O315001a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20001110

Título: Podemos creativos en la vida espiritual, si caminamos en la verdad

Original en audio: 12 min. 35 seg.


Hermanos:

Estamos acostumbrados a pensar que las predicaciones de Cristo son ejemplos para que nosotros los sigamos, pero resulta que está muy difícil seguir estos ejemplos, porque este señor, mentiroso y tramposo, corresponde plenamente a la definición de marrullero.

Es un hombre astuto, que a través de la mentira, se abre paso; y si eso no fuera poco escándalo, resulta que el amo lo felicita y Cristo dice: "Mire cómo esta gente sí se pone las pilas mientras que ustedes no reaccionan".

Pero yo creía que si nos desconcertamos es porque nosotros suponemos que todo lo que Cristo decía era para que lo imitáramos, para que imitáramos lo que Él decía, y tal vez eso no hay que mirarlo de esa manera.

Me gusta más pensar que Cristo hacía hablar a las cosas, es decir, Cristo tomaba la realidades de la naturaleza, las realidades de la vida cotidiana, las realidades de la sociedad tal como es.

Así como en esa parábola del sembrador, Cristo no se puso a echarnos una historia sobre cómo todos los granos crecieron y todos fructificaron, porque eso no pasa en la realidad, así también aquí toma una realidad concreta de las trampas y la marrullas de este mundo para decir: "Aquí también hay una enseñanza que ustedes pueden aprender".

Con otras palabras, Cristo hace que la realidad de la naturaleza, de la sociedad y de la historia, nos hable de los misterios de Dios.

Cristo no dice que haya que hacer lo que hizo el administrador, o lo que hizo el hombre rico, o lo que hicieron los que falsificaron los recibos, simplemente dice: "Mire, les voy a contar esta historia que pasó".

Y de esa historia, del conjunto de esa historia, dice Cristo: "Mire, dese cuenta de cómo ellos obran, ¿usted qué puede aprender de eso? No se trata de que usted imite el comportamiento de ninguno de ellos, no, ¿pero usted no cree que en esa realidad que está cerca de usted hay una enseñanza para usted?" Así quiere Cristo proceder con nosotros.

Y a mí me parece que esto es sabio sobre toda sabiduría, ¿qué tal que nosotros tomemos incluso las trampas de las personas, incluso las argucias de las personas, para aprender de ellas y para sacar también de ellas una enseñanza? ¡Eso es maravilloso!

¿Qué tal que nosotros en vez de simplemente ubicarnos a condenar, lamentar, criticar, murmurar o maldecir, tomemos esas realidades, esas mismas realidades con toda su trampa, con toda su suciedad, y mirándolas con esos ojos nuevos que nos da Cristo, pudiéramos encontrar en ellas también cosas que aprender?

Yo creo que los tiempos en los que estamos van a necesitar que nosotros hagamos ese ejercicio; tenemos que ser creativos en muchas cosas.

Pero bueno, todo este tema se queda muy abstracto si uno no da unos ejemplos. Como todos estamos agotados a esta hora, vamos a dar solo dos ejemplos. El primer ejemplo es este: pensemos en la meditación.

Hace unos años, una congregación del Vaticano sacó un documento previniendo sobre los problemas de la meditación, pero el problema no era que la gente se quedara dormida en la meditación, sino el problema era que se estaban utilizando ciertos métodos de tipo oriental para realizar la meditación cristiana, y los primeros que habían caído redondos en ese asunto eran los monasterios.

Entonces utilizaban, por ejemplo, las técnicas de concentración de los mantras. Un mantra es una palabra, una pequeña frase, a veces una sílaba, que la persona va repitiendo y que va engendrando dentro de ella una especie de estado mental, y dentro de ese estado mental alterado, la persona puede sentir que es iluminada, que es sanada, que es limpiada, puede sentir muchas cosas.

El grave problema de eso es que no tiene ningún contenido cristiano, no hace parte de la Palabra de Dios, no necesita de Jesucristo, ni tampoco se refiere a la gloria del Dios eterno. El documento advierte sobre esos problemas, Roma advierte sobre los problemas, las congregaciones advierten sobre los problemas, ¿pero quién va a tomar esos problemas y los va a convertir en oportunidades?

Por ejemplo, a mí se me ocurre que nosotros deberíamos utilizar caminos de oración nuevos. No es tener mantras cristianos, pero podemos utilizar caminos de oración nuevos, por ejemplo, algo como lo de las letanías, tal vez una versión nueva de las letanías; ¡hay unas cosas tan bonitas!

Por ejemplo, en esta comunidad, que no es católica exactamente, la Comunidadde Taizé, mejor dicho, no es católica. Y allá hacen muchas oraciones cantadas, y las personas van respondiendo con un estribillo hermoso, y hacen un rato de oración, y la oración se prolonga mejor, y la gente se mantiene más concentrada, y van repitiendo sus estribillos.

No son los mantras vacíos de la espiritualidad oriental, son versículos de la Biblia, son cánticos de los santos y de los místicos, y a partir de ahí, caminan nuevos de oración.

Yo creo que algo de eso tendremos que inventarnos, yo mismo he tenido esa experiencia, yo que sufro de tantas distracciones en la oración, me he dado cuenta cómo muchas veces, al orar con otras personas, o muchas veces orando solo, saca uno por ejemplo la guitarra, y al ritmo de un sencillo arpegio, uno siente que la oración se prolonga en amor, en devoción y que el corazón se derrite más fácilmente, dándole gloria a Jesucristo.

¿No será tiempo de que aprovechemos eso? ¿Usted no cree que hay mucho monje y mucha monja que va envejeciendo y dice uno: "¿Y a qué hora aprenderé a meditar yo?" Esa es una pregunta que uno tiene que hacerse "¿Y a qué hora voy a aprender a meditar? ¿Será ya en los últimos extertores de la agonía? Bueno, aprendí a meditar, morí contemplativo", y ahí quedó. ¿Será ese el ejercicio? Yo creo que toca irle abriendo camino también otras posibilidades.

Entonces, sí, Roma hace unos servicios maravillosos, viva Roma y viva el Papa, nadie lo duda, pero es que no sólo es denunciar los peligros, hay que abrir caminos, entonces, por ejemplo, aquí cordialmente, yo sugiero, de pronto que se pueden hacer unos ejercicios.

A veces hay cierta docilidad en las vocaciones más recientes, en las vocaciones más jóvenes, intentar caminitos, hechos con mucha discreción, siempre cerca de la Palabra de Dios, siempre muy bien evaluados, pero se pueden intentar caminitos que vayan rejuveneciendo, que vayan manteniendo ese amor a Dios, que lo vayan renovando; porque: "Yo, desde que entré a la comunidad, estoy tratando de aprender a orar", ¿y quién le enseña a uno a orar?

Se murió el padre Aranda con una angustia entre pecho y espalda, y era que en las comunidades nadie enseñaba a orar; a mí me lo dijo como tres veces, me dijo: "La gente en estas comunidades entra, crece, consigue más vocaciones y se muere y no ha aprendido a orar, ¿a qué hora vamos a empezar a ser contemplativos?" ¿Ve? Eso es un ejemplo que tenemos que aprender.

Otro ejemplo, esta vez de la vida apostólica, es el caso ese de los folletitos. Nosotros los Dominicos somos un poco presuntuosos y como que sentimos que si no se escribe un gran tratado de todo lo que se puede saber del universo y sus alrededores, si no hacemos como un gran libro, como un gran tratado, entonces no escribimos nada.

Yo creo que toca buscar fórmulas nuevas, de pronto folletos cortos, de pronto cosas que sean más ágiles, que lleguen, que produzcan vida en la gente; hay que pensar en cosas más sencillas, más ágiles.

Porque mientras nosotros esperamos a que surjan los grandes teólogos y los grandes contemplativos, y no los he visto, llevando tiempo en la Orden de los Dominicos, para que escriban las grandes enciclopedias, y muy seguramente me muero yo y algunas generaciones más, y no han aparecido.

Hay que buscar caminos ágiles, aprenderle a los otros; no tengan miedo de aprenderle a la secta protestante, o aprenderle a otra gente, y con la agilidad del amor, no quedarse uno simplemente lamentando:"¡Ay, tiempos aquellos en que no había esta gente!"

Hombre, esa gente surgió porque nosotros no estábamos respondiendo a necesidades. ¿Por qué en tantos monasterios y por qué en tantas comunidades, la gente anda pegada de Tony de Melo, de Carlos Vallés y yo no sé qué, y busque allá por caminos heterodoxos y por aguas que no son limpias y busquen, como me pasó a mí en un noviciado?

Fui a un noviciado de unas hermanas dominicas, no digo cuáles, pero no fue aquí, y entonces mirando la literatura, era así, esotérica, medio esotérica, mejor dicho, ahí el ortodoxo era Tony de Melo, que sabemos que está descartado por la enseñanza de la Iglesia.

¿Por qué la gente anda buscando esas cosas? Porque no abrimos caminos. Hay que abrirle caminos al Espíritu Santo definitivamente; hay que abrirle caminos a la oración, hay que ser mucho más creativo como nuestro padre Santo Domingo, que no tuvo ningún problema en decir: "¡Ah!, si el problema es andar descalzo, entonces yo también me descalzo."

Él no andaba descalzo. Yo tengo muy bien hecho ese estudio. En Osma, él no andaba descalzo, él tenía sus mocasines; pero, cuando ya empezó con la misión esta, al sur de Francia, entonces vio que los herejes aquellos tenían sus pies descalzos y entonces dijo él: "Bueno, si e esta gente le salió callo, a mí también me puede salir callo". Entonces empezó también a quitarse los zapatos y a darse duro contra las piedras, entonces aprendió de ellos.

O sea que la invitación del evangelio ¿cuál es? Deje de estarse lamentando de los males. ¡Hay tanto que se puede aprender de esos males! ¡Hay tanto que Dios nos dice también través de los enemigos, también ahí!

Por eso nos dio este ejemplo tan dramático en el evangelio; también ahí Dios nos está diciendo muchas cosas. "Deje de protestar, porque se puede volver protestante, sino más bien: "Aprenda de estos ejemplos, aprenda de lo que sucede ahí, aplíquelo a su propia vida, porque ahí también está obrando Dios".

Resumamos con la frase de Santo Tomás: "La verdad, no importa de quien venga, proviene del Espíritu Santo".

Amén.