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Fecha: 20080404
Título: Creer en la resurreccion de Jesucristo hace que venzamos el miedo
Original en audio: 35 min. 21 seg.
Lo que sucedió después de la resurrección no fue tranquilo, no fue pacífico; lo que vino después de la resurrección de Cristo fue persecución, y lo que vino después de la persecución fue alegría.
Entonces hay que explicar esas dos cosas: por qué hubo persecución después de la resurrección, en primer lugar; y por qué esa persecución produce alegría a los Apóstoles, que fue lo que escuchamos en la primera lectura del día de hoy.
Después de que los azotaron y de que los mandaron que no hablaran en nombre de Jesús, dice: “Ellos se retiraron del sanedrín felices de haber padecido aquellos ultrajes por el nombre de Jesús” Hechos de los Apóstoles 5,41.
De manera que hay que explicar esto, ¿por qué esta persecución? ¿Por qué esa rabia contra los Apóstoles? Los Apóstoles empiezan a predicar que Jesucristo ha resucitado y eso produce una persecución, ¿por qué?
Y en segundo lugar, ¿por qué los perseguidos se sienten tan felices? Las dos cosas son muy extrañas para nuestro modo contemporáneo de pensar, porque teóricamente, por lo menos estamos en el mundo de la libertad religiosa, y se supone que si alguien cree que Jesucristo resucitó, pues allá él.
Esa sería la actitud actual: si alguien cree que Jesucristo resucitó, pues allá él; y si el otro cree que Buda se fue al Nirvana, allá él; y si el otro cree que Mahoma es el profeta, allá él. Esa es la actitud normal, la actitud más difundida, más común hoy.
¿Por qué hay persecución? ¿Qué es eso tan peligroso que trae la resurrección? ¿Qué es eso tan grave que trae la resurrección? ¿Eso que hace que las autoridades judías de aquel tiempo digan: "Tenemos que callar a estos Apóstoles, tenemos que callar a estos evangelizadores"? ¿Por qué ellos sienten que tienen que amenazarlos y tienen que callarlos? ¿Por qué sienten que tienen que silenciar esa voz?
Supuestamente es una buena noticia, es una gran noticia, es la noticia de la vida, es la noticia del perdón, ¿por qué estas autoridades están tan nerviosas? ¿Por qué sienten que tienen que apagar esa llama que apenas está encendida?
Pero luego resulta que los que viven esa persecución, los que la padecen están contentos de padecer, entonces como que la mente nuestra no entiende nada. En primer lugar, ¿por qué los castigan? Y en segundo lugar, ¿por qué están felices de que los castiguen? Simplemente no tiene ningún sentido.
La resurrección es una noticia muy peligrosa, porque para los que creemos en la resurrección ya es muy difícil asustarnos, y resulta que los poderes de este mundo funcionan a base de miedo.
Hoy, la palabra terrorismo o terrorista es muy común, y unos a otros se llaman terroristas, entonces el Presidente de Estados Unidos dice: "Al Qaeda es el gran foco terrorista del mundo"; otros de tendencia de izquierda dicen: "No, el gran terrorista del mundo es el Presidente de los Estados Unidos".
En fin, se convierte como en un arma arrojadiza, unos a otros se echan la culpa. Pero parece que todos estamos de acuerdo en que el terrorismo debería evitarse, a lo menos en un plano teórico habría que evitar el terrorismo; y sin embargo, el terror, el miedo, tiene un poder inmenso en el corazón humano, y hay una cantidad impresionante de cosas que hacemos por miedo.
Unos ejemplos nos pueden ayudar a descubrir el poder oculto del miedo en nuestra vida. Hay mucha gente que se casa mal por miedo, miedo a la soltería, miedo a la soledad; hay gente que aborta por miedo, miedo a tener que que afrontar ante una sociedad, miedo a echar a perder una carrera, miedo a tener que admitir ante unos papás, ese es poder del miedo también.
Hay personas que entran a las filas de los grupos armados por miedo, muchos de los reclutados en los grupos rebeldes han sido reclutados desde el miedo y por el miedo, o sus familias han sido amenazadas. ¡El miedo tiene un poder impresionante!
Es muy interesante, en una ciudad como en Bogotá, hacer el ejercicio de caminar y ver dónde están las huellas del miedo, yo las encuentro por todas partes. La cara de la gente es de preocupación, si alguien se me acerca mucho, “¿qué quiere? ¿Me va a robar? ¿Me va a atracar? ¿Me va a violar? ¿Qué me va a hacer?”
Nuestras caras están marcadas por el miedo. Un buen porcentaje de las arrugas, de los que tienen arrugas, son arrugas del miedo, el miedo hizo que la frente se te volviera así, y ya no hay Botox que resuelva eso. ¡El miedo!
Y uno sigue caminando por la calle y encuentra más huellas del miedo: una reja alta que acaba en un alambre de púas, que está electrificado y detrás tres perros y un hombre con una escopeta, todo eso para proteger los millones que he hecho en mi vida.
¿Todo eso qué significa? "Tengo miedo que me roben, tengo miedo de que me secuestren". El miedo tiene un poder impresionante; el miedo al ridículo tiene un poder muy grande; la gente miente, la gente blasfema, la gente niega a Cristo, la gente niega la fe por miedo, por no quedar mal con los otros.
Muchas personas sienten miedo de decir "voy a Misa"; hay gente que siente miedo de arrodillarse ante el Santísimo, porque cree que se le va a disminuir la hombría, se le va a acabar el valor, se le va..., yo no sé qué le va a pasar.
El miedo gobierna demasiados aspectos de nuestra vida, demasiados. Tememos quedarnos sin amigos, tememos quedarnos sin dinero, tememos quedarnos sin influencias, tememos quedarnos sin trabajo, y por eso nuestro mundo está organizado en torno al miedo.
Los grandes poderes de esta tierra son poderes en torno al miedo, por eso nosotros tomamos una actitud usualmente muy cómoda cuando se trata de las causas más serias, las más profundas.
Si decimos, por ejemplo, que el aborto es un crimen, creo que todos los que estamos aquí decimos: "Sí, sí, de acuerdo"; pero de decir eso, a pasarse un día enfrente de una clínica de abortos, ah, eso ya no lo hacemos, ¿por qué? Porque tengo miedo de estar perdiendo el tiempo, o tengo miedo de que sean violentos conmigo.
Los grupos de defensa de la vida, para hablar de ese caso del aborto, son mucho más audaces en otras partes.
Por ejemplo en España, esos tienen una pelea, una guerra, eso está adquiriendo las características de guerra, porque los grupos pro-vida van allá y se paran a diez metros de la puerta del “abortuario”, o como se llame, y a la gente que va entrando le entregan papeles: "Miren, esto es lo que le van a hacer a su bebé, conozca".
¿Cómo creen ustedes que tratan a esas personas? Los escupen, los insultan, los maldicen, les arrugan el papel ese. Y uno tiene miedo de eso, uno tiene miedo de que lo maltraten, de que se metan con uno.
Todos sabemos que hay mucha injusticia social, es que el aborto no es el único problema. Ahora resulta que todos los cristianos fervorosos hablan o hablamos en contra del aborto, eso está muy bien, pero es que ese no es el único pecado.
Antes de ese y al lado de ese y después de ese hay muchos otros, y entre esos grandes y graves pecados de injusticia social, de distribución de la riqueza, de distribución de la tierra, problemas muy graves que no se han resuelto, muy, muy graves, y uno sabe que eso existe.
Pero si a uno le dicen: “-Bueno, ¿Y usted qué va a hacer para resolver la injusticia social en la tierra colombiana?” “-Pues yo le pediré a la Virgencita”.
Está bien, está bien que usted le pida a la Virgencita, está bien que le pida, ¿pero usted no cree que alguien tiene que hacer algo? Sí, que alguien haga algo, que alguien lidere un movimiento por ahí había un movimiento "Laicos por Colombia", que al fin no quedó en nada.
¿Qué es lo que hace que uno no entre más, que uno no llegue a ese compromiso? El miedo. Y tu pequeña cobardía, unida a mi pequeña cobardía, y unida a las pequeñas cobardías de los demás, hacen que el mundo no cambie, hacen que se produzca maltrato infantil, hacen que se produzca injusticia contra la mujer, hacen que se produzca desplazamiento de campesinos.
Y nosotros nos enamoramos, nosotros somos supersensibles para enamorarnos por causas así por un instante.
Cuando nos dicen, por ejemplo, "los setecientos secuestrados", ahí sentimos: "¡Esto es espantoso! ¿Cómo puede haber setecientas personas?" ¿Pero cuando nos dicen: "Tres millones de desplazados por la violencia"?
Yo no le quito la importancia a ninguno de los setecientos secuestrados, pero pido que no se le quite la importancia a los tres millones de desplazados. ¿Y dónde están las marchas por esos desplazados? Bueno, algo se está haciendo, algo se ha hecho.
Todo esto ¿qué quiere decir? Que vivimos en un mundo que nos maneja mucho a base del miedo, y todos somos muy cobardes para muchas cosas.
El mundo está recordado por estos días, creo que precisamente hoy, los cuarenta años de la muerte de Martin Luther King, un hombre que no se quedó solamente pensando en que, "¡qué problema, hombre, tanta discriminación, mire cómo tratan a los de mi raza, pero mire lo que nos hacen!"
Él no se quedó lamentando el asunto, dio un paso más, y ese paso más lo llevó a la amenaza, y lo llevó al insulto, y lo llevó a la persecución, y ese paso más finalmente lo llevó a que lo asesinaran, cuarenta años hace.
Dar ese paso más, ese paso, el paso donde uno dice: "Yo no sólo soy parte del problema, sino que quiero ser parte de la solución". Ese paso más, es el que más nos cuesta trabajo, y lo que finalmente nos frena es el miedo: "Pero es que voy a perder mis tardes libres, voy a perder mis fines de semana, voy a perder la aureola de bondad, de santidad y de espiritualidad de la que me he rodeado".
Porque créanme que cuando uno está rezando y cantando y alabando uno se siente muy espiritual, uno no se siente tan espiritual cuando uno sale a marchar por los desplazados, ahí no se siente tan espiritual, y a veces uno teme perder esa aureola de espiritualidad y de misticismo. Ese también es un miedo.
¿Qué haremos para vencer todos esos miedos? Pues está el tema de la resurrección de Cristo, el maravilloso tema de la Pascua. Cuando una persona de veras cree en la resurrección de Cristo obra de un modo distinto.
Todas las causas, todas las que he mencionado y muchas más, valen la pena, merecen la pena, todas estas. Pero hay un detalle, en cualquiera de ellas se va a sufrir, en cualquiera, y uno va a perder amigos, y uno va a ganarse insultos, y eventualmente uno puede ser encarcelado, y uno puede ser torturado, y uno puede ser asesinado, todo eso puede suceder también.
¿Qué pasa cuando uno cree en la resurrección de Cristo? Pasa algo maravilloso. El mecanismo último, el miedo supremo es: “Te voy a matar”, ese es el miedo supremo, esa es el arma última del que quiere controlarte, del que quiere controlarnos; "te voy a matar", eso es lo último que le pueden decir a uno.
Pero si a uno le dicen: "Te voy a matar", y uno dice: “Y voy a resucitar”, entonces ya no lo pueden dominar a uno con ese miedo.
Yo me acuerdo aquí de San Juan Crisóstomo, obispo, gran predicador, y un hombre valiente, valiente, muchas veces lo desterraron, entonces él decía: “¿Y a dónde me van a mandar si del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes?” Es que desde la fe la cosa es distinta.
Lo último que me pueden hacer, lo peor que me pueden hacer es, después de todas las ignominias, matarme; pero si yo creo en la resurrección, si yo creo que eso es posible, y si yo creo lo que dice la Palabra: "Si padecemos y sufrimos con Cristo, reinaremos con Él" 2 Timoteo 2,11-12.
Si yo creo eso, y yo creo que mi sufrimiento no es únicamente por una causa de esta tierra, sino por amor a aquellos que son imagen de Dios, porque esa es la gran diferencia, mis hermanos.
Nosotros, cuando luchamos para que haya pan para todos, para que haya tierra para todos, para que haya justicia para todos, cuando luchamos por esas causas, nuestro amor no es simplemente para que se llegue a una promoción humana.
Nuestro amor, mis queridos hermanos, finalmente va a que se realice el plan de Dios en esas vidas, nuestro amor va a finalmente a que no se ofenda la imagen de Dios que está ahí, esto es muy importante, porque esta es una de las grandes confusiones que tenemos los cristianos católicos en esta parte del mundo.
La gente cree que cuando uno se compromete para mejorar las condiciones de vida de otras personas, ya perdió espiritualidad, y no es así. Como nos lo han enseñado grandes testigos de la fe, yo citaría a Monseñor Romero, precisamente es Dios, es Dios el que me mueve a levantar ese rostro que ha sido pisoteado.
Cuando buscamos la redención de la mujer prostituida, cuando buscamos que se suspenda el maltrato infantil, cuando defendemos al niño no nacido, estamos protegiendo la imagen preciosa de Dios que costó Sangre de Cristo, eso es lo que estamos protegiendo, nuestra motivación no es puramente humana, ¡nunca!
Hay gente que entiende las cosas así y eso crea mucha confusión, la verdadera caridad cristiana, y en esto el discurso de Benedicto XVI en Aparecida es clarísimo; la verdadera caridad no es simplemente porque son seres humanos, tiene una dimensión más que antropológica, teológica, es que hay precio de Dios ahí, es que hay Sangre de Cristo ahí involucrada, es que esa es la imagen de Dios que está siendo destruida.
Lo mismo que sucede cuando Cristo está realiza sus milagros, no es pura filantropía, no es pura compasión de ser humano a ser humano, es el deseo del cumplimiento del plan de Dios, es el deseo de la revelación del amor de Papá Dios lo que acontece ahí.
Volvamos a nuestras preguntas iniciales: ¿por qué la persecución? Resulta que las autoridades judías de ese tiempo tenían armado su tinglado en convivencia, maridaje o punible ayuntamiento con el Imperio Romano, eso era lo que tenían realmente.
Estaban acomodados a esa situación, y ellos querían pasar como buenos, y querían pasar como espirituales y religiosos, y eran de los que tenían largas vestiduras, y hacían sus sacrificios en el Templo, y ay de que la gente que no les hiciera reverencias.
Pero, en el fondo, lo que había era un sistema inestable, cuidadosamente sincronizado como un reloj suizo, en el cual cada tuerca tenía que ser apretada del modo exacto para que el sistema funcionara, y que el sistema funcionara ¿qué era? Era que ellos pudieran seguir siendo los grandes privilegiados de ese estado de cosas.
Ellos sentían que si la noticia de la resurrección empezaba a difundirse, entonces mucha gente iba a sentir: "A mí no me controlan, ustedes con sus largos ropajes, a mí no me controlan ustedes con sus sacrificios, a mí no me controlan ustedes con su incienso, a mi no me controlan ustedes con los rollos de la Ley".
"A mí muéstreme el rostro de Dios como lo reveló Jesucristo, y entonces yo le creo a usted". Y esa gente indómita, esa gente que ya nadie puede dominar, esa era la gente que ellos estaban temiendo.
Porque si Dios está realmente tan cerca, que unos ignorantes pescadores de Galilea puedan dar testimonio de El y pueden levantar a un paralítico, y pueden resucitar, y pueden hacer milagros, si Dios está tan cerca, entonces no se necesita todo ese tinglado y toda esa complicación que ellos, las autoridades de ese tiempo, habían creado.
Cristo viene a mostrar una simplificación extraordinaria del corazón humano y viene a conectarlo con el corazón de Dios en una libertad inaudita, una libertad que no dejaba espacio para la burocracia costosa y oscura de estos señores.
Ellos necesitaban de la oscuridad y necesitaban presentarse como los expertos, porque ellos supuestamente tenían la meritocracia, y la expertocracia, y la burocracia, y la plutocracia, y todas las “cracias” que significan en griego poder.
Cuando Cristo aparece con ese estilo libre, con ese poder del Espíritu, con esos milagros, con ese lenguaje que todo el mundo puede entender, estos hombres se rascan la cabeza y dicen: “¿Ahora qué hacemos? Una predicación que la gente entiende, ¿ahora qué hacemos? ¡Gravísimo! ¿No ve que ahora la gente está entendiendo? Ahora la gente sabe que Dios es amor, ¡qué problema!"
Claro, porque si si la gente sabe que Dios es amor, si la gente conoce ese poder de amor, la única manera de llegar al corazón de esas personas es siendo uno mismo amor, no hay manera de gobernar a un pueblo de convertidos si no es convirtiéndose.
Entonces ellos sienten que el mensaje de la resurrección los está dejando sin piso, sin autoridad, les está destruyendo el mercado, "este chuzo se va a acabar, esto va a explotar, contróleme a esa gente". Y ellos creían que podían seguir utilizando lo que siempre habían utilizado, es decir, miedo.
Entonces agarraron a los Apóstoles y empezaron a asustarlos; lo primero, un interrogatorio, eso lo devuelve a uno más o menos a allá como en primaria o a bachillerato, no sé, el interrogatorio: " - a ver, pasa tú, ¿cómo dices que te llamas? ¿Cómo es que es tu nombre? “-Simón, Simón Pedro”, un tipo sin estudios, un tipo que no sabe leer, un tipo que nada.
"-Te mandamos y ordenamos: jamás, oye bien, tú, plebeyo, jamás, jamás vuelvas a enseñar esa cosa de la resurrección". Y dice Pedro: "-Bueno, pues usted que sabe mucho, dígame si yo tengo que obedecerlo a usted o tengo que obedecer a Dios", y este se queda: "-¿Cómo así? ¡Insurrecto! Ahora, ¿ah? Recién promovido, ¿qué está pensando?"
Entonces utilizan mecanismos, utilizan la escalada de terror, ¿no? Entonces "a la cárcel, allá, que reflexione; yo a usted lo tengo controlado, ¿comprende? El del poder, yo, poderoso, usted, nada, ¿entendió?"
Y ni Pedro ni los Apóstoles entienden eso, ni lo aceptan, ni lo obedecen, entonces la escalada sigue: "¡A dales palo, que a palo entenderán!" Y tampoco.
Y la escalada siguió, y la escalada llegó al punto en que empezaron a matarlos, mataron a Esteban y al poco tiempo mataron a Santiago el mayor, lo mataron. "-¿Ahora sí entienden quién es el que manda? Nosotros somos los que matamos, tenemos poder", "-y nosotros somos los que creemos en la resurrección y no creemos en su poder".
Años más tarde, un obispo llamado Cipriano, dijo esta frase: "La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos, siga matando", y efectivamente, se acabó la autoridad de estas autoridades judías perversas, se acabó el Imperio Romano, y aquí seguimos nosotros alabando y bendiciendo a Jesucristo porque esto no es cosa de hombres.
Bueno, yo creo que eso explica un poco por qué la persecución. El resumen es: todos los imperios se manejan con el miedo y el miedo se acaba con la resurrección, ese es el resumen.
Segunda parte de la predicación. Bueno, ¿y por qué salen felices los Apóstoles? Dice aquí: "Porque salen felices de haber padecido aquellos ultrajes" Hechos de los Apóstoles 5,41, ¿quién puede decir eso? Creo que la mayor parte de nosotros, por lo menos este servidor, estamos lejos de ese espíritu; pero tal vez no estamos tan lejos tampoco.
Hay algunas cuantas cosas que por lo menos a mí me han sucedido que en algo se parecen a esto. Hablemos de esa clase de alegría, la alegría de la persecución.
Tengamos en cuenta que esta no es la primera vez que se habla de la alegría de los perseguidos, Cristo, en el evangelio según San Lucas, capítulo 6, cuando habla de las bienaventuranzas dice: “Bienaventurados cuando os persigan” San Lucas 6,22, y da una razón: “Porque así persiguieron a los profetas antes de vosotros” San Lucas 6,23.
Y en la otra versión de las bienaventuranzas, la que tenemos en Mateo, capítulo 5, también ahí Jesús habla de: "Bienaventurados los que son perseguidos por ser justos" San Mateo 5,10.
Bienaventurados, felices, ¿cuál es la felicidad que viene ahí? Son muchas felicidades, yo voy a mencionar unas cuatro o cinco. En primer lugar, trae alegría sentirse uno sostenido, esto no es una prueba de titanes, esto no es: "Si vieron todo lo que yo aguanto?" No, esto es: "¿Si ven cómo me sostiene Dios?"
Esto es lo que vivieron los mártires, la experiencia de ser uno sostenido por Dios, y muchos de esos mártires hablan de una alegría embriagante. ¿Ustedes se acuerdan de los muchachos estos que fueron condenados al horno encendido en el libro de Daniel? Y ellos no sólo soportaron el tormento y no sólo caminaban, sino que cantaban, estaban embriagados de gozo.
Ese caso no está sólo en el libro de Daniel, ese caso se da en muchos otros lugares. Cuando estaban matando a Lorenzo, el famoso diácono de la diócesis de Roma, lo quemaron vivo sobre una parrilla, y entonces el hombre hacía chiste de su martirio, mostrando quién es el único poderoso.
Entonces después de que lo habían puesto de un lado, él le dijo al verdugo: “Bueno, ya puede darme la vuelta, porque ya estoy bien quemado de este lado, ahora deme la vuelta”.
Esas frases no las puede decir ningún ser humano con sus propias fuerzas, esas frases provienen de una experiencia sublime, la experiencia de ser sostenido por Dios, y cuando uno dice: "Bueno, Dios es el único que puede hacer eso", eso da alegría.
Pero cuando uno lo vive en la propia carne de uno, en el propio cuerpo de uno: "¿yo cómo puedo estar viviendo este sentirme tranquilo?" Es sentir que Dios me levanta, que Dios me sostiene, y eso produce alegría, eso produce una gran alegría.
También produce alegría ver la victoria de Dios y la confusión de los enemigos, como pasó aquí, por ejemplo, en este texto, o en uno de los textos de la Misa pasada, mire esto tan bueno. Cuando Pedro les dice: “Hay que obedecer a Dios y luego a los hombres” Hechos de los Apóstoles 4,19, dice: "Esta respuesta los exasperó" Hechos de los Apóstoles 4,21.
Los enemigos quedan confundidos, la gente no sabe qué decir, es decir, nadie experimenta la victoria de Dios con mayor fuerza que los mártires, nadie ve más el poder de Dios. Es ver al Señor logrando su victoria, es verlo uno con los propios ojos, y eso produce alegría; es sentir la confirmación de todas y cada una de las palabras del Evangelio.
Porque para muchos de nosotros estas palabras son como teóricas. Dice Jesús, allá al final evangelio de San Marcos: "Yo les voy a dar una sabiduría a la que nadie podrá resistir, y si ustedes beben un veneno, no les hará daño" San Marcos 16,18.
Hubo un misionero dominico en el siglo XVI, San Luis Bertrán, que se hizo odioso, y no se hizo odioso por rezar el Rosario, se hizo odioso porque él hablaba de los derechos de los indígenas. Fiel a la mejor tradición cristiano católica, yo no puedo ser espiritual si no estoy luchando por la defensa de todos los derechos de todas las personas. Esto es en el siglo XVI.
Entonces Luis Bertrán, estando aquí en Colombia, porque él predicó aquí en este país, decía a los encomenderos: "Oiga, ustedes están alimentándose con la sangre de estos indígenas, que los hacen trabajar hasta matarlos", y eso se los decía en la cara a ellos.
Por supuesto, esa no era una noticia agradable para ellos, pero además Luis Bertrán hacía milagros, de los cuales he contado algunos.
Uno de los más famosos es que estaban algunos de estos encomenderos comiéndose unos deliciosos envueltos de maíz, y entonces unos de ellos le da un mordisco a uno de esos envueltos, y le dice el santo: “Mire de qué se está alimentando”, y chorrea sangre humana del envuelto de maíz.
y ese hombre tiene que arrojar el bocado, se le daño la comida, se le daño la digestión, ese día no pudo hacer siesta, fue un día complicado para ese hombre.
A Luis Beltrán lo buscaban para matarlo entonces, y le dieron veneno, una de las cosas que le hicieron para tratar de matarlo fue darle veneno, ¿y tú sabes lo que es eso? Saber uno que lo han envenenado y que uno no se ha muerto? ¿Y saber uno que eso lo dice que Jesús y que se le cumple a uno?
Para mí esa alegría se parece a como cuando uno reza por una persona y se cura, ese es un gozo, es la cosa más linda que a uno le puede pasar, porque es sentir que todas estas palabras no son ahí teoría, son palabras de vida, son palabras de fuerza y verdad que transforman la existencia.
Entonces lo mismo les pasa a los mártires, cuando el mártir descubre que es verdad lo que ha dicho Jesucristo, porque es que además Jesucristo nunca dijo: “Los van a recibir bien, los van a consentir, los van a amar, ustedes van a ser los mas contemplados”, Jesús nunca dijo eso.
Por eso es tan importante pasar por persecuciones y por eso nuestra amada Santa Catalina de Siena, a la cual no había mencionado hoy, virgen, doctora de la Iglesia, siglo XIV, cuando no tenía dificultades ni persecuciones, cuando nadie la insultaba, cuando no tenía así grandes problemas ni nada, entonces le decía a Jesús: “Bueno, ¿qué? Estamos de pelea ¿o qué?”
Usualmente uno prefiere lo otro, ¿no? "Que nadie se meta conmigo, que yo no tenga problemas, que todo sea sobre rieles"; pero esa no es la mente del Evangelio. Tiene que haber contradicciones.
Y la última razón que quiero mencionar por la que viene esta alegría, es por lo que dice San Agustín: "Nadie puede ser coronado si no ha batallado, y no puede haber batalla si no hay tentación, si no hay persecución".
Entonces, el verdadero discípulo de Jesucristo no busca los peligros, no busca las tentaciones, no busca sus verdugos, no; pero sabe que esas cosas van a suceder, y que sucederán en el momento de Dios, y que sucederán a la manera de Dios, y cuando suceden mira cómo se cumple todo el Evangelio, mira cómo todo es verdad, experimenta el poder de Dios, hasta cierto punto diríamos, si no suena como poco cristiano, se le ríen en la cara a los enemigos.
Como dice el segundo libro de los Macabeos cuando estaban torturando a aquellos muchachos, -le decía uno de ellos que estaba a punto de morir-, le decía al rey que los torturaba: "Nosotros entregamos estos miembros, estos órganos que nos dio Dios para recuperarlos” 2 Macabeos 7,10.
Ya ellos tenían esa intuición de la resurrección. “Los damos para recuperarlos, pero tú no vas a resucitar para la vida” 2 Macabeos 7,13. El condenado se convierte en realidad en juez que da la Palabra de Dios para ése que lo está atormentando.
¿Cómo aplicamos esto a nuestra vida? Repito, estas nos son fuerzas humanas, esto no es que yo aguanto mucho, esto no es: "Yo he ido bastante al gimnasio, ya resisto golpes, no.
Esto no es entrenamiento, este es el ejercicio de conocer la buena noticia en la que hemos puesto nuestra fe, conocer este amor, depositar la confianza ahí y decirle al Señor: “Tú eres el único, glorifícate en mi vida, glorifícate en mi pasión, así como te glorificaste en la Pasión de tu propio Hijo”. Esa es la vida de los mártires.
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.