O343001a
Fecha: 19961127
Título: El Senor nos invita a no apoyarnos en nada ni en nadie distinto de El
Original en audio: 15 min. seg.
Nos habla claramente el Señor Jesús de la oposición y persecución que encontrará la Palabra de Dios en el mundo. Sus palabras suelen parecer exageradas, si uno piensa que aparentemente el mundo cada vez se hace más tolerante en materia de religión.
Las Naciones Unidas han declarado, como derecho fundamental de la persona humana, su autonomía, su libertad para escoger la opción religiosa que considere más de acuerdo con la propia conciencia.
¿En qué momento van a suceder estas cosas? "Os perseguirán, os entregarán a los tribunales y a la cárcel" San Lucas 21,12, ¿es que van a venir tiempos de intolerancia y de odio reprimido y contra los cristianos? ¿Conoceremos nosotros o viviremos esos tiempos? ¿O de alguna forma esa persecución ya ha empezado en nosotros y no nos hemos dado cuenta?
Por otra parte, ¿cuál es la causa de tanto odio? En algún otro lugar lo dice Nuestro Señor Jesucristo: "Si me ha rechazado a mí, os rechazarán a vosotros" San Lucas 10,16.
El rechazo, la persecución parece que son señales tan propias del cristiano, que uno tiene que preocuparse si no las tiene, tanto, que en la versión que San Lucas nos ofrece de las bienaventuranzas, seguramente recordamos que después de esas bienaventuranzas vienen las lamentaciones, los ayes, y dice ahí: "¡Ay de vosotros si todo el mundo habla bien de vosotros!" San Lucas 6,26. Es como no tener una de las señales fundamentales de que se es de Cristo.
Pero por otra parte, ¿qué clase de persecución puede sufrir o vivir una persona en un ambiente como por ejemplo un un monasterio de clausura? Más bien ¿no será que haya personas con complejo de persecución?: "Nadie me entiende, todos o todas están en contra mía, me tienden unas celadas".
Son un poco misteriosas estas palabras de Jesús sobre esa persecución, sobre esa presión, ¿llegará ese tiempo en el que nuestros parientes, en el que nuestros amigos se vuelvan en contra nuestra? O si no, ¿por qué nos habla así?
Parece que el corazón de la enseñanza es que todo lo que podemos considerar seguro, en algún momento nos puede fallar.
Parece que esta predicación del Señor es ante todo una invitación a no apoyarnos en nada distinto de Él, porque también los papás y los parientes y los amigos pueden fallar, y si se habla ahí de parientes o de padres, no es porque necesariamente estas personas lleguen a fallarnos, sino es una manera de indicar que hasta esas personas puedan llegar a fallarnos, como para que uno diga en su corazón: "¿Si hasta ellos pueden fallarme, entonces en quién podría apoyarme?"
Es más o menos lo mismo que cuando el Señor dice que "el que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí” San Mateo 10,37. Esos ejemplos del Señor sirven para indicar la primacía del Evangelio.
Pues bien, así como ese Evangelio ha de tener el primer lugar en la vida, también es cierto que ese Evangelio es lo único que puede sostenernos en los momentos de verdadera tribulación.
El sentido entonces de la enseñanza parece ser que debemos buscar nuestra fortaleza y la fuente de nuestra perseverancia sólo en el mismo Jesucristo, y no creernos seguros porque tenemos o parientes o amigos que piensan parecido igual a nosotros, porque uno tiende a apoyarse precisamente cuando siente que hay otras personas que están como en la misma sintonía de uno, es algo muy humano.
"Ya somos varios los que estamos pensando lo mismo, y esto significa que ya empezamos un proceso", y ese espíritu de que ya somos varios, fácilmente degenerará en sectarismos y partidismos dentro de la Iglesia o dentro de una comunidad religiosa.
"Es que ya somos varios dentro de la provincia, que ya nos hemos dado cuenta de cómo son las cosas y ya nos hablamos, y ya entre nosotros hemos conversado, ya sabemos por dónde es que van las cosas, y ahí estamos logrando que otros se nos unan, y vamos a ver si logramos cambiar esto".
Así, bajo capa de renovación, así, bajo aspecto de una vida nueva y de fidelidad al Evangelio y de retorno a las fuentes, rompemos muchas veces el don más preciado que es el de la unidad.
Y aquí viene algo paradójico: muchas veces trabaja más por la unidad la persona que se sabe sola, que aquella que quiere el retorno a las fuentes o a la fidelidad o lo que sea, pero con la pequeña ayuda, con el pequeño bastón de "un partidito que tenemos, es un pequeño grupo que nosotros tenemos, con el cual esperamos cambiar todas las cosas".
Una persona, que por “fidelidad” al Evangelio se une con otras personas, y ya logró el grupo que va a renovar y que sí es fiel, una persona así, muy fácilmente termina traicionando el núcleo mismo del Evangelio.
Es que parece que el Evangelio no es otra cosa sino la continua, casi obsesiva búsqueda de los que son distintos a mí; el Evangelio es como una continua solicitud por los que piensan distinto que yo; el Evangelio es una continua misericordia y una continua ofrenda por los que no son como yo, por los que no piensan como yo.
Esto contradice tendencias muy profundas de nuestra naturaleza humana herida por el pecado, que para no sentir orfandad, que para no sentirse desprotegido, carne que para no sentirse desprotegida intenta buscar el calorcito, el apoyo, la solidaridad de otra carne, pero eso no es el Evangelio.
El Evangelio es esa continua búsqueda, esa amorosa, esa paciente búsqueda del que es distinto que yo, del que piensa distinto, de aquel que yo podría decartar.
Entonces es claro, que para esta búsqueda, que es al mismo tiempo misericordiosa y sabia, pensar en las alianzas y en las personas que están respaldándonos y piensan como nosotros es un estorbo, por decir lo menos; no son esas las personas que nos van a llevar a la plenitud del Evangelio y esta es la razón por la cual el estado natural del Evangelio es la persecución, o por lo menos la oposición, porque que es que el Evangelio sólo crece bien en otro patio, no en mi patio.
Es una semilla extraña, que si yo la siembro en mi propio patio, es decir, en mi núcleo de amigos, en aquellos que son como yo, en aquellos queme quieren, en aquellos cuyo cariño está ya garantizado, ahí no crece.
Necesita lanzarse esta semilla al terreno de los otros, al jardín de los otros, y esos otros entonces van a ser los que no me quieren, los que no me entienden, los que no me respetan, es allá donde debe ser lanzada la semilla del Evangelio, y desde luego que allá lo primero que va a encontrar es oposición.
Cada uno entonces tendría que revisar su propia situación, y aquí es donde se ve que esta palabra del Evangelio vale para todas las situaciones de la Iglesia, y para todos los estados de vida, y para todas las circunstancias por las que pasa el cristiano.
y allá en un monasterio de clausura, pues a menos que haya una terrible guerra religiosa con sacrilegios y profanaciones a bordo, difícilmente van a llegar las persecuciones al interior del monasterio, difícilmente, esas, sí, difícilmente llegarán.
Pero estas otras realidades que estamos diciendo, es decir, ese creer en las propias alianzas y ese negarse a buscar la verdad del otro y ese negarse a sembrar el Evangelio en el que no piensa como yo, eso sí me parece a mí que se puede dar y que seguramente se da en más de un monasterio.
Esta semilla del Evangelio sólo crece bien cuando crece mal, es decir, sólo crece bien allí donde no podría aparentemente crecer, sólo allí donde parece que no tiene esperanza, sólo allí donde tiene que sostenerse como en la pura gracia de Dios, sólo allí crece bien la semilla del Evangelio.
Y por eso, esta es la condición propia del creyente, no es sólo no se confíe de sus amistades, es que tampoco se desconfíe de sus conocimientos.
"Haced propósito, -dice Jesús-, de no preparar vuestra defensa" San Lucas 21,14, no te apoyes ni en tus conocimientos, ni en tus virtudes, ni en tu experiencia.
"Es que, por favor, mi experiencia, una cosa es usted que no le ha acabado de sanar el ombligo, y otra cosa soy yo que estoy jecho, maduro, estoy por caerme del palo. Son dos situaciones distintas: yo sí puedo apoyarme en una experiencia, usted primero vaya a que le calienten su tetero, a que le sane el ombligo, a que le cambien el pañal y luego viene y hablamos".
Pues bien, nos enseña el Señor que aquél que se apoya a su larga experiencia, sus profundos conocimientos, el que pertenece al grupo renovador del monasterio, el que tiene... Cualquier persona, cualquier creyente que se apoye en algo suyo, no lanza la semilla del Evangelio allí donde realmente puede crecer.
Me parece a mi que lo más provechoso de este modo de ver las cosas, es que sirve para aplicar este texto a todas las situaciones de nuestra vida. Porque si se pone uno a esperar a que lleguen las persecuciones y a que con fuerza y picas, y palas y hachas: "Entraron los perseguidores al monasterio gritando improperios, insultos a Jesús, y allá encontraron a una monja crucificada en el coro, y entonces burlándose cruelmente de ella..."
Mientras uno espera que sucedan este tipo de cosas, mientras uno está esperando a que tal género de persecución suceda, no se da cuenta de lo que uno mismo está haciendo, hoy, ayer, mañana, aquí en donde estamos.
El Evangelio es para hoy, ningún Evangelio está definitivamente aplazado; este Evangelio es para hoy y necesita crecer así. Sólo en esa tierra, sólo en esa oposición, sólo en esa dureza despliega toda su fuerza.
En el fondo, es lo mismo que le dijo el Señor a San Pablo: “En la debilidad se muestra perfecto mi poder” 2 Corintios 12,9.