O283001a
Fecha: 19961016
Título Con palabras aparentemente duras para nosotros, Cristo evangeliza a sus enemigos
Original en audio: 7 min. 38 seg.
Son duras las palabras del Señor en este evangelio contra los fariseos y contra los juristas.
La crítica constante a los fariseos es hipocresía, y la crítica a los escribas y a los juristas es el hacer leyes pesadas como fardos para los demás, y quedarse uno tranquilo.
Esa dureza de las palabras de Cristo hace que quizá lo miremos en nuestro corazón como disgustado, como bravo. Indudablemente, palabras de este género tuvieron que ser dichas con cierto disgusto, probablemente con ira.
Pero yo creo que si nos quedamos sólo en la ira nos puede pasar como a la niña que no ha hecho las tareas y llega el papá y la regaña, y entonces saca una conclusión: ""Mi papá estaba muy bravo".
Quedarse en la braveza o en la bravura, quedarse en la ira o el disgusto de Jesús, no es entrar mucho en su palabra y en su misterio. Y quedarse uno solamente en obrar lo que lo ponga contento al otro, o dejar de obrar lo que le produzca mala cara, eso no es todavía verdaderamente obrar según el Espíritu.
Además, pensemos que la expresión que utiliza Cristo: "¡Ay de vosotros!" San Lucas 11,42-44, no es tanto un insulto, porque para insultar existían palabras en el arameo y en el griego, y las ha habido en todos los idiomas.
El único insulto que recuerda el Evangelio en labios de Cristo, no está dicho por Él, sino precisamente corregido por Él, "rakhá", eso era un insulto de la época, algo así como imbécil, o como cabeza hueca, o cosa parecida; esos sí son insultos. Y el oto es decirle "renegado", como quien dice: "Usted apostató de su fe, usted no es ni siquiera israelita".
Por cierto, esto es curioso, porque en nuestra cultura los principales insultos que recordamos tiene que ver con la familia y concretamente con la mamá del pobre que recibe el insulto.
En cambio, aquí los insultos que conocemos tienen que ver con la pertenencia del pueblo de Israel, como que era más mamá Israel que la misma mamá. Y en ese sentido, desprender, excomulgar de Israel era más grave insulto que cualquier otra cosa.
Entonces, Jesús en este pasaje no es que esté bravo con ellos y empiece ya a insultarlos: "Y a la salida nos vemos"; no, no es esa la tónica de Jesús. Lo que está diciendo es: "¡Ay de vosotros!" San Lucas 11,42-44. Y yo creo que estas palabras se pueden tomar muy literalmente.
Realmente, lo que dice Jesús es una lamentación, es el dolor de una vida perdida: "Ustedes obrando así, fariseos, se están perdiendo a ustedes mismos".
Lucas tiene muchos "ayes". Como sabemos, en el texto de las Bienaventuranzas, junto aquello de: "Bienaventurados vosotros" San Lucas 6,20-22, también trae:"¡Ay de vosotros!" San Lucas 6,24-26.
Y bueno, cuando se dice: "Bienaventurados vosotros" San Lucas 6,20-22, ahí no se está aplaudiendo, sino se le está diciendo al otro: "Tienes una razón para ser feliz".
Lo mismo, pero en sentido opuesto, hay que decir de los "ayes". "Ay de vosotros", en realidad significa: "Tú tienes una razón para esta triste, deberías estar entristecerte".
Si uno traduce así, mire cómo cambia este evangelio: "Deberíais entristeceros, fariseos, porque pagando el diezmo de las legumbres, pasáis por alto el derecho y el amor de Dios. Tendríais que esta tristes, fariseos, porque os contentáis con los asientos de primera en las sinagogas y os bastan las reverencias por la calle".
En realidad, Cristo los está evangelizando, no les está dando fuerte; si les estuviera dando fuerte, simplemente les diría: "Renegados, rakhás, lárguense", o cosa parecida. Jesús no los está insultando, les está diciendo: "Con qué cosa tan pequeña se están conformando ustedes! ¡Ustedes se bastan, ustedes se satisfacen con los honores de la gente! ¡Qué poco conocen a Dios! ¡Pobres de ustedes!"
En vez de decir "¡ay de vosotros!", quizá tendríamos que decir también, en la última Malaventuranza de este texto, "pobres de vosotros, fariseos, sois como tumba sin señal y la gente pasa sin saberlo".
El jurista interviene y dice: Nos ofendes también a nosotros" San Lucas 11,45. Desde luego que los interlocutores miran esto como una ofensa, miran esto como un regaño, como un insulto. Pero repito, es lo mismo de la niña caprichosa: "Ay, mi papá estaba tan bravo, tan bravo y tan bravo..."
¿Por qué no mira lo que estaba haciendo usted? "Se puso tan bravo, se le congestionó la cara, se le brotaron los ojos, yo pensé que le iba a dar algo a mi papá" ¿Y usted? ¿Y usted? ¿Usted qué estaba haciendo? ¿La parte suya qué? ¿Qué? ¿Qué es lo suyo?
Entonces lo mismo aquí. Estos fariseos y juristas, así fueran gente de apariencia tan respetable, pues obraban como esa niña caprichosa: "¡Ay, qué cara nos está haciendo Jesús!¡Qué palabras son esas!¡Mira cómo estás congestionado!" Tendrían es que caer en la cuenta de la parte de ellos.
"Deberíais entristeceros, juristas, porque abrumáis a la gente con cargas insoportables, y vosotros no las tocáis ni con un dedo" San Lucas 11,46.
¡Es tan hermoso descubrir que, incluso a sus mismos enemigos, Cristo los estaba evangelizando! Y que no eran explosiones de rabia, sino explosiones de amor las que le llevaban a hablar como lo hemos escuchado hoy.