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El Evangelio de hoy está tomado del capítulo quinto de San Lucas. Es una hermosa escena, nos presenta a un pescador llamado Pedro, que resulta pescado por Cristo; Cristo pescó a Pedro, Cristo pescó al pescador y luego lo volvió pescador, pero de hombres. Esta es una manera de resumir el pasaje de hoy, el pescador que resultó siendo pescado, fue pescado por Cristo, Cristo lo pescó. ¿Por qué insisto en esto? Porque cuando Cristo envia a Pedro a que sea pescador de hombres, creo que el pasaje de hoy tuvo que estar muy grabado en el corazón de este apóstol, ¿qué significa eso de pescar hombres? ¿qué significa eso de ganar gente para Cristo? Eso lo tiene muy claro Pedro por lo que él mismo vivió, es decir la experiencia que Pedro tuvo, indudablemente es experiencia normativa, es criterio, es recuerdo que le sirve a él de referencia sobre lo que significa evangelizar, porque es que lo que vivió Pedro no fue pequeño, observemos que él que era experto pescador se da cuenta de que lo que él no alcanza con Cristo y en Cristo sí lo alcanza; y esa experiencia fuerte y maravillosa de amor y de salvación es la que lo deja completamente asombrado, pero es también la que le revela su ser más profundo: “soy un pecador”.
El asombro frente al hecho sobrenatural es apenas el comienzo, es apenas el principio mientras que de lo que se trata es de descubrir que Aquel que hace tales maravillas y que se llama Jesús quiere hacer obras semejantes en mi corazón y en mi vida. ¿Cómo repercute esto en la misión posterior de Pedro y de la Iglesia en general? Pues repercute porque evangelizar significa ayudar a que nuestros hermanos tengan esa clase de experiencia, de lo que se trata es que la gente, al igual que Pedro llegue a los pies de Cristo ¡eso es evangelizar!. Evangelizar es llevar a la gente a los pies de Cristo como Pedro quedó a los pies de Él en el pasaje de hoy.
Las características de Pedro a los pies de Cristo son: lo vemos humilde, arrepentido y confiado, abandonado, entregado, rendido a los pies del Señor; ¡entonces no digamos que estamos evangelizando si la gente a la que le hablamos no llega a esa experiencia! La experiencia a la que hay que conducir a nuestros hermanos es experiencia de humildad, de arrepentimiento y de absoluta confianza en Dios; porque esa son las tres características que vivió Pedro en ese momento; características, dimensiones, rasgos que quedaron grabadas en su corazón y que indudablemente marcaron su ministerio posterior.
No llamemos evangelización a cualquier cosa: “que la gente estuvo muy contenta, que se sintieron muy bien, que estuvieron muy integrados, que gozaron mucho”, eso puede estar bien, ¡puede estar bien o puede estar mal! ¡eso no es lo fundamental!, “que está llegando gente de alta posición social, que estamos reuniendo grandes multitudes, que el presupuesto resultó muy positivo, todo funcionó”; eso puede ser bueno o puede no ser tan bueno, el verdadero criterio es: la gente que está llegando con humildad, con arrepentimiento y con confianza a los pies de Cristo; si la respuesta es si, estamos evangelizando; si la respuesta es no, no nos digamos mentiras, estamos haciendo ruido, estamos teniendo un cierto impacto mediático pero no ha empezado el Evangelio.
Que Cristo el Señor haga de nosotros verdaderos testigos de su gracia. Amen.