P024008a
Fecha: 20110505
Título: Sin en el Espiritu de jesus no podemos llevar a cabo las obras de Jesus
Original en audio: 4 min. 27 seg.
La primera lectura del día de hoy está tomada del capítulo quinto de los Hechos de los Apóstoles; es decir, la comunidad cristiana, nacida de Pentecostés, ha tenido ya que recorrer un primer trecho. Y esos primero pasos están marcados por la persecución, los enemigos de Cristo se convierten en enemigos de los cristianos.
Y yo creo que aquí hay una primera enseñanza para nosotros. Es bueno saber que aquel que está fastidiado por Dios, aquel que detesta a Dios, va a detestar a los que creen en Él. Aquel que no ama a cristo, va a sentirse enemigo de los que creen en Cristo.
En este sentido, tenemos que ser muy realistas: nosotros, los creyentes, tenemos que comprender que nuestra fe automáticamente nos gana enemigos, o dicho de otra manera, es normal que la fe traiga enemistad, es normal, es lo que hay que esperar, es lo que suele suceder.
Pero lo que no es ordinario ni común es encontrar gente de tanto valor como estos Apóstoles, que teniendo que enfrentar persecución, cárcel, azotes, e incluso la muerte, permanecieron fieles al Señor.
Si nosotros tenemos en común con los Apóstoles que tendremos que ser perseguidos, pues, tengamos también en común con ellos el permanecer firmes en la fe.
Y es importante ver cuál es la razón de la esperanza de ellos: están convencidos de que hay una fuerza interior, están convencidos de que de Cristo mismo proviene ese Espíritu de amor, ese Espíritu de vida que es el que les concede hablar. Dicho de otra forma, no estamos simplemente ante gente obstinada, gente terca, o no estamos ante unos héroes, que por resultado de sus solas fuerzas, logran mantenerse en circunstancias tan adversas.
El Cristianismo no es un aplauso a la élite de los que son capaces de aguantar todo tipo de torturas, o son capaces de sostenerse en una opinión pase lo que pase. El Cristianismo no es un homenaje a la obstinación, ni tampoco es sencillamente un homenaje a las fuerzas humanas.
Si estos hombres, que carecían de instrucción, son capaces de hablar así, y si estos cobardes, que huyeron en el momento de la Pasión, ahora permanecen y enfrentan lo que venga, incluyendo azotes, cárcel y la muerte, es porque algo nuevo ha sucedido en ellos, y eso nuevo es la efusión del Espíritu Santo.
Qué bien que nosotros, ya desde estos primeros días del tiempo pascual, orientemos nuestra mirada, pongamos nuestro objetivo en el final del tiempo pascual, que es precisamente Pentecostés.
Sin el Espíritu de Jesús no se pueden llevar a cabo las obras de Jesús; sin el Espíritu Santo de Dios no somos capaces ni de dar testimonio ni de sostenernos coherentemente en nuestra fe. Necesitamos de ese Espíritu, necesitamos de esa fuerza. Dios la da, la da con abundancia. Precisamente recordábamos esta semana al Apóstol Santiago "el Menor", y éste dice en su Carta: "El que esté falto de sabiduría, que la pida al Señor, que la da con abundancia" Santiago 1,5.
Dios desea darse a nosotros, Dios desea entregarnos el regalo de su Espíritu, y tenemos que estar dispuestos a pedirlo, pero sobre todo a recibirlo, para también nosotros vivir con coherencia, incluso con alegría, nuestra fe.