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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19970419

Título: Para el que no cree, cualquier palabra que venga de parte de Dios es agobiante, es pesada

Original en audio: 14 min. 40 seg.


Estamos escuchando, a medida que nos las ofrece la Iglesia, lecturas tomadas del capítulo sexto de San Juan, el discípulo del Pan de Vida. Luego meditaremos en Cristo como Aquel que protege, que defiende, que custodia esa vida, a Cristo como Buen Pastor.

Y hoy nos encontramos con una expresión dura de parte de Cristo, y nos encontramos con la gris despedida de un buen número de sus discípulos. ¿Qué fue lo que faltó? Eran palabras hermosas, elocuentes las que estaba diciendo Cristo: que Él era la vida, que Él vive por el Padre y que nosotros viviremos por Él.

¿Qué fue lo que fallo? ¿Por qué se retiran esos discípulos? O por preguntarlo de otra manera: ¿qué fue lo que les pareció duro?

"Este modo de hablar es duro; ¿quién puede hacerle caso?" San Juan 6,60. Uno se siente un poco raro. Si ha venido leyendo los otros textos, uno se siente un poco raro porque era un discurso muy bonito, muy entrañable, muy lleno de amor y de luz; un discurso en que Cristo ofrece vida.

¿Dónde está lo duro ahí? ¿Por que qué fue lo que dijo? Que Él era Pan de Vida, y por lo tanto, pues había que comer de ese Pan para tener vida, y que esa vida era superior a la muerte, era más fuerte que la muerte, y que el mismo Cristo nos iba a resucitar el último día.

Recordemos, por ejemplo, la anterior lectura, la inmediatamente anterior del día de ayer, dice jesús: "Este es el Pan que ha bajado del cielo, no como el de vuestros padres que comieron y murieron. El que come de este Pan, vivirá para siempre" San Juan 6,58. Y sin embargo dicen los discípulos: "Este modo de hablar es duro" San Juan 6,60.

Incluso, si hacemos memoria, hace unos días los discípulos le habían preguntado: "Bueno, ¿y cuál es la obra que quiere Dios?" San Juan 6,28. Y Jesús les había respondido: " Lo que Dios quiere es que creáis" San Juan 6,29. O sea que no es ninguna obra dura la que les ha propuesto.

Si Jesús les hubiera añadido prescripciones a las de la Ley de Moisés, si les hubiera dicho: "Es que además de todo lo que ya les ha tocado, ahora viene el segundo capítulo y ahora vienen mis prescripciones"; pero Jesús no añadió prescripciones así.

¿Dónde está la dureza? "Este modo de hablar es duro" San Juan 6,60. Jesús, dice aquí, "adivinando", esa palabra es como mala traducción, Jesús sale adivinando, bueno, pero en todo caso seguiremos lo que dice el leccionario, "Jesús, adivinando que lo criticaban, les dice: "¿Esto os hace vacilar? ¿Y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? San Juan 6,61-62.

Mira que hay una diferencia entre lo que dicen, o mejor, piensan los discípulos y lo que piensa y dice Jesucristo. Ellos dicen: "Este modo de hablar es duro, ¿y quién puede hacerle caso?" San Juan 6,60.

Hacerle caso, eso suena como a obedecer, ¿pero obedecer a qué? si Jesús simplemente estaba ofreciendo esa vida, ese manantial de vida que hay en Él, porque Él vive por el Padre y nosotros viviremos por Él.

Jesús como que responde en otros niveles: "Esto os hace vacilar" San Juan 6,61. El problema de la dureza, entonces, es porque les hacía vacilar. Los discípulos creen que lo difícil es hacerle caso a Jesús, y Jesús sabe que lo duro no es hacer caso, lo duro en no vacilar.

El problema no está en lo que uno tiene que hacer, el problema está en lo que uno tendría que creer; el problema no es lo que uno va a hacer. Claro, ellos se plantean el problema en términos de hacer: "¿Ahora cómo hacemos para hacerle caso a este señor?" ¿Pero hacerle caso de qué? ¡Si el no estaba diciendo que se le hiciera caso en nada! Solamente estaba ofreciendo vida.

Pero resulta que para acoger esa vida se necesita sólo un detallito, se necesita sólo un trabajo y ese trabajo, como ya lo hemos sugerido, es creer. Esta es la fuente de la dureza.

Para el que no cree, cualquier palabra que le diga Dios, así sea "-te amo", "-Ay, qué duro, qué duro, ¿y ahora yo qué voy a hacer?" "-Hombre, que yo lo amo a usted, yo lo amo a usted, yo lo voy a salvar". "-¿Y ahora qué voy a hacer? ¡Qué problema, hombre, es una responsabilidad muy dura!"

Para la persona que no cree, cualquier palabra de Dios es agobiante. Cuando falta la fe, cualquier declaración del amor de Dios y la oferta de la vida de Dios es un problema, porque Dios mismo es un problema.

"Quién puede hacerle caso? San Juan 6,60. Si uno leyera este texto, separándolo de los anteriores, uno se imaginaría que es que Cristo, en los textos anteriores, no ha hecho sino ponerles trabajo, ¿no? Y ponerles tareas.

Y Cristo no les había puesto ninguna tarea ni ningún trabajo, lo que acaba de decirles es: "Yo tengo vida para ustedes, yo les voy a resucitar y ustedes ya no vana morir como murieron sus padres en el desierto, ustedes van a tener vida eterna". Acaba de decir esto, y esta gente: "¡Ay que mensaje tan pesado!"

Lo pesado entonces del mensaje está en que no creen y que por consiguiente, para el que no cree, cualquier palabra de Dios, es una intromisión de Dios. Seguimos siendo, en ese caso, el mismo adán asustado, que entre las matas del jardín del paraíso, se esconde para que Dios ni lo mire, ni le hable, ni lo toque, ni se meta con él.

Escondidos entre las matas del paraíso. Eso tiene sentido. Escondidos entre las matas del paraíso, refugiados en las criaturas, olvidados del Creador.

"Esto os hace vacilar?" San Juan 6,61, Jesús va al punto: "Lo duro para ustedes es que yo no les haya mandado nada, porque no les he mandado nada, sólo les he contado que los amo". "¿Esto os hace vacilar? ¿Y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?" San Juan 6,61-62.

Este es otro texto que tiene su poquito de ironía, su poquito de humor. La Biblia no tiene así mucho humor en el sentido usual de la palabra, pero si uno tiene la mirada bien puesta, puede sonreír cuando llegue a este versículo. Mira: "¿Esto os hace vacilar? ¿Y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes?" San Juan 6,61-62.

¿Ellos qué habían dicho? "Quién puede hacerle caso a ese modo de hablar? ¿Quién podrá hacer eso?" San Juan 6,60.

Y Jesús dice: "Sí, muy pesado eso y más pesado que me miren otra vez subir; cansancio el de ustedes, ¿no? Que no pueden ni creer que les amo, ni mirarme subir al cielo, ¿qué agotamiento! ¡Tienen un agotamiento en esos ojos, que qué problema si me vieran subir adonde estaba antes!"

¿"Quién puede hacerle caso?" San Juan 6,60. Ese es el hombre obsesionado por lo que le va a tocar hacer a él y por consiguiente, sordo a lo que Dios quiere hacer por él.

El que no cree, vive obsesionado con sus problemas y con sus cargas; y precisamente, porque ya la vida le parece demasiado pesada, le parece demasiado agotadora, por eso ya no acepta ni que le llegue una carta más. Como una persona que cargara un inmenso costal, entonces dicen: "Mire, le traigo esta carta", "-¡Ah, déjela allá encima!" ¿Y qué decía esa carta? "Puede tirar el costal".

Esa es la historia del ser humano, que agobiado por su carga y agobiado por su propia vida, cuando le llega la noticia de que puede soltar ese peso, cree que le han traído más peso: "Bueno, menos mal es sólo una carta, ¡quién sabe cómo será cuando me lleguen más!"

"¿Esto os hace vacilar? ¿Si vieras al Hijo del hombre subir?" El Espíritu es quien da vida. La carne no sirve para nada" San Juan 6,61-63. Bueno, ahí se requiere otra homilía, que no la voy a decir ahorita; se requiere otra homilía para comentar esa expresión.

"El Espíritu es quien da vida. La carne no sirve para nada" San Juan 6,62. Efectivamente, la mirada de estos hombres, la mirada de estos discípulos, por muy discípulos suyos que fueran, era una mirada solamente carnal.

Y de todo lo que se podría decir sobre la mirada carnal, que desde luego no tiene nada que ver aquí con sexo, de todo lo que se pueda decir sobre esa mirada carnal, lo principal es que es la mirada del que siempre está pensando en sus intereses. Con una persona así nunca hay Evangelio, jamás hay Buena Noticia para el que sólo está pensando en su propia carga.

"Las palabras que os he dicho son Espíritu y vida" San Juan 6,63. "Sí, era una carta, -Jesús se mantiene en su puesto-, era una carta y era la carta de vuestra libertad". Con todo, algunos no creen.

"Por eso os he dicho, que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede" San Juan 6,65. "Bueno, entonces si quieren irse, váyanse". "¿También ustedes quieren marcharse?" San Juan 6,67.

Cuando Jesús recibió a la gente, después del milagro de la multiplicación de los panes, los recibió con poca cortesía, muy poquita urbanidad: "Ustedes no vienen porque hayan entendido los signos, vienen porque se repletaron la panza y entonces ahora como quien dice: bueno, ya almorzamos, ahora denos el desayuno".

Jesús no es como muy cortés en esas intervenciones y en otras. Pues los había recibido así como con cajas destempladas y ahora los despide, igualmente, con cierta dureza: "¿Quieren marcharse?" San Juan 6,67.

Hay que leer esta pregunta: "¿Es que quieren marcharse?" San Juan 6,67, hay que leerla a la luz del saludo que les dio: ""Más comidita? ¿Ya llegó la hora del desayuno?" Y la despedida es: "¿Entonces quieren marcharse?" San Juan 6,67.

Como quien dice: "Puesto que no les di desayunito, ni almuercito, como no hubo nada para su carne, como no me metí con sus intereses, entonces nada conmigo, ¿no?"

Sí, Jesús es un manantial de ternura, Jesús es de una delicadeza infinita, pero en esa delicadeza tiene espacio para decirle toda la verdad al ser humano, una verdad dicha con amor, pero toda la verdad al ser humano. Y Pedro le contesta: " ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna" San Juan 6,67.

El que ha descubierto vida en las palabras de Jesús, puede descubrir vida en la carne de Jesús; el que ha escuchado la Palabra y la ha comido, ése sabe encontrar el Pan de la Vida, una vida que es vencedora de la muerte, esa vida que Jesús prometió y que nos otorgará, por su gracia, en la resurrección del último día.