O294006a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

La primera lectura de hoy, está tomada de la Carta a los Efesios, en el capítulo tercero (cf. Ef 3,14-21). Hemos comentado en otras oportunidades que esta carta pertenece a un tiempo muy difícil en la vida de Pablo, porque él estaba encarcelado. Usualmente, un tiempo de prisión es un golpe emocional muy fuerte, mucho más si se trata de una prisión injusta, pero lejos de deprimirse, podemos decir que Pablo tomó ese tiempo en la cárcel como una especie de retiro espiritual, o como una especie de curso acelerado de teología profunda, curso dictado por el Espíritu Santo; es que es simplemente asombroso el tamaño de la comprensión de Pablo, todo lo que llega a entender del plan de salvación, todo lo que llega a descubrir y a través de sus palabras, quiere que nosotros también descubramos. Por eso en esta carta aparece un lenguaje muy hermoso, que es el lenguaje del misterio, como un secreto. Yo creo que tenemos la idea de que un misterio es como una pared: no pregunte, ya eso no se puede saber; pero, realmente, el lenguaje que utiliza Pablo al hablar de misterio, es más bien como el de un secreto que le ha sido compartido, y un secreto que él quiere compartir, y si es un secreto, es porque se trata de una verdad muy profunda, de algo que vale la pena conocer, y de algo que puede cambiar nuestra vida para siempre. Hoy utiliza otra expresión que también tiene que ver con el lenguaje de esos misterios que nos superan, y que son infinitamente profundos. Nos dice Pablo, que está orando, que él hace oración para que nosotros podamos llegar a comprender lo que supera toda filosofía (cf. Ef 3,14-19). “Comprender” es un verbo que tiene que ver con la inteligencia. El ejercicio, humanamente hablando, más exigente de la inteligencia es la filosofía, porque lo propio de la filosofía es el quehacer racional, es la finesa o finura de la argumentación, la precisión en el concepto, la estructura en el razonamiento; eso es lo propio de la filosofía. Y resulta que Pablo dice: Yo estoy orando para que ustedes descubran lo que supera a toda filosofía; ¡Qué cosa tan bella! Es decir, que lo que él descubre en ese calabozo −seguramente oscuro, seguramente inmundo, seguramente húmedo o frío; no importa eso− es más grande de lo que cabe en cualquier cabeza humana. Y ese lenguaje nos invita a creer en un Dios grande; es decir, el tamaño de las ideas de Dios, el tamaño del proyecto divino, el tamaño de las decisiones de Dios. ¡Cuántas veces somos imprudentes, y creemos que podemos juzgar a Dios!, simplemente porque a mí me parecía muy lógico esto: “es que a mí me parece que lo lógico es esto”, como diciendo: “Dios tiene que … tiene que hacer esto, ¿por qué Dios no hace esto?”; ¡cuántas veces resulta gente diciendo!: “¿por qué Dios no hace nada con el problema del hambre, con el problema del cáncer, con el problema de tales o cuales catástrofes?, ¿por qué Dios permite esto?”, y nos sentimos con la autoridad de reducir a Dios a un reo que sentamos en la silla de nuestro juicio, para caerle encima, para criticarlo. Pablo está exactamente en la otra dirección, Pablo nos está diciendo: Ese amor providente de Dios transciende toda filosofía; y no es que uno llegue a comprenderlo, pero uno sí llega a comprender que transciende toda filosofía, me explico: uno no es que llegue a entender perfectamente todo lo de Dios, pero sí llega a entender que si viene de Dios, está bien pensado, está mejor pensado de lo que yo podría pensar. Que esa sea nuestra humildad cristiana, y que esa sea nuestra apertura al poder de Dios.