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Fecha: 20010426

Título: La Resurreccion es un mensaje profundamente revolucionario porque le da al alma humana un camino de libertad

Original en audio: 8 min. 9 seg.


Una manera de aprovechar las riquezas de la Palabra de Dios es hacernos algunas preguntas, porque cuando todas las cosas nos parecen obvias, no entramos en ellas; y si no entramos en la Palabra, la Palabra tampoco entra en nosotros.

Dicen los sumos sacerdotes que por qué los Apóstoles siguen predicando la Resurrección. Están angustiadas las autoridades judías porque se predica la Resurrección, "les habíamos prohibido" Hechos de los Apóstoles 5,30.

Pedro no hace sino repetir lo mismo que había dicho en el juicio aquel cuando sanaron al paralítico de nacimiento: "Vosotros lo matasteis colgándole de un madero, pero Dios lo resucito" Hechos de los Apóstoles 4,10.

La pregunta que nos hacemos es: "¿Por qué a estos les angustia que se predique la Resurrección? Llegaron a la exasperación y decidieron acabar con ellos; y de hecho, por eso murió el Apóstol Santiago; y por eso se desataron las persecuciones, de las que vamos a oír en los siguientes días.

¿Por qué el mensaje de la Resurrección es tan preocupante para estas autoridades? De hecho, la mayor parte de los sumos sacerdotes, si no todos, pertenecían al grupo de los saduceos.

Sabemos que la palabra "saduceo" se deriva de Sadoc, aquel sumo sacerdote de tiempos del Rey David, que precisamente por su relación con el rey, por su fidelidad al rey, le dio un sello especial de autenticidad a su sacerdocio.

Los saduceos se consideraban los herederos, por carne, por sangre y por espíritu, por decirlo así, de Sadoc; consideraban que ellos eran el verdadero sacerdocio. Y habían tomado como estilo suyo estar cerca del poder. Ya en otra ocasión la Escritura nos dice que los saduceos no creían en la Resurrección.

Así que, en ellos, se unían dos cosas: negar la Resurrección, -porque ellos fueron los que sacaron la historia esa de la mujer que estuvo casada primero con un hermano que se murió, y luego otro hermano que se murió, y así hasta siete-; negar la Resurrección y aliarse con el poder que reina.

Para ellos esas dos cosas eran una sola cosa: negar la Resurrección y aliarse con el poder de esta tierra.

Negar la Resurrección es negar una posibilidad de justicia o de intervención divina más allá de los límites de la muerte; y si se quita lo que pueda suceder más allá de la muerte, lo único que queda es esta vida, y por lo mismo, en esta vida lo que hay que hacer es aliarse con el que tenga fuerza, aliarse con el poderoso. Ellos se preciaban de ser amigos de Pilato, y de estar en los cumpleaños de Herodes.

Osea que por aquí vamos entendiendo: tenían que negar la Resurrección para que quedara como único horizonte lo que sucede en esta tierra y lo que sucede en esta vida. Tenían que negar la Resurrección para que quedara claro que el único lugar del que debe ocuparse el ser humano es de esta tierra, con sus poderes y con sus riquezas.

Porque en esta tierra, con sus poderes y con sus riquezas, ellos eran los que mandaban, ellos eran los que tenían la dominación y el poder. El mensaje de la Resurrección, en cambio, resultaba, seguramente sigue resultando, terriblemente subversivo.

Si hay Resurrección, entonces hay Uno, Cristo, que no pudo ser vencido, ni siquiera torturándolo y matándolo. Si hay Resurrección, y si se predica que el Resucitado es el primero en desobedecer las leyes, los preceptos de estas autoridades, y a ese Resucitado ya nadie le puede hacer nada, entonces la misma autoridad de ellos queda por tierra.

Si hay Resurrección, entonces uno puede empeñarse, más allá de lo que digan los fanfarrones de esta tierra, uno puede empeñarse en una causa, como es la causa del amor, el amor por el pequeño, por el pobre, el amor por el olvidado y el marginado, uno puede entregarse a esa causa. Y nadie, ni siquiera el que pueda matar, tendrá suficiente fuerza para detener ese modo de obrar.

La Resurrección es un mensaje profundamente revolucionario porque le da al alma humana un camino de libertad, le da al alma humana un horizonte más amplio que lo que puede suceder en las intrigas palaciegas, en las que se sentían tan hábiles los saduceos.

Pedro entiende el juego y no entra en él; fortalecido por el Espíritu, tiene el vigor de decir incluso lo que hemos oído hoy: "Nosotros somos testigos de esto, y también el Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen" Hechos de los Apóstoles 5,32.

Con ese vigor, Pedro muestra que no está dispuesto a ceder a las presiones, a las torturas, a las persecuciones que se le ocurran a estos señores.

Una cosa maravillosa ha sucedido, la libertad ha empezado y la última palabra ya no la tiene el que más mande, el que más amenace, el que más mate; ahora el poder lo tiene Dios, el Reino de Dios ha empezado a llegar con la Resurrección de Cristo.