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Fecha: 20021024
Título: Ser verdaderos orantes
Original en audio: 9 min. 16 seg.
Queridos Hermanos:
¡Cuántas cosas le pedimos a Dios! Eso no está mal, Él mismo nos manda, casi podemos decir, nos ordena que le pidamos, y por boca de Jesús nos dice: "Pedid y se os dará" San Mateo 7,7.
Está bien que como niños, como verdaderos hijitos de Dios aprendamos a pedir, yo me atrevo a decir, a pedirlo todo, lo pequeño y lo grande, y aprendamos a pedir con confianza, perseverancia, humildad y fe.
Todas esas peticiones Dios la recibe con amor de Padre, pero hoy la primera lectura nos ha mostrado, lo que podríamos decir, una petición de muy alta calidad.
Y hago esta comparación: supongamos un papá, un buen papá, que de alguna manera refleja el amor de Dios, y ese papá recibe con amor, desde luego a sus hijos, pero hay un de sus hijos que únicamente le pide dinero: -"Papá, que necesito ropa; dame dinero, que voy a ir a un paseo; papá, que quiero comprarme un CD, si me das dinero".
Yo creo que ese papá de alguna manera, aunque dé con gusto las cosas, se siente triste, porque él no quiere que sus hijos lo vean como un cajero automático, no quiere que sus hijos le pidan solamente cosas. Al papá se le pueden pedir muchas otras cosas, se le puede pedir un consejo, un abrazo, un recuerdo, una historia, la confianza, el amor, tantas cosas que se le pueden pedir a un buen papá.
Tal vez los papás de esta tierra a veces no responden a esa medida, pero el Papá de los Cielos, con toda seguridad que sí, y si es verdad que le podemos tener a Dios confianza para pedirle tantas cosas, ¿qué delito, mis hermanos, fijarnos en la calidad de la oración?
Yo creo que nosotros vivimos en un tiempo en el que reclamamos calidad, si compramos cualquier electrodoméstico lo primero que miramos es que tenga calidad, si es un televisor, que sea bueno, que tenga calidad, lo mismo si es un computador.
Bueno ¿y por qué nos nos exigimos un poco de calidad también nosotros, por ejemplo, en nuestra oración? Qué tal preguntarnos hoy: "¿Cuál es la calidad de mi oración? ¿Soy yo acaso como ese muchacho de la historia que sólo pide cosas, dinero? ¿No será que Dios Nuestro Señor quiere que nosotros le pidamos también otras cosas? ¿Que quiere que le pidamos como pide aquí San Pablo, con calidad?
Por eso les invito a que miremos un poco cuál fue la oración de San Pablo, cuál fue la súplica de él, y encontremos cuál es la calidad de lo que él, de lo que Pablo le está pidiendo a Dios Nuestro Señor. Dice: "Doblo mis rodillas ante el Padre, para que os conceda, por la riqueza de su gloria, fortaleceros interiormente mediante la acción de su Espíritu" Carta a los Efesios 3,14-16.
Primera cosa que nos llama la atención: San Pablo ora con un fervor increíble y no está pidiendo nada para sí mismo, ¡qué lindo ese acto de desprendimiento, de amor! ¡Qué bello pensar que nuestras oraciones más encendidas sean por la Iglesia, por el Pueblo de Dios! Ahí ya se nota calidad.
Pablo se sitúa no en sus intereses ni en los intereses de Cristo Jesús, él pide, pero pide con calidad, y ya demuestra la calidad en que está orando por otros, por el pueblo de Dios con un fervor increíble. ¿Y qué pide por esas otras personas, por esa comunidad? La fortaleza que da el Espíritu Santo.
Es decir, San Pablo realmente está pidiendo la presencia viva, la acción penetrante del Espíritu. Y claro, vienen a nuestra memoria aquellas palabras de Jesús: "Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" San Lucas 11,13; y eso es lo que Pablo está pidiendo aquí, el Espíritu Santo, la presencia eficaz, actuante del Espíritu.
Segunda petición de Pablo, es que estamos ante un maestro de oración: "Que Cristo habite en vuestros corazones" Carta a los Efesios 3,17. ¡Lindísimo! Realmente el corazón de San Pablo, estaba en una absoluta sintonía con el Corazón de Cristo, que quiere habitar, permanecer.
¿Cuáles fueron los pensamientos de Cristo en ese diálogo después del la Última Cena? "Permaneced en Mí" San Juan 15,4. Cristo quiere que nosotros permanezcamos en Él y Cristo quiere permanecer en nosotros. "Que Cristo, dice San Pablo, habite por la fe en vuestros corazones" Carta a los Efesios 3,17.
Entonces las dos peticiones grandes de San Pablo ¿cuáles son? La presencia del Espíritu, la efusión activa del Espíritu, la presencia, la inhabitación de Jesucristo. Y eso lo pide por la Iglesia, por el Pueblo de Dios, ¿y para qué eso? Pues claro que ahí está todo.
Pero es muy hermoso ver cómo en este texto San Pablo nos muestra para qué pide eso, y dice: "Para que arraigados y cimentados en el amor, podaís comprender con todos los santos la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento" Carta a los Efesios 3,17-19.
Es una petición lindísima, lo que Pablo pide es que esté en nosotros la efusión viva del Espíritu, la presencia viva de Cristo, para que tengamos raíz en el amor y para que alcancemos a conocer el amor, para que el amor sea nuestro principio, eso indica raíz, y para que el amor sea nuestra meta, y eso lo sugiere San Pablo cuando dice: "El amor de Cristo que excede todo conocimiento" Carta a los Efesios 3,19.
¡Qué hermosura de oración! La Eucaristía es la oración por excelencia de la Iglesia, en la Eucaristía llevamos todas nuestras intenciones.
Pidamos al Señor, yo digo, por intercesión de San Pablo, que nos haga hombres y mujeres de oración, que nosotros, llenos de estos mismos sentimientos, aprendamos a orar.
Toda petición la va a recibir Dios, Él es un Padre amoroso, Él recibe, acoge nuestras palabras y nos va formando, educando, pero indudablemente, oraciones como éstas son raciones que acarician, cautivan, atraen de modo particular la bendición de Dios.
Que Él se glorifique en nuestra vidas y nos haga verdaderos orantes.
Amén.