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Fecha: 19981024

Título: La Palabra de Jesus es mas poderosa que cualquier mala noticia

Original en audio: 21 min. 24 seg.


Queridos Hermanos:

No es difícil relacionar este evangelio que acabamos de escuchar con las situaciones y las realidades que vive nuestra Colombia y el mundo.

Las malas noticias van de boca en boca, se riegan rápidamente. Y es así, que se le vino contar a Jesús un abuso de autoridad, un asesinato que había cometido Pilato.

Pilato, sin compasión alguna, asesinó, degolló a unos galileos que estaban ofreciendo un sacrificio en un acto religioso. El judaísmo, tal como estaba estipulado en la Ley de Moisés, se expresaba muchas veces a través de sacrificios, es decir, el degüelle de animales.

Pues, Pilato juntó la sangre de hombres con la sangre de los animales, revolvió esa sangre, hizo una matanza, o como decimos hoy, Pilato hizo una masacre con unos galileos que estaban en un acto religioso.

Y no hacía mucho había pasado otra tragedia, esta vez no causada por Pilato, sino causada por un accidente; ya no por voluntad humana, sino por un accidente. De un solo golpe dieciocho personas murieron, porque la torre de Siloé, una de aquellas edificaciones de la antigua Jerusalén, se vino a tierra y mató dieciocho personas en ese golpe.

Examinemos la diferencia entre estas dos muertes: la de Pilato, cruel despiadada; una masacre, mezcla sangre humana y sangre de animales, porque para él esos hombres eran como otros animales; no tiene respeto de la vida humana, destroza y degüella. La voluntad humana perversa que causa esa muerte.

Y en el otro caso no había un Pilato que estuviera; la torre simplemente se cayó, fue un accidente. Bueno, hoy, seguramente, los ingenieros harían un estudio para ver cómo habían diseñado esa torre. Pero el sentido de la palabra no es tanto que busquemos el nombre de los ingenieros, sino que nos demos cuenta que ahí se trataba de algo ajeno a la voluntad humana.

Muertes y muertes: muertes causadas por la violencia, por accidentes, en masacres, en asesinatos, en desapariciones y en torturas; muertes también en terremotos, en incendios, en inundaciones, y en otras causas naturales.

¿Y cuál es la actitud de Jesucristo frente a estas muertes? ¿Cómo obra Jesús? En primer lugar, nos dice el evangelio: “Se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los Galileos” San Lucas 13,1, como presentándole la noticia, como trayéndole la noticia a Jesús.

Jesús no parece impresionarse demasiado; responde, más bien, a la alteración, a los nervios, al impacto que han sentido estas personas, diciéndoles: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos?” San Lucas 13,2.

Y con respecto a los de Siloé dice: “¿Pensáis que esos que murieron al desplomarse la torre de Siloe, eran más pecadores que los demás habitantes de Jerusalén?” San Lucas 13,4.

Examinemos esta respuesta tan extraña de Jesús; nos puede parecer incluso indiferente, Jesús no se llevó las manos a la cabeza para decir: “¡No, no!” ¡Masacres! ¡Más muerte! ¡Más sangre!". Jesús parece casi descortés, ni siquiera dijo: “¡Que dolor que haya sucedido eso!” Jesús no le mandó saludos de condolencia a las familias afectadas.

Jesús parece muy duro, a veces, casi inhumano, casi despiadado; no parece importarle el dolor; se supone que esta gente hubiera sido degollada por ese salvaje que era Pilato. Parece no importarle la masacre y parece no importarle tampoco el luto que rodea las familias de aquellos diescicho, que murieron en ese accidente.

¿Cierto que es extraña esta actitud de Jesús? Qué cosa tan rara, parece que no le importara el dolor de la gente, le vienen a presentar estas tragedias, o mejor dicho, una tragedia, y Él de una vez habla de la otra.

Y en ambas tragedias repite lo mismo: “¿Ustedes creen que esos galileos eran más pecadores?” San Lucas 13,2. “¿Ustedes creen que los que murieron por la torre aquella, eran más pecadores que los demás habitantes de Jerusalén?” San Lucas 13,4.

Amigos, captemos la respuesta de Jesús, tomémosle el sabor, no pasemos por encima de las palabras. ¿Por qué Jesús obra así? Pues vienen a presentarle una tragedia y Él saca otra tragedia.

Estos que vinieron a contarle a Jesús no hablaron de los pecados, es Jesús el que trae el tema del pecado; ellos, simplemente, llegaron a contarle: “Mira que aquellos galileos masacrados estaban en un acto religioso” Y Jesús habla de pecado. Ellos le hablan de una tragedia, y Jesús responde con otra tragedia.

Vamos a tratar de comprender esa respuesta de Jesús. ¿Cuál es su enseñanza profunda aquí? Pues nos sirve recordar esa escena que muchos de ustedes, estoy seguro que la tienen fresca en la memoria. Cuando trajeron un paralítico, con gran trabajo tuvieron que abrir el techo, porque había tanta gente y no había manera de acercarle al paralítico, y entonces con una cuerda lo bajan al frente donde estaba Jesús.

Ahí está el paralítico ante Jesús, ¿ y qué es lo que dice Jesús en ese momento? “Hijo, ten confianza, tus pecados te son perdonados” San Marcos 2,5. Para la gente la tragedia era que este hombre llevara mucho tiempo paralítico, para Jesús la tragedia es que paralítico y todo, es un pecador.

Recordemos otro pasaje, dice Jesús: “No tengáis miedo de los que pueden matar el cuerpo, tened temor de aquel que después de matar el cuerpo puede echar tu ser entero a la gehena, a donde el fuego no se apaga” San Mateo 10,28.

¿Y te acuerdas cuando Jesús resucitó a la niña aquella, la hija de un prestigioso judío llamado Jairo? La gente lloraba la tragedia de que se hubiera muerto una niña, y Jesús, otra vez, parece impávido, parece indiferente, descortés, y les dice: “La niña no está muerta, está dormida. Se burlaban de Él" San Marcos 5,39-40.

Pues Jesús los echó fuera, imagínate el escándalo en un funeral que alguien llegara a hacer eso, la gente llorando su tragedia, pero Jesús llega y dice: “Esa no es la tragedia”.

Amigos, yo creo que éste es el sentido profundo del evangelio que nos ha regalado La Iglesia hoy. Esa no es la tragedia, la tragedia no es que una bola de petróleo incandescente arrase un caserío; esa no es la tragedia. "¡Ah! Usted es un inconsciente, cómo se le ocurre, Padre, decir eso, ¿no vio las lágrimas? ¿No vio el dolor? ¿Los gritos despavoridos de la gente? ¿No vio los cadáveres retorcidos?"

Y hoy podríamos decir aquí, ¿y ustedes no vieron a esos galileos en el charco de sangre revuelto con la sangre de los animales masacrados por Pilato?

Pues bien, esa no es la tragedia. Esa no es la verdadera tragedia. Esa no es la gran tragedia. ¿Y no viste cómo quedaron desfigurados por los golpes los cuerpos de aquellos que fueron aplastados por la torre de Siloé? Pues bien, esa no es la tragedia.

Así como Jesús cuando entra a la casa de Jairo va tranquilo, va sereno, y todo el mundo llora su tragedia: "¡ay, Se murió la niña!" Pues sí, es un dolor que se haya muerto la niña, ¡claro! que es un dolor, pero esa no es la tragedia.

Para Jesús sólo merece el nombre de tragedia, el nombre de muerte, una cosa, que es verdaderamente grave y dolorosa, y esa realidad temible, esa realidad espantosa es el pecado. Esa es la verdadera tragedia.

Lo demás, Jesús lo atiende con misericordia: con misericordia sana a ciegos, con misericordia limpia a leprosos, con misericordia resucitó, o por ser preciso, teológicamente, revivificó, volvió a esta vida a la hija de Jairo, por misericordia, lo hizo por compasión y por dar una señal, pero la tragedia no es esa.

Entonces, esta gente llega como llegan los medios de comunicación, como llegan los periódicos, como llegan las emisoras: "¡Ay! ¡Mira! ¡Mira! más muertos, más masacres, ¡oh! que terrible, ¿a dónde iremos a parar? ¿Que será esto? Por favor, ¿qué haremos?"

Jesús dice: “Ustedes me vienen con esa tragedia, pues, yo les tengo otra peor”. A Jesús no se le mueve tan fácil de su sitio. A Jesús tú no lo vas a impresionar ni con una masacre, ni con un accidente.

¡Ah, ¿entonces ¿ese Jesús no dicen que es compasivo, misericordioso? Lo decimos, y lo repetimos: compasivo y misericordioso es, pero tiene ojos abiertos.

Y los ojos abiertos de Jesús ven lo que uno no ve. Uno ve a un paralítico, Jesús ve paralítico y pecador; es que Jesús ve más que uno, esa es la diferencia. "Jesús ve lo profundo del corazón" San juan 2,25, como dice al final del capítulo segundo del evangelio de Juan.

Él ve el corazón y Él sabe donde están las verdaderas tragedias, y Él sabe que hay cadáveres que apestan, y que sin embargo caminan por las calles, esos están más graves que los cadáveres del sepulcro, que los muertos en la masacre, o que los fallecidos en la torre de Siloé.

Están más graves los cadáveres que tienen su corazón envenenado, que tienen carroña por corazón, y que van por ahí caminando. Esa es la verdadera tragedia.

Y ahora que comprendemos esto, volvamos a las palabras de Jesús: “¿Pensáis que eran más culpables los de la torre de Siloé, que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y si no os convertís todos, pereceréis de la misma manera” San Lucas 13,4-5.

Tratemos ahora de percibir el sentido de esto que nos dice Jesucristo; “Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera” San Lucas 13,5.

¿Qué esta diciendo ahí? ¿Está diciendo que todos vamos a morir en accidentes? ¿Está diciendo que van a salir miles de Pilatos que van a degollar a miles de millones de personas? No. Lo que está diciendo Jesús es tan profundo, la Palabra de Jesús es tan bella, es adorable Nuestro Señor.

Lo que está diciendo Jesús es esto: “¿Si ves como quedaron los cuerpos de esos pobres que mezclaron su sangre con sangre de animales? ¿Tú viste cómo quedaron desfigurados los que fueron aplastados? Entiende que, ahí hay un símbolo, entiende que ahí hay, una realidad que te ayuda a comprender con tus ojos del cuerpo, lo que le sucede a tu corazón, a tu vida, a tu alma cuando peca.”

“Comprende, por favor, que eso que a ti te está pasando, eso que te escandaliza tanto, eso que te parece tan sobrecogedor es apenas una muestrecita de lo que va a suceder si tú rechazas la oferta de gracia, de amor, de salvación, que viene precisamente por el Evangelio”

Como quien dice: así como Jesús, al sanar a los leprosos no sólo estaba teniendo misericordia con ese enfermo, sino estaba dando una señal de lo que Él hace interiormente.

Así también Jesús cuando se le cuenta esta tragedia que destruye cuerpos humanos, quiere que nosotros leamos en ellos, leamos en esas tragedias, descubramos en esos cuerpos los frutos espantosos y apestosos del pecado.

Lo que Jesucristo quiere es que nos convenzamos que si esos son los frutos, que si el fruto del pecado es ese, y si todos somos pecadores, es realmente urgente convertirse.

De manera que esta gente se acercó donde Jesucristo para darle una noticia, se acercó donde Jesucristo para conmover a Jesucristo, y ¿qué responde Jesucristo? Los que tienen que conmoverse son ustedes.

Como decía un predicador, hablando sobre la oración de petición: “A veces nosotros le pedimos, y le pedimos a Dios como si hubiera que convencerlo, ¿no? Como si Él no se diera cuenta de las cosas”. "¡Ay!, Señor, mira, de pronto si nosotros te insistimos, tú te darás cuenta de que de veras, mira que el caso es grave", como le insistían cuando lo de la hija de Jairo.

No faltaron los que se le acercaron a decirle: "¡Ay! Jesús, mira es que Jairo nos ayudó hacer una sinagoga", "-¿Qué sinagoga? Esta gente no entiende nada, ¿qué tiene que ver la sinagoga? Como quien dice: “Merece el milagro”. Nadie merece nada, ante Dios somos pecadores, “¿pensáis que esos que murieron así, eran más pecadores? Les digo: que todos moriréis de la misma forma” San Lucas 13,4.

"Entended que ahí, hay una señal, y en vez de estar regando las malas noticias, descubrid que en esas malas noticias hay una palabra de Papá Dios para que busquéis conversión. Descubrid que es necesario acercarse a Dios".

Yo creo que si nosotros entendiéramos esto, habría que cerrar muchos periódicos empezando por esos que se coagulan a las once de la mañana, y habría que cerrar muchos noticieros, porque esos noticieros que difunden con tanta fuerza el mal, no saben a quién están sirviendo.

Esos noticieros que difunden con tanta fuerza, porque presentan con tanto espanto el mal, deberían ser los primeros en anunciar con vigor y con fuerza la necesidad de regresar a Dios.

¿Cómo termina el Evangelio de hoy? Termina diciendo: “Había alguien que tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró” San Lucas 13,6.

Esa higuera que no da fruto, esas son las vidas que no se convierten; y en ¿Qué termina la historia? En que Dios le otorga un año más a esa higuera, un año más a esa higuera, otra oportunidad.

Yo creo que este es el momento de mirar nuestro corazón, es el momento de mirar quiénes somos nosotros, cómo son nuestros hogares, cómo son nuestras vidas, cuáles son nuestros servicios a la Iglesia. Este es el momento de pensar si estamos dando fruto o si estamos, como dice el texto del evangelio, ocupando tierra en balde. Este es el momento de darnos cuenta.

Y cuando uno se examina, y uno dice: “Oiga, yo si realmente he ocupado mucho terreno en balde”. ¿Para qué nos dice Cristo esto? ¿Para echarnos en cara el pedacito de tierra que nos dio? ¿Para echarnos en cara el tricito de vida que tenemos? No.

Para que apreciemos su amor, para que apreciemos su misericordia, para que nos demos cuenta de las oportunidades que nos da, para que deduzcamos de ese incendio, de la bola de petróleo incendiado, comprendamos lo que está haciendo el pecado en el mundo. Para que nos resolvamos a luchar contra las verdaderas causas y dejemos de ser hipócritas, condoliéndonos una y otra vez de los mismos males.

Cuándo comprenderemos que la verdadera raíz de todo esto tiene nombre propio, y se llama pecado, y está en el corazón humano, y se adueña y envenena el corazón humano.

¿Y cuándo comprenderemos que el autor e inspirador último de ese pecado se llama, precisamente Satanás? Pero nosotros no tenemos miedo, sabemos que estamos bajo el poder del amor de Dios, y sabemos que el tiempo que Él nos da es tiempo que regala para nuestra conversión.

Amigos, ya dejemos los escándalos; ya en tiempo de Jesús había masacres, había desaparecidos, había torturados; la crueldad humana tiene una historia tan larga como asquerosa.

Amigos, eso no es nuevo que haya gente que desaparezca a otra, que la torture, que la mutile, que la envuelva en petróleo en llamas, eso no es nuevo, así ha sido la humanidad. Pues entonces dejemos de dolernos estérilmente, dejemos de hacerle propaganda al mal, y descubramos que es tiempo de conversión y de anunciar la maravillosa noticia de la paciencia y de la misericordia de Dios.

Esa noticia, la noticia de Jesús, la palabra de Jesús es más poderosa, es mucho más poderosa que cualquier mala noticia. Nosotros lo decimos y lo creemos y lo afirmamos.

Vamos, ahora, mis amigos, a volver a nuestro canto, vamos a volver a poner nuestra vida en las manos de Dios.