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Fecha: 20001201

Título: Dios es el Senor y no ha entregado a nadie su senorio

Original en audio: 24 min. 11 seg.


De verdad no es fácil entender algunos de los símbolos del Apocalipsis, y de los símbolos más difíciles es esto de los "mil años" Apocalipsis 20,3.

El diablo atado durante mil años, y durante esos mil años reinan siervos de Cristo; luego, el diablo será desatado, y entonces vendrá una especie de confrontación final, y de esa confrontación final, la victoria última.

Se han propuesto varias posibilidades sobre qué significa esto de los mil años. Algunas sectas lo han interpretado de manera literal, algunas sectas cristianas no católicas, pero ahora último también hay algunos católicos que identifican algo parecido al reino de estos mil años, con algunos mensajes que se supone ha dado la Virgen María sobre el triunfo de su Corazón Inmaculado.

Más o menos la idea que tienen algunas personas, no sé qué tanto se haya difundido eso por estos medios, la idea que tienen es que vendrán unos días de oscuridad, unas grandes tribulaciones, un llamado a la conversión, devastación de una parte de la tierra y luego de eso de eso vendrá como una humanidad nueva en esta tierra, donde verdaderamente se viva la justicia, donde se viva el Evangelio.

Las familias van a ser lugares de Evangelio,lugares de conversión, lugares de santidad, algo así como que esa dificultad tan grande que da el ser bueno, ser honrado, ser justo, ser puro en este tiempo, como que esa dificultad casi va a desaparecer.

Bueno, esa interpretación, aunque tiene algunos aspectos seductores, no es la que aprueba, llamémoslo así, el magisterio principal de la Iglesia. No le ha dado nunca un visto bueno a esa manera de leer el Apocalipsis.

Más bien, lo que nosotros esperamos es que, como decía recientemente el Papa en el jubileo de los laicos, la vida cristiana siempre será una lucha, siempre tendrá un elemento de combate.

Eso puede cambiar de una persona a otra, eso puede cambiar de una circunstancia a otra; nosotros mismos, yo creo que cada uno de nosotros, tiene esa experiencia, no siempre es igualmente placentero servir a la causa de Dios, hay momentos en que se le acaba a uno como el amor, como las ganas, el entusiasmo, el fervor decae, y hay momentos que son francamente duros y a hay otros que son incluso heroicos.

Por eso, doy este comentario sobre las sectas aquellas y sobre esta interpretación de algunos católicos, para decir que no parece que sea esa la interpretación, para invitar más bien a que nos guardemos de ese género de interpretación.

Lo que parece aguardarnos, es más bien la certeza de aquello otro que dijo Job en su momento: "Se parece mucho esta vida a una especie de servicio militar, y hay que estar siempre listos a dar el combate", no siempre estaremos en el frente de batalla, pero en cualquier momento nos pueden llamar y donde menos se piensa, el enemigo puede aparecer.

Si eso es así, entonces surge la pregunta de cuáles son estos mil años. El número mil, en el Apocalipsis indica una multitud; más que una cantidad, es un adjetivo que indica la cualidad de algo que es muy grande.

Porque la Biblia en general, hace uso de los números, no tanto como cantidad, sino como cualidades. Esto suena extraño para nosotros, pero no nos parecerá tan raro si recordamos la manera como hablan los niños.

Por ejemplo, hubo un bazar en el colegio del niño y el niño dice: "Llegaron como cinco mil carros", no quiere decir que el niño haya contado: "Uno, dos tres, cuatro cientos, cuatro mil novecientos noventa y seys, noventa y ocho, cuatro mil novecientos noventa y nueve , cinco mil".

sino que el niño indica, por medio de un número, la impresión que le ha causado un determinado hecho. Algo así es la Biblia con respecto a los números, sobre todo con respecto a este número mil.

Hace unos días nos hablaba de los ciento cuarenta y cuatro mil. Los testigos de Jehová hablan de que esos son los únicos que van a reinar con Cristo en los cielos, es decir, que va a haber una cuenta que dice: "Ciento cuarenta y tres mil novecientos noventa y ocho, ciento cuarenta y tres mil novecientos noventa y nueve, ciento cuarenta y cuatro mil", ahí se completaron.

Parece más sensato pensar que el número doce en la Biblia es un número de Israel, doce más doce es veinticuatro, que aparece en el Apocalipsis, y doce por doce es ciento cuarenta y cuatro, que aparece en este caso; ciento cuarenta y cuatro mil quiere decir la plenitud de Israel, la sobreabundante plenitud de Israel.

De acuerdo con eso, este número mil, parece que tenemos que referirlo a una cantidad muy grande de años, ¿y cuáles son esos años en los que el demonio está atado? Pues la interpretación católica más común es, aunque les parezca raro, que ese tiempo en el que el demonio está atado es precisamente este tiempo en el que nosotros vivimos.

Es decir, el tiempo que separa, desde la predicación de los Apóstoles hasta la confrontación final, cuando surja el Anticristo y todo aquello. Todo este tiempo en el que estamos es el tiempo en el que el demonio está atado.

Bueno, eso puede parecer extraño, porque vemos tiempos de tanta maldad en la historia de la humanidad, en la historia de la Iglesia; conocemos de tanta maldad también en nuestro tiempo, que nos puede resultar un poco extraño que se diga que el demonio está atado.

Pero es que téngase en cuenta que nosotros no sabemos qué es el demonio desatado, nosotros no tenemos ni idea de de lo que eso significa, entre otras cosas, porque tampoco conocemos mucho y no nos interesa a veces conocer mucho sobre cuál es la obra que pueden hacer los Ángeles, tanto los Ángeles buenos como los Ángeles malos.

Pues aunque te parezca raro el demonio está atado, esta es la enseñanza más común. Lo que pasa es que aquí sucede como con esos perros rabiosos que están amarrados, pero no porque están amarrados dejan de ladrar, dejan de incomodar, dejan de asustar, y, además, si alguien se mete en el espacio a donde alcanza a llegar el perro con su cadena, pues lo despedaza.

Esos mil años en que el demonio está bajo control son esos mil años, ¿y sabe que yo creo que eso es cierto?

El Padre Darío Betancourt, es un padre muy carismático, gran predicador, y parece que el Señor le ha dado dones muy especiales; han sucedido muchas sanaciones inexplicables cuando este sacerdote ora.

Estaba yo recién ordenado cuando el Padre Darío estuvo dando unas enseñanzas un día de predicación en el Coliseo el Campín allá en Bogotá. Yo estuve en ese encuentro, sobre todo ayudando en la confesión, de pronto, en la fila de las personas que estaban para confesarse, apareció una muchacha, a la que me he referido en distintas ocasiones, porque el caso me impresionó muchísimo.

Esta muchacha tenía algo así como diecisiete años, había empezado en la droga como a los doce otrece años, se había unido a una pandilla espantosa, de ahí había pasado a un grupo satánico la cosa mas miedosa de este mundo, realmente una vida despedazada.

Esta muchachita estaba ahí un poco por accidente, había llegado ahí como por casualidad, la mamá la había convencido de que fuera a eso, ella se sentía terriblemente incómoda, pero bueno, se había quedado ahí, y dice que sin poderlo entender ella se había puesto en esa fila, en la fila donde yo estaba confesando, y de pronto es que me encuentro con esta jovencita satánica sentada al lado mío.

Entonces me contó así muy rápidamente lo que había hecho en su vida, que desde luego me dejó helado por todas las crueldades, por todo lo que significa un grupo de estos y hasta dónde puede llegar.

Entonces en algún momento levanté los ojos así como para mirar el tipo de personaje, tenía la cabeza rapada como una de las muchas señales de protesta y, bueno, todo esto en lo que viven esos grupos.

Entonces se me queda mirando. Yo les puedo asegurar que en el tiempo que tengo de vida, yo jamás he visto tanto odio en una persona como lo que me dirigió esta muchacha. Eran diecisiete años de odio enconado. Yo, manteniendo la paz y pensando que ahí no me iba a hacer nada y rogando el auxilio de Dios, le pregunté abiertamente y le dije: "¿Usted me odia?" Y me dijo: "Sí, le odio con todas mis fuerzas".

Bueno, cuando me pongo a pensar en lo que significa eso, una persona de diecisiete años que estaba en trance de salir de su grupo satánico, porque resulta que el grupo le había pedido que como una ofrenda al diablo, había que sacrificar el hermanito de ella, que tenía algo así como dos años y medio o tres.

Ella decía que sentía odio por la Iglesia, por la gente, por los hombres, por las mujeres, por los sacerdotes, por la mamá, por el papá, sentía odio, odio por todo el mundo, un odio incontenible, una cosa enloquecedora, pero había una sola persona en el mundo por la que no sentía ese odio, sino que tenía algo, ella lo llamaba simpatía, y esa única persona era el hermanito.

Cuando le dijeron que llevara el hermanito para que se lo sacrificaran al diablo, entonces ella le pareció que eso era ya demasiado, y entonces pensó que ese grupo no le convenía.

Y cuando ella acababa de llegar a esa conclusión, la mamá le dijo que venía este Padre, Dario Betancourt, que usualmente trabaja en los Estados Unidos, y que había un encuentro y por qué no la acompañaba. Y ella, en medio de esa confusión de sentimientos, tratando de salir, no supo qué responderle a la mamá y por eso resultó en esa reunión y por eso terminamos hablando.

Bueno, yo no tengo autorización del arzobispo de Bogotá ni de ningún arzobispo para hacer exorcismos, ni tampoco hice un exorcismo ahí, pero sí hice una oración con toda la fe que fue posible, porque realmente me conmovió el caso, es que no fue para menos.

A partir de eso, gracias a Dios, ella accedió a que pudiéramos hablar en otras ocasiones, y hablando en otras ocasiones me di cuenta de la inminente devastación psicológica y de todo orden que tenía esta pobre mujer.

Había una serie de personajes ahí dentro de esa secta que le tenían un lavado de cerebro y una opresión psicológica espantosa.

Sobre todo había un personaje, que era como el sacerdote negro de ese asunto, que parece que tenía unas características de adivinación y varias veces le había pasado a ella, que cuando trataba de salirse de ese grupo, apenas ella tomaba la decisión, él la llamaba a contarle todas las maldiciones que le iban a caer encima si a ella se le ocurría salirse de ese grupo.

De manera que la mantenía amarrada por una especie como de de brujería, la mantenía amarrada y llena de un miedo espantoso.

Bueno, ella que no tenía miedo de mentirle a la mamá, y de hacer daño cuanto pudiera, y de estar metida en eso, y consumir droga, y todo lo que hiciera, tenía un terror espantoso a lo que le podía suceder si se salía de eso.

Le habían dicho que para envenenar su casa o para asegurar su casa para el diablo, tenía que llevar una serie de fetiches, una cosa como tipo de budú, rezados al revés, como dicen, y tenía que tenerlos allá en la casa, y entonces esta mujer, una mujer de diecisiete años vivía con esas cosas que incluían pues pedazos de huesos de ser humano, y bueno, no entro en más descripciones.

El Señor Dios fue muy grande con ella, muy, muy grande con ella, y desde luego, muy misericordioso conmigo.

Cuando ellase puso a sincerarse sobre cómo la estaban manipulando y oprimiendo en su mente, y el tipo de brujería que le hacían, entonces yo le insistí en que tenía que salirse de ese asunto.

Y oramos mucho y lo que fuera, y un día se resolvió, entonces sacó su paquete de cosas extrañas de la casa, de fetiches, y muñecos, y brujerías, y porquerías, y entonces me dijo: "Bueno,pues lo que pasa es que mi mamá no se imagina en qué ando yo, de manera que esto me toca hacerlo como a escondidas".

Entonces me tocó ir a la casa de ella. Mientras ustedes oyen tood esto, por favor, piensen cuánta oración necesita un sacerdote.

Entonces tocó ir a la casa de ella, a que ella sacara el paquete ese, su asunto ese, y bueno, estuvimos también orando, pidiéndole a Dios misericordia, pidiéndole perdón, destruyendo esas cosas, quemándolas, botándolas.

Finalmente le quedaba una especie de Cristo, un Cristo de esos que son blasfemos, un Crucifijo burlándose de Cristo. Entonces había que partirlo, había que destruirlo, porque eso no se puede simplemente botar.

Cuando fui a partir eso, una parte de esa imagen, que era una imagen hecha, yo no sé si eso era metal o plástico, me cortó, y entonces ella vio que me salía sangre del dedo. Yo estuve tranquilo, con una paz inmensa, que eso sólo viene sólo de Dios y de las oraciones que la gente hace por uno.

Pero cuando ella vio que sucedía eso, entonces sacó la último cosa que tenía y era un pacto de sangre que había hecho, algo así como entregarle el alma al diablo o una cosa de ese género, Entonces cuando ella vio que a mí me salía sangre, ella sintió que el diablo se iba a venir contra mí y que me iba a atacar y me iba a despedazar.

Yo no había visto, así como no había visto a una persona con tanto odio, tampoco había visto a una persona en un pánico tan desorbitado como ese. Entonces yo le dije: "Mira, esto ha sucedido por providencia de Dios, para que tú le pierdas el miedo a este asunto".

Y le dije: "Mira, esta sangre que yo tengo es la sangre por un pedazo de pasta que me se desprendió de ese Crucifijo y me hirió el dedo, esta sangre no te hace nada, tócala y verás". Bueno, eso fue bendito, porque cuando ella tocó la sangre del dedo mío, en su mente despedazada sintió que su pacto de sangre quedaba roto.

Sucedieron muchas otras cosas con esta pobre joven, cosas que ustedes se podrán imaginar. Para bendición de Dios, finalmente logró salir de ese grupo. Ella sintió que en mí había un poder extraordinario y entonces me tomó fue u poco de miedo a mí; yo me acordaba de aquello de Simón el mago en los Hechos de los Apóstoles.

Realmente la brujería es un mundo de miedo, ¿no? Entonces ella me tomó fue como miedo y distancia a mí. La última noticia que tuve es que efectivamente se había salido de eso, se había logrado salvar la vida de su hermano y estaba como en un proceso de reconstrucción afectiva, tratando de aprender a querer a la gente.

Bueno, no es una católica ejemplar, no entró a ninguna comunidad religiosa, o por lo menos no tuve noticia de eso, pero el hecho es que ahí se pudo hacer un poquito de bien.

Después de esa experiencia, yo puedo asegurar que el diablo sí está encadenado; porque después de esa experiencia, yo como que puedo entender un poquito del nivel de odio, del ansia de destrucción que tiene Satanás contra nosotros los sacerdotes, contra las almas consagradas, contra la Iglesia, es una cosa que ustedes no pueden comprender, es una cosa impresionante.

Algunas veces me ha sucedido en predicaciones a grandes grupos, que algunas personas se alteran, y hay gente que lo maldice a uno, entran en histeria, o en shock, o en lo que sea, y lo maldicen a uno con una rabia increíble.

Bueno, puede ser un problema de patología, de psicopatía, de lo que sea. Pero a mí todo eso me hace caer en la cuenta de algo: si el Evangelio se puede predicar como lo estamos predicando, si el Evangelio se puede propagar como lo estamos haciendo, aunque hay muchas dificultades.

Es que hay cosas, pues yo no soy supersticioso ni los voy a inducir a ustedes a la superstición, pero hay cosas que uno se asombra.

Yo me acuerdo de uno de esos congresos de evangelización, yo toco la guitarra, íbamos a cantar un cántico a la Virgen y se reventó una cuerda; bueno, una cuerda se revienta en cualquier momento, pero es que se reventaron tres cuerdas nuevas ahí seguidas, cuando llegó el momento del cántico de la Virgen.

No hay que ser supersticiosos, algún día se le pueden reventar a uno tres cuerdas seguidas, de manera que no hay que creer necesariamente que pasen esas cosas.

Esto significa que nosotros podemos creer que la acción del enemigo es pavorosa, pero es una acción que nunca está desbordada, es una acción que sucede en obediencia y bajo el control de Dios.

Yo, desde ese día, desde los días estos de la experiencia con la jovencita satánica, tengo como una conciencia muy clara de que de veras las oraciones de la Iglesia lo sostienen a uno, porque yo en general duermo la noche completa, tengo buena salud, sigo predicando el Evangelio, sigo confesando gente.

Decía el Padre Amatulli, -él sí es exorcista, tiene autorización para hacer exorcismos en Roma-, decía elPadre Amatulli: "Es más lo que pierde el demonio en una confesión, que en un exorcismo".

De modo pues, que nosotros podemos afirmar que estos mil años están indicando que aunque haya alguna acción del maligno, esa situación, esa acción está encadenada y el Reino es para Cristo; vendrá una gran confrontación final, de la cual nos dirá el Señor Jesús en el evangelio de mañana: "Rueguen para poder permanecer en pie cuando todo eso suceda" San Lucas 21,36.

Vendrá una gran confrontación final, pero por ahora el mensaje del Apocalipsis, el mensaje mío, el mensaje que el Señor creo que quiere que nos quede en los corazones es: sí, hay tentación, hay pecado, el demonio los odia, claro que los odia, pero no puede nada por fuera de la obediencia estricta a Dios; Dios es el Señor y Dios no ha entregado su señorío a nadie.

Dios es el Señor y bajo el señorío de Dios, incluso las mismas tentaciones, y las mismas pruebas, y las mismas caídas, sirven para conversión, para humillación y para la gloria de Dios.

Por eso el mensaje del Apocalipsis, no es un mensaje de terror, sino es un mensaje de esperanza y de confianza; es para que nosotros lo entendamos que Dios, incluso en los momentos más oscuros y tenebrosos de nuestra vida, mantiene el control, sabe sacar bienes de los males y utiliza incluso a los malos y las cosas malas para nuestro bien, como también dice San Pablo en el capítulo octavo de la carta a los Romanos.

Vamos a seguir esta celebración pidiéndole a Dios intensamente, amorosamente, pidiéndole a Dios con todo el corazón que haga brillar su victoria final, que nos preserve, que nos guarde, que nos custodie, que nos proteja, y especialmente que dé ese auxilio a quienes por encargo de la Iglesia tenemos esta misión de predicación y de acompañar y pastorear las almas.