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Fecha: 19960506
Titulo: Es admirable la profundidad de las palabras de Nuestro Senor
Original en audio: 5 min. 1 seg.
Una de las características del evangelio según San Juan, la cual creo haber mencionado ya en otra oportunidad, es que casi siempre que a Jesús le hacen una pregunta a uno le queda la sensación de que respondió con otra cosa.
Si uno mira los diálogos con los apóstoles, o con Nicodemo, o incluso ya en su Pasión, a casi todas las preguntas que le hacen a Jesús parece que Él termina respondiendo otra cosa.
Un ejemplo notable es aquella inquietud, aquella solicitud, cuando se acercan unos de lengua griega que quieren verle y ahí algunos de los apóstoles le comunican eso: “Hay unos de lengua griega que quieren verte” San Juan 12,22 y Jesús responde: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre” San Juan 12,23.
A veces uno tiene la sensación de que Jesús estuviera en sus propios pensamientos, y que cuando le hablan, entonces Él responde con más o menos con lo que está pensado, no con lo que le están diciendo. Es algo así lo que sucede con la lectura del evangelio de hoy.
La pregunta de Judas, al que solemos llamar Judas Tadeo, es muy concreta: “¿Qué ha sucedido para que te reveles a nosotros, y no al mundo?” San Juan 14,22. Uno esperaría una respuesta como: "Lo que ha sucedido es que ustedes tal cosa y al mundo tal cosa".
Pero Jesús lo que dice es: “El que me ama, guardara mi palabra, y mi Padre lo amará y vendremos a él, y haremos morada en él” San Juan 14,23. Es decir, Judas hace una distinción entre los discípulos y el mundo, y Jesús hace una distinción entre los que aman y no aman.
Es decir, en verdad lo que sucede, si alguno examina caso por caso, no es que Jesús no responda, sino que no responde en el mismo nivel de la pregunta que le hacen, y siempre en un nivel mucho más profundo o mucho más alto, según como se mire, y eso es lo que sucede aquí.
Judas da por supuesto que Jesús se ha revelado plenamente a ellos. Y Jesús le hace ver que su revelación plena sólo se da en el amor, es decir, que el espacio es el miso espacio del amor y que el espacio de la revelación divina y del conocimiento es el mismo espacio de la acción divina y la voluntad.
Es decir que no hay conocimiento verdadero de Dios que no sea genuino a Dios y que no hay servicio verdadero a Dios que no tenga su fuente en un verdadero conocimiento de Dios.
Y lo que sigue también nos enseña: “La palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió” San Juan 14,24, esto es, aquel que entra en la revelación de Jesucristo es aquel que entra en el seno mismo de Dios. Y aquel que escucha Jesucristo, y al cual Jesucristo se revela, está escuchando al Padre y se encuentra en la intimidad divina.
Esta intimidad divina, por otra parte, no se contempla si no es por el don del Espíritu Santo: “Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el defensor que enviará el Padre será quien os lo enseñe todo, les vaya recordando todo lo que os he dicho” San Juan 14,25.
La pregunta de Judas ha sido: "Tú ya te revelaste a nosotros", y Jesús le responde diciendo: "No me he revelado, la revelación vendrá con la gracia del Espíritu Santo".
De manera que es prematura la distinción que tú haces, Judas, entre nosotros y el mundo, es prematura, porque hay mucho de mundo en vosotros y porque eso que llamas "mundo" todavía puede ser discípulo mío".
¡Es admirable la profundidad de las palabras de Nuestro Señor!