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De Wiki de FrayNelson
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El Evangelio de hoy tomado del capítulo 13 de San Lucas encontramos una de esas preguntas que por lo visto no tiene respuesta buena, porque le preguntan a Cristo: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?” (Lc 13,23). Hagamos el ejercicio de responder a esta pregunta como seguramente quería que fuera respondida quien la hizo, supongamos que Cristo le dijera: “se van a salvar muchísimos, ¡muchísimos se van a salvar!”, ¿qué conclusión se saca a partir de ahí? que no hay que esforzarse mucho por cuidar la llama de la fe, por cuidar la fidelidad al Evangelio, por llevar la buena noticia a otras partes, porque ¿cuál sería la necesidad, el afán de estar llevando misioneros a otros lugares? ¿para qué todo ese esfuerzo? ¿para qué todo ese sacrificio si los que están ahí finalmente lo más probable es que se salven? De hecho hay personas que piensan de ese modo, en contra de lo que dice el Evangelio de hoy, hay gente que piensa de ese modo, por una interpretación bastante superficial de la misericordia presentan las cosas como diciendo: “mire, realmente nadie se va a condenar, o si acaso pues será una porción realmente ínfima, pero ínfima”; quienes que hablan de ese modo están respondiendo a la pregunta del Evangelio de hoy en los términos que utilizó quien hizo la pregunta, porque él hizo la pregunta así como en términos de: “deme un porcentaje” y si entonces decimos: “mucho más del 99 % se va a salvar ¿qué sentido tiene el esfuerzo en la virtud? ¿qué sentido tiene la evangelización? ¿qué sentido tiene la obra misionera de la Iglesia? ¿qué sentido tiene fidelidad en la liturgia? no tiene ningún sentido eso;La “Si he cometido varios adulterios y he estado con varias esposas y he dejado hijos por todas partes” por solo dar un ejemplo, si he sido descuidado en mis deberes sacerdotales, pues eso finalmente no importa porque al final, al final todo el mundo se salva; es decir ¡eso no interesa realmente mucho!.

La otra posible respuesta es que Cristo hubiera dicho: “el porcentaje es bajísimo, bajísimo 0,1 % o menos”; pero claro, eso inmediatamente llevaría a una sensación de desesperación. Martín Lutero quien inició la llamada Reforma Protestante, fue un hombre que sufrió mucho porque él tenía esa clase de la interpretación del Evangelio, él creía que era un porcentaje realmente ridículo, ínfimo de personas las que se salvaban, y él siempre sentia que se iba a quedar por fuera, y sentía que Cristo, el juez lo iba a echar y en esa desesperación mental buscaba en la Biblia a qué agarrarse, cómo sujetarse a un texto que le diera algo de esperanza y entonces empezó a interpretar a su manera una gran cantidad de textos de San Pablo, sobretodo la Carta a los Romanos. Pero entonces, démonos cuenta cómo las dos respuestas que tienen que ver con las matemáticas o con la aritmética, decir que es más del 99 % o decir que es menos del 0,1 %, ese tipo de respuestas que quizá quería quien hizo la pregunta no nos sirven, porque si pensamos en un porcentaje altísimo de seguro vamos a pensar de una manera irresponsable y si en cambio pensamos en un porcentaje bajísimo, entonces vamos a llegar a la desesperación: entonces no hay una respuesta que sea satisfactoria en el sentido de que si se habla de muchísimo, se cae en la irresponsabilidad y si se habla de poquísimo se cae en la desesperación y Cristo no nos quiere ni desesperados ni irresponsables.

En contra del irresponsabilidad Cristo quiere que tomemos en serio la obra de nuestra salvación, San Pablo dijo: “Por eso, queridos míos, ustedes que siempre me han obedecido, trabajen por su salvación con temor y temblor” (Fp 2,12); esas palabras no sobran en la Biblia, esas palabras son importantes. Pero tampoco caer en la desesperación, porque Jesús nos dice que ha venido para salvar a los pecadores y que no necesitan de médico los sanos sino nosotros, nosotros los enfermos (cf. Lc 5,32). Así que Cristo nos quiere libres de la irresponsabilidad y libres de la desesperación, nos quiere responsables con nuestra vida cristiana con una profunda confianza en el Único que es autor de nuestra salvación, el mismo Cristo Nuestro Señor.