O305001a
Fecha: 20041029
Título: ¿Como tratamos a nuestros evangelizadores?
Original en audio: 11 min. 35 seg.
Queridos Hermanos:
Estas últimas semanas hemos estado escuchando las Cartas de San Pablo, algunas de las Cartas de San Pablo a distintas comunidades cristianas. Oímos de su Carta a los Gálatas, oímos de suCarta a los los Efesios, y hoy estamos empezando una Carta que es muy particular, la Carta a los Filipenses.
Esta comunidad de Filipos significó mucho para la vida de San Pablo, por dos razonespor lo menos. En primer lugar, porque fue la primera ciudad de lo que es hoy Europa a donde llegó el Apóstol.
Pablo había estado evangelizando en la región que se llamaba Asia Menor en aquella época y que ahora corresponde a Turquía, ahí se encuentran ciudades como Antioquía de Pisidia, Éfeso, Iconio, Listra, Derbe, una serie de ciudades que hemos estado escuchando en distintos relatos de la vida de los Apóstoles, sobre todo en el libro que lleva ese nombre de los Hechos de los Apóstoles.
Los primeros viajes misioneros de Pablo tuvieron que ver sobre todo con esa región, con Asia Menor, pero hubo un punto en el que se amplió esa difusión del Evangelio y pudo llegar hasta lo que hoy es Europa, y la primera ciudad fue precisamente Filipos.
Fue como un nuevo comienzo para la evangelización. Y cuando pensamos en lo que significa dos mil años de predicación del Evangelio en Europa, pues ciertamente nos impresiona, nos impacta y le damos gracias a Dios.
Por otra parte, la relación que tuvo el Apóstol San Pablo con esta comunidad de los filipenses fue muy particular, fue una relación con unas características de confianza, de calidez, de cercanía que realmente no nos encontramos de la misma manera con ninguna otra comunidad.
Podemos decir que los filipenses tomaron la vida de Pablo no solamente como un trabajo, como una labor que él estaba haciendo, sino que lo miraron como la vida de un hermano y le dieron verdaderamente apoyo con sus bienes materiales, con su amistad y también, desde luego, con su oración.
Por eso el tono que nos vamos a encontrar en esta Carta a los Filipenses es muy especial, porque es el tono del maestro como siempre, pero es el tono del amigo.
Pablo, realmente expresa mucho de su corazón en esta Carta, y si uno quiere conocer lo que vive un evangelizador, si uno quiere conocer lo que es la labor de un misionero, si uno quiere conocer qué hay en el corazón de una hombre entregado radicalmente al Evangelio de Jesucristo, al lugar donde se puede ir es a esta Carta a los Filipenses.
"Siempre que rezo por vosotros lo hago con gran alegría" Carta a los Filpenses 1,3, dice San Pablo. ¡Que maravilla!
Y luego esa convicción que él tiene de la victoria final del Evangelio en la comunidad de Filipos: "El que ha empezado en vosotros esta obra, la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús" Carta a los Filpenses 1,6. Son expresiones que indican lo que había en el corazón de este Apóstol.
Bueno, ¿y cómo podemos aplicar a nosotros este texto? Yo sugiero tres elementos o tres puntos que pueden ser útiles:
Primero, hagámonos esta pregunta: ¿cómo recibimos noostros, cómo tratamos a los que nos ofrecen el Evangelio? Muchas veces Pablo se encontró con una muralla de indiferencia, de dureza, de oposición, incluso de persecución.
Son muy pocos los lugares donde se dio un recibimiento cálido, afable, amoroso, no sólo a la Palabra sino a quien predica la Palabra, y uno de esos pocos lugares, que vino a ser como una excepción, es precisamente Filipos, y por eso lo estamos mencionando.
Pues preguntémonos nosotros, ¿cómo obramos con los que nos predican el Evangelio? De pronto estamos muchas veces dispuestos y estamos prontos para juzgar, para criticar los errores que vemos en los catequistas, en las religiosas y sobre todo en los sacerdotes, en los obispos.
Pregunta: ¿tomamos en cuenta la vida que ellos llevan? ¿Tomamos en cuenta las dificultades que pasan como seres humanos? ¿Muchas veces el vacío, la soledad, la frialdad que tienen que soportar durante mucho tiempo? Y no es solamente la frialdad de lo que hoy se dice tan alegremente y tan irresponsablemente: "¡Ah¡, pues que se consigan una esposa!".
No, el problema no es solamente de una afecto, el mundo de la afectividad es mucho más que el mundo de la pareja y desde luego muchísimo más que el mundo de la sexualidad.
El mundo de la afectividad es todo ese entramado maravilloso de amistad, es todo ese entramado maravilloso de cercanía, de ser importante para las demás personas, de contar para los demás, de sentir que significas para los otros.
Es una pregunta que nos queda: ¿cómo hemos sido con nuestros sacerdotes, con nuestros catequistas, con nuestras religiosas, con aquellos que bien o mal, de pronto con caídas y esfuerzos y dificultades quieren ofrecerse para la causa del Evangelio?. Esta es una manera de aplicar este texto desde un ángulo distinto.
Segundo punto: dice el Apóstol San Pablo: "Tanto en la prisión como en mi defensa del Evangelio habéis compartido la gracia que me ha tocado" Carta a los Filpenses 1,7, esta es una palabra que dice San Pablo a los Filipenses y precisamente cuando él escribe a los Filipenses se encuentra encarcelado.
Para nosotros es evidente hoy que Pablo era completamente inocente, nosotros no tenemos la menor duda de eso, pero en ese momento, en ese tiempo eso no estaba tan claro.
¿Cómo es nuestra solidaridad cuando nuestros líderes, o cuando nuestros sacerdotes son puestos precisamente así en entredicho? Yo reconozco que hay muchas culpas y hay delitos en sacerdotes y hay malos comportamientos y delitos en religiosas, pero también hay mucha gente que ha sido acusada injustamente.
En Irlanda, por ejemplo, hay un caso tan triste de un sacerdote que fue despedazado por la prensa por una cantidad de acusaciones y por un juicio que le hicieron de abuso sexual, y bueno, todas aquellas cosas.
Y es verdad que ha habido casos que han sido comprobados pero en éste y en muchos otros casos las personas fueron calumniadas, ¿y quién piensa en hacer una restitución de la fama? Los mismos diarios que dieron una primera plana, una primera página para acusar al sacerdote, ¿luego sacarán otra primera página para decir: "Era inocente, no nos crean lo que dijimos hace tres meses o seis meses?"
Y el otro punto es, bueno, ¿y quién estuvo con ese sacerdote acusado, calumniado? ¿Quién estuvo con él cuando no valía nada, cuando estaba en la cárcel, cuando estaba en entredicho su reputación? También es una pregunta que podemos hacernos.
¿Cómo es nuestra solidaridad cuando nuestros amigos, en general, y cuando nuestros predicadores o pastores, en particular, están en la mala hora, están en el mal momento?
Yo quiero dar un testimonio interesante y muy hermoso que conocí en California con esta comunidad "Juventud Renovada en el Espíritu Santo".
Cuando se despertó lo peor de la ola de acusaciones contra la Iglesia Católica en los Estados Unidos de América, "Juventud Renovada" dio un testimonio tan hermoso, porque a través de sus programas de radio continuamente se presentaban, sin ninguna vergüenza, sin ninguna pena: "Somos Católicos, -y atención-, estamos con nuestros pastores". ¡Eso es verdadera solidaridad de amor!
Desde luego, no se trata de ser alcahuetes, no se trata de justificar lo que no tiene justificación, pero qué hermoso encontrar que hay personas y que hay grupos que practican lo que vivieron también los cristianos del siglo primero: solidaridad.
Y el último punto, el tercer punto: el Apóstol, desde su saludo, habla del crecimiento de los Filipenses en la fe y pone como una meta, "que lleguéis al día de Cristo limpios e irreprochables" Carta a los Filpenses 1,4.
Qué bueno recordar que como Cristianos y como comunidad somos peregrinos; como cristianos y como comunidad vamos avanzando, y vamos avanzando hacia el día de Cristo para ser encontrados limpios e irreprochables.
Es el horizonte maravilloso de la santidad comunitaria, no es solamente la lucha por mi virtud, por ser bueno yo, es la lucha, es el caminar para que toda mi parroquia, para que toda mi mi comunidad, para que todo mi grupo, para que toda mi asociación católica, para que todos lleguemos limpios e irreprochables al día de Cristo.
Bueno, ya tendremos ocasión de seguir meditando en esta Carta a los Filipenses.
Que Dios nos bendiga, que Dios nos confirme con su gracia y que nos permita avanzar unidos a nuestros pastores y crecer en la gracia de Dios.
Amén.