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Fecha:20041125

Título: ¿Por que existe el pecado, si Dios hizo bien todas las cosas?

Original en audio: 28 min. 15 seg.


Aprendamos hoy, mis queridos hermanos, cuál es la estrategia del demonio. A partir de la predicación que nos han regalado los jóvenes del grupo de teatro y a partir de la Palabra de Dios, aprendamos cuál es la estrategia del enemigo, porque cuando conocemos de qué manera nos quiere engañar el enemigo, también conocemos de qué manera nos podemos defender de él.

En el libro Génesis dice que Dios hizo todas las cosas y todas las hizo bien, Génesis 1,1-18; todas son buenas, todas, y si miramos la naturaleza, y si miramos el cielo, si miramos lo profundo del mar, o si conocemos y miramos nuestro propio cuerpo, que es como un resumen del universo visible, realmente decimos: "Sí, es cierto, todo, todo lo ha hecho bien".

Hermanos, si todas las cosas las hizo bien Dios, ¿cómo es posible que exista el pecado? ¿Cómo se las arregla el enemigo para que nosotros pequemos? ¿Qué es lo que hace? Hago referencia a la obra de teatro que acabamos de mirar. Lo que hace el enemigo es tomar cosas que son buenas, que se podrían utilizar bien, y esas cosas quiere que las pongamos en el primer lugar como ídolos, como señores nuestros.

La tecnología es maravillosa, como es fácil de entender por el hecho de que sin tecnología no tendríamos ni la luz eléctrica, ni los parlantes, ni este micrófono, y predicar sin micrófono es muy complicado, es muy difícil.

Con el micrófono, en cambio, ya vez cómo nos podemos entender. Es decir que la tecnología nos puede servir para muchas cosas buenas, pero también se puede volver un ídolo.

El cuerpo del hombre y el cuerpo de la mujer son maravillas del amor de Dios, maravillas, esa alegría que sintió Adán cuando vio a Eva, "esta si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne" Génesis 2,23, esa alegría de Adán no debe extinguirse, sigue presente cada vez que un hombre encuentra a su pareja.

El relato del Génesis no nos dice nada, no nos cuenta nada de lo que dijo Eva, tal vez Eva quedó muda ante Adán.

Es maravilloso el cuerpo humano, es bellísimo, pero el placer del cuerpo se puede convertirse en una especie de ídolo para nosotros. Entonces lo que hace el enemigo ¿qué es? Toma las cosas creadas y amarra, pretende por lo menos amarrar, atar nuestra atención y nuestro afecto a las cosas creadas, a las creaturas, a las cosas creadas por Dios, quiere que nosotros nos agarremos, nos amarremos de tal manera a esas cosas, el dinero, a la tecnología, la fuerza.

El enemigo quiere que nos agarremos a todas esas cosas para que nosotros las consideremos como nuestros dioses, eso es lo que el enemigo pretende, y nosotros, cuando utilizamos mal las cosas, es decir, cuando las volvemos ídolos para nosotros, le estamos siguiendo el juego a ese enemigo, esa es toda su estrategia.

En la obra de teatro que nos han presentado, la persona que sufre estas tentaciones, es un joven, pero en realidad no importa la edad, la estrategia del enemigo es siempre la misma, también para los niños el demonio hace lo mismo, quiere que se agarren a su propio capricho, quiere que los niños estén atrapados por sus caprichos, de manera que pongan eso por encima de todo lo demás, descuidan la oración, descuidan el amor a Dios.

La Biblia nos dice que Jesucristo crecía en la gracia y en la sabiduría, en edad sabiduría y gracia. El demonio quiere que nosotros crezcamos en edad para que nos volvamos más fuertes y capaces de hacer cosas, pero no quiere que crezcamos en sabiduría y no quiere que crezcamos en gracia.

El enemigo intenta atacar desde luego a los niños, y también a los ancianos, y también a los adultos en todas las edades.

Pero no cabe duda de que su plato predilecto son los jóvenes, porque en la juventud es donde tomamos las mayores y más profundas decisiones de nuestra vida, y los que nos hemos perdido en los caminos, los que hemos quedado enterrados y plantados en un arenal, allá en la salida para no me acuerdo dónde, nosotros sabemos muy bien que cuando uno se equivoca del camino, cuanto más avanza, más se pierde.

Por eso, cuando llega el momento de tomar las decisiones fundamentales de la vida, por ejemplo, "¿qué voy a estudiar?" "¿Me voy a casar?" "¿No me voy a casar?" "¿Voy a ser sacerdote?" "¿Voy a casarme? "Me voy a casar con este hombre, con esta mujer?" De acuerdo con el caso, ¿qué voy a hacer?

Ese momento de las decisiones, es el momento donde al enemigo le interesa atacar más, porque una decisión mal tomada significa años y años de equivocaciones, años y años de frustración.

En el momento de las decisiones, es el momento donde más se necesita sabiduría y luz de lo alto, y por eso, la juventud es particularmente atacada por el enemigo. Ahora bien, eso no quiere decir que todos los problemas de la juventud vengan del demonio, ya nos enseñaban los antiguos catequistas que los enemigos del alma son: el demonio, el mundo y la carne; no le podemos echar toda la culpa al demonio.

Ya decía un santo sacerdote: "Hermanos, no le echen la culpa al demonio, porque el demonio no es sino un pobre diablo".

De modo, amigos, que no es cosa de echarle todas las culpas al demonio, también están nuestras malas costumbres, también está la falta de carácter, la falta de disciplina, la falta de constancia.

Un joven que tiene muy malas costumbres, que es un perezoso, un panza arriba, no hace nada, pierde el tiempo, llega el momento del examen y lo reprueba, llega el papá y le pregunta: "Pero hijo, ¿qué ha sucedido? Y él le dice: “El demonio me confundió”.

A ver, no le vamos a echar la culpa al demonio de todas las cosas, el demonio es uno de los factores externos, negativos, pero sabemos que existe también el mundo, es decir, todo el encanto, toda la seducción, que es pura apariencia y que se difunde especialmente por los medios de comunicación.

Y también existe toda la concupiscencia de nuestra carne, el satisfacer desordenadamente nuestros apetitos, buscar la comodidad o el placer a todas horas, darnos gustos y gustos, de unas y otras maneras; una vida así es una vida ciega, una vida, por lo menos, miope para reconocer la voz de Dios.

Entonces, amigos, aunque en todas las edades hay tentaciones, especialmente en la juventud, esas tentaciones se hacen fuertes, porque es el momento en el que estamos tomando las grandes decisiones de nuestra vida.

Y por eso, aunque parezca extraño a oídos del mundo, en ninguna época de la vida hay que orar tanto como en la juventud. En la juventud sobre todo hay que orar porque ahí es donde hay demasiadas voces, demasiadas voces que quieren llevarnos en uno o en otro sentido.

Lo vimos muy bien en la obra de teatro, nos quieren llevar a una cosa y a la otra: "Mira, vuélvete aquí, vuélvete a las armas, o a los negocios, vuélvete al narcotráfico, a la astrología, deja esa religión; no, mentira, cámbiate de religión.

Tantas voces aturden, necesitamos sosiego, necesitamos calma, necesitamos mirada clara, necesitamos mirada limpia y clara; la recibimos de Aquel que es nuestra verdadera luz, Jesucristo. Por eso necesitamos de la luz de Cristo en todas las edades, pero especialmente en la juventud.

Jóvenes que están aquí, queridos amigos, a ustedes especialmente envío estas palabras, el mejor negocio que ustedes pueden hacer en la vida es sosegar el corazón delante de Dios, nadie, nadie, les va a amar tanto como Dios, nadie nunca les va a amar tanto como Dios.

Sosieguen su corazón en la presencia del Señor, ábranlo en alabanza y en amor a Dios y pídanle siempre: "Guía mis pasos, Señor, porque una equivocación a esta edad, es, o significa muchos años de frustración"

Permítanme, queridos jóvenes, muchachos y muchachas, permítanme que les diga, como sacerdote he tenido esta experiencia: algunas veces, cuando celebro el sacramento de la Confesión, escucho a una persona que me dice: “Mi vida ha sido una frustración, ha sido un infierno. Me casé con una persona que nunca me he debido casar, además, hice unos negocios pésimos, además metí mi dinero donde no debí haberlo metido".

"Estudié la carrera o profesión que no me servía, me siento frustrado, me siento amargado y mal, soy un envenenado, padre". Cuando la persona está en esa tribulación terrible, uno le pregunta: "-Antes de escoger tu carrera profesional, ¿tú le pediste a Dios que te iluminara?" "-Nunca padre, yo no pensaba en Dios, pensaba en mis capacidades, en lo que estaba de moda, lo que me daría plata".

"-¿Pensaste en Dios?" "-No, padre"; "-¿cuando te ibas a comprometer con esa jovencita, que hoy es tu esposa, con la que no hace sino amargarte dañarte y lastimarte, la que tú dices que es la peor amargura de tu vida, cuando te ibas a comprometer con ella, tú hiciste una oración?" "-No, Padre, lo que a mí me pareció es que era una mujer, un mujerón, que yo dije: Uno de esos no vuelve a pasar por mi ojos, esta no la puedo dejar pasar, eso fue lo que pensé, padre".

"-¿Pero hiciste una oración por ella? ¿La bendijiste? ¿Alguna vez pediste al Señor que te mostrara cuál es su voluntad?" "-No, padre, yo no hice eso, a mí únicamente me gustó porque tenía un cuerpazo, es que mírela, padre, todavía tiene un cuerpo la desgraciada esa".

¿Ves? tomamos decisiones según la carne, según el mundo, tomamos decisiones sin consultarle al Señor, “llevados únicamente por la concupiscencia de los ojos, por la concupiscencia de la carne, por la vanidad de la vida” 1 Juan 2,15-17, y estos son enemigos del alma, nos dice la Primera Carta de Juan.

No tiene nada de extraño que nos vaya tan mal en tantas cosas, nos metemos en unos negocios inmensos sin consultarle a Dios y orar. Tenemos que sosegar el corazón delante de Dios, hay que apaciguarlo delante de Dios, hasta que tú sientas, querido amigo, querida amiga, hasta que tú sientas que tu corazón es como un espejo en el que puede reflejarse el querer de Dios.

Y entonces te puedo asegurar, que cada paso que tu des, lo vas a dar en el nombre de Jesús, y va a ser un paso donde tú construyes una verdadera vida, una vida en paz, una vida con sólidos cimientos.

Desde luego, lo mismo vale para la mujer. Son muy pocas las mujeres que oran, desde luego las que yo conozco son muy pocas mujeres que oran por las cosas realmente importantes: “Señor, ¿esta relación me conviene? Este hombre que me pinta cosas maravillosas en los cielos, “Voy a hacer un castillo para ti; -¿viste esa nube, mi amor, si la ves? Ahí va a estar nuestro castillo".

Pero una vez que se casan, mira, ya lo dijo alguien: "Cuando el noviazgo es pura comedia, el matrimonio será pura tragedia", esa frase es verdad.

Hay que orar, hay que orar: "¿Es esto lo que tú quieres, este es el paso que tú quieres, Señor?" Hay que orar y no sólo hay que orar, sino también hay que aprender a exigirse. ¿Saben que me ha gustado bastante de la obra de teatro que vimos? ¿Cómo se muestra bien el combate espiritual? ¿Les digo qué fue lo que más me gustó? Que fue muy realista.

El enemigo, cuando se retira, lo que dice es: “voy a intentar volver después”, y eso es verdad, eso es real.

Eso significa que estamos en combate y si estamos en combate, combate espiritual desde luego, pues pensemos en qué clase de soldados queremos, -imagínese, por ejemplo, en qué un país que tenga esa clase de soldados así como yo, calcule este tipo de soldado, imagínese un país defendido por esa clase de soldados-.

Yo de pronto puedo servir como soldado espiritual, pero imagínense que mi país fuera defendido por soldaditos de la patria como yo, de pronto hasta el peluqueado me sirve, pero de ahí en adelante no creo que muchas cosas.

Tú quieres que los soldados de tu país, ojalá no haya nunca guerra, pero si hay que defender al país, tú quieres que los soldados estén bien entrenados, tú quieres que sean jóvenes valientes, fuertes, muy bien entrenados.

Pero si tú tuvieras unos soldados perezosos, afeminados, cobardes, faltos de toda práctica, y llega el momento del combate, la derrota es segura.

Hermanos, especialmente queridos amigos jóvenes y también usted, queridos amigos, mira, nosotros como jóvenes tenemos que aprender, -bueno, yo todavía me cuento entre los jóvenes-, esta es una suposición que yo hago, mientras que el Padre José Luis no me descalifique, yo me sigo contando entre los jóvenes-.

Mira, nosotros los jóvenes tenemos que exigirnos. hay muchos jóvenes que están bajos de entrenamiento, no son malas personas, son jóvenes buenas personas, cuando los saluda uno, “Hola, Padre, ¿cómo está?” “Animo, Padre, muy bien, Padre”, “Ánimo, Padre”, bien.

Oiga, pero el problema no es que tengamos que ser buenas personas, el problema es que estamos en guerra espiritual, estamos en batalla, estamos en combate, no basta con ser buena persona, hay que tener entrenamiento y hay demasiados jóvenes que están muy bajos de entrenamiento, lo que nos mostró la obra de teatro fue precisamente que hay combate, ¿viste cuántas batallas tuvo que librar ese muchacho, ¿no?

Estamos en combate, si estamos en combate tenemos que estar en entrenamiento continuo, tenemos que fortalecer nuestro espíritu. Muchos jóvenes, demasiados jóvenes dejan todas las exigencias solamente para el papá, para la mamá, para el profesor, para la profesora, toda la gente que les exige es otra gente, pero ellos no se exigen nada a sí mismo; mal, papá, como dicen en Colombia, mal, hermano, usted está mal en la vida.

Si usted está esperando que los demás lo entrenen está mal en la vida hermano, usted tiene que empezar a tomar su propia vida en sus manos, tiene que empezar a tener su propio ritmo de oración, su propio ritmo de confesión, es que hay una cosa muy chistosa, los jóvenes a veces se sienten muy grandes para unas cosas; pero quieren ser muy chiquitos para otras.

¡Ay, ellos creen que uno no se da cuenta! Entonces, por ejemplo: “Mamá, me invitaron para una fiesta espectacular hasta las cinco de la mañana; pero yo como soy un hombre serio, responsable, tú me conoces, mamá, no va a pasar nada, yo ya sé cómo es eso del trago, ya sé cómo es eso de las chicas, ya sé como es lo del baile. Entonces, mamá, me voy para la fiesta, porque ya soy un hombre grande, hecho y derecho”.

Para eso quieren ser grandes, pero si uno le pregunta al muchacho: "-¿Oye, tú tienes conciencia de tus deberes para con Dios?" "-Pues mi mamá a veces dice que vayamos a Misa, pero ¡ah!..."

¿Eso qué quiere decir? Que su responsabilidad espiritual la deja totalmente en la mamá, o sea que en la vida espiritual es un bebecito de tres años que hay que llevarlo casi arrastrando para que vaya a la Misa.

O sea que no ha tomado conciencia de que hay un Dios que le ama, no ha tomado conciencia de que hay un Dios que derramó la Sangre de su propio Hijo por la salvación, eso no lo conoce. Si se trata de la vida espiritual ahí van como de la mano de mamá, arrastrados, para eso son niños pequeños.

Pero si se trata de manejar el automóvil, si se trata de manejar la tarjeta de crédito, hacer grandes gastos, ir a las reuniones importantes y sobre todo tener el enamorado o la enamorada, "mamá, pues soy toda una mujer", pues que se te note, que eres toda una mujer.

Si eres toda una mujer, entonces como toda una mujer, entonces como toda una mujer, entiendes que sin tu parte espiritual estas out, estás muerta, estás frita, estas perdida, no sé de que otra manera decírtelo; si no hay vida espiritual en ti, estás muerta.

Esa es la angustia de los papás, porque claro, los papás no son ningunos tontos, los papás se dan cuenta de que a los hijos, a los hijos les van creciendo los conocimientos, porque van aprendiendo cosas en el colegio o en la universidad, les va creciendo el cuerpo, se vuelven grandes, pesados, además van al gimnasio.

De manera que cuando se plantan delante del papá, el papá le va a decir: "-Hijo", se para el hijo y dice: “-¿Qué pasó, papá?” “-Hijo, que yo creo que tú no debes ir a la fiesta esa”, "¿qué qué?"

Empezaron a sentirse acobardados porque los hijos se volvieron grandes, pero se volvieron grandes de cuerpo, se volvieron grandes de voz, se volvieron grande en el maquillaje, en el gimnasio, ¿pero dónde está el volverse grandes en la gracia, en la sabiduría como Jesús?

Esa es la pregunta: ¿dónde está esa grandeza?

Me preocupa que yo veo que aplauden los niños y lo adultos, a los jóvenes no les está gustando mucho, esta homilía no les está gustando a los jóvenes. Pero mire, es con mucho amor, de verdad es con mucho amor.

Yo, en realidad, quiero lo mejor para ustedes muchachos y niñas, y si hay algo que a uno le haga sufrir es ver un rostro joven que no tiene sino amargura y vacío; no es justo que la edad de la alegría y de los sueños se llene de droga, se llene de pecado y se llene de muerte.

Yo le puedo asegurar que por cada joven amargado hay una carcajada más en el infierno, y yo no quiero que haya más carcajadas para Satanás, yo quiero que sólo haya risas y cantos en el cielo, porque el que estaba muerto, ha vuelto a la vida. Por eso y para eso quiero yo que los jóvenes le den hoy el sí a Jesucristo.

La estrategia del enemigo, ¿entonces cómo la llama la Biblia? La llama Babilonia, esa es el nombre que tiene la estrategia que tiene el demonio, y por eso la llama la gran prostituta.

Algunos cristianos no católicos a veces se ponen agresivos contra la Iglesia Católica y dicen que la gran prostituta es la Iglesia Católica. Nosotros les pagamos a esos protestantes orando por ellos y diciéndoles: “Lo que tú has torcido de la Sagrada Escritura, Dios sabrá enderezarlo; estás interpretando mal", pero no entremos en esa discusión.

Esa estrategia del enemigo, esa manera de atarnos o de querernos atar a las cosas de este mundo, esa estrategia la Biblia la llama Babilonia, es toda esa mentira, todo ese tejido de engaños que aparecía en nuestra obra de teatro. Mira, mira, acuérdate lo que le repetían a ese muchacho, ¿qué es lo que querían? Atraparlo, agarrarlo de alguna manera, todo eso se llama Babilonia.

Pero Babilonia se va a caer, esa mentira se va a acabar un día, el joven que hoy vive su fe a fondo, parece lo más ridículo del universo, se burlan de los jóvenes.

Si un joven, por ejemplo, únicamente le dan permiso para ir hasta la una de la mañana, ¿entonces qué le dicen los amigos? Lo tratan como la mujercita: "¿Una soda para la niña?" Para que el muchacho se sienta avergonzado, le hierva la sangre y un día diga: “Es verdad que soy un hombre grande”.

Pero de nuevo, hombre grande en su cuerpo, hombre grande porque tu cuerpo ya aguanta trago, hombre grande porque ya puedes trasnochar, ¿pero eres hombre grande en la gracia y en la sabiduría del Señor? Sin eso no eres un hombre, eres un esclavo grande del enemigo.

Y dígase de las mujeres otro tanto, claro, como la mayor parte de mis ejemplos son de hombres, las mujeres sonríen como diciendo: “¡Ay, qué bueno que les digan eso!”

Mis queridos amigos y amigas, Babilonia va a caer, un día quedará claro que ese muchacho que parecía el más tonto de todos, fue el único que conservó realmente la cabeza en su sitio, y el que tomó las mejores decisiones.

Yo todavía me clasifico entre los jóvenes, a veces me cuento así entre los jóvenes, pero ciertamente ya tengo algunos años, y he visto cómo se desenvuelve la vida, y he visto cómo aquellos que se jactaban de trasnochar y de consumir droga, y estar en todas las fiestas, y tomar todo lo que querían, y pasar de un amor a otro y de unos brazos a otros, esos, han arruinado su salud o sencillamente, ya no existen, han muerto, así de sencillo.

Hermanos, Babilonia la grande, la gran mentira del mundo va a caer y quedará claro cuál era el verdadero joven, cuál era el joven que pertenecía a Jesucristo, cuál era el joven que tenía la cabeza en su sitio y cuál no.

Mientras llega eso, mientras cae Babilonia la grande, ¿qué nos toca hacer? Nos toca perseverancia, nos toca resistencia, nos toca fuerza, nos toca aguantar muchas cosas, nos toca que se burlen mucho de nosotros, muchísimo, se van a burlar muchísimo de ti.

Pero en nombre del Señor, te repito lo que nos dijo el evangelio: "Habrá señales en el sol la luna y las estrellas; las naciones se llenarán de angustia; la gente se desmayará por el miedo, entonces todos verán al Hijo del hombre que vendrá en una nube con gran poder y gloria" San Lucas 21,25-27.

¡Muchachos, cuando estas cosas empiecen a suceder, levanten la cabeza, se acerca su liberación!

Amén.