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Fecha: 20080417
Título: Al Dios vivo se le encuentra en la vida
Original en audio: 11 min. 54 seg.
La Iglesia nos invita hoy con las palabras del Salmista, a cantar las misericordias del Señor. La Iglesia nos invita hoy a reconocer, que nuestro Dios es bueno, es compasivo, es sabio y poderoso.
El sermón que ofreció San Pablo en aquella Sinagoga, es un relato, es una historia. Cada uno de nosotros es invitado también a hacer ese recorrido, es invitado a descubrir a Dios en la propia historia.
¿Cómo encontrar a Dios? La ciencia moderna quisiera disecarlo en un laboratorio, quisiera pasarlo por un aparato de rayos equis, quisiera afinar un microscopio y decir: "¡Aquí está Dios!" O, quisiera levantar un telescopio y anunciar: "Hemos encontrado el planeta donde Dios vive".
Pero, al Dios vivo se le encuentra en la vida. Al Dios vivo se le encuentra recorriendo la historia. Y por eso, el pueblo de Dios, el pueblo del Dios vivo, aprendió a leer la vida. ¡Una lección que también nosotros tenemos que practicar!
Si cada uno de nosotros hace este mismo ejercicio que hizo San Pablo, seguramente llegará a la conclusión que se resume en la hermosa frase del Salmo: "Yo también cantaré las misericordias del Señor" Salmo 89,2.
"Yo también reconozco que Él ha sido grande, que ha sido piadoso, que ha sido compasivo, que ha sido bueno". Pero, ¿cuál es esa misericordia específica que atrae la atención de Pablo?
Él empieza su recorrido: tiene un punto de partida y tiene un punto de llegada. Está hablando a judíos. ¿Cuál es su punto de partida? Lo expresa de la siguiente manera: "El Dios de este pueblo eligió a nuestros padres" Hechos de los Apóstoles 13,17.
Ese es el punto de partida. "Nuestros padres", es los Patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob. La historia para Israel empieza ahí, en la elección de Abraham.
Sin embargo, ese relato para San Pablo tiene un punto culminante, ese hombre del cual Dios hizo un elogio: "Encontré un hombre según mi corazón" Hechos de los Apóstoles 13,22.
David, dentro de este mensaje, dentro de este pequeño sermón de San Pablo, es el punto culminante, el punto más alto de la Antigua Alianza.
De manera que desde esa altura, desde esa cima del Antiguo Testamento, nosotros podemos descubrir cuál es el lugar, también cuál es el papel, cuál es la obra que viene a realizar el que fue llamado Hijo de David, "el Descendiente de David, Jesús" Hechos de los Apóstoles 13,23.
En otras palabras, el sermón de San Pablo, es: primero, descubramos a David, y segundo, descubramos que Jesús es el segundo David. ¡David está por descubrir! ¡El rey David!
¿Qué es lo grande que acontece en David? ¿Qué hace a este rey diferente de todos los otros? Muchas cosas. Es un rey poeta, es un rey orante, es un rey valiente; no con la valentía de sus músculos ni de sus estrategias, sino valiente porque sabe en quién se apoya.
Es un rey que no le tiene miedo al ridículo. Es un rey capaz de reconocer sus faltas. Es un rey capaz de dejarle a Dios la última palabra.
Cada una de estas frases se refiere a un aspecto de la vida de este hombre que es un modelo; no sólo para todo el Antiguo Testamento, sino también un modelo para comprender quién es Jesús, y además un modelo para aprender a administrar nuestras propias vidas.
Porque, cada uno de nosotros es rey de algo. "Usted es rey de la cocina, por ejemplo, la cocina de su casa; ahí manda. O, usted es rey de su oficina. O, usted es rey en su automóvil."
Cada uno de nosotros tiene un pequeño o grande imperio. El problema es qué clase de reyes somos. Hay personas que quieren tener el nombre de "rey de la casa". Mas, "el rey de la casa" ellos lo entienden como aquel que pone a los demás a su servicio, que grita, que impone, que humilla. Esa es su manera de ser reyes.
De modo que descubrir a David trae dos bienes. Primero, entender y descubrir mejor quién es Jesús. Y segundo, entender y descubrir cómo cada uno de nosotros, en la medida en que es rey de algo, en la medida en que manda en algo, en la medida en que tiene responsabilidad sobre algo, tiene también que aprender qué significa ser rey.
Porque, tú tienes poder sobre algo. Y cada persona hace valer su poder. Cada persona hace valer su autoridad. La persona que tiene la llave del edificio, así su único oficio sea ser portero, hace valer su portería. Asimismo, hay frases que son muy típicas de esto.
El sacerdote también obra a veces como rey. Se toma muy a pecho aquello de sacerdote, profeta y, ¡rey! Entonces, él actúa así: "-Padre, nosotros quisiéramos, de pronto..." "-Bueno, ¿quién es el párroco aquí?" "-¡No! Pues, usted." "-¿Entonces?" Está obrando como un rey.
Cada uno de nosotros es rey en algo, pequeño o grande. Desde un escritorio, desde una caja de agujas hasta un país entero, cada uno tiene una cuota de poder. Y hay una frase que dice: "El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho" San Lucas 16,10.
David es el rey poeta. David es el rey que es valiente, no con su propio valor, sino con la fe. David es el rey que reconoce sus propios errores. Pero, en la raíz de la vocación de David, está una fascinación por el amor y por la belleza.
David es un hombre que tiene ojos para la belleza de Dios. Por eso, en el Antiguo Testamento, los salmos se le atribuyen a David. ¡Es el libro del Profeta David! ¡Es el libro del rey David!
Y obviamente, no es que todos los salmos sean de David. De hecho, el mismo libro de los Salmos, habla de una colección que son los Salmos de Salomón, o los Salmos de las Subidas, allá por el número ciento veinte, una cosa así, que eran salmos tradicionales en las peregrinaciones a Jerusalén.
¿Por qué el pueblo judío atribuyó los salmos, -los mismos que nosotros oramos-, a David? Porque había esa memoria colectiva de un hombre que tenía sensibilidad para el esplendor, para la belleza de Dios. ¡Un hombre fascinado por Dios, un hombre enamorado!
¡Eso es David! Tan enamorado, que de hecho en algún momento, se enamoró también de una mujer casada, y cometió algunos desmanes. Sin embargo, tan enamorado de Dios, que esos desmanes no lo apartaron de su conciencia de que Dios sigue siendo Dios, aunque yo haya pecado.
Dios sigue siendo bueno, aunque yo sea malo. Dios sigue siendo sabio, aunque yo me equivoque. Dios sigue siendo Santo, aunque yo sea miseria.
Lo importante del rey David, tal vez radica en éso: el amor, la fascinación, el enamorarse. David es un hombre que habla de Dios como quien se ha encontrado con Él. David es el hombre que habla de Dios como Aquel que abarca, Aquel que colma todas sus aspiraciones.
Los Salmos son como un arpa, pero un arpa de ciento cincuenta cuerdas. Cada cuerda toca uno de los aspectos de la vida humana, aspectos que tú y yo tenemos también, aspectos como la alegría, el dolor, el disgusto, el tener enemigos, el pasar por necesidades, el enfermarse, el envejecer, el estar en tierra extranjera.
Los Salmos son un recorrido por el alma humana. Los Salmos son una exploración del alma humana, pero el alma humana cuando es rozada por las brisas del Espíritu y produce esa música celestial.
¡Esos son los Salmos! Y esa clase de cánticos sólo nacen en los corazones que están apasionados, que están fascinados por Dios. Así que lo primero que necesitamos recibir de David, es la fascinación por Dios, estar a gusto en Dios, estar a gusto en su presencia.
La fascinación, el enamoramiento, la pasión por la belleza divina, es un instrumento poderoso para vencer la infinita distancia que separa nuestra condición de creaturas, de la condición de Dios, Nuestro Creador.
¿Cómo podemos nosotros, tan pequeñitos, tan ignorantes, tan frágiles, tan pecadores, de alguna manera conectarnos con la santidad, la altura, la belleza, la sabiduría de Dios?
¡Hay un camino! Hay un camino que la vida encontró, y es el camino del enamorarse, es el camino de la fascinación. Porque, la fascinación hace que tu alma se ensanche.
Decían los antiguos Padres de la Iglesia, especialmente, los de lengua griega: "El hombre es capaz de Dios". Capaz, no en el sentido en que pueda abarcar a Dios, sino en el sentido de que está hecho para Dios y sólo puede colmarse con Dios.
¡La fascinación! La fascinación que se convierte en contemplación, la fascinación que se vuelve mística, la fascinación que se vuelve anhelo, que se vuelve deseo. "Como busca la cierva corrientes de agua, mi alma te busca, Dios mío" Salmo 42,1.
David explora el corazón humano y toma las expresiones más radicales de la necesidad, de la urgencia, de la sed, del anhelo. Las pone en palabras, porque su corazón arde en deseos de Dios. Es un hombre fascinado por Dios. Esta es una clave muy importante.
Pero, ¡cuidado! No es solamente un Profeta, no es solamente un poeta. Se trata de un rey. ¿Cuál es la ventaja de que sea un rey? Pues, resulta que el ser rey tiene una única tentación, una única: ser dueño. San Pablo nos recuerda muchas veces: "Nosotros no somos dueños; somos administradores" 1 Corintios 4,1.
La diferencia entre ser dueño y ser administrador, es la diferencia entre ser enemigo de Dios, uno que mira a Dios como la competencia, o ser amigo de Dios, uno que descubre en Dios su aliado.
Porque, Dios sólo puede ser una de esas dos cosas en tu vida. ¡Dios sólo puede ser tu competencia, o puede ser tu aliado!