P063002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20030528

Título: El Espiritu Santo nos lleva a alabar, glorificar y a sentirnos fascinados por Jesus

Original en audio: 18 min. 17 seg.


Hermanos:

Ya sabemos que se va acercando la Fiesta grande de Pentecostés, y las lecturas de estas dos semanas, esta en que estamos y la siguiente, nos ayudan para prepararnos a la Fiesta de Pentecostés. Pentecostés es la efusión del Espíritu Santo. Pero ¿quién es el Espíritu Santo?

Nosotros podemos conocer a Jesús mirándolo. La gente que vivió con Jesús podía mirarlo, saludarlo, oírlo. Estaban delante de Jesús y así lo conocían. Al Espíritu Santo no le tenemos nunca delante de nosotros, como tener ahí un espíritu y mirarlo y conocerlo. ¿Cómo se puede conocer al Espíritu Santo?

Se le puede conocer por las obras que realiza. El Espíritu es como la vida. Los que estamos aquí, estamos vivos. Pero si le pido a uno de ustedes: “-Quiero ver, a ver, señor, quiero ver su vida”. Pues el señor, el caballero al que le hablo no puede sacar la vida que tiene mostrármela y decirme: “-Mire, esta es mi vida”.

La vida es algo que está adentro, es algo que sucede y la conocemos porque sucede, la conocemos porque acontece, por sus obras las conocemos. El Espíritu Santo es vida, es la vida de Dios en nosotros. Y por eso, para conocer al Espíritu, necesitamos conocer las obras del Espíritu. Para eso son, entre otras cosas, las lecturas de estos días, para que nosotros vayamos conociendo la obra y las obras del Espíritu Santo, y nos enamoremos de esas obras.

El Espíritu trae a nosotros una riqueza incalculable, pero nosotros no tenemos que pagar para lograr esa riqueza. Además, ningún dinero del mundo seria suficiente para conseguirla. El precio ya lo pagó Jesús. Así como vamos a recibir una riqueza infinita con el Espíritu, así sabemos que el precio infinito ya lo pago Jesús. ¿Cómo? Con su oración por nosotros, con su sufrimiento en amor por nosotros, con la ofrenda de su Cuerpo y su Sangre y de su propia vida por nosotros.

De modo que el Espíritu es el don más grande, pero es un regalo, para nosotros es regalo, no porque no valga, sino porque su valor, que es infinito, fue pagado con la Sangre de Jesús. Es un regalo. Pero uno no puede valorar un regalo si no le cuentan cómo es, si no lo puede descubrir, y por eso el mismo Cristo con sus palabras, y con su vida entera, nos enseñó a valorar este regalo.

Hoy, por ejemplo, no dijo tres cosas sobre el Espíritu Santo. Nos dijo que el Espíritu Santo nos iba a encaminar hacia la verdad plena; nos dijo que el Espíritu Santo nos iba a dar a conocer lo que está por venir, y nos dijo que el Espíritu Santo va a glorificar a Cristo en nosotros.

Conocimiento pleno de la verdad, una luz sobre lo que está por venir y la capacidad de glorificar a Jesucristo. Tres obras del Espíritu.

Que el Espíritu Santo nos conduzca hacia la verdad plena, es algo muy propio de su acción en nosotros. El Espíritu es como un susurro interior que nos descubre los misterios y nos convence de la verdad de la predicación de la Iglesia.

En el púlpito se dice: “Jesucristo está vivo”, eso lo dice el predicador. Pero se necesita que alguien adentro de ti te repita ese mensaje, te persuada, te convenza, te mueva a creer, te ilumine interiormente, para que tu puedas decir adentro de ti: “Jesucristo está vivo”. Esa es la obra del Espíritu Santo, y así Él nos va conduciendo, a cada uno de nosotros y a la Iglesia, como pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo, la va conduciendo a la verdad plena.

“Ve a confesarte, que en la confesión se destruye el poder del pecado en tu vida”. Eso lo oyeron tus oídos, pero para que lo oiga y lo acepte tu corazón, se necesita la acción del Espíritu. El Espíritu nos da la capacidad de estar convencidos.

Jesús nos dijo también que el Espíritu Santo nos iba a llevar al conocimiento de lo que está por venir. Como vivimos en tiempos de mucha incertidumbre, a veces no sabemos si vale la pena esforzarse. Por ejemplo, muchos jóvenes sienten como si una sombra espantosa, oscura e impenetrable les cerrara el futuro.

¿Vale la pena estudiar, para qué? ¿Vale la pena ser honrado, para qué? ¿Vale la pena casarse, para qué? Hay una tremenda nube de incertidumbre, que por lo menos, en estos tiempos, oscurece la mente.

El futuro parece terrible en términos de economía, en términos de familia, en términos de afecto. Esa nube nos mantiene acomplejados, nos mantiene tristes, y nos mantiene encerrados en nosotros mismos. Esclavos del día de hoy. Esclavos del mendrugo de alegría que podamos conseguir para hoy, porque no nos atrevemos a penetrar en el futuro. Porque el futuro esta dominado por una sombra oscura de temores y de ignorancias.

El Espíritu vence esa nube, y así le devuelve aire a nuestro pulmones. El que tiene el Espíritu respira hondo, no trabaja a media máquina, acomplejado, egoísta, pesimista, melancólico, dudoso. Emprende con gozo su camino, porque el Espíritu vence esa nube de incertidumbre del futuro.

El Espíritu le deja entrever que siempre vale ala pena amar, servir, conocer, buscar la verdad, la sabiduría, la pureza, la ternura, la caridad. El Espíritu vence la nube de incertidumbre y hace que nuestra vida recupere su capacidad y su generosidad.

Hermanos, yo quisiera encontrar las palabras precisas para describirles esta maravilla del Espíritu que nos revela las cosas que están por venir.

El que tiene al Espíritu Santo adentro no es que pueda adivinar todo el futuro, pero recibe la luz necesaria para caminar con gozo, para caminar con empuje y para comunicar a otros fuerza, animo, vida. Y el Espíritu, nos ha dicho la lectura de hoy, nos lleva a glorificar a Jesucristo, darle alabanza a Jesús, sentir fascinación por Jesús.

Amigos, un corazón fascinado por Jesucristo, es un corazón que no se deja engañar. Glorificar a Jesucristo es algo que libera el alma. Si no lo sabias, te lo digo.

¿Por qué? Porque el demonio, para conseguir que nosotros pequemos, siempre tiene que ofrecernos algo. Uno no es malo porque sí, uno no busca el mal porque sí. Uno necesita que le ofrezcan algo, algo. Pero cuando una persona está enamorada del bien, y está fascinada por el Bueno, que es Jesús, dime, ¿cómo la engañas?

Esto se puede entender con una comparación. Imaginémonos el caso de un hombre que es casado, pero que se siente aburrido en su matrimonio, maltratado, incomprendido.

Ese hombre, si de pronto se encuentra por ahí una sonrisa bonita de alguna dama y se encuentra por ahí un perfume agradable, una conversación amable, un cariñito aquí, un detalle allá, y como ese hombre no está feliz en su matrimonio, es muy fácil que se sienta tentado de adulterio, porque no esta feliz.

Pero ahora cambiemos la escena. Imaginemos un hombre que siente que se ha casado con la mujer más bella, más buena; siente que ha encontrado verdaderamente su pareja, su alegría, su mejor compañía.

Ese mismo hombre, si vuelve a encontrar la misma sonrisita, el mismo perfume, la misma conversación, ya no se deja convencer tan fácil, porque se siente feliz con lo que tiene, y por eso no tiene poder lo que le ofrecen. El que está feliz con lo que tiene, no está en venta.

Amigos, el Espíritu Santo hace algo así con nosotros. Hace que nos sintamos felices alabando a Jesús, bendiciendo a Jesús, conociendo a Jesús, amando a Jesús. Y si están felices en el corazón de Jesucristo, los pecados son fáciles de vencer, y las tentaciones casi no tienen poder.

Algunas veces en la confesión escuchamos, que hay gente que dice más o menos esto, digamos con respecto a los pecados sexuales: “Yo soy hombre, como hombre tengo unas necesidades”. Ese argumento ya lo están repitiendo también las mujeres: "Yo soy mujer, como mujer tengo necesidad de ser sexualmente activa".

Bueno, se nos habla de necesidades, pero ¿quién determina el poder de esa "necesidad"? ¿Quién determina el poder de esa necesidad, quién lo determina? Lo determina cómo se sienta la persona en términos de afecto, de amor, de compañía, de paz interior.

Si un hombre, por ejemplo, es muy feliz en su matrimonio, y sigo con mi caso, y tiene que viajar dos meses fuera de la casa, seguramente en dos meses siente necesidades sexuales.

Pero no por eso va a hacer cualquier tontería, porque el recuerdo el amor y la presencia de su esposa y de sus niños, hace que esa necesidad sea perfectamente manejable y no va a salir a revolcarse con una prostituta porque tenga esa necesidad.

Esa necesidad tiene el tamaño que tengan los problemas o las deficiencias afectivas en la persona. Aquel que se siente lleno de problemas, lleno de conflictos, ve la necesidad imposible, gigantesca; aquel que tiene paz en el corazón, aunque tenga la misma necesidad, la ve pequeñita y la puede controlar perfectamente.

Es un ejemplo para decir cómo el Espíritu Santo nos libera. Claro que con Espíritu o sin Espíritu tendremos necesidades; necesidades de dinero, necesidades de cariño, pero con el Espíritu Santo en nosotros, miraremos nuestras necesidades de otra manera.

La presencia de la luz de la Pascua en nosotros, la presencia de Jesús vivo en nosotros, hace que las necesidades se miren de otros tamaño, hace que sintamos paz y hace que venzamos al pecado. El Espíritu Santo nos enseña a enamorarnos de Cristo, fascinarnos de Cristo, estar encantados con Cristo.

Termino contándoles de dónde viene la palabra encantar. Pues viene de canto. Estar encantado es estar metido en el canto de otro, en la música de otro. La música de Jesús es el Espíritu. El Espíritu nos encanta, nos mete en la música de Jesús, nos fascina en Jesús.

Y así llega el demonio con esos ladridos, con sus alaridos o con sus seducciones, y le damos una patadita y se larga, porque nosotros somos de Dios.

Sigamos esta celebración y hagámonos un propósito: día por día vamos a conocer más y más del Espíritu Santo, el Espíritu que transforma nuestras vidas.

Amén.