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Fecha: 19980428
Título: Las respuestas de Jesucristo
Original en audio: 12 min. 52 seg.
Los judíos le preguntan a Jesucristo: "¿Qué signos haces para que creamos en ti? ¿En qué te ocupas?" San Juan 6,30. Y Jesús básicamente lo que responde es: "Yo mismo soy el signo, mi presencia entre ustedes".
Luego le dicen: "Nuestros padres comieron el maná que bajó del Cielo" San Juan 6,31. Y Jesús les responde: "No fue Moisés el que dio el maná, sino mi Padre" San Juan 6,32. "El mismo Papá, que antes dio ese maná, ahora me da a mí, también del Cielo. El signo soy yo."
¡Eso es tan hermoso! "El signo soy yo." ¿Cuál es la gran señal de Dios en mi vida? El signo es Jesucristo. No es algo; es Alguien.
Y le preguntan a Jesús: "¿En qué te ocupas?" San Juan 6,30. El evangelio de Juan, que es el evangelio infinito, tiene preguntas únicas. Ustedes son enamorados de la Palabra de Dios. Cuando escuchen las palabras únicas, que son zafiros, como rubíes, como diamantes que tiene Juan, no las pierdan.
Le preguntan: "¿En qué te ocupas?" San Juan 6,30. O de otra manera: "¿Tú qué haces?" Es una pregunta muy natural que se le podría hacer, por ejemplo, a cualquiera de ustedes. Se me podría hacer a mí, desde luego.
"-¿Usted qué hace?" "-Yo soy ingeniero, soy publicista, soy médico, soy músico, soy vendedor." ¿Qué debe hacerle esa pregunta a Cristo? "¿En qué te ocupas?"
Hay una característica del evangelio de Juan, que la he comentado varias veces. Jesús, en el evangelio de Juan, nunca responde las preguntas que le hacen; por lo menos no las responde directamente. Parece que esto lo presenta así el Evangelista, como mostrando la libertad de Jesús, que no puede ser acosado por nuestro intelecto, que no puede ser amarrado por nuestra razón.
Así como no pudo ser impedido por la Cruz, así como no pudo ser encarcelado en el sepulcro, así tampoco puede ser sujetado por nuestra razón o nuestras preguntas.
Y dice Él: "Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el Pan del Cielo. El Pan de Dios es el que baja del Cielo y da vida al mundo" San Juan 6,32. O sea que no las responde, pero sí las responde.
Si se le pregunta a Jesús: "¿En qué te ocupas?", Él respondería, si nos diera la respuesta directamente: "Doy vida. ¡Doy vida!" El Apóstol Pedro en los Hechos de los Apóstoles, dijo algo semejante, por ahí en el capítulo décimo: "Mira que Jesús pasó haciendo el bien" Hechos de los Apóstoles 10,38.
"-¿En qué te ocupas? ¿Tú qué haces?" "-El bien". Son respuestas raras, profundas, infinitas. "-¿En qué te ocupas, Jesús?" "-Me ocupo en el bien; hago el bien; doy vida".
Yo creo que algo sorprendente de este breve texto, es que ellos le preguntan como con agresividad. "¿Qué signo vemos que haces tú para que creamos en ti?" San Juan 6,30, le preguntan agresivamente.
Pero cuando Jesús dice: "Yo doy vida" San Juan 6,33, toda esa agresividad se desarma, y le dicen: "Señor, danos siempre de ese Pan" San Juan 6,34.
Primero, atacan, y luego suplican. Esto no es casualidad. Estamos ante el evangelio infinito. Atacan, y luego piden. "Atacan" es la lanza con la que se hiere a Cristo, y luego piden: "Lávame con tu Sangre" Salmo 51,7.
"Atacan" es todas las tonterías que uno ha dicho sobre la Iglesia, sobre Dios, "que no me oye", todas esas cosas que uno ha dicho. Eso es "atacan". Pero cuando mana la Sangre, cuando brota la misericordia, uno pide. No debería ser así.
¡No debería ser así! Debería ser como que uno pidiera, que uno no atacara. Pero en ese versículo está descrito el misterio de la Cruz. Nosotros le sacamos la Sangre a Cristo, pero Él la dio.
Las dos cosas son ciertas. Nosotros le sacamos la Sangre con las heridas, con los clavos, con los azotes. Pero Él la dio. ¿Y cómo la dio? A través de sus llagas, a través de sus venas, desde su Corazón.
Cuando uno mira a la Cruz de Cristo, pensando solamente en que nosotros le hemos sacado la Sangre, no ve nada. Cuando uno mira la Cruz de Cristo, pensando en que Él dio la Sangre, ve todo.
Cuando uno mira a Jesucristo, pensando en "¿cuánto lo he atacado?", en el fondo no ve nada, aunque ya eso es comenzar a ver. Cuando uno mira a Jesucristo, pensando en que Él me puede dar, ahí empieza uno a ver todo.
Ellos estaban atacando. "¿Qué signo vemos que haces para que creamos en ti?" San Juan 6,33. Y la respuesta de Jesús los desarma, como Jesús nos desarma muchas veces. ¡Jesús tiene una capacidad tan grande de volvernos mansos!
Después de que Juan describe ese acto brutal por excelencia, en el que el soldado ya vio que Cristo estaba muerto, pero como ensañándose con un cadáver, -es el absurdo de la sevicia humana-, le da por ahí otra lanzada, después de que descubre la brutalidad, la suma crueldad humana, dice: "Y el que lo vio, da testimonio, y su testimonio es verdadero" San Juan 21,24.
"El que lo vio, da testimonio". ¡Esa crueldad humana y esa ternura divina, tan juntas! Ese es el misterio de la Carne llagada de Jesucristo. Como es una Carne tan cercana a nuestra crueldad, a nuestra verdad, es una Carne que cabe por nuestra boca, es un alimento que cae a nuestra boca.
Pero, como es una ofrenda, como es una oferta, como es un regalo de su amor, es Dios dándose.
Porque está cerca a nosotros, es pan, y porque está cerca a Dios, es Pan de vida. Jesús les contestó: "Yo soy el Pan de vida. El que viene a mí, no pasará hambre. El que cree en mí, nunca pasará sed" San Juan 6,35.
¡Ya no tener hambre! ¡Nunca más tener sed! Sabemos que esta realidad se dará plenamente en los Cielos.
¿Y saben una cosa? En los Cielos los Santos son libres. No es que los Santos tengan menos libertad y menos voluntad allá que acá. La libertad, que es propia del alma humana, no se pierde por llegar al Cielo.
Eso no se pierde. Pero están tan felices, que pudiendo rebelarse, -teóricamente, llamémoslo así-, que pudiendo cambiar, que pudiendo alejarse, ni por un instante, ni en la más mínima medida, se apartan. Están ahí, con Él, con el Señor, con Dios.
Eso que viven los Santos en el Cielo, es lo que nosotros estamos llamados a vivir ya aquí en la tierra. Alimentarse de Cristo, de manera que toda mi libertad sea para ser su esclavo. Alimentarme de Jesucristo, de manera que todo mi ser sea para ser suyo. ¡Que venga el Señor Jesús en este día a alimentarnos así!
Yo me alegro de que estemos celebrando la Eucaristía. La Eucaristía es una oración de petición. Es muchas cosas; es de alabanza, es de acción de gracias, pero es entre otras cosas, una oración de petición.
Cuando le decimos nosotros lo que dijo esta gente: "Danos siempre de ese Pan" San Juan 6,34, es una oración que Él la cumple, que Él la escucha, que Él la responde.
Nosotros le decimos: "Danos de ese Pan", y verdaderamente Él nos da de ese Pan, nos alimenta de ese Pan. Es la oración eficaz por excelencia, la Eucaristía.
¡Felices nosotros de celebrar la Eucaristía!