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Fecha: 20110602

Título: Tenemos que aprender del Apostol San Pablo las caracteristicas que debe tener un buen misionero

Original en audio: 4 min. 27 seg.


Estamos siguiendo el recorrido del Apóstol Pablo, quien es un instrumento escogido por Dios para que se cumpla aquello que leímos al principio del libro de los Hechos de los Apóstoles. Jesús dijo a sus Apóstoles: "Serés mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaría y hasta los confines del orbe" Hechos de los Apóstoles 1,8.

Nuestro interés en Pablo no es únicamente histórico, no se trata solamente de recorrer las aventuras o las desventuras de un hombre de hace dos mil años; se trata también de aprender nosotros, porque si bien es cierto que todos tenemos que ser discípulos del único Maestro que se llama Jesucristo, pues también tenemos que ser todos misioneros de ése único Apóstol del Padre que es Jesucristo.

Por algo Él dijo a los Doce: "Así como el Padre me ha enviado, yo los envío a ustedes" San Juan 20,21. Y hay que sentir lo mismo que dijo Pablo en algunos de sus escritos: "El amor de Cristo nos apremia" 2 Corintios 5,14.

Por eso, viendo las dificultades en la expansión del Evangelio, tenemos que aprender también nosotros varias cosas, por ejemplo, que hay que luchar, hay que poner de parte de uno, y por qué no decirlo abiertamente, hay que sufrir. Decía Pablo a alguno de sus colaboradores: "Toma parte conmigo en los duros trabajos del Evangelio" 2 Timoteo 1,8. Es importante que es palabra se te pueda aplicar a ti también.

Ahora por ejemplo, a la altura del capítulo diecisiete de los Hechos de los Apóstoles, lo encontramos trabajando en la ciudad de Corinto. Corinto era un puerto, tal vez el puerto más famoso, tal vez el más importante de la Grecia de aquel tiempo, y es posible que su importancia no haya decrecido a lo largo de los siglos.

Corinto no solamente era un lugar de intercambio de mercancías, como son los puertos, sino también un lugar de intercambio de ideas; la tarea se anunciaba bastante difícil.

Y Pablo llega, en cierto sentido, lastimado en su ser de Apóstol, lastimado por el fracaso de Atenas. En Atenas, Pablo había desplegado lo más sublime de su doctrina, lo más perfecto, hasta cierto punto de su elocuencia, tanto, que el discurso que Pablo hizo en Atenas es considerado como un modelo de oratoria, pero un modelo de oratoria que no produjo el fruto que se quería.

Entonces Pablo podemos decir que cambia de estrategia: en Corinto actúa con un perfil más bien bajo, trabaja con sus propias manos,-él era tejedor de esas tiendas de campaña-, junto a dos judíos que habían sido expulsados de Roma, en la persecución del emperador Claudio, era un hombre llamado Aquila y una mujer llamada Priscila.

Y Pablo, entonces, empieza desde esa postura humilde, no entra por la puerta grande, entra por la puerta del servicio, indudablemente, de la oración, y sobre todo, arroja de un modo todavía más completo su confianza en el Señor.

Estas son características de un verdadero misionero, características que nosotros tenemos que aprender y que podemos aprovechar. Así como Pablo para su obra de evangelización aprovechó el oficio que sabía hacer, esto de tejer tiendas, pues, lo mismo cada uno de nosotros allí donde se encuentre, tiene que saber hablar de Cristo a los compañeros de trabajo, y sobre todo, tiene que aprender a confiar solamente en el poder de la oración y en la gracia del Espíritu.