O343004a
Fecha: 20041124
Título: ¿Por que son perseguidos los cristianos?
Original en audio: 44 min. 1 seg.
Jesús nos habla de persecuciones. Estamos además recordando hoy, con el rojo de nuestros ornamentos, a unos mártires que fueron perseguidos, perseguidos hasta la cárcel, hasta la tortura, hasta la muerte.
Y la primera pregunta que nos hacemos es: ¿por qué esa persecución? ¿Por qué los cristianos han sido perseguidos? ¿Por qué Cristo mismo fue perseguido? Al fin y al cabo, el mensaje de Jesucristo es un mensaje de mansedumbre, es un mensaje de paz, de amor, de gracia. ¿Por qué ese mensaje cae tan mal a algunas personas? ¿Por qué causa persecuciones?
Ahora bien, el evangelio es perfectamente claro: "Ustedes serán perseguidos" San Lucas 21,14, no hay vacilación, hasta el punto, que muchos santos han visto como señal verdadera de la amistad con Dios el padecer persecución.
Parece que si uno no padece persecución, probablemente es porque está esquivando el Evangelio, está evitando el Evangelio, porque aquél que acepta el Evangelio tiene que experimentar persecución. O sea que la primera pregunta que nos hacemos es: ¿Por qué las persecuciones? ¿Qué hay en un cristiano que merezca persecución?
Y lo segundo que nos preguntamos en este día en que vamos a orar especialmente por las familias, es: ¿Qué pensar de esta frase tan desalentadora del evangelio de hoy?: "Ustedes serán traicionados por sus padres, hermanos, parientes, amigos" San Lucas 21,14, ¿qué podemos pensar nosotros de eso?
La primera pregunta: ¿Por qué las persecuciones? Y la segunda: ¿Por qué tantas divisiones, incluso en las familias?
Para mirar por qué las persecuciones, podemos recordar un poco en qué circunstancias y en qué mundo vivió Nuestro Señor Jesucristo.
En aquella nación y en aquél tiempo, las cosas estaban muy bien distribuidas y el mundo muy bien organizado, y la predicación de Jesús vino a desordenar el mundo, la gente se puso brava porque estaban desordenando el mundo y quisieron acabar con Cristo, este es el resumen de lo que sucedió.
Decimos que el mundo estaba organizado porque, a ver, había un Imperio, el Imperio Romano que había ocupado, había tomado por la fuerza el territorio de los hebreos, el territorio del pueblo judío, era prácticamente sólo la tribu de Judá lo que quedaba.
Los romanos dominaban esa región, obviamente, los judíos detestaban a los romanos y se revelaban contra ellos, pero los romanos utilizaban métodos salvajes, métodos drásticos para sofocar cualquier asomo de rebelión, precisamente por eso utilizaban tanto el tormento de la cruz.
La cruz era el tormento utilizado por los romanos para desanimar a los rebeldes; en alguna ocasión crucificaron a más de dos mil personas a lo largo de un camino, haz de cuenta como si en una carretera nuestra, en lugar de los postes de la electricidad o de la luz, estuviera una persona crucificada ahí, y a los pocos metros otra y otra y otra y otra.
Dos mil personas crucificaron porque habían cometido el crímen de rebelarse contra el Imperio Romano.
Con esa clase de métodos, los romanos mantenían absolutamente a raya, con un régimen de terror, a los judíos de aquella época. Ustedes se pueden imaginar que era un ambiente cargado de tensión, era como un taco de dinamita; toda Palestina era como una olla a presión a punto de explotar.
Pero había un supuesto rey que se llamaba Herodes, y él era un rey de mentiras, era un payaso, una marioneta, en realidad él ni siquiera venía de la descendencia de David, así que no podía reclamar el título de rey, pero este rey era una mentira que servía a los intereses de los romanos.
Porque los romanos mantenían a esta marioneta llamado Herodes, mantenían a ese payaso llamado Herodes, un payaso también muy cruel por su propia parte, manteníana a es efigurón ahí ¿para que? Para que la gente no pudiera decir que no tenía rey, pero era un engaño, era una farsa.
Los judíos tenían un rey que no era rey y que no mandaba nada, que en realidad no pintaba ni significaba nada; por su parte, los romanos mantenían ahí a un oficial que se llamaba el Procurador, que era el que tenía el poder real, en el tiempo final de Jesucristo ese Procurador se llamaba Poncio Pilato, como sabemos por el relato de la Pasión.
Entonces vamos encontrando que el ambiente estaba sumamente tenso y vamos encontrando que había un rey que era un rey de mentiras, Herodes, y había unos sacerdotes que eran unos sacerdotes de mentiras también. Esos sacerdotes o esa familia sacerdotal era la de Anás y Caifás.
Anás era suegro de Caifás, y entre esta misma familia de sacerdotes se iban turnando lo que se llamaban el sumo sacerdocio, contradiciendo lo que dice la Palabra de Dios, porque en ninguna parte dice el Pentateuco que el sumo sacerdocio fuera por un tiempo.
El sumo sacerdote se supone que era descendiente de Aarón y era de por vida, pero estos políticos sacerdotes saduceos de aquella época resolvieron inventarse un sumo sacerdocio que era turnado y lo iban repartiendo entre la rosca, es decir, entre los mismos amigos, entre la misma familia.
Los sumos sacerdotes mantenían un culto en el Templo de Jerusalén, y con el cuento del Templo de Jerusalén mantenían a la gente tranquila. El gran argumento de Herodes para ganarse a la gente era: "Yo les reconstruí el Templo de Jerusalén", y el gran argumento de los sacerdotes era: "Nosotros somos los representantes de Dios para ofrecer el culto en el Templo de Jerusalén".
De manera que en el Templo de Jerusalén estaba la coartada, la disculpa perfecta, pero las necesidades de la gente y el conocimiento de la Palabra de Dios estaban en cero, el espíritu de profecía estaba en cero, y el mensaje del amor y de la gracia estaba en cero.
Bueno, ese es el ambiente en el que empieza Jesucristo a predicar, y empieza a Jesús a decir: "Arrepiéntanse porque el Reino de los cielos está cerca" San Mateo 4,17.
Y empieza a mostrar el rostro de Dios en su propio rostro, en los milagros poderosos e inexplicables de sus manos, en la elocuencia dulce y maravillosa de su boca, en su corazón entrañable, en su poder para arrojar a los demonios, en su manera de acoger a los más pobres, a los más sencillos, a los despreciados.
Jesús, desde el principio de su ministerio, aparece como alguien que no se anda pidiendo demasiados permisos, Él no intenta congraciarse con Anás, con Caifás, con Herodes, con con Pilatos; a Él parece importarle muy poco toda esa gente tan poderosa.
Él se dedica a estar con los más pequeñitos, con los más enfermos, relegados, los excluidos, los leprosos, las prostitutas, los publicanos.
Y empieza a hablar de un Dios que está cerca, de un Dios que ama, y no sólo habla, sino que resulta que con su sola palabra cura a la gente y le devuelve vista a los ciegos y levanta a los paralíticos y la gente empieza a decir una palabra a la que le tenían terror en Jerusalén.
Una vez curó Jesús a uno que era sordomudo de nacimiento, -capítulo séptimo del evangelio de Marcos-. Jesús cura a este sordomudo y empieza a hablar y la gente dice: "Todo lo hace bien" San Marcos 7,37. Y en otra ocasión dicen: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros" San Lucas 7,16.
¡Ah, esa era la palabra a la que le tenían terror las autoridades civiles, militares, religiosas en Jerusalén! Porque hacía muchos siglos que no había profetas, había muchos siglos que no aparecía nadie que hablara realmente en nombre de Dios.
De modo que la causa de Dios se había convertido en un culto vacío, repetitivo, realizado en el Templo, bajo los auspicios de los sacerdotes, y ya sabemos qué clase de gente era aquella, y junto a eso un Herodes que vivía como un zángano, como un marrano engordándose, y junto a eso un Pilato que vivía escoltado por su guardia, porque sabía que la gente en realidad lo detestaba.
Todo ese mundo, todo ese equilibrio tan inestable y tan fatuo, tan falso, tan hipócrita, toda esa religión falsa, basada únicamente en prácticas externas, y toda esa autoridad falsa basada en genealogías que nunca existieron, toda esa mentira de pronto va quedando denunciada, va quedando descubierta, desnuda, iluminada por el poder de la Palabra de Cristo, por los milagros que salen de sus manos.
Y resulta que la gente empieza a acercarse más a Jesús, y empiezan a creer más en Jesús, y se enamoran, se prendan de sus palabras, hasta tal punto, que a la gente se le olvida comer, duran días con Él, lo siguen. Una vez dijo Jesús, "Mis ovejas reconocen mi voz, ellas conocen la voz del Pastor" San Juan 10,4, y eso es cierto.
Especialmente la gente sencilla, la gente pobre, los relegados de siempre y de todas las culturas y en todas partes, esos que han sido echados de todas partes, esos tienen un oído muy fino para reconocer en dónde está la palabra de un amor que no pide nada a cambio, y eso fue lo que trajo Jesús: amor que no pide nada a cambio.
El nombre que eso tiene en la teología católica es: gracia, trajo gracia, manifestó, mostró y trajo a este mundo la obra potente de la gracia, la obra de un amor sin condiciones, de un Dios tan sencillo, tan cercano, un Dios escandalosamente cercano, un Dios que no pide tantos permisos, un Dios que tiene la capacidad de transformar las vidas a la velocidad de la palabra de Jesús.
Y entonces esta gente empieza a asustarse, y empiezan a decir: "Mira, a ver, allá está la gente, allá está Dios y nosotros estamos en la mitad cobrando el peaje, cobrando el impuesto".
Saduceos, fariseos, herodianos, especialmente esos grupos, y entre ellos, claro, los sumos sacerdotes, vivían, sacaban toda su importancia y su privilegio de mantener lejos a Dios, porque mientras Dios se mantuviera lejos, significaba que había que obedecer lo que dijeran los fariseos, los escribas, los saduceos, los sumos sacerdotes.
Pero cuando llega Jesús y dice que la oración más importante no es la que se hace con gran espectáculo en el Templo, sino la que se hace en secreto en la habitación", y cualquiera puede encerrarse en cualquier parte para hacer esa oración.
Cuando Jesús empieza a hablar de que Dios es abbá, es papá; cuando Jesús habla de que Dios es papá y le habla con esa confianza, y cuando Jesús dice: "Mira, es que no se necesitan muchos peajes, aduanas y condiciones, es que Dios ya te ama y la gran prueba de que Él ya te ama es que yo estoy aquí para traerte salvación y eres sano y salvo ya".
Desde luego, todos los que vivían del negocio de mantener lejos a Dios, empezaron a temblar y dijeron: "¿Y ahora qué hacemos?" Y y empezaron a temblar porque la gente llamaba a Jesús profeta, y algunos ya querían nombrarlo rey; y ustedes saben en ese ambiente políticamente caldeado y convulso, en ese ambiente ¿un rey para qué sirve?
Ese rey sirve para hacer una revuelta, para echar a los romanos y para instaurar un reino que se llame Reino de Dios, eso era lo que la gente pensaba, eso no era lo que Cristo quería, pero eso era lo que lagente pensaba.
Y los sumos sacerdotes decían: "Mira, se va a armar la revuelta y los romanos van a venir aquí y van a acabar con todo", y temblaban al decir eso, y tenían por qué temblar, porque a los romanos no les temblaba la mano para crucificar dos mil personas, una detrás de otra, hasta que se desangraran en un palo; a los romanos no les temblaba la mano para hacer eso.
Entonces estos sentían: "Apenas se arme la revuelta, las primeras cabezas que caen son nuestras cabezas", y por eso dijo Caifás: "Mejor que se muera éste y no que perezca todo el pueblo" San juan 18,14, y ahí se resolvieron acabar con Cristo.
Hermanos, estos hechos que he recordado junto a ustedes, no son extraños, los tenemos ahí en el Evangelio, pero los he recordado para que caigamos en la cuenta de por qué se produce persecución. Cristo produce persecución porque Cristo daña negocios que eran muy buenos, y el que sacaba provecho de esos negocios, se disgusta; ése es el problema.
Cristo predica, anuncia y trae la posibilidad de recibir amor de Papá Dios y de encontrarnos con ese Papá Dios en espíritu y en verdad sin tantas complicaciones, sin tantas aduanas, sin tantas vueltas, eso es lo que trae Jesús.
Y desde luego, si eso es lo que trae Jesús, Jesús daña muchos negocios, Jesús daña todos los negocios del pecado, y hay mucha gente, muchísima gente que vive de las ganancias del pecado. De manera que si ustedes comienzan a convertirse, a todos los que predicamos el Nombre de Cristo nos van a odiar, porque nosotros somos los que les dañamos el negocio a los que viven del pecado.
De manera que el papel de un buen predicador ¿cuál es? Suponiendo que Dios hiciera de mí un buen predicador, un buen predicador sirve cuando daña el negocio del pecado.
Como todavía hay muy buenos negocios del pecado en Bolivia, en Colombia, en Latinoamérica y en el mundo, quiere decir que nosotros los predicadores somos unos ineptos, tal vez tenemos palabras bonitas, pero todavía nos falta lo más importante: que si en nosotros estuviera el poder del Espíritu Santo, ustedes abandonaban el pecado hoy y le dañábamos el negocio hoy a mucha gente.
Ese es el camino de la revolución cristiana, y eso lo he descrito varias veces, y me parece que incluso en este mismo lugar lo prediqué una vez, es muy sencillo.
Vamos a analizar un problema de actualidad: en donde yo vivo, en Irlanda, tengo ocasión de leer prensa de toda Europa y en particular de España. Y he sabido que en España hay una cantidad de controversias sobre lo que se llama la telebasura.
La telebasura es toda esa bazofia, toda esa porquería que se transmite muchas veces en horario familiar en la televisión, de lo que se llaman los famosos reallitys, por ejemplo, donde el deporte es jugar con la morbosidad con la obscenidad, con el cuerpo humano; donde el pudor, donde la modestia, donde la pureza son pisoteadas día tras día.
Pero ¿por qué los reallitys existen? ¿Por qué existen telenovelas que exaltan el adulterio y que proclaman la infidelidad? Existen porque hay muchos católicos bautizados en Santa Cruz, bautizados en Bogotá, o bautizados en Nueva York que vienen, que cantan, que celebran, pero que cuando llegan a la casa, encienden el televisor para ver en qué sigue la obscenidad, la morbosidad, por eso existen esos programas.
Y el grave problema es, que si ustedes tuvieran verdaderos predicadores, no estos tontos que hemos venido aquí, como es el caso mío, si ustedes tuvieran verdaderos predicadores, serían predicadores con la fuerza del Señor, predicadores capaces de transmitir a ustedes un mensaje y una gracia.
Es que no es solamente el mensaje, es que la predicación no es decir cosas bellas o ciertas, la predicación es predicación con poder, es predicación que arranque de las garras del enemigo.
Si ustedes, mis hermanos, si las miles de personas que están aquí, que son ustedes y que soy yo, si nosotros hoy renunciáramos de corazón y para siempre a cosas como los reallitys, somos capaces de cambiar la televisión.
Y les voy a decir una cosa, la gente de la televisión no es tonta, ellos presentan en la televisión todo tipo de obscenidad y todo tipo de vulgaridad porque saben que la gente va a ver eso, ¿y cómo saben que la gente está viendo eso? Lo saben porque hacen sondeos y porque le preguntan: "Oiga, ¿usted ha visto tal o cual programa de televisión?"
¿Ustedes se imaginan qué sucedería si en el próximo sondeo nos preguntaran: "Oiga, ¿usted ha visto el reallity de x, y, z? Y que nosotros dijéramos: "Lo vi una vez, y como es una porquería que envenena el corazón de mis hijos, no lo volví a ver jamás"; escriba eso: "No lo volví a ver porque envenena a mis hijos, no lo volví a ver"? ¡Eso eso es lo que hay que hacer!
Obviamente, si llegara a Santa Cruz un verdadero predicador, no un bobo como yo, no un tonto como yo, no un inepto, porque eso es lo que yo soy.
Si llegara aquí un verdadero predicador, que ojalá llegue y llegue pronto, alguien que verdaderamente toque el corazón de ustedes, alguien que verdaderamente les mueva a apagar el televisor cuando hay que apagarlo y llamar a los hijos a conversión; si llegara aquí uno de esos que realmente tocara el corazón de ustedes, sucederían dos cosas, y yo no se cuál de las dos es más hermosa.
La primera: Santa Cruz, Bolivia, pasaría a ser una noticia en el mundo entero: "Un programa, una cadena de televisión tuvo que cambiar su programación porque la obscenidad se quedó sin quién la mirara", ¡ay, ese día yo diría: "¡Aleluya, aleluya, se logró!"
Y yo le escribiría a ese verdadero predicador y le diría: "Usted sí sabe predicar, usted sí lo hace bien, porque usted sí ha conseguido el resultado que nosotros no hemos podido lograr"; pero esa sería la primera parte, Santa Cruz, Bolivia sería noticia en el mundo entero, se los puedo asegurar.
Pero luego viene la Segunda parte. La segunda parte es: les puedo asegurar, a los pocos días, nuevamente noticia mundial: "El predicador que estuvo en Santa Cruz ha sido asesinado", estoy seguro de que eso sucede.
Si llega a surgir un verdadero predicador, uno que tenga el poder del Espíritu Santo, uno que verdaderamente mueva los corazones y que empiece a dañar negocios sucios, negocios turbios, y piensa cuántos negocios sucios y turbios hay en el mundo; si llega a surgir un verdadero predicador, te puedo asegurar una cosa: lo acaban, lo matan, lo desaparecen, lo torturan. Eso fue lo que le pasó a Andrés Dung-Lac en Corea, eso, ése era un verdadero predicador, lo mataron, lo acabaron.
¿Qué le hace falta a la Iglesia de Santa Cruz? ¿Qué no ha visto? Aquí se han levantado paralíticos, ¿sí o no? Aquí han sucedido milagros, ¿sí o no? Aquí ha habido exorcismos clarísimos, ¿sí o no? Aquí ha habido conversiones maravillosas, ¿sí o no? Entonces, ¿qué es lo que hace falta realmente aquí?
Lo que hace falta aquí es que llegue alguien que tenga tal poder del Espíritu Santo, que realmente toque los corazones y que haga que ustedes empiecen a dañar los negocios del mal, eso es lo que hace falta.
Aquí pueden seguir levantándose paralíticos, y Dios lo seguirá haciendo porque Dios es bueno, tierno y amoroso; y aquí Dios le puede dar vista a doscientos ciegos de una sola vez, y Dios puede hacer aquí maravillas: quinientos cojos que se curan, Dios puede hacer todo eso y lo va a hacer seguramente.
Pero a mí eso, a estas alturas de mi vida, porque claro, yo ya voy entrando a una edad avanzada, a estas alturas de mi vida, hermanos, eso yo lo celebro, me alegra, pero eso no me hace llorar de gozo. Lloraré de gozo cuando yo sepa: "Santa Cruz fue capaz de dañarle el negocio a: uno, dos, tres, cuatro, cinco, todo los que venga; ¡cuando eso suceda!
Ahora, hermanos, tenemos respondida nuestra primera pregunta: ¿por qué es odiada la fe cristiana? Porque así como Cristo les dañó el negocio a los fariseos, saduceos, escribas y todos los demás, así también nosotros los cristianos, cuando somos lo que tenemos que ser, porque me parece que padecemos de una mediocridad espantosa, empezando por nosotros sacerdotes y predicadores, somos de una mediocridad terrible, pues yo juzgo por mi condición y por los resultados que veo.
Mientras yo no vea que la gente le da un sí radical a Jesucristo, yo digo estamos jugando a ser cositas, el resultado final es: que el que quiera meterse con este pueblo a envenenarlo con pecado, tenga que salir huyendo, así como ustedes hacen huir al diablo.
A mí me gusta cuando hacen esas oraciones de liberación y toda la asamblea grita: "¡Afuera, afuera!" A mí me gusta eso, a veces me parece un poco actuado o exagerado, pero me gusta.
Pero lo que yo quisiera sobre todo, es que ese "afuera" significara que no entra la corrupción; "afuera" significara que el que pretenda venir a pervertir los niños de Bolivia se larga por donde vino, eso es lo que significa "afuera".
"Afuera" significa que amamos a nuestros jóvenes, que amamos las parejas, que amamos las vocaciones, que cuidamos las familias; "afuera" significa que el que quiera venir aquí a hacerle daño a la familia se devuelve, se larga, "¡afuera!".
El que venga a dañar a los niños de Bolivia, "¡afuera!"; el que venga a dañar a la familia, "¡afuera!"; el que venga a dañar las vocaciones, "¡afuera!", eso es lo que hay que hacer.
Pero nos falta la otra pregunta, dijimos que eran dos preguntas, la primera pregunta era: ¿por qué persiguen tanto a los cristianos si son tan buenecitos? Pues son buenecitos pero le dañan el negocio a los otros y por eso nos tienen que perseguir.
Hoy, por ejemplo, que fui a visitar algunos canales de televisión aquí en Santa Cruz; pues bueno, mientras esperaba en uno de esos canales, salí a caminar por unas cuadras, caminar un poco mientras aguardaba a que nos llamaran, unos veinte minutos, y volví triste, ¿saben? Porque cuando volví dije: "Oiga, nadie intentó matarme, Significa que estoy predicando muy mal, es decir, nada está sucediendo.
Pues si, que hay gente que se cura, me han contado algunos testimonios de personas que se curan, eso es bonito, yo no digo que no sea bonito, todo milagro es bonito y Dios hace milagros, pero eso es poca cosa, el que hoy se curó de una cosa, de aquí a treinta años de algo se morirá, eso no es todavía gran cosa.
Lo grande es que un pueblo entero sea capaz de decirle al que daña su sociedad, al que se roba el dinero de los pobres, al que pervierte la política, al que daña, a ese lo llama a conversión y echa afuera el pecado que ése comete, esto es lo importante, eso sí que es interesante
Pero vamos con la segunda pregunta. Dice la pregunta: Bueno, ¿y qué hacemos con lo de las familias? "Ustedes serán traicionados por sus padres, hermanos, parientes y amigos" San Lucas 21,16.
Yo le pregunté al Señor que énfasis quería Él que tuviéramos en la enseñanza de esta noche, la que estamos ofreciendo ahora, y Él me dijo, o eso sentí yo que me dijo el Señor: "Tenemos que defender la familia"; eso, por favor, ténganlo claro, pero eso no es para los adultos, este mensaje es especialmente para los niños.
Entonces, vamos a hacer esto de manera muy clara: por favor, niños varones que tengan más de ocho años y que tengan menos de quince años, venga ya a aquí, por favor.
La primera razón por la que hemos invitado a estos niños es para que todos tomemos conciencia de que sí hay niños, es que a veces pensamos que no los hay porque no se ven en medio de tanto adulto, pero miren, aquí están estos niños y están recibiendo con amor la Palabra del Señor.
Bueno, esta parte de la homilía es especialmente para ustedes, queridos niños. En el evangelio que oímos hoy Jesús dice que dentro de la misma familia se van a presentar traiciones y se van a presentar divisiones, eso nos dijo Jesús en el evangelio.
Mis queridos amigos, esto sucede en la familia, sucede la división, cuando hay gente que de veras cree en Dios y hay otras personas que no creen realmente en Dios, es decir, no tienen verdadera fe de corazón de obras, fe en la realidad.
La mayor parte de ustedes, mis queridos niños, van a formar hogares, los hogares, si ustedes pueden ver, muchas veces son hogares que se rompieron, esos hogares se rompieron porque hubo niños como ustedes que cuando llegaron a grandes fueron infieles a la esposa, ¿ustedes me entienden lo que estoy diciendo, niños?
Bueno, ustedes van a crecer y van a formar un hogar, si ustedes son infieles a la esposa, ustedes van a traerles dolor, división y destrucción a la familia y al mundo, por eso, solamente si ustedes son verdaderos líderes, el líder es el que va adelante, el líder es el que va como el capitán en el barco.
Si ustedes son verdaderos líderes, mis queridos niños, si ustedes son hombres de fe total, sus hogares van a ser indestructibles; si ustedes se apartan de Dios, o si ustedes no cultivan la presencia de Dios en esas familias, los hogares de ustedes van a padecer lo que dice Jesucristo: "Habrá traición y habrá división" San Lucas 21,16, ¿me han entendido?
Vamos a orar un instante por estos niños, para que las familias de ellos, porque ellos, la mayoría van a hacer familias, para que las familias de ellos sean protegidas desde hoy; ustedes no esperen a que el hijo vaya allá camino del altar y para decir: "¡Ay!, Diosito, guarda a mi hijito", ¡no!, por el hogar de estos niños hay que orar que orar desde hoy.
Y si tú piensas casarte, pídele a Dios: "Dame una verdadera esposa que sea creyente, que yo tenga un hogar hermoso donde se honre tu Nombre", así tenemos que hacer, así defendemos la familia, así en nuestras familias no habrá destrucción.
Por favor extiendan su mano derecha hacia los niños. Vamos a bendecirlos, vamos a pedirle a Dios que ustedes tengan una historia distinta, que ustedes sean transformados por el amor de Dios y que no haya traición en el hogar de ustedes.
Señor, infunde tu divino Espíritu sobre estos jovencitos, infunde tu divino Espíritu en ellos, ábrelos completamente a la acción de tu amor y de tu gracia, Señor.
Que en los hogares que ellos van a formar un día, la gran mayoría, -aunque aquí también habrá seguramente monjes y sacerdotes y misioneros-, pero en los hogares que ellos van a formar, Señor, que en esos hogares se honre tu Nombre, que nunca haya ni traición, ni división, porque allí tu Nombre es respetado y amado.
Gracias por cada uno de estos niños. Bendíselos, Señor. Llénalos de tu Espíritu, dale hogares santos, Señor, a Santa Cruz, a Bolivia y al mundo; dale hogares santos, Señor, hogares verdaderos, Señor. Bendito seas, Dios mío. Gracias, Señor, por estos niños. Bendito seas. Amén. Amén. Amén.
Ahora las niñas de las mismas edades, desde los ocho hasta los quince años, pasen adelante. Vamos a hacer una oración por las niñas. Dios quiere sanar las familias, y la familia hay que sanarla y bendecirla desde que está antes de formarse.
Yo quisiera bendecir, abrazar a cada una de estas niñas, pero a todas les voy a contar algo muy importante para que entendamos cómo se hacen los hogares santos.
Aquí está esta pequeña, Carla. Es posible que Carla un día forme un hogar. Es muy importante, mis amadas niñas, que desde el día de hoy, ustedes, mirando a Jesús y mirando a María, le pidan a Dios un hogar sano y santo, eso hay que pedirlo desde hoy.
No esperen, niñas, a que aparezca el primer príncipe azul, a que aparezca el galán, el enamorado; antes de que lleguen las palabras dulces de un enamorado, las palabras dulces del amor de Cristo tienen que estar bien plantadas en los corazones de ustedes, ¿eso me lo entienden bien, niñas?
Antes de las palabras de cualquier enamorado, primero que todo las palabras de Jesús, para que sepas tú que tu cuerpo, tu vientre, tu boquita, tu rostro son preciosos en la presencia de Jesús; tú eres una joya preciosa en la presencia de Jesús, y antes de las palabras de cualquier enamorado, que las palabras de Jesús estén en tu cabecita, en tu corazón, en tu cuerpo.
Si tú haces respetar tu boca, tu rostro, tu corazón y tu cuerpo, los hogares que van a nacer de aquí, van a ser hogares sanos y santos, hogares sin división, hogares sin traición, nunca se te olvide la bendición que vas a recibir hoy.
Pongámonos de pie para bendecir a estas niñas, por favor.
Junten sus manos en el corazón, niñas, pídanle a Dios ustedes, que Cristo les grabe en el corazón las palabras del amor, para que nunca nadie las vaya a engañar en el amor; junten ahí en su pecho las manitas y pídanle eso a Jesús: "Graba en mi corazón las palabras de tu amor".
Bendice, Señor, a estas niñas, bendíselas, Dios mío, con la abundancia de tu misericordia, con el poder de tu Espíritu, con la unción de tu amor; graba, imprime en sus corazones las palabras de tu amor, para que ellas nunca vayan a ser engañadas en el amor.
Custódialas, son preciosas, son un jardín precioso que te pertenece, Jesús; y aquellas jovencitas que tú las llames para la vida religiosa, custódialas como vasos de oración y de pureza para que te sirvan en la tierra y en la eternidad.
Amén.