P064002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19980521

Título: Evangelizar es dolerse por la perdicion de mundo, por el pecado del mundo, por la idolatria del mundo

Original en audio: 36 min. 31 seg.


Amigos:

Hay algo que tienen en común las dos lecturas que acabamos de escuchar, nos hablan de alegría y de tristeza, nos hablan de momento de gozo y de momentos de lucha y de dificultad.

El Evangelio es la aventura más fascinante que puede tener una persona humana, el Evangelio es el camino más extraño y al mismo tiempo el más simple, lo que sucede es que el mundo se ha vuelto tan complicado pero simple para lo extraño.

El Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo pasa por muchas aventuras, pasa por aventuras de tristeza y pasa por pasajes de alegría también. Hay conversiones inesperadas y hay terquedades insalvables, hay barreras indestructibles y hay caminos que de pronto se abren.

El señor Jesús comparó una vez el Evangelio a la más pequeña de las semillas, la semilla de mostaza, que de pronto se convierte en el árbol más grande.

Comparó la obra del Evangelio también al trigo que crece junto con la cizaña, comparó el Evangelio también con una perla preciosa que hace que quien la encuentre venda todo lo que tiene para adquirirla, pero el Evangelio siendo la mejor y la más grande de las noticias, siendo la noticia que lleva el universo, es también un secreto.

Yo quisiera compartir con ustedes exactamente esta idea. El Evangelio, que es la más grande de las noticias, es al mismo tiempo un secreto, no se acredita por su presentación, por su empaque.

¿En dónde va empacado el Evangelio? En la vida humana, son vidas humanas como la de Pedro, Pablo, Timoteo; su empaque es discreto, es sencillo, no tiene grandes pretensiones, sin embargo, como dijo el Apóstol San Pablo, en esa vasija de barro va todo un tesoro.

Hay veces que queremos recibir al Evangelio como una gran noticia, que cambie, que resuelva, que transforme todos los problemas que conocemos, y en esos momentos nos parece que es inútil; por ejemplo, cuando uno se pregunta: "¿Bueno, pero cuántos años de cristianismo y en qué ha cambiado la historia de la humanidad realmente?"

Pero cuando creemos que el Evangelio es demasiado pequeño, entonces resulta que es capaz de cambiar las vidas de muchas personas, también de ti y de mí.

Aceptemos el Evangelio como ese misterio, aceptemos el Evangelio como ese secreto; hay momentos en que parece todo claro, como por ejemplo cuando en las épocas de esplendor de la teología, parece que tenemos como todo explicado, como que todo encuentra su lugar, como que todo encaja.

En la obra teológica de un santo como Tomás de Aquino, todo parece tener su sitio y todo parece encajar y de alguna manera todo parece estar claro, pero cuando pasa el tiempo, y resulta que todo parece estar oscuro y confundido; pero yo pienso en el tiempo que estamos viviendo, es decir, en estos días nuestros, los que nos correspondió vivir, yo pienso que estos son días para vivir el Evangelio como ese secreto, como ese misterio.

Los nuestros no son tiempos de completa y gran claridad, sino tiempos de confusión, tiempos donde que las cosas están muy revueltas, y por eso nos corresponde a nosotros vivir el secreto del Evangelio sin grandes pretensiones, pero con grandes aspiraciones.

¿Qué es tener grandes pretensiones? Creer que vamos a tener una gran estructura, creer que vamos a lograr resultados visibles en esta sociedad, tierra y en este mundo, resultados que van a acreditar nuestra opción ante las demás personas.

Pero yo creo que lo mejor es darle nombre propio a estas opciones, este grupo protestante que se llama “Los Hombres de Negocios del Evangelio Completo”, es un modelo de grandes pretensiones.

Es decir, "yo creo en el Señor Jesús, y eso hace que todo en mi vida florezca, que todo me vaya bien, y así nos estamos uniendo unos con los otros y nos vamos conociendo, y entre todos hacemos una gran obra"; eso se llama tener grandes pretensiones.

Así no es. La Iglesia, de arriba abajo tiene que aprender a caminar descalza, humilde.

Estamos cansados de los privilegios, de las pompas, estamos cansados del obispo lejanísimo, del sacerdote inaccesible, estamos cansados del modelo jerárquico lejano, eso no le dice nada a nadie; y si pretendemos repetir en las estructuras laicales o en asociaciones de seglares, si pretendemos repetir lo mismo, no estamos haciendo nada.

Yo ya conozco varios sacerdotes y laicos que están llenos de grandes pretensiones: “Y vamos a hacer, y luego haremos, y después de eso levantaremos, y luego construiremos”; esas son grandes pretensiones. No es así.

Miremos cómo llegó Pablo a evangelizar Corinto: haciendo tiendas, casas de fieles, oficios manuales. Rechazado, echado de una parte y llegando a otra.

A mí me parece que nuestros tiempos se parecen mucho a los tiempos del Apóstol Pablo y, sobre todo, en una ciudad como Corinto, Corinto era la ciudad de las grandes confusiones, allá llegaba cuanta religión hay en esta tierra, como sucede hoy.

Amigos, este no es tiempo para grandes pretensiones. A mí como sacerdote me tienta eso, tú sabes lo que es sentir que uno dirige, coordina o lidera una inmenso movimiento, una gran estructura, una fraternidad gigantesca, es una tentación de mundo, poder y esta tentación le llega a uno de sacerdote; pero no sólo a uno sino también muchas otras personas les llega esta tentación dentro de la Iglesia.

No evangelicemos con grandes pretensiones, pero sí evangelicemos con grandes aspiraciones.

Hace poco, en la primera lectura de la Santa Misa, se nos mostraba el Apóstol Pablo cuando recorría las calles de Atenas, Atenas repleta de ídolos, repleta de templos a los dioses paganos y Pablo caminaba por Atenas; ¿y qué dice San Lucas? Que a San Pablo se le dolía el corazón, se le recomía el corazón por dentro.

Amigos, cómo explicábamos que la fuerza que conquista al mundo es esa, que la única manera, la única grandeza que Dios le ha permitido a la Iglesia, es la grandeza del amor, que cualquier otra grandeza que busquemos en edificios, en publicaciones, en número de personas, en amistad entre nosotros, todo eso es carne y es mundo y no convierte al mundo.

Jesús dice: “Os aseguro que vais a llorar y afligiros mientras que el mundo va a alegrarse” San Juan 16,20, ese es el sello del verdadero evangelizador.

“Os aseguro que vais a llorar y afligiros” San Juan 16,20, le dijo Cristo a los que son fuente de toda evangelización para todos los siglos; “os aseguro que vais a llorar y afligiros” San Juan 16,20.

Si tienes un amor suficiente como el de Pablo para llorar por los ídolos que se reparten en las calles de las Atenas de hoy, si tienes un corazón que pueda dolerte del pecado de tu hermano, eres un evangelizador.

Pero si no tienes eso, ya puedes llenarte de libros, o de canciones, o de amigos, o de enseres, o de computadores; ya puedes llenarte de instrumentos, de estructuras, de reuniones, de asambleas, de consejos, ya puedes llenarte de equipos coordinadores, nada vas a lograr.

Dios sólo le dio permiso a la Iglesia de tener una grandeza, una, la grandeza del amor, cualquier otra grandeza que tenga la Iglesia, cualquier otra grandeza que pretenda tener la Iglesia, cualquier otra grandeza que pretenda tener el cristiano, se vuelve en contra suya.

En la Biblia hay un santo fantástico, literalmente fantástico, que lamentablemente no tiene día propio para que lo celebremos, San Felipe diácono, no San Felipe Apóstol, San felipe diácono.

Los Hechos de los Apóstoles nos cuentan de este diácono, que fue el que bautizó a aquel etíope que iba en un carro y que iba leyendo el libro del profeta Isaías y se encontró con el diacono Felipe y Felipe le evangelizó y lo bautizó.

Lo más hermoso de esa historia es la agilidad de Felipe, la movilidad de Felipe. Felipe recibió del Espíritu Santo uno de los dones mas extraños, yo no sé qué nombre tiene eso, no le conozco ningún nombre, pero es el mismo don que el Espíritu Santo le dio al profeta Elías, podríamos llamarlo un don de volatilización o algo parecido.

Eso raya con la ciencia ficción, es uno de los dones mas extraños, casi tan extraño o paralelamente extraño al don de ubicuidad y que Dios le ha dado a algunos santos como a San Martín de Porres, que estuvo en dos lugares al mismo tiempo, hecho probado históricamente, ¿cómo sucedió? Nadie lo sabe, pero de que sucedió, sucedió.

Pues así existen dones extrañísimos del Espíritu Santo y uno ve como ese don de volatilización, que el Espíritu Santo le concedió al diácono Felipe. Este don que tuvo el diácono Felipe, el mismo don que tuvo el profeta Elías, consiste en que la persona puede recorrer grandes distancias de manera inexplicable.

Si su fantasía se va a viaje a las estrellas, está pensando en lo correcto, esa es la idea, la persona se desaparece literalmente y aparece en otro sitio.

Es uno de los dones que manifiesta más claramente la infinita soberanía del Espíritu Santo, que llega a vencer todas las leyes de la física y de la materia.

¿Por qué estoy hablando del diácono Felipe? Porque el diácono Felipe, lo mismo que el profeta Elías, recibió de Dios este don que hace que una persona humana en esta tierra, llegue a parecerse a la movilidad y agilidad que tienen los Santos Ángeles.

Ese es un evangelizador, alguien liviano, alguien que puede volar, alguien a quien Dios puede quitar de aquí y poner allá, ese es un evangelizador, alguien infinitamente atento a la voz de Cristo, alguien infinitamente libre en el aura del Espíritu, en el viento del espíritu para salir y volar.

Pero el caso del diacono Felipe y del profeta Elías, esa maravilla sucedía al pie de la letra con sus cuerpos. Nosotros, por lo menos, por lo menos, digo yo, en la disposición de nuestro corazón estemos así. ¿Y qué pasa? ¿Por qué Dios necesita que nosotros sólo tengamos la grandeza del amor? Porque nos necesita livianos, volátiles, ágiles; la evangelización requiere agilidad, sobre todo hoy.

A varios de ustedes personalmente les he dicho algo que ahora quiero comentar con todos: que ahora en algún sentido me siento como un guerrillero de Dios o algo parecido.

Tal como están los tiempos hoy, necesitamos cristianos católicos convencidos, ágiles, gente que sepa meterse hasta el último rincón, desaparecer como Felipe, gente que pueda sembrar una inquietud y volar, gente que pueda hacer un milagro y desaparecer.

Estos no son tiempos para crear grandes y pesadas estructuras. Otra cosa, el Apóstol San Pablo tenía dos oficios, un oficio para esta tierra y un oficio para el cielo, el oficio para esta tierra era hacer tiendas de campaña y el oficio para el cielo era evangelizar; pero estos dos oficios se parecen, porque Pablo, cuando evangelizaba, evangelizaba como en tienda de campaña.

Estos oficios se parecen, hay que saber hacer la tienda de campaña y hay que saber desarmarla, hay que saber vivir sin mucha estructura y hay que estar livianos porque vamos a ser perseguidos.

Hay que estar muy livianos, no hay que hacer mucho ruido, hay que saber meterse hasta el último rincón, inyectar la medicina de Jesús y saber perderse; necesitamos obrar con rapidez, con precisión, con inteligencia, necesitamos eso, y necesitamos gente así, metidas en muchos lugares, lugares que están más cerca de la Iglesia y lugares que están más lejos de la Iglesia.

Yo les invito a que piensen en grande, a que sientan en grande; pero no edifiquen en grande. San Pablo yo creo que sabía de evangelización porque no hizo grandes estructuras.

No hagan grande estructuras, no se amarren, se los digo por amor del Señor, no se amarren a las estructuras de este mundo, todo lo que pertenezca o tenga que ver con la asociación de Kejaritomene yo quiero que sea como una tienda de campaña de San Pablo, algo que pueda desaparecer en cualquier momento.

Muchos católicos fueron perfectamente conscientes de que el Comunismo era incompatible con la fe católica, pero muchos católicos se han dado cuenta de que el sistema económico neoliberal es incompatible con la fe católica.

Esto quiere decir que vivimos en un mundo que no nos quiere, que no nos acepta, en un mundo para el que nosotros muchas veces somos un estorbo, y yo esto lo he podido ver claramente: cuanto más clara se vuelve la opción de una persona, más fastidiosa se vuelve, y más continua y profundamente es marginada.

El Papa Juan Pablo II vivió su juventud en un país comunista, un país que no quería a Dios, era un país de mayoría católica; pero bajo un régimen comunista.

El papa Juan Pablo II, cuyo cumpleaños es en este mes, 18 de mayo, el Papa hizo su seminario a escondidas, él no pudo ir a una institución como al Seminario Mayor como el que nosotros tenemos, trabajaba en minas picando y recogiendo piedras, casi como un condenado, así trabajó el Papa, y de noche.

Con la colaboración de algunos amigos católicos y con otros que veían en él un buen corazón, de noche preparaba sus materias de formación sacerdotal sin que nadie supiera, en ese tiempo nadie podía saber, y luego, una ordenación sacerdotal como a escondidas.

Esas estructuras que tuvo que vivir la Iglesia bajo el Comunismo, de alguna manera son estructuras que también nosotros, en este régimen anti-Dios, porque esto es anti-Dios lo que estamos viviendo, nosotros tenemos que aprender a vivirlo.

Bueno, entonces alguien dirá que ese padre lo que necesita es un análisis psicológico, porque el tipo está paranoico, el hombre siente que lo están persiguiendo a todas horas. Hagan revisar a ese padre, por favor.

A quien así piense, yo le invito a que se haga esta pregunta: ¿usted qué ha hecho seriamente por su hijo? No me diga, no me responda: "Yo asisto a un grupo de oración y yo voy asisto a los congresos católicos que se organizan"

Los congresos todavía no han empezado a cambiar a la sociedad. Yo amo a los congresos, ya les decía esto en otra ocasión, hago que se predique el nombre de Jesús y que se celebre, pero este mundo sabe cuándo uno empieza realmente a cambiar y cuando no.

Que tú vas semanalmente y que alabas y cantas, eso no tiene nada de raro, semanalmente miles de jóvenes, muchísima más gente de la que va a los grupos de oración juntos, van a las discotecas o tabernas, o como se llamen, a maldecir a Cristo.

De manera que unos tres o cuatro bobos que alaben a Cristo no hace mucho peso frente a los otros cientos o miles que maldicen o blasfeman y que no hacen una vida serena.

¿ Tú qué crees que le pasaría a esta tierra, donde tú y yo empezáramos a vivir de una manera tal que los negocios, esos negocios de pecado y de muerte empezaran a cerrar? Ahí verías tú lo que es persecución.

O sea que claro, que no hay persecución, claro que la persecución no se ve, ¡qué se va ver! ¿No ve que nosotros somos cómplices? Y digo que somos cómplices porque no estamos haciendo efectivamente nada que produzca resultados.

Cuando recoja los intereses de las personas que viven en el pecado y cuando a una persona empieza a hacer algo la matan, como al obispo de Arauca aquí, como los sacerdotes asesinados aquí en Colombia, como el obispo de Guatemala masacrado por denunciar problemas en contra de los derechos humanos, por situaciones de violencia.

Claro que no hay persecución, si tú vas en la colonia comunista, en la colonia aquella, si tú en esa colonia te pones a decir: “¡Qué buen sistema en el que estamos!” “¡Qué bien que van las cosas!”

Claro que no te iba a pasar nada, lo grave es que dijeras lo contrario, lo grave era oponerse, eso era lo grave y eso sigue siendo lo grave aquí, ¿y oponerte qué trae? Dice el Señor Jesucristo: “Os aseguro que vais a llorar y afligiros” San Juan 16,20.

Hasta que te vea yo llorando por el pecado del mundo, hasta que no te vea afligido por el pecado del mundo, no creeré que seas un evangelizador, ya podrás realizar todos los congresos que quieras y además, por favor, invítame; ya podrás organizar jornadas, congresos. Si son cosas buenas y saludables podemos hacer encuentros, mariápolis, retiros.

Todavía no hemos tocado los verdaderos problemas, todavía no le hemos dañado el negocio al mundo, cuando le dañemos el negocio al mundo empezarán a aparecer cristianos descuartizados, torturados, desaparecidos, asesinados.

De manera que hasta que no se cumpla esta palabra de Cristo, yo no creeré que el Evangelio realmente ha prendido en los corazones de nosotros.

O sea mis amigos, que hay que prepararse para esto; aqupi dice, mire: “Os aseguro que vais a llorar y afligiros mientras que el mundo va a alegrarse estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría" San Juan 16,20.

El Fundador de nuestra comunidad, fue un hombre que recibió de Dios esa gracia de llorar y afligirse. Entre los muchos dones que el Espíritu Santo le regaló a Santo Domingo de Guzmán, fue de dolerse y llorar por los pecados de las otras personas.

Era un hombre con una capacidad casi inimaginable de oración, oraba muchísimo, con todo su cuerpo, con toda su voz, con todo su corazón, con todas sus palabras.

Santo Domingo pasaba muchas noches, muchísimas noches orando en las iglesias, algunas veces, los frailes se despertaban en medio de la noche por los gritos de dolor, gemía Santo Domingo pidiendo a Dios perdón, porque se sentía pecador, y pidiendo misericordia para los difuntos, y diciendo esta exclamación: “Dios mío, misericordia, ¿qué va a ser de mis pecadores?” ¡Ese es un apóstol!.

El empezaba orando casi en murmullo, pero la vehemencia del fuego que le invadía, hacia que levantara la voz y algunas veces los gritos de su dolor despertaban a los frailes, se le veía postrado ante el altar rogando, intercediendo y suplicando con lágrimas en los ojos: “¿Que será de los pecadores?”

Santo Domingo en este momento estaba cumpliendo lo que dice el capitulo 16 del evangelio de Juan: “Os aseguro que vais a llorar y a afligiros” San Juan 16,20, cuando esto suceda seremos evangelizadores. ¿Y qué va a pasar después? Lo que va a suceder después es que nosotros entenderemos que la única ley y la única norma que cambia los corazones es el amor.

Amigos, el que les habla es un pecador, desde luego, y ustedes conocen muchísimas faltas que yo he tenido, desde luego yo ne me enorgullezco de eso. pero el que les habla es una persona difícil de convencer y el que les habla siente y sabe reconocer cuándo esta palabra de Jesús se cumple.

El que quiera trabajar conmigo que me muestre los ojos llorosos, que me muestre que es capaz de llorar por el pecado del mundo, que no sólo se duela por sus problemas ni por sus enfermedades.

El que quiera realmente trabajar conmigo, el que quiera hacer algo eficaz por este planeta, que me muestre que es capaz de dolerse, que es puede de trasnocharse por el pecado del mundo, que me muestre que tiene dentro de su corazón un amor que le quema, muéstrame eso y yo sabré que tú evangelizas.

Los demás proyectos, y planes, y ministerios, y programas, y todas las cosas que tengamos en Kejaritomene, son infinitamente secundarias, son tiendas de campaña.

Muéstrame que te duele el mundo, muéstrame que te preocupa la perdición de la gente, muéstrame que se te recoge el corazón viendo los ídolos en esta ciudad, muéstrame que puedes consumirte como un cirio por la intercesión por todas esas personas, muéstrame que te estás muriendo junto a la Cruz, hasta entonces creeré que la Pascua de Cristo te va a resucitar.

Pero mientras no haya ese celo en nosotros, fomentar las estructuras, multiplicar las reuniones, es simplemente hacernos visibles ante el enemigo.

En la Iglesia Católica hay demasiadas reuniones, falta más fuerza, lágrimas, dolor, dice aquí: “Vais a llorar y afligiros” San Juan 16,20; falta eso, falta llanto y dolor, falta profundo llanto y dolor por el pecado del mundo.

Una reunión de cinco minutos, llena de este llanto, puede transformar un par de pecadores, puede hacer nacer una nueva comunidad, una nueva Iglesia.

Mis amigos, este llanto de intercesión, este dolor de amor, uno no se lo puede inventar, uno puede inventarse estructuras en las que, desde luego, uno es muy importante, uno puede inventarse asociaciones en las que uno lleva el pequeño titulo de director, uno puede inventarse trabajos en los que uno es el líder; pero uno este amor no se lo puede inventar, este amor sólo se lo puede dar el Espíritu Santo. Pidámosle al Señor Jesucristo que nos dé de este amor.

El Evangelio es grande, claro que es grande, es para cambiar todo el cosmos, es para que la creación entera se haga Eucaristía, dije que era grande, pero también dije que es un secreto, ese secreto es un soplo de fuego del Espíritu Santo.

Cuando un alma tiene eso dentro, cambia el mundo, cuando aprendes a salirte de tu pequeño círculo de intereses y empiezas a pensar en el dolor del mundo y te unes a las Llagas de Jesucristo, entonces te conviertes en un evangelizador. Mientras tanto, nosotros no vamos a suspender los grupos, ni las alabanzas, ni los congresos, ni los retiros, ni los encuentros, nada se va a detener.

Pero si yo, que soy un pecador, puedo decir estas palabras, sobre cómo reconozco quién es evangelizador y quien no, yo sé quién tiene pretensiones de poder y yo no soy nadie; y una cantidad de gente que va teniendo pretensiones de poder en Kejaritomene, y en el Minuto de Dios, y en María Santificadora, y en el Padre Humberto Silva; una cantidad de gente con pretensiones de poder y de importancia, y yo mismo puedo estar tentado y no sé hasta dónde he caído en eso, digámonos la verdad, hay una cantidad de gente que tiene pretensiones de importancia.

Amigos míos, necesitamos lavar nuestro amor en el amor de Jesucristo. Si no te veo muriendo por Jesucristo no te creo, yo no te voy a creer, sigue haciendo tus cosas, sigue diciendo que evangelizas mucho, pero no te creo, te creeré cuando te vea muriéndote de amor por tu Señor, que es también mi Señor, Jesús de Nazaret.

Cuando te vea muriéndote así, entonces daré gracias a Dios y aprenderé de ti. Porque son esas las personas que vivieron la vida con un sentido, esas personas no vivieron en vano, esas personas cambiaron el curso de la historia, esas personas dejaron detrás de ti una estela, una estela de amor y de misericordia, dejaron las mismas huellas, dejaron los estigmas de Cristo, esa es la obra nuestra.

Pero como he dicho, esto es un regalo y es un secreto y ese regalo y ese secreto ¿de dónde lo vamos a sacar? De las Llagas de Jesús, mis amigos, ¿de dónde va uno a sacar un amor así? A uno se le acaba el amor muy pronto, uno empieza y empieza impulsado, empieza primera, segunda…y entonces empieza, y va creciendo la moto de la evangelización del mundo, y en este momento se da uno cuenta que no hay nadie al lado y dice uno: "¿A dónde va?"

El es el tamaño del amor, el de nosotros es amor de ratoncitos asustados. Nosotros vamos caminando como ratoncitos evangelizados y creemos que estamos bien. ¿Dónde conseguir gente que me entienda a mí y con la que yo pueda compartir lo que significa morir por Jesús, morirse por El?

Una vez San Pablo empezó a llorar y en una de esas lloradas decía: “Todos buscan sus intereses, no los de Cristo Jesús” Carta a los Filipenses 2,21.

Yo creo que si nosotros abrimos nuestro corazón y abrimos nuestro cuerpo al Cuerpo de Cristo, si nosotros abrimos nuestras venas a su Sangre y nuestro amor a su amor, yo creo que puede ocurrir en nosotros eso, Él puede cambiarnos.

Amigos, hay mucha escoria que quiere hacerse pasar por oro y hay muchas mentiras, por favor, no es el tiempo de que juzgues cómo evangelizo yo o como evangeliza ella y entonces tú dices: “Ah, eso explica lo que...” Entiéndeme las palabras que te digo, porque las estoy diciendo para ti, no para que tú se las mandes a nadie.

De parte de Jesús que digo: tú, si sigues este camino, vas a llorar y vas a afligirte y el mundo se va a alegrar cuando te vea así, el mundo se va a alegrar cuando vea que Kejaritomene no tiene importancia y no tiene estructura, cuando sucedan los golpes terribles y parezca que todo está muerto, el mundo se va a alegrar y nosotros vamos a estar tristes; pero un día esa tristeza se va a convertir en alegría.

Si Jesús dice esto, yo se lo creo; yo creo que así va a pasar.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.