O253002a
Fecha: 19980923
Título: Dejar que sea el orden de Dios el que prime en nuestra vida
Original en audio: 6 min. 31 seg.
Miremos amados hermanos, cómo es de grande y de eficaz la bendición de Jesucristo; cómo aquello que parece imposible, arduo, se vuelve de repente sencillo; cómo de la misma manera que sale el sol y se derrite el granizo, así también vemos que sale Jesús y desaparece, se deshace todo el frío del alma, desparece todo obstáculo del corazón y queda el camino expedito para el amor de Dios.
Cuando es Jesús el que envía, cuando es Jesús el que confiere el poder y la autoridad, los demonios huyen, las enfermedades retroceden, el pecado se destruye, florece la gracia y la alegría. ¿Qué poder tan grande el de Jesucristo! ¡Una palabra de Él, realmente, es es suficiente para traer salud y para traer vida a nuestra vida!
Y por eso uno puede preguntarse, cuando las cosas a veces parecen imposibles, uno tiene que preguntarse si será eso lo que Dios realmente quiere, o so tal vez no es. Vale la pena preguntarse eso.
Ejemplo: uno quisiera que muchas personas se convirtieran. A veces uno quiere, por ejemplo, que una determinada persona en la familia de uno se convirtiera. Y entonces uno como que pone toda su atención y todos sus propósitos y toda su fuerza en que esa persona se convierta, y uno siente como que se esfuerza y se esfuerza y nada logra.
Cuando uno mira este evangelio, capítulo noveno del evangelio según San Lucas, uno se pregunta: "Bueno, ¿será que es realmente esa persona la que tiene que convertirse en este momento? Evidentemente, Dios quiere llegar a todo el mundo, Dios quiere llegar a todas las personas, pero uno tiene que preguntarse por el orden en el que Dios quiere que sucedan las cosas.
Entonces uno está pensando en que, "primero se tiene que convertir fulanito, y este va ayudarme a la conversión de sutanito, y ellos dos me van a ayudar a la conversión de...."
Y de pronto ese no es el plan de Dios, de pronto el plan de Dios es distinto. Y entonces uno está haciendo fuerza, y está tratando de convencer, y tratando de persuadir, y tratando de lograr... Tal vez no es por ahí.
Por eso la obra de Jesucristo es admirable. Y como para probarles a los discípulos, sin sombra de duda, que teniendo a Cristo lo tenían todo, como queriendo probarles eso, los mandó en la más estricta mendicancia: no bastón, no alforja, no pan, no dinero, como quien dice, "teniéndome a mí, lo tendrán todo; no necesitan nada más". Mostrando, que un ejército pequeño, cuando es bendecido por Dios, logra grandes victorias.
Por consiguiente, si no vemos que suceden las conversiones,si la vida de las personas no está cambiando, de pronto es que no es esa la persona que tiene que convertirse en ese momento; entonces uno tiene que tener esa inteligencia que dice Jesús aquí, en cuanto a los que no los recibieran: "Saliendo, habiendo sacudido el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos" San Lucas 9,5.
"Saliendo, habiendo sacudido el polvo" San Lucas 9,5. Hay que saber salir de la ciudad que no se convierte; hay que saber salir de al persona a la que ya se le predicó y no se convirtió; hay que saber salir, salir; el evangelizador tiene que ser ágil; el evangelizador no se puede quedar en la ciudad pecadora rogándoles a ver, si de una manera o de otra, se van a convertir o no se van a convertir.
"Entonces voy a traerles a otro que les haga milagros, y voy a traerles a otro... y....". No. Sacudir el polvo, hay que saber sacudir el polvo; "ah, pero se van condenar", no sabemos, no sabemos si se van a condenar, no sabemos; probablemente la palabra que les va a llegar va a ser otra, ¿quién a dicho que tienes que ser tú? ¿Quién ha dicho?
Y uno muchas veces, sin darse cuenta, uno está pecando de soberbia; eso nos pasa a todos, pero especialmente a los sacerdotes. Porque uno quisiera tanto que a esta personita, que a este muchacho, que este matrimonio, que esta niña se convirtiera, y uno está, sin darse cuenta, tal vez impidiéndole el orden divino a Dios.
Hay que saber seguir el orden de Dios, porque las cosas de Dios suceden con una gran paz y con una gran sencillez, como esa expresión de júbilo con la que acaba el evangelio de Lucas: "Saliendo, pues, recorrieron los pueblos anunciando la Buena Noticia, y curando por todas partes" San Lucas 9,6.
Esa tiene que ser la imagen nuestra. Hay que anunciarle a las personas, pero también hay que saber detenerse, y también hay que saber decir: "Tal vez no es por aquí, tal vez es por otro lado". Y a veces las personas que uno más quisiera, no son las personas que Dios estaba pensando. Entonces hay que tener esa agilidad y dejar que sea el orden de Dios el que prime en la vida de uno.
Señor, danos de tu Espíritu, danos la docilidad a tu Palabra; danos, señor, poder ser moldeados por ti; que seas tú el que nos des la forma, y que seamos verdaderamente evangelizadores.
Amén.