O241001a

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Fecha: 19980914

Título: La logica de la confianza en Dios

Original en audio: 3 min. 33 seg.


En este evangelio contrasta la manera como fue pedido y la manera como fue concedido el favor.

Los jefes, los ancianos judíos que hablan con Jesús, hablan de méritos y de merecimientos: "Merece que se lo concedas" San Lucas 7,4. El centurión, en cambio, habla de confianza, de abandono: "Basta con que lo digas de palabra" San Lucas 7,7.

La lógica del mérito va proporcional con lo que haya podido hacer la persona, en este caso este centurión les había construido una sinagoga, y el tamaño de lo que se puede recibir es el tamaño de la sinagoga.

La lógica de la confianza, en cambio, no está según la medida de lo que nosotros hayamos hecho o podamos hacer, sino según la medida de Dios. El que se abandona en Dios, recibe según el tamaño de Dios; el que piensa en sus méritos, recibe de acuerdo con su propio tamaño.

Y como nuestro envase es tan pequeño, y como es tan grande el Señor Dios, sólo conoce verdaderamente de Dios, el que se abandona en Él, el que se confía a Él.

Y esa es la actitud que intenta infundir en nosotros esta palabra, la de aquel que confía completamente, como en aquellas palabras que se atribuyen a Jesucristo: "Si quieres agradarme, confía en mí; si quieres agradarme más, confía más; si quieres agradarme infinitamente, confía infinitamente".

Pues así también, hagamos nosotros, y no esperemos a que suceda algo extraño o raro, no esperemos a que un amigo esté en peligro de muerte, ya, desde la celebración eucarística sucede así: el que llega pensando en quién es recibe demasiado poco.

Hay que saber, sí, que somos indignos, como nos enseña Pablo en la Primera Carta a los Corintios; hay que reconocer que somos pecadores, y reconciliarnos unos con otros, y aprender a hacer comunidad.

Pero, finalmente, de la Eucaristía se recibe, no según la medida de nosotros, sino según la medida de nuestra confianza en Él. En este sentido se puede decir que hay unas personas que comulgan más que otras; comulga más y recibe más el que cree más, el que confía más, el que ama más. Y Santo Tomás de Aquino da otra enseñanza todavía, dice que incluso en el cielo es así. El que llega a la gloria celestial con más apetito, con más hambre, con más anhelo de Dios, en últimas con más amor, ése tiene más cielo de algún modo.

Dice Santo Tomás que la única diferencia en la bienaventuranza proviene estrictamente de esto, proviene de ese amor, de la generosidad de ese amor, porque ese amor es el que abre, por así decirlo, los tesoros del Padre Celestial y el que los pone a disposición de nosotros.

Que crezca entonces la fe en esta tierra, y que crezca el amor en los cielos.