que le duele, le duele el parto, le duele, y sufre, pero es fecunda, y trae alegría al mundo.
Rambo trae otro imperio al mundo: "Ustedes, desgraciados, que me atacaron a mí, se mueren ahora, se mueren, se acaban".
La mujer sufre y le da un hombre al mundo, la mujer es fecunda, la mujer da, la mujer hace crecer; Rambo anula, cancela. La lógica de Rambo es: "O usted o yo"; la lógica de la mamá es: "Yo y mi hijo", o mejor, "mi hijo y yo".
La lógica de Jesús es: "Y...", es inclusiva, "cabemos juntos". Jesús obró como una mujer cuando da a luz; la lógica del mundo es Rambo, es exclusiva: "O ustedes, desgraciados que me torturaron, o yo, que ahora tengo la ametralladora y los voy a despedazar".
Hay una conexión, pues. Jesús quiere que encontremos una conexión entre la tristeza y el gozo. Quiere que encontremos todavía más –y a esto parece que han llegado Santos muy grandes, ¿por qué no mencionar, por ejemplo, a Santa Catalina de Siena y tantos otros?
Hay una conexión muy profunda, muy profunda, que los grandes santos, los grandes, pero los grandes, grandes han llegado hasta este punto del cual, pues yo me siento muy lejano, para qué vamos a decir mentiras. Es descubrir que el motivo, miren lo que voy a decir, que el motivo de la tristeza se convierte en motivo de alegría, el motivo de la tristeza es el motivo de alegría.
Ejemplos de esa locura que sólo la da el poder del Espíritu Santo obrando en el corazón de las personas. Ejemplos: en una persecución en Japón, donde pronto irá usted edicar a Cristo; en una persecución en Japón los verdugos quisieron devolverles a la cara a los cristianos lo que predicaban.
Entonces dijeron: "Ustedes predican a un Señor que se llamaba Jesús y que lo mataron en una cruz, pues vamos a matarlos a ustedes en una cruz para que ustedes vivan lo que predican". Y eso les pareció simpatiquísimo, y empezaron a crucificar a los misioneros.
Después de horrendas humillaciones y torturas, cuando uno de ellos estaba crucificado, en esa escena sangrienta, espantosa, le dijo a uno de sus compañeros: "Estamo viviendo la hora de Jesús, para tí es esta frase, hermano: "Hoy estarás en el paraíso" San Lucas 23,43.
Y el otro, que estaba chorreando sus últimas gotas de sangre, empezó a alabar a Dios porque le permitía vivir el Evangelio y le permitía entender como nadie lo que Jesús había dicho en esa frase.
Es decir, analicemos ese caso. ¿El motivo de la tristeza cuál es? Hombre, que es bastante desagradable que a uno le den palo y que luego lo crucifiquen. Porque fue así, perforando la carne y despedazándolos como a Jesús, eso pues produce dolores intensísimos; pero el mismo motivo del dolor en ese hombre fue el mismo motivo de la alegría: "¡Estoy viviendo una página del Evangelio ya, en este momento".
¿Qué le pasa a una persona así? El evangelio de hoy nos lo dice: "Vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría" San Juan 16,22.
Aquellos japoneses querían acabarles la sonrisita y la pendejadita y el cántico y la alegría: "Ah, con que muy cristianos, muy gozosos, y ahora vamos a darles palo y a matarlos como se murió el Maestro de ellos".
Quisieron acabarles la alegría, y aquel hombre, cuando chorreaba sus últimas gotas de sangre, ya sin alientos, pudo dar testimonio del gozo que tenía, es decir, no le lograron quitar la alegría, no perdió la alegría. ¡Ese es el camino para tener una alegría que nadie nos puede quitar!
Cuando el motivo de la tristeza, eso lo tienen los mártires, lo tiene los grandes santos, los grandes penitentes, los grandes místicos; nosotros, o por lo menos yo, estamos muy crudos, pero eso no nos impide admirar a estos grandes.
Mire: el motivo de la tristeza era el mismo motivo de la alegría, de manera que cuánto más querían entristecerlos, más se alegraban, porque como el motivo era el mismo. Esa es la gente invencible, esa es la gente que transforma el barro de este mundo en una vasija llena del tesoro de Dios.
Esa es la gente que conoce la verdadera alquimia, Esa es la gente que puede hacer del agua vino, esa es la gente que necesitamos para proclamar el Evangelio, para llegar hasta los últimos confines de la tierra. Ellos son. Y nosotros, con el poder del Espíritu, con el amor de Cristo, nosotros podemos ser de esas personas: gente que hace el curso.
Resumamos, resumamos cuál es el curso. El curso es: "evita la respuesta pagana ante el sufrimiento, evítala. Séneca se suicidó. Evita la respuesta pagana. La respuesta pagana siempre termina en el suicidio, evítala, es decir, evita apretar puños ojos y dientes, maldecir y decir: "Tendré que aguantar". Ese no es el camino. Punto número uno.
Punto número dos. Hay una fecundidad en tu dolor, en todo lo que a ti te duele, ¡todo! En todo hay una fecundidad, esta fecundidad, si tú la esperas de Dios, de Dios, no de nadie más; Si tú esperas esa fecundidad de Dios, si la pides como piden los amigos, como piden los hijos, como piden los discípulos, no como exigen los que pretenden tener un contrato con Dios; si tú la pides, Dios te la da.
Y tercero. Si quieres llegar hasta la madurez, sigue el camino de los mártires de los penitentes y de los místicos, y que el Espíritu Santo te conceda un día la gracia, de modo que el motivo de tus tristezas sea el mismo motivo de tus alegrías; en ese momento, se cumplirá en ti Juan, capítulo dieciséis, versículo veintitrés. Nadie te podrá quitar esa alegría.