P065002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19970509

Título: Nacer para la tierra y nacer para el Cielo

Original en audio: 3 min. 32 seg.


Las palabras de Jesucristo hacen una comparación entre el amor y la fecundidad de la madre, y el amor y la fecundidad de la Redención. Puede decirse que Cristo está comparando el amor que nos trae a esta vida, con el amor que hace posible la vida eterna.

Las mamás, nuestras mamás, nos han engendrado para esta tierra. La gracia de Dios que brota de la Cruz de Jesucristo, nos ha engendrado para el Cielo.

Cada persona entonces, tiene que nacer dos veces. Y por eso Cristo le decía a Nicodemo en ese capítulo tercero de Juan, que "había que nacer de nuevo" San Juan 3,3, San Juan 3,7. Porque hay que nacer una vez para la tierra, pero otra vez para el Cielo.

De ahí que la labor de la mamá se completa, no cuando ha dado a luz para esta tierra, sino cuando engendra a sus hijos para el Cielo. Eso, precisamente, es lo que han hecho nuestras madres cuando nos enseñan a creer y a confiar en Dios, cuando nos enseñan a orarle, a escuchar su Palabra y a ponerla en práctica.

El amor, y sólo el amor, es el que hace posible la vida. Pero ese amor va unido al dolor; no sólo el dolor de dar a luz, sino los dolores, las incomprensiones y las dificultades que las mamás muchas veces han sufrido con nosotros. Porque uno tarda algunos años en entender el significado de lo que ellas han hecho.

Mas ese dolor no es perdido. Ese dolor da su fruto. Ese dolor es fecundo y se convierte así en alegría. De la misma forma, el dolor que Cristo, Nuestro Señor, sufrió por nosotros en la Cruz, parecía un dolor perdido, parecía una muerte inútil. Pero Cristo no estaba muriendo en vano. En su muerte estaba dando a luz, estaba trayendo a la luz un mundo nuevo.

Este es un día para fijar nuestra mirada en el amor, y para agradecer el amor. Este es un día para pedirle a Dios que nos haga sensibles al amor, que nos haga sensibles a ese amor que hizo posible que nosotros estemos en esta tierra, y a ese amor que nos conduce hacia los Cielos.

¡Gracias a Dios en este día! ¡Bendito el don de la maternidad en la tierra, y bendito el don de la fecundidad en los Cielos!

Amén.