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Fecha: 19980424

Título: La Iglesia de Jesus necesita depender de una palabra profetica que a veces se oponga a lo que dice la mayoria

Original en audio: 19 min. 15 seg.


Las Escrituras son cuidadosas en contarnos que en medio del Sanedrín las cosas no eran todas adversas a Dios, no era un pozo de injusticia.

Sabemos de Nicodemo, sabemos de José de Arimatea, sabemos de Gamaniel, hombres que querían ser justos, que querían obrar según el querer de Dios.

José de Arimatea, expresamente, estuvo en desacuerdo cuando se decidió la muerte de Cristo, así lo anota el Evangelistas Lucas, él dice expresamente: "José de Arimatea no estuvo de acuerdo" San Lucas 23,51.

Con lo cual se nos está diciendo que la institución sanedrina, el Sanedrín como tal, quedó juzgado también, porque cuando una institución tiene gente buena y gente mala, pero se termina haciendo el mal, quiere decir que esa institución no sirve.

El Sanedrín tenía mucha gente, se piensa en cerca de setenta personas, y en medio de esas setenta voces, las de Nicodemo, José de Arimatea, Gamaniel y tal vez algunos otros quedaron apagadas, ¿apagadas por qué o por quién? Por la mayoría, y por la tradición, y por el respeto, y por lo que siempre se ha hecho así, y por cosas o consideraciones semejantes.

Pero no debía ser tan fuerte esa autoridad de respeto como para que no pudiera hablar la gente, porque el episodio de los Hechos de los Apóstoles de hoy nos muestra a un Gamaniel que se levantó en el Sanedrín, él mandó que sacaran a los Apóstoles y luego echó el discurso que hemos escuchado.

Y ahí no dice que se hubieran salido ni Anás, ni Caifás, ni los demás, ahí estaban también ellos, o sea que aunque Caifás, por ejemplo, tuviera una gran autoridad ante la gente o ante el Sanedrín, era una autoridad que no permitiera hablar, pero sí era una autoridad que polarizaba las decisiones de la mayoría.

Porque hay esas dos hipótesis. La pregunta es: ¿por qué si en el Sanedrín había gente que estaba en desacuerdo con los procedimientos tenebrosos de Caifás y sus secuaces, por qué si el Sanedrín no estaba completamente unido, sí terminó, como grupo, como institución, terminó decidiendo la muerte de Cristo y luego la persecución de los Apóstoles?

Y las respuestas que se dan son: bueno, porque es que había una autoridad especial de algunos, y la otra respuesta es: porque eran una minoría despreciable frente a la aplastante mayoría.

Estamos viendo entonces que lo de la autoridad es muy relativo, porque no llegaba a ser una autoridad que silenciara a la oposición. En el Sanedrín había una oposición reflexiva, la oposición de Gamaniel, y Gamaliel pudo hablar, y no sólo pudo hablar sino que tomó decisiones: “Saquen a los Apóstoles, voy a hablar yo” Hechos de los Apósotoles 5,34.

Y todo el mundo lo escuchó y luego de que lo escucharon dijeron: “Sí, tiene razón”, tiene razón pero no le hicieron caso porque él decía que lo soltaran;pero dijeron: "Gamaliel tiene razón, pero siempre démosle unos azotes y démosles unas recomendaciones a los los Apóstoles".

De manera que el argumento de la autoridad no es suficiente explicación, lo que parece imponerse es que el Sanedrín era una institución en la que en últimas se hacía lo que dijera la mayoría.

Y por eso, aunque José de Arimatea viera que no había que crucificar a Cristo, que ese no era el camino, su voz, aunque fuera escuchada, como podemos suponer, si oyeron a Gamaliel también pudieron oír a José de Arimatea; su voz, aunque fuera escuchada, naufragó.

Y una institución que está dividida pero que termina polarizándose por una decisión mala, es una institución que no sirve, porque puede de nuevo condenar a Cristo, porque puede de nuevo dejar perder al inocente. Ustedes imaginarán hacia dónde van estas reflexiones.

¿Dónde están esas ideas hoy? ¿Las ideas de que sea la mayoría la que decida? Eso se llama democracia, y por lo tanto la conclusión que tenemos que sacar hoy de la primera lectura es que la democracia no tiene poder para salvar la vida de los inocentes.

Ese cuadro de unos que se oponen y una aplastante mayoría que se impone, es el mismo cuadro que se ha dado en muchas escenas.

Cuando el Parlamento italiano aprobó la despenalización del aborto, ¿no había también un José de Arimatea, no había también un Gamaniel, no había gente respetada, juristas respetados, que dijeran: "Eso no se debe hacer"? Y sin embargo, la aplastante mayoría logró imponerse,porque para eso es aplastante, para aplastar.

La democracia puede juzgar y puede condenar, y ha condenado y condenó a una cantidad de seres humanos en estado de embrión o de feto a morir, los condenó, los condenó la mayoría.

Y las voces de los que tal vez no estaban de acuerdo, aunque tal vez fueron oídas y fueron con respeto como oyeron a Gamaliel; aunque fueron oídas, seguro que fueron oídas en el Parlamento italiano, o en de Estados Unidos, o Inglaterra, donde sea, todas esas voces son oídas en el típico respeto democrático para luego hacer lo que dice la aplastante mayoría, que para eso es aplastante, para imponer su voluntad.

Osea que este capítulo quinto de los Hechos de los Apóstoles es un juicio a la democracia también, o para ser más precisos, es una manera de indicarnos que la democracia no puede tener la última palabra en la Iglesia, porque de lo contrario la Iglesia va a repetir los mismos males que cometió el sanedrín.

Que es necesario que haya una cierta participación, pues eso pertenece a la misma enseñanza de los Hechos de los Apóstoles. Les vemos reunirse, les vemos orar, sí, pero los Apóstoles no van a formar una nueva democracia, los Apóstoles no van a formar un nuevo sanedrín.

Estos textos son supremamente importantes para comprender a la Iglesia, para amar a la Iglesia y también para defender a la Iglesia. Nos damos cuenta de que la mayoría no siempre tiene la razón y de que no se puede decidir todo por voto.

En tiempos recientes, donde ya algunos de nosotros habíamos nacido, nuestra Iglesia recuerda una historia que tiene su semejanza con esto. Cuando se estaba haciendo la consulta teológica sobre aquello de los métodos artificiales de planificación familiar, se nombró una comisión internacional, en la que había obispos y monseñores y teólogos.

Y si no lo sabían, les digo: el parecer de la mayoría fue que la Iglesia debía dejar mayormente a discernimiento privado y de la conciencia de los esposos ese problema.

Pero no debía hacer un pronunciamiento sobre la intrínseca inmoralidad de los métodos artificiales de planificación familiar, no debía meterse en eso, sino hacer como un documento general de defensa de la vida y de lo que fuera, pero dejar ese problema sin dar un juicio moral sobre ese punto. ¡Eso dijo la mayoría, y eso se sabe que lo dujo la mayoría!

Pero la Iglesia no funciona como el Sanedrín, si la Iglesia fuera el Sanedrín, entonces hubiera tenido que decirse eso, y luego la mayoría entonces dirá cualquier otra cosa: la ordenación de mujeres, o dirá cualquier otra cosa, que un laico puede presidir la Eucaristía, o cualquier otra cosa.

y la mayoría irá ganando poder, y esa mayoría ¿de dónde saldrá? Puesto que todo será por elecciones, entonces repetiremos en el mundo el método de gobierno federal de los Estados Unidos de América, y entonces luego los grupos que consigan poder, por ejemplo, poder de respaldo, poder de propaganda, impondrán sus candidatos para defender sus intereses. ¡Esa no es la iglesia de Jesús!

La Iglesia de Jesús necesita depender de una palabra profética, necesita depender de una palabra que a veces se oponga a lo que dice la mayoría, y esta es una de las dimensiones del extraño y difícil pero necesario ministerio de Pedro.

El Papa Pablo VI recibió los datos de la comisión que él mismo había reunido, y desobedeció lo que había dicho la comisión, no siguió lo que había dicho la comisión, y produjo un documento que le trajo insultos, recriminaciones, burlas, problemas, rechazos y desobediencias, uno de los documentos más polémicos de los últimos tiempos: 1968, "Humanae vitae".

Y por ese documento Pablo VI perdió decenas de miles de amigos, y perdió el respeto de mucha gente. Pero se opuso, y se opuso no por razones personales, se opuso desde aquello que en la oración, en el discernimiento del espíritu, desde aquello que él descubrió, discernió, rogando también la oración de la Iglesia.

Hay cosas que la gente no sabe, por ejemplo, mucha gente no sabe que métodos que parecen de planificación familiar, que es un tema muy interesante tratar aquí, algunos de esos métodos no impiden el embarazo, sino que lo interrumpen son abortivos, microabortivos.

Los dispositivos intrauterinos no impiden el embarazo, impiden la fijación en la pared del útero, del óvulo fecundado, y un óvulo fecundado es un ser humano en camino, esto quiere decir que si no se dice, si no se predica expresamente que no se pueden utilizar esos métodos, hay micro abortos.

La mujer ni siquiera se da cuenta de que se concibió un ser, y me parece que está dentro de las reglas naturales de su organismo y su fisiología, lo que le sucede, y no sabe cuántos seres humanos ha matado así.

Pero se necesita ser Pablo VI, y se necesita haber recibido la gracia del Espíritu Santo, y se necesita tener mucha gente respaldando en oración para atreverse a oponerse a toda una comisión de esas, que a su vez estaba dependiendo de una opinión pública que hacia una presión violenta para que el Papa cediera en eso.

Como va a haber una presión violenta, la ha habido ya con Juan Pablo II, y si Dios no dispone otra cosa, si Cristo no vuelve pronto en estos días, pues seguirá habiendo esa presión violenta sobre el sucesor de Pedro´.

La enemistad, el odio, el ataque físico, moral al Papa, y las ansias democráticas en la Iglesia, en el fondo es para que la Iglesia funcione como quería el conciliarismo, a la manera de un sanedrín, y muchas vidas inocentes y muchos casos se pierdan.

Obviamente, se puede hacer esta pregunta: bueno, ¿pero ese régimen monárquico también tiene sus peligros? Porque en últimas decir que no hay una democracia, es decir algo parecido a que la Iglesia funciona monárquicamente.

Porque finalmente hay una persona, que es el sucesor de Pedro, y ese sucesor de Pedro, pues, tiene también el riesgo de equivocarse y tiene también otros riesgos, a lo cual algún católico convencido podría responder: “No, porque nosotros creemos que la acción del Espíritu Santo preserva finalmente en la verdad al Papa”.

Y entonces se podría contra-argumentar: "Si el Espíritu Santo preserva en la verdad al Papa, pues igual podría preservar en la verdad a un concilio o a una comisión", es el famoso problema entre el Papa y el concilio.

Sí, eso es cierto, pero aquí es donde viene la historia, la Iglesia no es un invento salido de la mente de alguien, la Iglesia es el fruto maduro de la viña de Israel, y la viña de Israel nos dice que, aunque un sanedrín o un concilio tenga gente tan respetable como Gamaniel, se le obedece pero le da una paliza a los apóstoles.

Y aunque tenga gente tan honrada como José de Arimatea, se le escucha pero se asesina a Cristo, y habría otras razones de tipo antropológico y sociológico para mostrar por qué efectivamente no se puede creer que el concilio tenga siempre la última palabra, y por qué hay que recordar esa última palabra al Papa.

Lo que estoy diciendo es, con otras palabras, que aquello que predica la Iglesia desde el Concilio vaticano I, el don de la infalibilidad Papal, tiene su sustento en la Escritura, y nosotros hemos no sólo de creerlo, sino de amarlo y agradecerlo.

Tomemos esta experiencia del Sanedrín y de Gamaniel, bendigamos a Dios por el ser de la Iglesia y roguémosle que también en nosotros las cosas funcionen no por mayoría. Cuando yo digo por nosotros aquí, no estoy pensando en una institución comunitaria, como decir el convento, el monasterio, el sínodo.

No, estoy pensando en que uno mismo, cada uno de nosotros es como un mundo o como una especie de república, y hay veces en que casi todo dentro de uno reclama algo y sólo hay una vocecita que dice: "No, no, no, es mejor que obedezcas, es mejor que tengas confianza, es mejor que creas, es mejor que hagas penitencia por eso, es mejor que te humilles y te arrepientas".

Y todo dentro de uno es como un sanedrín, todo dentro de uno es como una presión inmensa que le pretende decir: “Revélate o miente, aprovecha, intriga”. Todo dentro de uno, y apenas hay una vocecita que dice: "No, no, resiste, cree en el Señor.

Pues también nosotros, que tenemos esa estructura dentro de nosotros mismos, creámosle a esa única vocecita, porque puede que sea la voz de Gamaniel, puede que sea la voz de la conciencia, puede que sea la voz de Dios, que a veces está casi apagada, pero aunque esté apagada, aunque parezca anciana, aunque parezca enferma o anticuada, es la mejor y la más preciosa voz en nuestra vida.

Que nosotros sigamos esa voz, que tiene consejos extraños que no le van a gustar a la mayoría de nuestros pensamientos, o a la mayoría de nuestras pasiones, pero que sea esa voz la que nosotros sigamos, porque esa es la que lleva a la vida.