O316001a
Fecha: 20001111
Título: No perder la grandeza de los pequenos detalles.
Original en audio: 12 min. 52 seg.
Hay una palabra, un concepto que aparece en las dos lecturas de hoy; una realidad: el dinero. A mí me conmueve pensar que Pablo, trabajando con sus propias manos, escaso de recursos muchas veces, siendo tan pobre, tenía tanta riqueza de Dios para compartir con esas comunidades.
Pero lo que hoy me llama la atención es que nadie pensaba en las necesidades de él. Había evangelizado por el Asia Menor, había pasado por Macedonia y Acaya, es decir, prácticamente toda la península griega, pero a nadie se le ocurría pensar qué necesitaba él.
La primera comunidad y la única, hasta donde sabemos, que tuvo esta preocupación por las necesidades temporales de San Pablo, fue la comunidad de Filipos. Una comunidad que, como sabemos, fue muy entrañable para él.
Y realmente, esta Carta a los Filipenses que hemos venido leyendo en estos días, nos permite asomarnos a unas relaciones de amor fraterno, de amor pastoral y de amor filial sumamente bellas, que son muy edificantes para nosotros.
Pablo, creo que deja ver los aspectos más tiernos de su corazón, hablando a estos Filipenses. Y por eso, los interesados en conocer cómo puede ser el corazón de un predicador, pueden saciarse, pueden recibir mucha luz en este texto de la Carta de Pablo a los Filipenses.
Para Pablo es claro que no se trata de asuntos de dinero, sino del corazón con el que ha sido dado ese dinero; es en esto, como en tantas cosas, fiel seguidor de lo que nos dice Jesucristo en el Evangelio: "El dinero vale, sobre todo, por el corazón que gobierna ese dinero"; es ese corazón el que hace del dinero una ocasión de bien o una ocasión para el mal.
Y por eso Cristo quiere que hagamos del dinero un instrumento de bien, teniendo siempre claridad que se trata, según el adjetivo que aparece aquí traducido, del "vil dinero".
El dinero sirve para descubrir el corazón, porque a través de eso que es pequeño, a través de eso que en cierto sentido es vil, de todas maneras, se muestran las intenciones del corazón. Este sería el primer punto sobre esto del dinero.
Pero el evangelio nos lleva a otro pensamiento un poco más general: nos habla de lo menudo y de lo importante: "El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado" San Lucas 16,9.
Hay varias interpretaciones de este texto, por ejemplo, San Raimundo de Peñafort, tercer Maestro de la Orden, utilizaba este texto para ponderar la delicadeza en la observancia de los votos y en las otras observancias regulares.
El que desprecia fácilmente una parte de la liturgia, el que desprecia fácilmente un texto litúrgico, el que considera que porque es pequeño no importa, pues está formulando la sentencia contra sí mismo, porque nosotros somos bien pequeñitos ante Dios, y si lo pequeño no importa, pues no deberíamos importar nosotros ante Él.
Pero el Dios que nosotros hemos conocido es un Dios que cuida los detalles, es un Dios que mira a los pequeños, que tiene especial cariño, misericordia y providencia para con los pequeños y para con lo pequeño.
Entonces, Raimundo de Peñafort les hacía ver a los frailes, basándose en palabras parecidas a las de Cristo, que había que tener cuidado también con las cosas pequeñas, y había que formarse para ser delicado en las cosas pequeñas.
Bueno, esas palabras son muy duras para mí, porque resulta que uno por temperamento, por estudios, o por lo que sea, tiende a creer que con salvar lo esencial está todo, y hoy el Señor me amonesta, me corrige a través de esta palabra, y me dice: "Nelson Medina, usted no vaya a creer que porque guarda algunas cosas y considera que eso es lo esencial ahí está todo; es demasiado lo que se puede perder a través de lo pequeño".
Para saber cómo se pierden las cosas a través de lo pequeño, el mejor ejemplo pedagógico es el de un colador. Si nosotros pensamos de qué tamaño son las gotas que pasan por el colador, todas son muy pequeñitas; pero si echamos un balde de agua o un barril de agua o de vino por ese colador todo se va en goticas y se pierde todo, porque nadie puede cargar agua en un cedazo, todo se pierde en goticas.
De manera que el cuidado de lo pequeño es importante. A uno se le pueden ir todas las grandezas de su consagración religiosa, sacerdotal, de su amor a Dios, todo se le puede ir en gotitas y como cada gotita parece despreciable, entonces uno puede perder lo grande a través de lo pequeño.
Otra reflexión parecida es la que se puede hacer cuando pensamos en la búsqueda de la perfección en la vida espiritual, porque lo que vemos en los grandes santos son unos depósitos inmensos de amor, de sabiduría, de gracia; pero el mar, el océano más grande de la tierra, está hecho de gotitas. También a través de las cosas pequeñas, de las gotitas, ahí podemos encontrar el camino para la grandeza.
Yo creo que la mayor parte de nosotros, estoy pensando sobre todo en mí, somos muy impacientes. Nos atrae la idea de la santidad, de una verdadera vida dominicana, una verdadera vida consagrada, pero quisiéramos una catapulta que nos lanzara desde la mediocridad presente hasta la santidad consumada.
Los Alcohólicos Anónimos, por lo menos de Estados Unidos, tienen una serie de lemas y le sacan afiches a los lemas, como unos estribillos para que no se les olvide a los alcohólicos que están ahí asociados las estrategias para cambiar de vida, y uno de esos afiches dice: "El ascensor se dañó, en esto sólo hay escaleras".
Yo creo que eso sirve mucho para la vida espiritual. Nosotros queremos una vida comunitaria armoniosa, maravillosa; pero se nos olvida que eso toca construirlo todos los días, un pedacito por la mañana otro pedacito por la tarde.
Una vez, el Obispo de Chiquinquirá, iba a ser una misión con un plan revolucionario, para el cual necesitaba una cantidad de laicos comprometidos, pero comprometidos con Cristo, con el Evangelio, necesitaba una cantidad de laicos comprometidos y se fueron por las parroquias de Chiquinquirá con ese plan novísimo y novedoso, ese plan que era revolucionario.
Y resultó, que la parroquia más tradicional en ese entonces, estaba dirigido por el Padre Pablito Murcia, la parroquia más tradicional y más antigua fue la que aportó el mayor numero de laicos comprometidos para ese plan novedoso.
Cuando resultó esa cantidad de gente que trabajó de tal manera en esa misión popular, entonces le preguntaban al Padre Pablito Murcia de dónde había sacado tanta gente, si era un plan nuevo, y entonces el padre Pablito Murcia dijo: “Es que de grano en grano llena la gallina el buche”.
Es que eso es de a poquito, nosotros queremos formulas como para ganar ya a toda la gente, no, esas son las obras de paciencia, de confesión, de atención; es el estar ahí, es esperar, es amar, es el trabajar por la mañana, por la tarde y por la noche.
De manera que estas reflexiones de lo pequeño y de lo grande también nos llevan a ser humildes y a pensar que la grandeza y la constancia tienen muchos valores, por ejemplo, nosotros queremos una vida comunitaria que sea mucho más sincera, mucho más alegre, mucho más profunda.
El Padre Damian Bern se murió diciéndonos que teníamos que compartir la fe, hay que aprender compartir la fe; pero se pone uno a pensar cómo es eso de compartir la fe y aprender a hablar de Dios entre los religiosos, aprender a hablar de Dios, de nuestra experiencia.
Eso no es una cosa que se dé automáticamente, eso no es un decreto que venga de Fray Timothy: “Quiero que para diciembre del año dos mil, en todos los conventos y monasterios, se comuniquen mutuamente las riquezas de sus vocaciones”.
Eso no lo produce un decreto, eso lo produce un camino de cosas muy pequeñas, un camino de inmolaciones, de humildad, de sensatez y deseo del bien común. Todas esas cosas están metidas dentro de ese mensaje, de lo menudo y de lo importante. No prolonguemos más esas reflexiones, porque yo creo que la idea está.
Pidámosle a Dios que nos dé el sentido de lo esencial; pero que nos dé también la delicadeza del detalle. Fíjese usted que Dios no nos hizo a nosotros con la idea general, ¿cierto? Ninguno de nosotros somos la idea general de nada, porque entonces seríamos como un manchón, como un borrón.
Dios nos hizo hasta el último detalle: “A ver, este cachetito con este color, este ojito con este color, esta orejita...” Dios no hizo una idea general, ¿como sería que Dios hubiera hecho una idea general? Uno tendría como una cara general, como un boceto, pero Dios no hizo la idea general, sin embargo, si uno se engorda y engorda mucho, se parece así a idea general.
Dios no hizo la idea general sino que hizo los detalles, los detalles del temperamento, del corazón; Dios cuidó lo esencial y Dios cuida los detalles, y así nos toca ser a nosotros también en nuestra vocación, no perdernos en los detalles, no volvernos cositeros, o si lo somos, salir de cositeros; pero tampoco creer que con guardar lo esencial está todo.
Que Dios nos dé su Espíritu Santo, que sabe guardar lo esencial y la belleza de cada detalle.
Amén.