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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20001118

Título: Apoyar y agradecer a las personas que nos evangelizan

Original en audio: 10 min. 51 seg.


Cada dos años en la Misa se lee la tercera Carta del Apóstol San Juan, la cual es muy breve, ya hoy la leímos. Uno está acostumbrado a que los libros de la Biblia son todos de muchos capítulos y versículos; en cambio hay unos libros de la Biblia de una sola página. La segunda Carta de San Juan la leímos ayer, y la tercera Carta de Juan, hoy.

Son documentos tan cortos que uno tendería como a pasar por encima de ellos, pero vamos a tener que esperar dos años antes de que se vuelva a leer la Tercera Carta del Apóstol Juan. Y como se necesita tanto tiempo, vale la pena que digamos una palabra sobre este documento tan corto.

¿Qué es lo que dice el autor? ¿Qué es lo que dice Juan? Pues está escribiéndole a un amigo suyo, y le dice que sea hospitalario con unos misioneros, y hace un elogio de esos misioneros: “Debemos sostener a hombres como estos, cooperando en la propagación de la verdad” 3 Juan,8. Ese es como el sentido de la carta, algo muy sencillo.

Cooperar con la difusión del Evangelio sosteniendo a los misioneros, ¿si será tan sencillo eso? ¿Qué hacemos por las personas que nos evangelizan? ¿Cómo ayudamos a los que nos ayudan? ¿Cómo los soportamos? ¿Qué sustento les damos? Sustento para su cuerpo, sustento para su oración, para su ánimo.

No hace mucho el Apóstol Pablo en la Carta a los Filipenses les decía: “Ustedes son la única comunidad que me abrió un libro de cuentas para que yo supiera que contaba con algún dinero, con algunos recursos para mi labor” Carta a los Filipenses 4,15.

Tantos lugares donde estuvo evangelizando Pablo y sólo una comunidad como que se puso a pensar: “Este señor debe tener necesidades también”. Entonces, primera aplicación práctica: revise usted, por favor, en su entendimiento, en su memoria, quiénes le hacen bien espiritualmente a usted, y usted qué hace por otras personas.

¿Es agradecido, se preocupa por ellos, ¿piensa en las necesidades de ellos? ¿Qué pueden estar necesitando? Es una cosa bonita, es un hermoso deber de gratitud.

Segunda aplicación que queremos hacer: los misioneros de los que habla la Tercera Carta de Juan obraban en un mundo no cristiano; la mayor parte de ese mundo era pagano, pero dice que ellos no quisieron recibir ayuda de paganos, sino que más bien soportaron las dificultades, recibiendo auxilio solamente de los cristianos.

Aquí también hay una enseñanza para nosotros, ¿por qué? Pensemos cuál fue la razón por la que actuaron así estos misioneros, porque la Palabra de Dios es como un regalo que yo quiero dar, pero si yo recibo del pagano, entonces mi palabra puede parecer como parte de un negocio: "Usted me da y yo le doy". Es mejor no recibir nada de los paganos.

Porque, entonces, el pagano siente que todo le llega como regalo, esa es la enseñanza que saco yo de ahí. Tratemos de no recibirle nada a los paganos, porque así les ayudamos a que reciban todo como regalo. ¿Y cuáles son esos paganos? Pues hoy hay mucha gente que es bautizada, pero vive en paganismo.

Cuando una persona ha renegado prácticamente de su fe, nosotros tratemos de no tener ninguna deuda con esa persona; tratemos de no apoyarnos en ella; tratemos de que esa persona no nos deba nada; al que vive mal, al que vive en adulterio, al que cree en la brujería, al que se pasó a otra religión, tratemos de no deberle nada. Nada, absolutamente nada, siguiendo el ejemplo de estos santos misioneros.

¿Para qué? Para que lo que nosotros le demos a estas personas, se lo demos como regalo; no le debamos nada a nadie. En otro lugar dice Pablo: “No le debamos a nadie nada, sino amor" Carta a los Romanos 13,8; no le debamos nada a nadie, porque las personas a las que no les debemos nada, cuando nosotros les regalamos una sonrisa, una palabra, una oración, la reciben como un regalo.

En cambio, si nosotros estamos en deuda con ellos, creen o pueden creer, o que estamos haciendo negocio, una especie de transacción con la Palabra que predicamos, o que nuestra Palabra no es suficiente para sostenernos, por eso hay que hacer el esfuerzo de no deberle nada al pagano.

Hay veces que materialmente no se puede, entonces hay que recibirlo como limosna, o como lo que sea; pero hay que tratar de no deberle nada al pagano. Bueno, todavía este tema sí puede parecer un poquito abstracto. Yo no quiero prolongarme, pero tampoco quiero que la cosa quede así, en el aire.

Esto se entiende mejor con ejemplos. Mire este caso, que lo he visto varias veces. Tenemos el caso de una jovencita que participa dentro de un grupo de oración; esta niña es muy fervorosa dentro de su grupo, pero resulta que en el grupo de oración todos son feos, cansones y viejos, y ese no es el modelo de hombres que a ella le atrae.

Pero ella, como mujer, le gustaría recibir amor, le gustaría recibir cariño, le gustaría recibir ternura; entonces va y se levanta un novio pagano, pagano quiere decir en este contexto ¿qué? Que prácticamente no vive su fe, ¿sí?

Va y se consigue por allá un novio pagano ¿y qué hace? En ese novio deposita toda su confianza y lo convierte en su pañito de lágrimas, y ese es su gran confidente, como el que le suple tantas necesidades a ella, muy humano todo, pero ¿qué pasa? El día que esa mujer le quiere decir al novio que se convierta a Cristo, que vuelva a la fe, es muy difícil que ese hombre le crea.

Por dos razones. Primera, "¿porque usted qué está haciendo? ¿Está haciendo como una especie de negocio conmigo? o sea, que yo le doy a usted apoyo, le doy moral, le doy confianza, le doy ternura, y usted me da a mí ¿qué? Predicación, ¿o cómo es la cosa? O segundo: ¿Cómo voy a creer yo en ese Cristo suyo, si yo le conozco a usted toda su debilidad, todo su lado flaco?"

-Aunque, hay mujeres que casi no tienen lado flaco-, "pero le conozco toda su debilidad, le conozco toda su fragilidad, ¿yo cómo voy a creer que Cristo es todo para mi vida, si no ha sido todo para su vida?" Por eso es difícil.

Es difícil eso de estar buscando tanto apoyo, sobre todo apoyo existencial, apoyo psicológico, apoyo afectivo en las personas que no creen en Dios; es muy peligroso eso, ¿por qué? Porque fácilmente nos arrastran fuera de Dios, y porque esas personas difícilmente nos van a creer que Dios es todo para nosotros.

Por eso, la propuesta que yo siempre hago es, mire: antes de iniciar cualquier relación, -por seguir con este tema afectivo-, si usted está convencido o convencida de su fe, antes de iniciar, mire cuál es la situación de fe que tiene esa persona, para ver si están hablando ese mismo lenguaje.

Porque si no, después de que usted haya depositado toda su confianza, y -"tú eres todo para mí, y ahora convirtámonos a Cristo”, "-pero, yo cómo me voy a convertir si Cristo es gran cosa, si yo le conozco toda su debilidad, y yo sé que Cristo no le ha bastado a usted?"

Por eso, esto es una enseñanza muy rara, fíjate, pero por algo está en un libro que nosotros muy poco conocemos, la Tercera Carta de Juan dice: “Tratemos de apoyarnos lo menos posible en los que no creen”. Un consejo raro, pero un consejo práctico y sabio. Tratemos de no apoyarnos en esas personas, de manera que seamos más bien nosotros el apoyo para ellos.

Bueno, -“Pero, yo también tengo mi corazoncito, tengo mis tristezas, yo necesito”, –“ah, bueno, busque dentro de la comunidad, busque personas cristianas dentro de la comunidad, para que le den ese apoyo, para que le den esa fortaleza, para que le den ese consuelo, pero procure que sea más así, que de otra manera”.

Bueno, son dos enseñanzas que nos regaló la lectura hoy. Primero: seamos agradecidos, pensemos en la gente que nos hace bien; muchas veces, nosotros creemos que son como de bronce, como de mármol los que nos evangelizan, y no necesitan ayuda, también a veces ayudas muy concretas.

Y segundo: tratemos de apoyarnos lo menos posible en los paganos, lo menos posible, ¿por qué? Para darle máxima oportunidad a que cuando nosotros les hagamos bien, ellos se puedan sentir como un puro regalo de amor, y eso facilita la conversión de ellos.