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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19980918

Título: Los cristianos tenemos el deber de ayudar a Jesucristo en la propagacion del Evangelio

Original en audio: 13 min. 6 seg.


Esta parte del evangelio de Lucas que acabamos de escuchar, es propia de este Evangelista.

Hay hechos y milagros que son contados por varios Evangelistas, por ejemplo, la multiplicación de los panes, la cuentan varios; pero hay otros que son como propios de cada uno, por ejemplo, la resurreccion de Lázaro sólo aparece en el Evangelio de San Juan.

Así también, este pequeño pasaje que hemos escuchado de San Lucas, es propio del Evangelista, es una particularidad de él.

Lucas tiene varias particularidades, por ejemplo, la importancia que él le da a la alegría, la alegría en el Señor; la importancia que él le da al Espíritu Santo; la confianza que tiene de que el Evangelio lo acogen, en primer lugar, y lo viven los pobres; el orden con el que expone los tiempos, los lugares y las personas.

Cada Evangelista tiene sus particularidades, y Lucas tiene estas, y también tiene una que hoy nos interesa. Lucas, tanto en su evangelio como en los Hechos de los Apóstoles, resalta el papel, la importancia de la mujer.

Por ejemplo, cuando Pablo va a entrar a Europa, cuando se va a iniciar la evangelización de lo que hoy es Europa, Pablo entra por el norte de Grecia, por una ciudad llamada Filipos; esa región se llamaba en aquella época Macedonia.

Pablo llega a Filipos, junto con algunos compañeros de misión, y se dirige a un lugar donde sabía que se reunían los judíos, y se encuentra con algunas mujeres piadosas, y se pone a conversar sobre el Evangelio de Dios.

Y estas mujeres fueron las primeras que se convirtieron. Una de ellas le insiste a Pablo, y le dice: "quédate, si crees que realmente me he convertido, quédate, quédense en mi casa". Y dice San Lucas: "Y nos obligó a quedarnos" Hechos de los Apóstoles 16,15.

Es esa especie de hospedaje forzoso, que es una muestra del cariño pero al mismo tiempo de la voluntad firme y de la convicción firme que tiene la mujer. Y a través de esta mujer, el Evangelio tuvo su primer nidito, su primera cuna en Europa.

Y ahí se fundó, en Europa, una comunidad, la de los filipenses, a la que Pablo le tuvo inmenso amor, profundo cariño; la comunidad que Pablo tal vez más quiso, con la que fue más afectuoso.

Si queremos saber del alma tierna de Pablo, hay que leer la Carta a los Filipenses; así como si queremos saber de su temperamento fuerte, hay que leer la Carta a los Gálatas.

La Carta a los Gálatas, a veces parece sólo una larga "vaciada". La "Carta a los Filipenses, es como una conversación de amigos, y estos amigos fueron en primer lugar estas amigas, las amigas que acogieron el Evangelio.

Lucas le da una gran importancia a la mujer para bien o para mal. Esto es interesantísimo. Si uno hace el recorrido de San Pablo en los Hechos de los Apóstoles, uno va siguéndole la pista a los lugares donde llegaba el Apóstol, y prácticamente, el Evangelio pegó, allí donde lo aceptaron las mujeres. Esta no es una coincidencia.

Así, por ejemplo, nos encontramos, con que fueron estas mujeres de Filipos, las que le abrieron la puerta para Europa, pero así también nos encontramos que en elgunos otros lugares, como en Licaonia, como en Listra, como en Derbe, las mujeres distinguidas sintieron que esa modita de Pablo no iba con lo respetables que eran ellas ante el pueblo.

Y a través de la influencia de las mujeres distinguidas en el Asia Menor, tramaron contra este mismo Apóstol, incluso atentados: más de una vez tuvo que salír corriendo, tuvo que salir huyendo, porque estas mujeres se encargaban de azuzar a los respectivos esposos, la gente influyente de aquella sociedad, y organizabar persecuciones contra el Apóstol San Pablo. De manera que la mujer es clave,

Y la Biblia nos presenta retratos de mujeres, y del poder que tiene el corazón de la mujer. Contra Sansón, nada podían aquellos filisteos, nada, pero sí pudo una filistea: Dalila. Porque el que toca el corazón, el que sabe tocar el corazón, gobierna toda la vida de una persona.

Y precisamente, la ternura, el amor, los sentimientos, lo que despierta y lo que duerme; lo que suscita y lo que no suscita la mujer, tiene mucho que ver con el corazón.

Un rey, como Ajab, tenía una esposa que era idólatra: Jezabel. Jezabel, según nos cuentan los libros de los Reyes, era una mujer perversa que odiaba a Elías, y sabemos lo que logró Jezabel: que Elías fuera desterrado, echado al desierto.

Aparentemente el rey era Ajaz, aparentemente, pero si hay alguien que mande al rey, ése es el que verdaderamente gobierna, y éste no era éste, sino ésa, ésa Jezabel era la que realmente gobernaba.

Yo he pensado que esto vale no sólo para la Biblia sino para multitud de realidades en la vida. A veces creemos que darle más poder a la mujer es, por ejemplo, que ella pueda ser presidenta, o pueda ser gobernadora, o pueda ser... Ese es un modo ciertamente de representatividad, pero a veces la mujer que más gobierna y la que más influye es la que menos se ve.

Y las cosas y las cositas de la historia y los detalles de la historia nos van mostrando cómo la mujer tiene un poder muy grande, precisamente porque está muy cerca de las fuentes de la vida. Y como la mujer está cerca de las fuentes de la vida, entonces, su palabra, su mirada, su cariño, o su rechazo, o su desdén, tiene un poder especial sobre el corazón.

¿Quién eliminó a Juan Bautista? Una mujer, Herodías. Herodías estaba casada, pero había dejado a su esposo para vivir con aquel otro Herodes, con el agravante que había dejado a un hermano para casarse con el otro hermano.

Una vagabundilla, que tenía otra hija, y esta hija, la hija de Herodías, danzó delante del rey, recordamos la escena, y ese gusto, esa fascinación, fue suficiente para que Herodes, aún a regañadientes, y sabiendo que estaba cometiendo un crímen, mandara a decapitar a Juan Bautista.

Pero en otro sentido, nos encontramos cómo son las mujeres los primeros testigos de la Resurrección. La primera persona en la humanidad que fue testigo de la Resurrección, fue ésta de la que se nos ha hablado hoy, María la de Magdala, llamada por eso María Magdalena. Magdala, una región, María de de Magdala, María Magdalena fue la primera testigo de la Resurrección.

De manera que la noticia de la Resurrección, se difunde a través de las mujeres, incluso decía algún chistoso por ahí: "Cristo lo hizo bien: para que la noticia se difundiera rápido, se la comentó, se la hizo saber a las mujeres".

La fe, el don de la fe en el Resucucitado, se vió primeramente, se vio en primer lugar en estas mujeres.

Y también Lucas nos recuerda cómo, cuando estaban orando en Pentecostés, ahí estaba una mujer, y qué mujer, la Madre de Jesús, María estaba orando con los otros discípulos, y estaban otras mujeres ahí.

No cabe duda de que estas mujeres creyeron primero y creyeron con más firmeza, no cabe ninguna duda; mientras que Pedro, el gran Predro aparece vacilante, aparece incrédulo, no termina de convencerse, finalmente como que sí.

Los encuentros del Resucitado con las mujeres siempre tienen una respuesta de fe, y de fe consecuente y sólida de parte de ellas.

De acuerdo con todo esto, comprendemos cómo, desde Eva, allá en el Génesis, hasta María, María Santísima; y cómo, desde esta María de Magdala, hasta aquellas que abrieron la puerta del Evangelio en Europa; desde Jezabel hasta Herodías, la mujer tiene una profunda responsabilidad, repito: no siempre lo que más se ve, es lo que más importa.

Y muchas veces, en el corazón de un hogar, aparentemente oculta, aparentemente ajena a lo que sucede, es una mujer quien está conduciendo verdaderamente los destinos de un país, los destinos de un grupo, los destinos de una comunidad.

Todo esto es así por una razón, que ya la hemos dicho en otras ocasiones: las corriente de la vida, el torrente de la vida pasa por el corazón femenino; y la mujer, en el designio de Dios, es ministra de la vida. Esto no es solamente engendrar el organismo, engendrar el cuerpo; esto no es solamente parir a los hijos, es tener las corrientes de la vida.

Mira cómo, aunque ya estaban creciditos, Adán, o Herodes, o Ajab, estaban en el fondo en las manos, estaban en el fondo en el corazón y en el modo de obrar de esas respectivas mujeres.

Sea esta ocasión, pues, ¿para qué? Para dar gracias a Dios. A ustedes les invito: den gracias a Dios.

A las mujeres aquí presentes, qué hermoso que puedan decir esto: "Dios me quiso mujer, y esto significa que me amó porque me comunicó, desde el primer instante, la inmensa responsabilidad, -la responsabilidad sólo se le da a la gente de confianza-, me dió la inmensa responsabilidad de ser ministra de la vida en tantos y en tantos aspectos".

En segundo lugar, captemos la grandeza de ese deber, y captemos lo que eso significa, y démonos cuenta de cómo nosotros, que no nos creamos a nosotros mismos, que no nos hemos hecho a nosotros mismos, sino que fuimos creados por Dios, tenemos ante Él la hermosa responsabilidad de que esa vida vuelva hacia Él y se dirija hacia Él.

Ayudemos a Jesucristo. Mire, estas mujeres: María, Juana, Susana, estaban ayudando en el Evangelio, estaban junto a Jesús, estaban apoyando, estaban creyendo.

Unámonos también nosotros a estas mujeres, para que el Evangelio se extienda, y victorioso reine en todas partes.

Amén.