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Fecha: 20120426
Título: Trabajar por el alimento que no cacaba es acoger con todo nuestro amor y todas las consecuencias el don de Dios: Jesucristo
Original en audio: 4 min. 34 seg.
Una de las enseñanzas más profundas que nos está dejando el pontificado de Su Santidad Benedicto Décimo Sexto, es que Jesucristo no solamente trae el Evangelio, sino que Él mismo es el Evangelio; Jesucristo no solamente es el Señor del sábado, sino que Él es nuestro sábado, porque Él es nuestro descanso y porque Él es el espacio de la gloria de Dios entre nosotros. Jesucristo no solamente purifica el templo, sino que Él es nuestro templo; Jesucristo no solamente celebra la Pascua nueva, sino que Él es nuestra Pascua.
En esa misma línea, el capítulo sexto del evangelio de Juan nos ayuda a decir esta otra frase: Jesucristo no solamente es el que nos da el pan, sino que Él es nuestro Pan, Él es el Pan del Cielo.
Qué bueno recordar cuál es el camino por el que el Evangelista Juan nos ha conducido para llegar a esa afirmación tan profunda. Jesús multiplica el pan, la gente lo busca, seguramente lo busca porque ve en Él un hombre maravilloso, un ser que hace milagros y que, además, ya se ve que puede solucionar muchas de las miserias y necesidades nuestras.
Yo creo que todos nos acercamos a Jesús de esa manera: los primeros pasos que solemos dar en nuestro camino hacia Dios no son de especial fe, sino más bien son el fruto de nuestra necesidad. Porque necesitamos conseguir un trabajo, porque necesitamos que un familiar se cure de algo, porque necesitamos salir de una depresión, porque necesitamos encontrar un sentido en medio del absurdo de la vida, esa necesidad nuestra nos empuja hacia Jesucristo. Pero la gente, al ir donde Jesús, no sabe que lo que Él tiene para dar es muchísimo más.
Y por eso en un cierto punto Jesús dijo: "Ustedes me buscan porque prefieren el alimento, pero ese es el alimento que acaba; trabajen por el alimento que no acaba" San Juan 6,26-27. Y se establece un diálogo interesantísimo porque la gente dice: "Bueno, ¿cuál es el trabajo que Dios quiere que hagamos entonces?" San Juan 6,28, como indicando: "Pues el trabajo que se supone que uno tiene que hacer es el trabajo de poner pan sobre la mesa, es el trabajo que lleva a que uno tenga qué comer y con qué vestirse".
Pero Jesús les dice: "No, el verdadero trabajo es abrirse a la obra de Dios; el verdadero trabajo es dejar trabajar a Dios; el verdadero trabajo es aprender que yo y tú somos la obra de Dios".
Pero claro, ese verdadero trabajo que le da permiso a Dios para que haga su obra significa la entrada de Aquel a quien Dios ha enviado, es decir, a su Hijo Jesucristo; y por eso, el verdadero trabajo es acoger y recibir a Jesucristo con todas sus consecuencias, con todo el amor que tenemos. Y por eso, ése que Cristo nos da, esa oferta, ese regalo que Cristo nos otorga no es otra cosa sino el Pan con el que Dios nos alimenta para que nosotros podamos tener la vida nueva, para que nosotros podamos obrar de manera nueva, para que nosotros podamos pensar de manera nueva. eso es lo que nos da Jesucristo.
Recibamos entonces este Pan del Cielo; lo tenemos de un modo singular, de un modo único, de un modo perfectísimo en la Eucaristía, hasta el punto que no tenemos una presencia más densa y más perfecta de Jesús si no es ya la contemplación en el cielo.
Que el Pan Eucarístico nos recuerde en dónde está el verdadero don, y que nuestros ojos se preparen para comulgar con Dios en la gloria del cielo.