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Fecha: 20021011

Título: ¿Que es ser justo ante Dios?

Original en audio: 8 min. 50 seg.


Con la ayuda de Dios deseamos decir alguna palabra, hermanos, sobre la primera lectura, donde San Pablo hace un contraste muy fuerte entre dos tipos de personas: hay gente que busca justificarse por la fe, y hay gente que busca justificarse por las obras de la Ley.

Este lenguaje al principio puede sonarnos un poco lejano, pero si lo miramos y lo estudiamos un poco, descubrimos que lo que dice San Pablo es perfectamente actual, es vivo y quiere ser vida en nosotros.

¿Qué quiere decir eso de justificarse? ¿Qué quiere decir la justificación? Es una palabra que San Pablo utiliza mucho, la justificación, ser justo por las obras, ser justo por la fe.

¿Qué quiere decirla justificación? Para nosotros una justificación es una explicación. Una persona, decimos, se justificó cuando dio una explicación. Y muy a menudo decimos el término justificación, pensando en una especie de disculpa, como cuando una persona nos da excusas y le decimos: "Mire, no me dé justificaciones; no venga aquí a justificarse".

Cuando hablamos así, estamos entendiendo la palabra justificación a la manera de disculpa o a la manera de excusa. Eso no es lo que San Pablo quería decir. Justificarse significa llegar a ser justo. Es lo primero que debe quedarnos claro hoy.

Cuando San Pablo habla de la justificación, habla de llegar a ser justo. ¿Y qué es una persona justa para nosotros? Es justo aquel que se porta bien, aquel que cumple con los deberes. Pero ser justos en la Biblia es algo más que eso. Ser justos es estar habitado, estar poseído por la justicia de Dios, estar a paz y salvo con Dios.

Podemos decir que allí donde está Dios, no cabe la injusticia, y que por lo tanto, cuando en la Biblia se habla de justicia, no se está pensando en códigos, cárceles, tribunales, sino se está pensando en la manera de relacionarse con Dios.

Ser justo ante Dios es poder permanecer en su presencia, es estar en una relación abierta con Él, una relación sincera, una relación sin tropiezos. Más o menos como lo que sucede cuando dos personas está en buenos términos, cuando son buenos amigos, cuando no hay problemas entre ellos, cuando se entienden; eso es es lo que quiere decir justo. Es una relación de claridad, de amistad, estar a paz y salvo con Dios, estar tranquilo ante Dios.

Lo podemos entender con un ejemplo de la familia. Una vez sucedió que nosotros en casa estábamos jugando, y como niños traviesos que éramos, nos tirábamos un balón, una pelota de caucho, creo yo, con el trágico resultado de que la pelota fue a dar contra una porcelana que mi mamá quería muchísimo, y la porcelana se fue al suelo y se rompió.

En el momento en el que se rompe la porcelana de la mamá, no se rompe sólo la porcelana, uno siente: "Ahora tengo un problema con mi mamá". No es una cosa, es una relación que se daña. Y cuando va llegando la mamá a la casa y ella abre la puerta, y ella entra y nos mira, ya nosotros estábamos cortados y estábamos esperando el regaño.

La relación se había dañado, nosotros sentíamos que no podíamos ni mirarla tranquilamente porque le habíamos hecho daño en algo que ella quería mucho, en la porcelana que ella quería tanto.

Eso quiere decir la justicia de Dios, es algo así. Es una relación de amistad, es una atmósfera en la que no hay nada que ocultar, en la que no hay nada que esconder.

Tomemos un ejemplo de la Biblia, el de Adán. Ustedes se acuerda que Adán hablaba con Dios y Dios hablaba con Adán, al principio. Pero Adán cometió la falta, lo mismo que su esposa Eva, ¿y entonces qué empezaron a hacer? A esconderse, a ocultarse; no se sentía tranquilo ante Dios, no podía, por decirlo así, mirarlo a la cara; estaba incómodo con Dios, no estaba a paz y salvo con Dios.

Entonces así entendemos un poco qué quiere decir la justificación. Llegar a la justificación es estar a paz y salvo con Dios; es poder sentir que no tengo nada que esconder a Dios, que puedo tratarlo con una relación abierta, sincera, como la de un hijo que está feliz al lado de su papá o de su mamá.

¿Y cómo se puede llegar a eso? ¡Esa es la gran pregunta, no sólo del tiempo de San Pablo, sino también la gran pregunta para nosotros! ¿Cómo se puede llegar a esa relación? ¿Cómo se puede llegar a estar a paz y salvo con Dios? Y allí es dónde Pablo nos explica, en la Carta a los Gálatas, que eso no se puede conseguir solamente con las obras de la Ley, como quien dice, eso no se puede comprar, a Dios no se le puede comprar.

Más o menos es lo mismo que sucede con el ejemplo de la porcelana. Si cuando llega mi mamá le tenemos la casa bonita, la loza lavada, la ropa extendida, y tenemos toda la casa limpia, de todos maneras la relación con ella se ha dañado, he lastimado, he dañado algo que ella quiere, y eso que se ha dañado, eso que está roto, eso sólo se puede reparar por un acto generoso de perdón que viene de Dios, ese acto generoso es los que se llama la redención.

La redención es un regalo por el que Dios comprende, por el que Dios abarca, envuelve nuestra miseria y entiende lo que somos y dice: "Por una decisión mía, por amor que te tengo, te voy a perdonar, porque tú nunca podrás comprarme esa porcelana."

Eso, por más que un niño cogiera cinta pegante y colbón y empezara a poner los pedacitos, ¡eso no se arregla! Entonces sólo cabe un acto de perdón: "Está bien, entiendo que eres un niño, entiendo que no tienes cómo reparar, yo voy a seguirte amando"; ese es Dios y esa es la redención.

¿Y esa redención cómo se recibe? ¿Comprándola? No. Se recibe aceptándola, se recibe creyéndola. Y eso es lo que San Pablo nos dice: "No nos pongamos a comprarle la salvación a Dios, creamos en el amor que Él nos ha tenido, amor que se manifiesta sobre todo en la Cruz y en la Sangre de Cristo. Aceptemos así a Jesús, que es el gran regalo de la redención; acojamos así a Jesús y en Él tendremos nuestro descanso y la alegría de ser verdaderamente justificados.