P036003a
Fecha: 20000513
Título: Todos los intentos del enemigo por acabar con la Iglesia fracasan, porque Dios esta con nosotros
Original en audio: 9 min. 8 seg.
Los milagros más grandes que se cuentan del Apóstol Pedro, son los que hemos escuchado en la primera lectura del día de hoy. Hasta llegar a resucitar, a volver a la vida a esa señora piadosa, Tabita. Esto ya es motivo de alegría para nosotros.
Porque todos esos milagros, sanaciones, prodigios, de los que nos hablan los Hechos de los Apóstoles, son muestras del poder de la Pascua de Cristo. Nos están contando cuál es el dinamismo interno de esa vida en la que también nosotros estamos sumergidos y alimentados, la vida que nace del poder de la Resurrección del Señor.
Por eso para nosotros, oír estos milagros, es un motivo de gozo porque se está certificando la fuerza de la vida que nosotros hemos recibido en el bautismo, y se nos está contando cuál es el Cristo que vamos a comulgar, y se nos está diciendo cuál es la unción que recibimos en la confirmación, y se nos está asegurando que Él cumple sus promesas y Él está vivo en medio de nosotros.
Pero si miramos el contexto del libro de los Hechos de los Apóstoles, hay un motivo adicional de gozo, que es el que quiero subrayar en este momento.
Resulta que los sumos sacerdotes intentaron por todos los medios frenar la predicación del Evangelio; intentaron detener la obra de la predicación. Vamos a enumerar algunos de sus intentos, a ver qué es lo que han pretendido.
Han detenido a los principales, a los Apóstoles; "ya se acabó esto; están encarcelados los Apóstoles, se acabó la predicación". El Señor saca milagrosamente a los Apóstoles de la cárcel. "Ah, es que el problema no es solamente del conjunto de los Apóstoles, hay uno que es el principal entre ellos, pues vamos con él."
Y tras cuatro portones cerrados con cadenas y apresado él mismo entre cadenas, Pedro, allá bien metido en la mazmorra. "¡Ahora sí se acabó la predicación!"
El Ángel de Dios libera al Apóstol Pedro, abre las puertas y lo pone en la calle. "Ya sabemos que hacer. Vamos a mostrarle a esta gente que vamos en serio. Hágame el favor, los agarra y les da palo para que sepan quiénes son los que tenemos autoridad aquí. Agarre a esos señores y azótelos"; los agarran, les dan palo y los azotan.
Cuando salen, salen cantando alabanzas y bendiciendo a Dios porque les concedió padecer por Cristo. Tampoco eso funcionó.
"Toca mostrarle a la gente que este no es un chiste. Coja a uno de ellos. A ver, ese Santiago que anda haciendo tanta bulla y que es así como tan ardoroso en la predicación, quítele la cabeza". Y dicho y hecho: cae la cabeza de Santiago. Se dispersa la gente. "Ahora sí acabamos con esto". Pues no. En Jerusalén se quedan los Apóstoles, precisamente los más perseguidos.
"Entonces otro castigo: vamos con Esteban. ¿Usted por qué anda diciendo lo que anda diciendo?" Esteban hace un largo discurso, en medio de su discurso levanta la cabeza y dice: "Veo a Jesús al lado del Padre Celestial" Hechos de los Apóstoles 7,54.
"Señor, ¿cómo se le ocurre? Nadie está al lado de Dios." Toman la decisión: "¡acabarlo! Ahora sí se va a asustar esta gente"
No contentos con ello, al lado de los que mataron a Esteban estaba uno que era fanático entre los fanáticos: Pablo. ¿Y qué más querían los sumos sacerdotes? Llega Pablo donde ellos y les dice: "Bueno, estoy dispuesto a ayudarlos. Vamos es a acabar con esta gente, vamos a recogerlos de todas partes, vamos a encadenarlos."
Y le dicen: "Bueno, hombre, pues sí, bien, eso está muy bien. Y usted va a ser el que nos va a dirigir esta campaña porque esto se nos está saliendo de las manos, y sobre todo que ya salió de Jerusalén."
Y los sumos sacerdotes eran cobardes, para decirlo técnicamente, unas gallinas. Ellos sentían que ahí en Jerusalén, protegidos por la policía de Herodes, porque estaban amangualados con Herodes, protegidos con la policía de Herodes, del Imperio Romano, ahí no les podrían hacer nada. Pero saliendo de Jerusalén, tenían miedo, porque habían traicionado la fe del pueblo muchas veces.
Y aparece Pablo. Tenía todas las cualidades: la fuerza, el vigor, el fanatismo, la inteligencia, el liderazgo. "listos, ahora sí vamos a acabar con estos." Porque hasta en la sinagoga estaban divididos, como lo muestra el episodio aquel de Gamaliel.
Y sale Pablo con su cuadrilla: "¡Vamos a acabar con los cristianos!" Al rato vuelve Pablo: "Me convertí, me volví cristiano, les cuento."
En un último intento de los sumos sacerdotes por exterminar esta casta perniciosa, que sigue dando que hablar y que somos todos nosotros, el último intento de exterminar esta secta de ese Pablo, pero un rayo de amor y de gracia desde los cielos convirtió a ese señor de enemigo, en entrañable amigo de Jesucristo.
Por eso las palabras con las que empezó la primera lectura de hoy son fundamentales: "La Iglesia respiraba paz, fidelidad y tranquilidad, y se multiplicaba" Hechos de los Apóstoles 9,31.
Ese no es un reporte simplemente de una situación tranquila, esa es la síntesis de la victoria. Esa primera frase lo que nos está diciendo es: "Todo lo que intentaron en contra de los cristianos fracasó; y Dios reservó los mejores milagros para después de los tiempos de persecución.
Todo lo que intentaron contra nosotros fracasó, porque "el Dios de los ejércitos está con nosotros; con nosotros está el Dios de Jacob" Salmo 45,4, y todo lo que se ha hecho y todo lo que se haga contra nosotros fracasó.
Y que los sumos sacerdotes no podían salir de Jerusalén porque estaban asustados y eran cobardes. Pedro, el jefe de esta extraña secta, sí que podía salir y hoy lo vemos haciendo los mayores prodigios que se cuentan sobre él, precisamente en sus viajes apostólicos.
La síntesis entonces de la lectura de hoy es: todo lo que se intentó contra los cristianos fracasó, y Dios reservó lo mejor de sus obras para aquellos que habían resistido los tiempos duros. Y ese es un mensaje que le sirve a la Iglesia en todos los tiempos.
Las mil estrategias y astucias del enemigo podrán tratar de desarticularnos, desarmar nuestra fe; a nosotros como personas desanimarnos, desalentarnos, llevarnos por otros caminos, confundirnos, intentarán todo.
Los Hechos de los Apóstoles nos muestran en nueve capítulos que sí van a intentar todo, que sí van a procurar disolvernos; interiormente desintegrarnos, como comunidad cristiana dividirnos; lo van a intentar, van a tratar de asustarnos como personas y como creyentes.
Pero ahí está la Palabra de Dios para decirnos: "Después del tiempo duro, esa Palabra del Señor vence. Y las mejores obras están para los ojos que tengan el coraje de esperar, de creer y de amar hasta el final".