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Fecha: 20110506
Título: El Espiritu Santo es el que nos permite ser coherentes en nuestra fe cristiana
Original en audio: 4 min. 27 seg.
Una de las señales de verdadera fe cristiana es la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Precisamente, una de las razones por las que resulta tan desacreditada la fe es porque por un lado va esa fe y por otro lado va nuestra vida. El único remedio que esto tiene se llama coherencia.
Pero aprender a coser las palabras con los hechos y las convicciones con las obras no es lago que se consigue fácilmente, por eso hay tantos refranes que recuerdan la distancia que hay entre decir o pensar y obrar y actuar. Así por ejemplo tenemos en castellano aquella frase: "Del dicho al hecho hay mucho trecho", y seguro que podemos recordar palabras parecidas.
Los Apóstoles en cambio no solamente dan testimonio con sus palabras, sino que, llegado el momento del sufrimiento, están dispuestos a padecer, y no solamente sufren, sino que sufren con alegría. Esto indudablemente va más allá de las fuerzas humanas.
Y una vez más tenemos que destacar que los Hechos de los Apóstoles no son sencillamente una obra que cuenta cosas fantásticas de gente muy escogida y muy especial. Los Evangelios han sido muy claros en decirnos que los Apóstoles eran personas de lo más común, personas que incluso tenían que encontrarse en un nivel de ignorancia y de falta de instrucción bastante grande.
Pero estas personas comunes se vuelven extraordinarias por la acción del Espíritu en ellos. Es el Espíritu el que sabe trenzar, el que sabe tejer las palabras con las obras; no es simplemente esfuerzo de nuestra voluntad, sí, nuestra voluntad, pero una voluntad que esté empapada, una voluntad que esté ungida, una voluntad que esté poseída por el Espíritu, eso es lo que ellos tenían.
Y la señal de que es el Espíritu el que va haciendo las obras está precisamente en esa sensación de agradecimiento y de alegría que tienen los verdaderos mártires. San Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, capítulo trece, tiene el famoso pasaje sobre cómo es el amor, cómo es el amor cristiano.
Y entre las características que pone como propias del amor está una que siempre me ha llamado la atención: "El amor no lleva cuentas"1 Corintios 13,5.
Yo creo que esto es importante porque, cuando uno es el que está haciendo la fuerza, entonces uno lleva cuentas: uno lleva cuentas de todo lo que uno le ha perdonado a otras personas; uno lleva cuentas del número de días que por ejemplo, no ha cometido un determinado pecado; uno lleva cuentas de todo el dinero que ha dado a los pobres o de cuántas obras de caridad realiza.
Ese llevar cuentas es propio de quien siente "las cosas son escasas", por algo se dice que la economía es la ciencia de lo escaso. Cuando uno está llevando tantas cuentas es porque no tiene abundancia, Y en efecto, el corazón humano no alcanza, no tiene esa abundancia, pero Dios sí la tiene.
La abundancia de su poder y la abundancia de su gracia y de su amor, eso es lo típico, eso es lo propio de la vida nueva que trae el Señor. Y a eso estamos llamados si clamamos el don Espíritu Santo.