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Fecha: 20021019
Título: Los atajos que podemos seguir para llevar una vida sencilla y santa
Original en audio: 24 min. 38 seg.
Hay muchos atajos en la vida cristiana y en la vida espiritual. Hay muchas maneras fáciles de avanzar y así lo ha querido Dios, porque la santidad no es una carrera de resistencia.
La razón por la que Dios ha dejado caminos fáciles y difíciles es porque hay gente que le gusta lo difícil y hay gente que le gusta lo fácil. Pero las cosas no tienen que ser difíciles, sin embargo, en el proceso uno resulta muerto, todos tenemos que morir y morir nos cuesta a todos. Pero no es que las cosas tengan que ser difíciles.
Si miramos a los santos vemos que hay santos que recorrieron un camino muy complicado y santos que recorrieron un camino muy sencillo y hoy gozan del mismo Dios. Por ejemplo, el 19 de octubre los Franciscanos celebran a un sacerdote sumamente penitente, Pedro de Alcántara, y hay muchos santos así, llenos de penitencia.
Los Dominicos recordamos, por ejemplo, a Luis Bertrán, o Enrique Seuse, pero no es que tenga que ser así, Dios no pone requisitos, Dios ofrece oportunidades.
Si la salvación fuera con requisitos estaríamos haciendo inútil la Cruz de Cristo, inútil la Sangre de Cristo, y eso es lo que critican los protestantes. Dicen: "Cuando usted siente que tiene que comprar su salvación, usted lo que le está diciendo a Jesús es que su Sangre no alcanza para el tamaño de mis pecados, no alcanza su Sangre". Ahí sí, como dice el refrán, "por hacer más, hacemos menos".
El que piensa que necesita hacer algo para adquirir la salvación está renegando de Dios, está blasfemando. La salvación no es difícil, la salvación es fácil y está llena de atajos para que se salven todos: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" 1 Timoteo 3,15.
Luego, el pecado no es rechazar el camino difícil, el pecado es rechazar el camino de uno, eso es lo grave; lo grave no es rechazar lo difícil ni lo grave es rechazar lo fácil, lo grave es rechazar lo de uno.
Porque Dios tiene un camino para cada uno y ese camino va señalado por una serie de letreritos que la Biblia nos los cuenta muchas veces: la humildad, la alegría, la paz, la generosidad, los frutos del Espíritu.
Si una persona, por ejemplo, y esto lo enseña muy claramente Santa Catalina de Siena, se obstinara en un camino de penitencia como intentó, por ejemplo, Lutero ¡y dele y moleste con su bendita penitencia! hasta que se le pudrió el corazón, hasta que desesperado sintió que no cabía en la Iglesia y se largó.
¿Para que le sirvió buscar un camino difícil? El problema no es si mi camino es fácil o si mi camino es difícil, el problema es que sea el camino mío.
Hay una santa tan linda, todos los santos son lindos pero para uno de hombre le parecen muy lindas las santas, una santa muy linda, Santa Teresa de Jesús, que conoció de todos los caminos, lo difíciles y los fáciles, con mucha rezadera, con poca rezadera, con muchas lágrimas, con pocas lágrimas, con muchas penitencias, con pocas penitencias, conoció de todo.
Finalmente, lo que ella le dice a Cristo es: "¿Que mandáis hacer de mi?" Lo que tú quieras, si es un camino tranquilo y alegre ¿por qué se lo voy a rechazar? Si mi Papá Dios me lleva por un camino tranquilo y alegre, ¿quién soy yo para decirle: "-No, lléveme por el camino complicado? "-¿Por qué? ¡Yo quiero eso para usted!"
No querer uno el camino que Dios quiere para uno, ese sí es un pecado, porque cuando uno no quiere el camino que Dios quiere para uno, ahí se entró soberbia o vanidad, o desconfianza de la misericordia. "¡Es que yo quiero saber que el Cielo me lo gané! ¡Quiero tener esa certeza!" Palabras que le crean ilusiones a Satanás y le crean tristezas al corazón de Cristo.
Uno tiene que saber que la santidad no es difícil y la santidad no puede ser una santidad enferma, congestionada, complicada, inhumana; no puede ser.
Claro que estas palabras se pueden utilizar para buscar la mediocridad, pero yo no las retiro, porque si una persona es mediocre y se mantiene en contacto con la Biblia, la Biblia tiene suficiente poder para despertarla, para hacerle ver que así no es.
La Biblia como la entiende y la predica la Iglesia, desde luego. Entonces no hay que preocuparse tanto por el camino, si me toca un camino largo.
Un santo decía: "Bueno ¿ya habré llorado suficiente mis pecados pasados? Yo admito que eso para la psicología de él tal vez pueda servir, pero para mí eso no sirve, yo no me planteo ese problema, no sé si será pecado decir esto en público, pero yo no me planteo ese problema.
"A ver, sí será que ya hice, si no hice"; yo entiendo que ese santo fuera por ese camino, pero yo no me siento por ahí. Bueno, ¿y de dónde viene el tema de los atajos? Pues del evangelio de hoy: "Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los Ángeles de Dios" San Lucas 12,8.
¿Será que alguien puede derribar la palabra de Cristo? Yo creo que no, nadie puede derribar la palabra que Cristo dijo; nadie, nunca jamás.
Yo pienso que Jesús se pondría de mi parte, yo tengo esa idea, yo tengo ese pensamiento, que Jesús se pondría de mi parte, yo creo eso, porque me ama, porque derramó su Sangre por mí, porque me ha educado de una manera increíble, me ha entendido como nadie me ha entendido, nadie, ni hombre, ni mujer, ni amigo, ni pariente, nadie ha podido ni entender ni llevar mi vida como Él lo ha hecho; me ha entendido, se ha compadecido de mí, me ha perdonado, me ha hablado, me ha multiplicado las señales.
Y además de todo eso, yo me acojo al atajo de de Lucas, 12,8, ahí dice que, "si yo me pongo de parte de Él ante los hombres, Él se pondrá de parte de mí en el Cielo" San Lucas 12,8; yo me acojo a ese atajo. Esa puerta ¿por qué me la van a cerrar? Ahí está, ahí dice que uno puede hacer eso, ¿yo por qué no voy a aprovechar eso?
¿Sabe que hay otras personas que dicen: "No, es que el Señor me llama a un camino de abnegación, de soledad, de cruz"? Entonces, ¿qué hace uno de sacerdote cuando se encuentra a una persona que dice eso?
Como decía una religiosa, meses antes de terminar de chiflarse, porque murió loca: "El Señor me pide que no me desahogue con nadie"; murió loca, eso parece un chiste pero es verdad. Murió y se le fue corriendo la teja, yo no sé si era porque se le corrió la teja decía esas frases, o a esas frases se debieron que se le corriera la teja. O como decían mis abuelos: "Juntas cosas".
No sé, pero el hecho es que ella empezó con que Dios tenía un camino con ella "y que no, y que el Señor me pide que no me desahogue con nadie"; y un día la congestión o lo que fuera y ¡pum! Se reventó por allá la psique. ¿Si sería eso? A mí siempre me quedó la duda, es que eso es real, ¿sí sería que Dios le pediría eso?
Yo me guío por las otras señales, que son señales de humanidad: la paz, la humildad, el buen sentido, la alegría, si no hay esas señales, a mí que me vengan con muchos carismas, milagros, y penitencias, y ya está a punto de explotarse; yo no creo en eso.
Definitivamente, la humanidad tiene que ser santa, pero la santidad tiene que ser humana; definitivamente, y si no están esas señales....
Yo creo que esa hermana murió mal, ella era una religiosa dominica, yo no sé finalmente por qué le pasó eso, y no lo puedo responder. Pero yo creo que quién sabe si hasta una parte de responsabilidad tengo yo en eso.
Y no sé si habré hecho penitencia suficiente para ese caso, por no haberle recordado Lucas 12,8, y decirle: "¿Y usted por qué no acoge un atajo?" Cuando el Señor me llama que "no tengo por qué seguir un atajo", verifique cuál es su Señor, constate, por favor, y verifique, averigüe muy bien, porque su Señor está un poco raro.
"Si uno se pone de mi parte ante los hombres" San Lucas 12,8. La mejor promoción vocacional, yo casi no creo en los promotores vocacionales, sobre todo después de los últimos acontecimientos.
Pero la mejor promoción vocacional que yo haya visto es un cartelito que tenían unas monjas, allá en un afiche en su noviciado o algo así: "Jesús, estamos haciendo todo para que te conozcan y te amen". ¡Ay qué lindo, qué tierno, qué amoroso! Y yo dije, "esta es mi comunidad", pero no en las monjas.
"Estamos haciendo todo para que te conozcan, estamos haciendo todo para que te amen"; es un oficio lindísimo y es un oficio deleitable, es tan fácil hacerle propaganda a Jesús.
Es que Él se la hace solo; es tan fácil y tan bello hacerle propaganda a Jesús, y mire el premio que tiene: "Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los Ángeles" San Lucas 12,8.
Entonces, vamos a suponer que tengo a Pilar, dice uno, "bueno, voy a tomar ese camino", y se murió Pilar... monja, no monja, pero no sé, murió. Como eso se cumple, entonces ¿cómo es la muerte de Pilar? Es muy linda, Llega Pilar allá a las puertas del Reino Celestial y dice Jesús: "Bueno, yo declaro a favor de Pilar", ¡y ya!, está resuelto todo, ya estuvo hecho todo.
¿Quién va a discutir esto? Allí no hay mandos medios, allí no hay burocracia, simplemente Jesús dice a todos los Ángeles: "Yo declaro a favor Pilar", "bueno, está bien, correcto, siga"; ¿qué más hay ahí? Nada más. Es gratis, es bello hacerle propaganda a Jesús, es muy fácil.
Es tan fácil como hablar de la luz ante el sol, ante un sol radiante. Qué fácil hacerle propaganda a la luz, es muy fácil, no es difícil y es bello.
Teniendo, decía Santa Teresa de Jesús en la lectura del Oficio, teniendo a tan buen capitán que se puso de primero, ¿qué problema para nosotros? Se puso Él de primero, lo duro lo complicado lo hizo Él.
De manera que nosotros, ¡ah, entonces no vamos a sufrir!, ¡claro que vamos a sufrir!, pero vamos a sufrir según el camino nuestro, según el camino de cada uno, y es un sufrimiento tan tranquilo, es un sufrimiento en tanta paz, con tanta alegría que es la señal de los que verdaderamente saben de esto.
La hermana esa que lamentablemente murió trastornada, tenía arrugado todo; "Dios me pide que no me desahogue..." Y yo, tonto, porque usted sabe que a uno le pasan muchas cosas y por eso se pierden las vocaciones, porque uno no está despierto, en que no atacamos, no nos damos cuenta.
Y yo, de bobo, no caí en cuenta que si ella decía: "Dios me pide que no me desahogue", lo que estaría diciendo es: "Dios me pide que me ahogue"; me faltó esa pequeña redacción ahí, español de primero de primaria. "Dios me pide que no me desahogue", ¿qué significa? Que, "Dios me pide que me ahogue". ¿Cuál Dios será ese? Un Dios un poco raro, un Dios muy extraño.
El gran reto, mis amigos, tantas cosas que quisiera decirles pero tantas, pero el gran reto para el tercer milenio es que la humanidad sea santa y que la santidad sea humana, porque el mundo ya no cree en ninguna otra santidad, no cree.
Lo primero que hace la gente antes de que nosotros digamos: "Es que el Evangelio..., es que la Iglesia..., es que el derecho..., es que el teólogo...", antes de cualquier palabra, lo primero que mira es que, ¿está sano? ¿Esta persona está sana? si está sano entonces empieza la gran pregunta: ¿Oye, está sano y es generoso? ¿Está sano y es casto? ¿Está sano y es humilde?
El problema es ese que está sano, ese es el gran problema, ese es el quebradero de cabeza, eso es lo que revienta la mente del mundo, está sano y ama, está sano y ora, está sano y quiere al Papa, "mira, sano y bien, y quiere al Papa, entonces, ¿cómo así?" Pero es ese el primer test que nos hacen.
Si no estamos sanos, todo lo que notros hagamos lo explicarán como una enfermedad. "-Mira, es de una pureza" "-pureza no, un trauma", y, "verás, que es un problema que trae con toda su sexualidad"
Y usted, toda su virtud y toda su castidad y su no sé qué. Y eso, en términos del Evangelio, únicamente significó trauma, está traumatizado. Y una vez que nos etiquetan, hasta ahí llegó la evangelización. "-Usted pretende, usted que está enfermo, usted que no entiende su afectividad, usted que no entiende su sexualidad pretende que..., ¡vaya y cúrese!"
Hoy estaba orando, daba gracias y le pedía al Señor por el Papa, y pensaba en la santidad del futuro, y por lo menos lo que sentía con mayor claridad es que la gran diferencia entre este tiempo en el que vivimos y el tiempo de Francisco de Asís, de Gregorio Magno y el de Pacomio y el tiempo de todos, es que ahora la santidad tiene un rostro muy especial, que es este rostro.
Y yo tengo una esperanza, y con esto terminemos, con estas palabras, que antes de morirme voy a alcanzar a ver varios ejemplos de esta santidad. Y hay que ver como el mundo queda derrotado.
Tú estabas haciendo una oración, por ejemplo, por ese ateísmo que nos rodea, no te angusties, mi hermano, tú lleva en el rostro descubierto la gloria de Cristo, como decía San Pablo, y que los que se rompan la cabeza sean ellos.
Es el mundo el que tiene que decir, "-oye, es que usted debiera ser un traumatizado y no lo es", "-es que usted debiera de ser un enfermo, según nuestros esquemas"; "-usted no debiera estar vivo, y está vivo", "-según nuestros esquemas, usted no pudiera amar, y ama"; "-según nuestros esquemas, usted no debería hablar de esto y lo habla, y lo habla bien". Hay que reventarle los esquemas al mundo.
¿Te imaginas lo que es conocer a una persona bien sana y penitente? ¿Te imaginas el quebradero de cabeza que es eso para el mundo? Eso sí es muy bueno y es muy fantástico.
Yo he conocido gente así. Yo no me considero una persona muy sana, pero creo que no debo desahogarme, ¡no, al contrario! Lo digo para que oren por mí, de veras.
Pero les cuento lo que Dios ha hecho conmigo, que faltará mucho, pero a mí me admira Jesús, me admira la obra de Dios, sin caer en aquello que decía un predicador español: "Bueno, es que hay gente que no dice y no canta, el Señor ha hecho en mí maravillas", sino, "el señor ha hecho de mí una maravilla".
Sin caer en eso, yo pienso que la revolución de Dios es gente así, gente sana, que vive la Cruz y la vive con alegría, y que habla de Jesús y le hace propaganda, gente así, gente inexplicable.
Recuerda, que los que se tengan que romper la cabeza son ellos, no tú; tú, alaba a Jesús, tú, vive sano, vive feliz; y los que tengan que reventarse la cabeza sean ellos, hasta que digan: "-No lo entiendo".
Esa es la fuerza de la Madre Teresa, esa es la fuerza del Papa, que es un santo. Y dicen: "-No, ya el Papa ya es un firmón sin lucidez; ya el pobre viejo". ¡Y nos da cada sorpresa!, así cada mes, cada dos meses.
Y la gente dice: "No, espérate, porque ya está que se muere", y hace otra cosa y vuelve de otro viaje. Y: "No, es que la Iglesia va mal", y reúne unos cuantos millones, y ya el mundo no sabe qué hacer. Lo que pasa es que el Papa tiene a Dios adentro, eso es lo único que pasa.
Entonces los que tienen que reventarse la cabeza son otros, y esa es la vida de un cristiano, es una vida sencilla, es una vida alegre y después de pasarla bien aquí sufriendo, claro, después de pasarla bien aquí, y con la cruz y sufriendo, se va al Cielo y sigue bendiciendo a Dios. Esa es la vida.