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Fecha: 19980520
Título: La comunion con el Padre y el Hijo
Original en audio: 16 min. 33 seg
En el evangelio según San Juan, Jesús dice en alguna ocasión: “La palabra que estais oyendo no es mía, sino del que me ha enviado” San Juan 14,24.
Y ahora dice: “El Espíritu recibirá de mí lo que os irá comunicando; todo lo que tiene el Padre es mío, por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará" San Juan 16,12-15.
Tratemos de relacionar estas expresiones y tratemos, a través de ellas, de acercarnos al misterio que se nos revela.
Jesús no tiene una palabra suya sino que dice la Palabra, que es del Padre, pero todo lo que tiene el Padre es de Jesús; el Espíritu Santo "no hablará de lo suyo" San Juan 16,13, dice el texto de hoy.
"Lo que hable no será suyo, hablará de lo que oye, les comunicará lo que está por venir" San Juan 16,13; y la palabra del Espíritu Santo, ¿es de quién? Es la Palabra de Jesús, ¿y por qué es de Jesús? "Porque todo lo que tiene el Padre es mío” San Juan 16,15.
Esto es profundo, desde luego que es profundo y muy bello: “Todo lo que tiene el Padre es mío, por ello os he dicho que el Espíritu tomará de lo mío y os anunciará” San Juan 16,15.
Ahí hay tres personas; el Espíritu no hablará de lo suyo, el Espíritu habla lo que oye, y eso que oye, explica Jesús con estas palabras: ”Todo lo que tiene el Padre es mío; me glorificará, recibirá de mí” San Juan 16,14.
Así llegamos a la conclusión de que Jesús no dice lo suyo, sino lo que le oye al Padre, y el Espíritu Santo no dice lo suyo, sino lo que oye al Padre y que pertenece también al Hijo; además, sabemos que Jesús no tiene nada suyo, sino que dice lo que le ha encargado el Padre, y también sabemos que todo lo que tiene el Padre es de Jesús.
A través de estas palabras lo que podemos decir es que Jesús no tiene nada suyo, y que el Espíritu Santo no tiene nada suyo, y sin embargo lo tienen todo.
Si este es como el modelo, esta es la manera de hablar de este misterio Trinitario en el Evangelio de Juan, la manera de construir la comunión en la Trinidad, o mejor, la manera de describir la comunión que hay en la Trinidad, es también la manera de construir la comunidad entre los cristianos, es no considerar nada como propio, y sin embargo tenerlo todo.
Jesús no habla -dice ahí- por cuenta propia, el Espíritu Santo tampoco habla por cuenta propia, el Espíritu toma del Padre lo que es de Jesús, y Jesús toma del Padre lo que dicen los otros; y así se realiza la revelación en nosotros.
¿Cómo podemos nosotros tomar estas palabras tan profundas, y en cierto modo tan abstractas a nuestra vida? Las intentamos aplicar de este modo: el mismo Apóstol San Juan dice en su Carta: “Y nuestra comunión es con el Padre y con el Hijo” 1 Juan 1,3.
Por consiguiente, la comunión que nosotros tenemos con Cristo sólo puede consistir en que nuestra palabra sea la palabra de Él, para que todo lo de Él sea de nosotros; y nuestra comunión con el Padre será que nosotros no hablemos por nuestra cuenta, sino que tengamos como alimento nuestro la voluntad del Padre.
No hablar uno de su propia cuenta. Ser parte uno como en los intereses de Dios, como en el celo de Dios, como en el amor de Dios.
¿Qué es hablar por su propia cuenta? Es hablar uno atendiendo a sus propias necesidades y sus propios intereses, ¿y qué es hablar sólo lo que se oye al Padre? Es hablar pensando en la gloria del Padre, dándole la gloria a su Nombre y sabiendo que es el Padre el que nos sostiene, el que nos soporta.
La comunión entonces con el Padre y con el Hijo tiene dos dimensiones. Primera: sentirme apoyado por Él, si yo me despreocupo de mis intereses es porque yo sé que hay quién se preocupe por mí; dejar mis intereses, mis inquietudes, mis dificultades mi hambre, mi vida en Él, así construyo comunión con el Padre y con el Hijo; y segunda parte: Él se preocupa de mi y yo me glorifico.
Dice Jesús también en este Evangelio de Juan, que es el evangelio del infinito, todos son inagotables, también he visto aquí, que este no es sólo inagotable, sino infinito. Dice Jesús: “ Todos os vais a ir, y viajaré solo; pero no estoy solo, el Padre está conmigo” San Juan 16,32.
¿Cómo construir una vida de comunión con Dios? Sabiendo que Él es el que me apoya, Él es el que se preocupa de mi, Él es el que me sostiene; y yo no tengo otro oficio que el de cumplir su voluntad y darle gloria a Él.
De una manera sintética le decía Dios esto a Catalina de Siena: “Preocúpate de mis cosas y yo me preocuparé de las tuyas”, es algo parecido pero más profundo de lo que sucede en un matrimonio, él se preocupa de ella, ella se preocupa de él, él se interesa por ella y ella de él; es algo así pero es más profundo, porque aquí se trata de la gloria.
Bueno, esa es una aplicación a nosotros, la otra aplicación es entre nosotros, no solamente la comunión con el Padre y con el Hijo en el Espíritu, sino la comunión entre nosotros.
Cuidar del otro, muchas personas se sanarán de sus temores, de sus miedos, cuando acojan las preocupaciones de los otros. Recibir las preocupaciones de otros es una manera de sanarse de las propias preocupaciones, porque así lo quiso Dios.
Podemos decir que cada uno de nosotros tiene un rompecabezas al que le faltan algunas piezas, y esas piezas están en otras personas, cuando me intereso por la otra persona, llevo de ahí piezas que le hacen falta de ese rompecabezas, y él o ella tendrá piezas de las que le hace falta a mi vida.
Si cada uno se encierra en sus preocupaciones todos mueren de miedo de soledad y de frío, si yo intento interesarme por la otra persona...¿y qué es interesarse por la otra persona? Es intentar a la manera humana, lo que hace Dios, es decir, sostener.
¿Qué preguntas nos ayudan a esto? Preguntas como las siguientes: preguntas que se podría hacer, por ejemplo, la mamá de esa persona, el amor materno dice mucho y enseña mucho, este es casi mágico, si se pudiera utilizar esta palabra entre los católicos, es casi mágico, con las personas que nos caen mal.
He leído una o dos entrevistas de los más criminales y terroristas, de esa gente a la que todo el mundo odia, gente que por ejemplo comete atentados, que tortura, que mutila, es la gente que todo el mundo detesta; han entrevistado a las mamás de esos seres que son prácticamente repugnantes para la sociedad.
Me acuerdo una entrevista a la mamá de un terrorista y ella, (sin negar los actos de barbarie de su hijo), tenía sin embargo alguna manera, algún modo, no de justificar, pero si de sostener, si de acoger, si de proteger algo. Uno debe preguntarse: Si yo fuera la mamá de esta persona que me cae tan mal, ¿yo cómo miraría a esa persona? Esa es una pregunta que sirve.
Casi siempre dejamos de mirar a las personas porque en el fondo estamos casi siempre mirándonos a nosotros, uno mira por ejemplo, que una persona le estorba, o que una persona obra mal o que una persona se interpone ante uno, ante los intereses de uno, eso no es mirar a la persona, eso es mirar un obstáculo: "¿Por qué todas las ideas que yo propongo, fulanito intenta echármelas abajo?"
Hay dos maneras de ver esto. Una manera es: "Él es mi enemigo, porque no me deja prosperar mis ideas"; la otra manera es: "¿Y qué hay dentro de él para que obre así?" Jesús obró con nosotros como el Padre obra con Él, Jesús obró paternal y maternalmente con nosotros. “Hijitos" San Juan 13,33, les dice en alguna ocasión a los Apóstoles; "mis niños”.
Ser Jesús en esta tierra es mirar a cada persona así. "¿Esa persona por qué nunca se interesa por mí?" "¿Esta persona por qué nunca me escucha?" "¿Esta persona por qué pretende hacerme daño?" "¿Por qué me insulta?" "¿Por qué quiere humillarme?"
Es que estoy hablando de los casos difíciles, donde hay enemistad o cosa parecida, hacerse esas preguntas: qué hay dentro de esa persona, no mirarla sólo en cuanto a lo que me hace a mí, sino ella misma.
Los casos más conmovedores de estos ejercicios son los que suceden cuando los hijos aplican este ejercicio a sus propios papás.
Por ejemplo, una señora, hija de un papá alcohólico, que dio mal ejemplo, que maltrató, que humilló, que hizo pasar trabajos a la familia, y ella toda la vida había visto a su papá desde la perspectiva de “él nos hizo daño, él no me dejó, él me humilló, él me..., él conmigo... yo..."
De pronto pudo mirar un día las cosas de otro modo, y bueno, 2¿qué hogar tuvo mi papá?" "¿De dónde salió él?" "¿Cuál es el pasado de él?" "¿Qué pasó con él?" "¿quién era él?", no quién era él con respecto a mí, no es lo que hizo a mi favor o en contra mía, el punto es: ¿quién era él?
Este es Jesús, así obra Jesús, Jesús mira a cada uno con esos ojos: Y esta persona, ella, ¿quién es? No quién es para mí, qué deja a favor mío o en contra mía, sino quién es ella, independientemente de que nos haya ido mal o de que se ponga amable, ¿quién es esta persona?
Cuando uno obra así, uno está obrando como Dios, o mejor, Dios está obrando en uno, y cuando Dios está obrando en uno, Dios está halándolo a uno.
No puede pasar un torrente de misericordia para tu hermano sin que ese torrente te lave a ti; pero si tú estás cerrado para tus hermanos, ¿qué torrente puede llegar ahí? Un pozo de agua que se pudre vas a ser.
Si tu vida está abierta a tus hermanos, si puedes mirar a esa persona, especialmente a tu enemigo, al que te cae mal, al que te estorba; si puedes empezar a mirarlo así, entonces es Dios mismo el que ama en ti, y es un torrente que se establece, y ese torrente que circula y recircula, eso es lo que se llama la obra del Espíritu, la coinonía, la comunión, y esta es nuestra comunión con el Padre y con el Hijo.