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Fecha:19990413
Titulo: Hay que nacer de nuevo: nacer del agua y del Espiritu
Original en audio: 12 min. 12 seg.
Nicodemo era un hombre anciano, un hombre mayor que tenía autoridad en medio de los judíos y como se había ganado el respeto de sus compatriotas temía perderlo, por eso fue a Jesús pero en la noche para no llamar la atención, porque no quería que lo identificaran como discípulo suyo.
Nicodemo no fue a entregar su corazón a Jesucristo, fue a probarlo, fue a ver si se podía confiar en ese profeta extraño que hacía señales. Jesús le habló, según nos cuenta la lectura de ayer, de que "había que nacer de nuevo, nacer del agua y del espíritu" San Juan 3,5.
Nicodemo juzgó esto imposible: "¿Cómo va un hombre a entrar de nuevo en el vientre de su madre y volver a nacer?" San Juan 3,4, pregunta Nicodemo.
En ese contexto Cristo le dice a Nicodemo: "De lo que sabemos hablamos, de lo que hemos visto damos testimonio y no aceptais nuestro testimonio" San Juan 3,11.
Y luego viene una frase enigmática del Señor en la que quiero detenerme: "Si no creeis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creereis cuando os hable del cielo?" San Juan 3,12, es una pregunta que nos pone a pensar.
¿Qué fue lo que motivó que Cristo dijera eso?, fue el hecho de que Nicodemo juzgó imposible ese nacer de nuevo, para Nicodemo no había oportunidad de volver a nacer, no veía como.
Es evidente que cuando Cristo dice que está hablando de las cosas de la tierra, está hablando del nacer de nuevo , porque eso fue lo que Nicodemo no le creyó y dice Cristo: "No aceptais nuestro testimonio" San Juan 3,11, y dice también: "Si no creeis cuando os hablo de la tierra" San Juan 3,12.
De manera que para Cristo ese nacer de nuevo, es hablar de cosas que todavía suceden en esta tierra y eso es cierto porque el nacer de nuevo es algo que sucede aquí en la tierra.
Entonces dice Cristo "Si no creeis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creereis cuando os hable del cielo?" San Juan 3,12.
Puede decirse entonces que hay otro nivel en la palabra de Jesucristo , hay un discurso, hay una palabra que Cristo no le dice a Nicodemo, porque no aparece que se la diga por ninguna parte, una palabra que es una palabra del cielo.
Hablar de la tierra y hablar del cielo. Hablar de la tierra es hablar de ese nuevo nacimiento que sucede aquí en esta tierra, nacimiento del agua y del Espíritu, ¿qué sera entonces hablar del cielo? ¿Por qué Cristo dice: "¿Cómo creeréis cuando os hable del cielo?"? San Juan 3,12, ¿qué será que Cristo nos hable del cielo? ¿Qué querrá decir Él con eso?
Se pueden proponer varias explicaciones. Vamos a mirar dos de esas explicaciones. En la primera interpretación, el nuevo nacimiento es algo que pasa en esta tierra, por ejemplo, el bautismo sucede cuando estamos en esta tierra, y la vida de los bautizados transcurre en esta tierra.
De manera que aunque en el bautismo recibimos una vida celestial, divina, esa vida todavía tiene su recorrido en esta tierra.
Hablar del cielo es hablar de la vida que ya no es vida en esta tierra, sino que es vida en los cielos. De alguna manera hablar de la tierra, del nuevo nacimiento se refiere al comienzo de la obra, hablar del cielo es hablar del final de la obra en los cielos.
Otra interpretación es que cuando nosotros hablamos de la tierra, estamos mirando el hecho de que Dios vino a esta tierra, pero hablar del cielo es que nosotros vamos a ir a donde Él está.
Si no creemos lo que Dios hace por nosotros aquí, sino creemos que Él vino, ¿cómo vamos a creer que nosotros iremos? Estos dos misterios están relacionados, y yo creo que esta interpretación es correcta en la lógica del evangelio de Juan, porque Juan en su evangelio maneja mucho esa expresión de: "Vino del cielo a la tierra y ahora va de la tierra al cielo".
Explícitamente le dice Jesucristo a los discípulos en el discurso de despedida de la Última Cena: "Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y me uno al Padre" San Juan 16,28, es decir que efectivamente esos dos misterios están relacionados.
"Salí del Padre y vine al mundo" San Juan 16,28, es la obra con la que Dios nos bendice y las señales que Él nos da en esta tierra, eso es hablar de la tierra. "Ahora dejo el mundo y voy al Padre" San Juan 16,28, es el recorrido que nosotros hacemos ya redimidos hacia Él y que tiene su consumación en Él mismo y eso es hablar del cielo.
Es evidente que Cristo ve más alto. El hablar del cielo que de la tierra: "Si no creeis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creereis cuando os hable del cielo?" San Juan 3,12, con esto, si nuestra interpretación es correcta, Cristo nos está diciendo es: "Más grande que lo que Él haga por nosotros aquí es lo que Él haga con nosotros allá".
"Más grande que lo que Él haga en favor de nosotros aquí, es lo que Él haga de nosotros, lo que Él quiere hacer de nosotros; no es más grande lo que Dios hace para mí sino lo que Dios hace de mi; lo que Dios hace para mí es lo que pertenece a la obra de Dios que viene a esta tierra, lo que Dios hace de mí es su obra conmigo, en mí, en los cielos.
Entonces podemos aplicar este evangelio a nuestra vida. Cuando le pedimos cosas a Dios, cuando le pedimos gracias a Dios estamos pidiendo cosas para nosotros; cuando le pedimos a Dios que obre en nosotros, que haga de nosotros otras personas, entonces no estamos pidiendo cosas para nosotros sino que de nosotros haga otras personas.
Y Dios puede hacer esas dos clases de obras, Dios puede hacer obras para ti, pero eso no es lo mas importante, lo más importante es lo que Dios haga de ti.
Lo más importante no es darle regalos nuevos a un niño consentido o malcriado, lo más importante es que el niño cambie, lo más importante no es que Dios le dé regalos a ese niño malcriado que somos nosotros, lo más importante es que nos haga virtuosos para que todo sea un regalo.
Para un niño que está mal educado ningún regalo es suficiente, para un niño que está educado todo es un regalo. Ese niño educado es Jesucristo, Él no tenía nada sino todo el universo,"Todo me lo ha dado mi Padre" San Juan 17,7, dice Él. Él era el niño más regalado, pero no tenía nada.
Papá Dios no tenía que decirle: "Esta silla es tuya", cuando uno esta malcriado uno quiere oír cosas como: "Esta silla es tuya", si uno tuviera la cabeza en su sitio, descubriría que ese es un mal negocio para uno, en el momento en el que alguien dice: "Esta silla es la tuya", quiere decir que todas las demás no son tuyas.
Cuando uno quiere regalos para uno sale perdiendo, porque todo lo que no sea regalo para uno, no es de uno; en cambio, si Dios hace de mí otra persona entonces todo es regalo para mí, entonces gana el universo entero; eso fue lo que vivió Jesucristo, por eso Jesús no tenía nada pero lo tenía todo.
Mira qué maravillas descubrimos en el Corazón de Jesucristo, Él vivía en el cielo; modo simple de vivir en el cielo: "No le voy a pedir regalos para mí, le voy a pedir que haga de mí alguien distinto, que el regalo sea yo"; es más bonito que Él me vuelva un regalo, porque si me da regalos a mí, eso me sigue malcriando".
Así obraba y vivía Jesucristo, Él se convirtió en el regalo del Padre, que es la lectura que vamos a escuchar en el día de mañana; que Dios nos conceda mañana asistir también a la Santa Misa para escuchar cómo Cristo se convirtió en regalo, cómo Cristo que no pidió para sí, sino pidió que Dios hiciera de Él .
Cristo se convirtió en regalo, ese es el propósito: "Señor Dios, yo no quiero pedir cosas para mí, quiero pedir que de mí hagas alguien distinto".
Amén.