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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20021019

Título: Aprender a descubrir los tesoros que hay para nosotros en la Palabra de Dios

Original en audio: 15 min. 44 seg.


Dos Cartas de San Pablo, aquella dirigida a los colosenses y la que conocemos como dirigida a los efesios, son llamadas por los exégetas "Cartas de la Cautividad".

Pablo, preso, escribe a comunidades que le conocían, pero que probablemente no habían sido evangelizadas por primera vez por él.

Estas dos cartas tienen mucho parecido, tienen ya el carácter de encíclicas en cierto modo. Así por ejemplo, leemos en algún lugar de Colosenses que Pablo dice: “Pásenle esta carta a los de Laodicea, y lean ustedes la carta de ellos" Carta a los Colosenses 4,16.

Se ve que tienen un propósito doctrinal y meditativo más específico, en comparación con Cartas como la de Gálatas o incluso Corintios, y desde luego Tesalonicenses, que eran más documentos de circunstancia redactados para responder a hechos y situaciones por los que iban pasando las comunidades.

Puede que sea la edad, puede que sea la experiencia misionera, tal vez la cautividad o la gracia que iba obrando más y más en la inteligencia de Pablo, o probablemente todas estas cosas juntas. El hecho es que estas dos Cartas, y muy especialmente la Carta a los Efesios, son como prolongados y solemnes himnos al plan de Dios, que ha sido desplegado en Jesucristo.

Si en la Carta a los Colosenses, el Apóstol se esfuerza por mostrar la supremacía de Cristo sobre toda potestad, porque era tentación de los colosenses darle demasiada importancia a los espíritus y a los poderes y a las potencias del Cielo.

Si ese es el tema en Colosenses, en Efesios de alguna manera, la perspectiva es todavía más amplia, porque se trata de mostrar la obra de Cristo dentro del conjunto del plan de salvación.

Y de ahí surge, ciertamente, ese cántico que la Liturgia de las Horas recoge para alegría, para dicha y salud nuestra los lunes en las vísperas; cántico quecempieza diciendo: "Bendito sea Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo" Carta a los Efesios 1,3.

Ese carácter meditativo, ese carácter como de alabanza, da a las frases, a la fraseología de la Carta a los Efesios un aspecto demasiado amplio, casi retórico, casi barroco.

Y uno puede quedarse como súbito oyendo esos textos amplios, en los cuales se va contando y se va contando el misterio de Dios, porque son frases de cuatro y cinco renglones en las cuales se menciona la gracia, la gloria, Cristo, el misterio, el plan, la Iglesia, aleluya, amén.

Son unas frases amplias en las cuales uno se puede perder, y puede recibirlas como palabras bonitas. En el cántico, por ejemplo, que está al principio en el capítulo primero, leemos esto: “Él nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor” Carta a los Efesios 1,4.

Y viene luego esta frase amplia: “Nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.” Carta a los Efesios 1,5-6.

La frase, desde luego, suena familiar a quienes oramos con la Liturgia de las Horas, pero por familiar no necesariamente es bien meditada, ni bien masticada, ni bien asimilada.

Repito, son tantas las palabras de sabor teológico que entran en estas expresiones, que uno se puede quedar únicamente como con la música y procurando, si lo va a cantar, que el tono sí corresponda a lo que se quiere para las vísperas.

Algo parecido sucede en el texto que nos ofrece la Iglesia para el día de hoy. Tal vez sea de las más largas: “Ilumine los ojos de vuestro corazón” Carta a los Efesios 1,18.

¿Quien? "Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros los que creemos, según la eficacia poderosa de su fuerza que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro" Carta a los Efesios 1,18-021.

Esa es una sola frase. En esta edición eso tiene ocho renglones, es una frase de ocho renglones. Los que hablan de redacción y de estilística dicen que uno nunca debe decir frases de ese tamaño porque el efecto,probablemente, es lo que yo me imagino que sucede en muchas de las iglesias, si se dispara el lector, y bien pronunciada dice esta frase, pues la persona que escucha seguramente dirá: "Amén".

Pero de ahí es difícil que se entienda, nuestros oídos ya no están acostumbrados a una construcción gramatical tan amplia, en cambio, en estos idiomas clásicos, el griego y el latín, sí sucede así.

Yo por eso estoy pensando, y algo así intenta la traducciónaquella de “Dios Habla Hoy”, que textos tan amplios como este, toca ver la manera de reconstruirlos en frases más cortas, según el estilo actual, pero no por amoldarse al estilo actual, sino sobre todo según la capacidad actual de los oyentes para ir digiriendo lo que se recibe.

Necesitaríamos tener como una especie de nueva traducción por fracesitas cortas, para que no se pierda este contenido que es hecho para nuestra contemplación, para nuestro amor, para nuestra admiración, para edificación nuestra.

Entonces habría que buscar una traducción más o menos de esta forma: Ruego a Dios que ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis tres cosas. Ahí vendría un punto, claro, eso ya es alterar el texto porque evidentemente en el griego no dice tres cosas, sino dice la frase largota de ocho renglones que acabamos de escuchar.

Pero si yo comento esto de la traducción, no es por hacer un ejercicio mental o un juego con ustedes, sino es porque yo quisiera invitar a que siempre, al escuchar esta serie de textos, cuando usted sienta que realmente no entendió nada, pues váyase a su pieza, saque una Biblia y procure luego entender.

Pero no deje, de caridad no deje que la Palabra de Dios le caiga y le caiga como una gotera, le caiga y le caiga como un aguacero que se pierde. Esta Palabra de Dios no fue proclamada para las bancas, para el techo, para los bombillos, para los cuadros; esta Palabra fue proclamada para nosotros.

¡Y yo noto que efectivamente las bancas me ponen un cuidado! Todo lo oyen con ese respeto, nunca chistan nada, siempre reciben todo lo que uno tenga que decir. Nosotros no podemos oír la Palabra de Dios como la oyen, si oyeran, las bancas o los techos.

Tenemos que salir de la iglesia y tenemos que salir de la lectura de la Palabra con claridad en la mente, con fuego en el corazón y con ganas de buenas obras en las manos.

Entonces yo hoy voy a intentar, con la ayuda de Dios, una especie de traducción súper libre, en la cual lo que quisiera es que usted encontrara como herramientas para su propia lectura.

Entonces, sería una cosa como así: “Dios Padre de Cristo, ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis tres cosas". Y luego seguramente usted imagínese que esto estuviera escrito, luego uno haría una listica: primero, segundo, tercero; que se vea qué es lo que está diciendo el Apóstol.

Entonces, primera: ¿Cuál es la Esperanza a la que os llama? Punto aparte. Se cambia de renglón.

Segunda: ¿Cuál es la riqueza de gloria que da en herencia a los santos? Punto aparte.

Tercero: ¿Cuál la extraordinaria gracia de su poder para nosotros los que creemos?

Esas son las tres cosas, entonces uno las saca así como en limpio. ¿Cuáles son las tres cosas? Hasta que no nos la sepamos, no termino yo la homilía.

Entonces son: "La esperanza a la que os llama" Carta a los Efesios 1,18. Se trata de que de que Dios ilumine mi corazón para que yo sepa cuál es la esperanza a la que me llama. Entonces ya cuando uno coge las coge así corticas las ideas, ya ahí sí puede más o menos masticarlas.

Es que esas frases de ocho renglones se parecen a unas hamburguesas a las que les hacen propagansda ahora, que son unas hamburguesas en día propaganda, que son como así, que eso no hay boca que alcance a morderlas, entonces, se queda uno, suponiendo que le dieran de esa hamburguesa que a mí no me han dado, pero suponiendo que le dieran, se queda uno prácticamente sin alimentarse, porque no tiene uno cómo masticarlo.

Entonces uno tiene que coger la hamburguesa y tiene que armarla de otra manera hasta que quede bien planchetica, bien pequeñita, de acuerdo con el tamaño de la boca de uno.

y es preferible queusted haga una hamburguesa bien planchetica y bien pequeñita y se lleve dos bocados bien comidos, a que usted coja la hamburguesa y todo se le vaya en suspiros y en decir: "¡Qué hamburguesota, qué hamburguesota! Y la babee un poco, ¡y qué hamburguesota! Y hasta luego", y hasta ahí llegó.

Yo creo que muchas personas asisten a la Eucaristía así. Van, miran, huelen un poco, babean otro poco, y suspiran, y se devuelven para su casa. ¿Eso será lo que Dios quería? ¿Eso era lo que Dios quería cuando escribió estos textos por la pluma inspirada del Apóstol? No lo creo yo.

Entonces usted, así se lleve un pedacito de frase, pero que se lo lleve, que sea alimento suyo.

Entonces, dice el Apóstol que, "Dios ilumine mi corazón para que yo comprenda cuál es la esperanza a la que me está llamando" Carta a los Efesios 1,18. Bueno, siquiera aunque sea ese pasabocas, aunque sea esa gotica, pero algo me pude llevar, ¡algo comí!

Y de ahí luego usted empieza a rumiar, usted empieza a masticar: "Bueno, ¿cómo es esa historia de que yo conozca, yo comprenda? ¿Cómo es el verbo? Porque los verbos son importantes, ¿cómo es eso de que yo comprenda? ¿Cuál es la esperanza a la que me llama? ¿Cómo así que yo comprenda? ¿Entonces qué, hasta ahora no he comprendido nada? ¿No he entendido la Palabra? ¿O más bien será que esta esperanza requiere como una iluminación especial del Espíritu?"

Entonces ya uno empieza a masticar, ya uno empieza a reflexionar, a meditar, y ya uno no se queda sin alimento.

Lo mismo puede tomar el segundo punto: "Para que comprendáis, -porque el verbo es el mismo-, para que comprendáis cuál es la riqueza de gloria que da en herencia a los santos" Carta a los Efesios 1,18. Esa sola frase sirve para un retiro espiritual, esa sóla frase.

Entonces usted coja esa hamburguesota de ocho renglones y usted empiece a pensar: "Bueno, ¿cuál es la riqueza de gloria que da en herencia a los santos?" Entonces uno tiene que pararse en cada palabra: "La- riqueza-de-la-gloria-que- da-en-herencia-a-los- santos"- Carta a los Efesios 1,18.

"Hola, yo ni había pensado que los santos tuvieran herencia. ¿Los santos tienen herencia? Yo no sabía. Vea, los santos tienen una herencia, y es una riqueza de gloria, yo no tenía ni idea de eso".

Perfectamente una persona puede asistir a Misa todos los días, excepto cuando le da el “abrazo del pato”, puede recibir la Palabra de Dios, y oír y comulgar, y recibir, y seguir, y morirse probablemente de viejo, sin haber caído en la cuenta que los santos tenían una herencia.

Esta Palabra de Dios ya no debe desperdiciarse más. Recibámosla que es para nosotros, y apliquemos lo mejor de nuestro corazón, de nuestro amor, de nuestra inteligencia a encontrar en ella los tesoros que Dios reservó para nosotros, porque hay tesoros para nosotros en la Palabra de salvación.