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Fecha: 20120428

Título: "Yo soy la Vida"

Original en audio: 4 min. 22 seg.


El capítulo sexto del evangelio según San Juan ha venido guiándonos en un camino que va desde el alimento corporal al alimento espiritual. No carece de importancia el alimento corporal, de hecho, a través de esa señal que experimentaron aquellos hombres y mujeres, señal de alegre saciedad en sus estómagos, pudieron reconocer que el Santo de Dios estaba en medio de ellos.

No, no carece de importancia el don material, como tampoco carece de importancia que Jesús haya sanado a ciegos, haya levantado a paralíticos, haya expulsado demonios. Esto no carece de importancia, pero si nos quedamos únicamente en eso, entonces no sirve de nada, y no sirve de nada porque el paralítico que se levanta, pues, después de un tiempo llegará a su edad avanzada, llegará a su vejez, ¿y qué pasará con él? Pues pasará que tendrá que de nuevo caer en cama, un día se irá de esta tierra.

El ciego que se alegra porque sus ojos ven, pues tendrá que llegar un momento en el que tenga que cerrar sus ojos ya cansados por la ancianidad o por la enfermedad, y tenga que dejar también la luz de esta tierra.

¡Qué hermosa saciedad, qué pan tan deleitable, qué pescado tan bien preparado el que reparte Jesús en aquella multiplicación! Pero si nos quedamos únicamente con eso, no sirve de nada, porque unas horas después el efecto de ese pan multiplicado ha terminado, el efecto de ese delicioso pescado ha terminado. Aquello que termina, aquello que simplemente soluciona un momento, pero no soluciona la vida, eso no sirve de nada.

Y por eso dice Jesús: "La carne", es decir, todo aquello que pasa, todo aquello que es propio de nuestra condición temporal, no sirve de nada porque no sirve para resolver el gran problema y la gran pregunta que aflige al corazón humano.

Entonces, no es que carezca de importancia el cuerpo, el alimento, el vestido, el ser o no paralítico, el ser o no ciego; no es que eso carezca de importancia, sino que cuando nos quedamos en eso, pues no nos sirve de nada porque no resuelve nuestra vida, porque no da verdadera respuesta a nuestro ser.

Por eso necesitamos algo que sí sirva de algo, y eso que sirve de algo es el alimento que perdura. Entonces, ¿que puede ser vida, pero no una vida que termina, qué puede ser vida que venza a la muerte? ¿Qué puede ser vida que siga siendo vida para siempre? Eso es lo que nos trae Jesús, y Él es el Pan de Vida, y eso es lo que nos ha venido repitiendo en este capítulo sexto: "Yo soy el Pan de vida" San Juan 6,35; San Juan 6,48. Él es el que da la vida, Él es el que restaura la vida, Él es el que renueva y sostiene la vida.

Por eso, muchos se apartaron, porque querían únicamente la otra parte, la parte del alimento corporal, alguien que arregle, que remiende la vida, eso era lo que ellos estaban esperando. Y Jesús viene a decir: "Yo no vengo a remendar la vida, yo soy la Vida".