O206003a
Fecha: 20100821
Título: Cristo verdadero amigo, la coherencia en nuestra vida y el significado de las palabras
Original en audio: 26 min. 03 seg.
Hermanos,
Es fuerte el tono de Cristo en este pasaje del Evangelio. Qué bueno destacar esto porque nosotros cuando recordamos a Cristo, fácilmente recordamos aquellas escenas de ternura, de bondad, de mansedumbre, pero a veces se nos olvida, que Cristo es también el que dice claramente las cosas, el que habla con firmeza, el que llega incluso a denunciar en público las falsedades y las hipocresías de sus mismos interlocutores.
Con esto quiero decir que ya tenemos una primera enseñanza en algo muy sencillo y es el tono de voz que utiliza Cristo, el tono de su lenguaje, quiero decir.
No pensemos que Cristo por ser misericordioso es tonto, no pensemos que Cristo, por ser manso no se da cuenta de las cosas, no pensemos entonces que uno puede burlarse de Cristo, que uno puede burlarse de su mensaje.
Así como es grande su Amor así es grande también el fruto que él espera de ese amor entre nosotros. Así que no pensemos que Cristo puede ser burlado y no pensemos que es simplemente uno que nos da palmaditas en la espalda y que nos aplaude todo lo que hacemos.
Pero pasemos a la materia de este evangelio de hoy, Jesús esta denunciando en concreto las actitudes y comportamientos de dos grupos que existían en aquella época: los escribas y los fariseos.
Los escribas tenían fama de maestros, porque como su nombre lo sugiere, eran de los pocos que sabían leer y escribir, habían empeñado su vida en un largo aprendizaje no solamente de la escritura sino también de las tradiciones, es decir, tradiciones de interpretación de la misma Escritura. El aprendizaje de un escriba literalmente ocupaba toda la vida. Se creía que un escriba llegaba a ser rabino, llegaba a ser maestro más o menos hacia los 40 años de edad, pero sabe que es lo grave con esa cifra…que en la época de Cristo el promedio de vida de las personas estaba solo ligeramente por encima de los 40 años.
Imagínate que en nuestro tiempo, alguien estudiara para recibir un grado, pero resulta que son tantos los estudios que tiene que hacer, que únicamente se va a poder graduar a los 75 años de edad. Es evidente que una persona que se entrara a hacer esta clase de estudios, no solamente estaría buscando un poco de conocimiento, sino que tendría que definir su vida entera como un aprendizaje y esos eran los escribas en el tiempo de Cristo. Ellos se dedicaban a aprender, y a aprender a ejercitar sobretodo la memoria y también a saber cómo disputar entre distintas opiniones. Esos eran los escribas.
Pero había un peligro, y es que estos hombres que se consideraban tan autorizados, quizás estaban perdiendo lo esencial, hay una frase que dice “los árboles no dejan ver el bosque” hay veces que uno se puede perder tanto en los detalles que se le olvida lo principal y por eso las discusiones entre los escribas y Cristo, lo que hace nuestro Señor era recordarles lo esencial y eso esencial es el amor a Dios y al prójimo, una frase que uno puede aprender perfectamente cuando es niño y que sin embargo tiene contenido suficiente para llenar la vida entera. Amar a Dios con todo el corazón, amar al prójimo como a sí mismo.
El mensaje de Cristo es escandalosamente simple y no da margen a esa vanidad que a veces tienen las personas con muchos estudios, precisamente por que saben cuanto esfuerzo y canto tiempo les ha tomado llegar hasta donde están. En cambio el mensaje de Jesús es sencillito como para los niños, como para los ignorantes, como para los pobres, como para aquellos que están en un momento de dificultad en su vida, y necesitan un salvavidas, necesitan una cuerda para sostenerse, no necesitan demasiadas explicaciones y discusiones sino necesitan salvación.
Entonces viene a haber como una contraposición entre lo que hacían los escribas y lo que hace Cristo, Cristo también es maestro, pero la enseñanza de Cristo es mucho más compacta, es mucho más sencilla y sobretodo el corazón de Cristo no está interesado en lucirse, no está interesado en la vanidad o en el aplauso de los hombres, sino está interesado en llevar salvación a todos, empezando por los más pobres, los más pequeños, los más ignorantes. Por eso la atención por eso la contraposición entre Cristo y los escribas.
¿Quienes eran los fariseos? Otro grupo de aquella época, esa palabra suena familiar en nuestros oídos, utilizamos incluso la palabra “fariseo” como un insulto, equivalente a hipócrita. Decirle a una persona que es un fariseo es decirle que es un falso, que es un hipócrita. Pero los hipócritas, es decir los que Cristo llama hipócritas, no empezaron siéndolo. Lo que primero interesaba a estos fariseos era el cuidado de la Ley, el estudio minucioso de la Ley de Moisés para saber exactamente a qué tiene derecho uno y sobretodo para saber exactamente cómo evitar ofender a Dios.
Hay que decir que tanto los escribas como los fariseos, tenían la misma preocupación de Cristo, la llegada del Reino de Dios. Solo que los escribas pensaban que ese Reino llegaría a través del estudio minucioso y a través de la enseñanza; los fariseos pensaban que el Reino de Dios llegaría a través de la práctica y la obediencia de la fe.
Pero los fariseos tenían un drama semejante al de los escribas, también ellos se perdían en los árboles sin llegar a ver el bosque entre tantos mandamientos, entre tantas enseñanzas y ordenanzas, los fariseos perdían lo más importante, la compasión, la misericordia, el amor y obviamente cuando uno se llena de tantas leyes y reglas y restricciones, suele suceder que uno aplica toda esa normativa para criticar a los demás.
Eso sigue pasando en nuestro tiempo. A veces cuando uno tiene un temperamento que llamamos psicorrígido uno anda criticando a los demás, mire este lo que hizo este, mire lo que hizo el otro, mire el de más allá… y le encontramos defectos a todo el mundo. Así les sucedía a los fariseos, criticaban a todo el mundo pero claro que esa medida tan alta de perfección que ellos planteaban, ni siquiera ellos mismos la alcanzaban.
Por eso Jesús advierte en el Evangelio de hoy, “Buena cosa es seguir las enseñanzas, de fariseos o de escribas digo yo, como un camino de obediencia a la ley de Dios y de perfección”, pero nos advierte Cristo ustedes hagan lo que ellos dicen, pero ustedes no repitan los que ellos hacen y aquí viene la denuncia principal porque ellos no hacen lo que dicen.
Y así tenemos la segunda enseñanza práctica de hoy: la resumimos en la palabra coherencia. La ley del cristiano es la coherencia. Que mis pensamientos, mis palabras, mis sentimientos y mis obras, hablen el mismo lenguaje. No puede ser que mis palabras vayan por un lado y mis obras por otro. Pero esto sucede mucho en la casa, con frecuencia pasa que se les dan lecciones a los niños con las palabras, pero luego con las obras se les dan lecciones exactamente opuestas.
Decimos a los niños:” no me diga mentiras”…-y en eso suena el teléfono - Mira papá que te necesita el señor Sánchez.- ¡ Ay dígale que no estoy…! entonces con nuestras palabras les decimos a los niños que no mientan pero somos los primeros en mentir. Decimos que es malo robar pero tratamos de no pagar impuestos, hablamos de amor al prójimo pero maltratamos las cosas que son de todos. Es una de las realidades más tristes en muchas de nuestras ciudades y países.
Te has dado cuenta cómo maltratamos la plaza, la calle, la carretera, son muestras del poco amor y respeto que tenemos a los demás. Mucha gente no le ve ningún problema a tirar un papel mientras va en la carretera, -otro que limpie allá él. Y si se empuerca esto pues que se empuerque…primero está mi comodidad…
-Hablamos de amor al prójimo y nos falta esa solidaridad. Qué pasa con nosotros, somos incoherentes… Así que la segunda lección de hoy es que hay que buscar esa concordancia entre lo que creemos, lo que pensamos, lo que sentimos y lo que decimos y lo que hacemos…nuestra primera cátedra tiene que ser la cátedra del ejemplo, del testimonio. Así llevamos dos lecciones el día de hoy.
Primera, que Jesús es muy bondadoso, pero que la bondad de Cristo no hay que interpretarla como debilidad, ni hay que interpretarla como que es tonto y no se da cuenta. ..Jesús quiere que nuestras vidas mejoren y por eso, aunque es bondadoso también sabe hablar claro y recio.
Segunda enseñanza, hoy somos confrontados con la ley ardua pero tan necesaria de la coherencia.
Tercera enseñanza que es simplemente una aclaración: quizás algunos de ustedes hermanos han oído esta crítica, que los cristianos no católicos nos hacen a nosotros los católicos: dicen ellos: esos sacerdotes de ustedes desobedecen al Evangelio porque el Evangelio dice que uno no le debe decir Padre a nadie. En cambio ustedes andan diciendo que el padre Roberto, que Padre Nelson, que el Padre Carlos, que el Padre Pedro, ustedes desobedecen el evangelio, la Iglesia Católica desobedece el evangelio.
Yo creo que vale la pena responder a esa objeción o a esa crítica. Yo voy a suponer que estuviera yo conversando con un protestante de los que dicen esto de que uno no debe decirle “padre” a nadie… yo le preguntaría esa persona que seguramente es casada y tiene hijos:- oiga ¿y sus hijos cómo le dicen a usted?… además el Evangelio de hoy dice que no hay que decirle maestro a nadie, entonces cómo vamos a llamar a la gente que trabaja en las escuelas y que enseña cosas a los niños?
Y el Evangelio de hoy dice que no hay que llamar jefe a nadie… entonces cómo vamos a llamar a los comandantes a los generales, a los gerentes, a los empresarios? no son acaso líderes y jefes nuestros?, cada uno en su respectivo campo? Así que esa crítica es muy tonta, esa crítica de que no se puede decir padre, pues eso si hubiera que tomarlo en ese sentido literal lo desobedece todo el mundo incluyendo los mismos protestantes, porque repito.. los hijos de ellos cómo llaman a los papás igual tienen que decirle papá o tienen que decirle padre.
Si a un protestante se le muere el papá y dice en la oficina y dice mi padre ha muerto, está desobedeciendo al Evangelio ¿porque llamó padre a ese señor que lo engendró? Por supuesto que no. Así que esa objeción es muy tonta es una objeción que únicamente intenta desacreditar nuestra fe pero sin ninguna sustancia.
Y esto nos lleva entonces a preguntarnos qué era lo que Jesús quería decir: aunque literalmente las palabras de Jesús son. “no llaméis Padre a nadie, ¿qué era lo que Jesús quería decir, que tenemos que agarrar el diccionario de la real academia y arrancar la hoja donde está la palabra padre y no volver a utilizar las letras “padre”? eso era lo que quería Cristo? No, lo que Cristo quería era algo distinto… sino que el lenguaje en el que él se expresa, la lengua en la que él se expresa, la lengua Aramea, es una lengua que es así profundamente directa porque está hecha de lo concreto, por eso tiene poca capacidad para el lenguaje condicional, hipotético, desiderativo o semejante…
Tu te acuerdas cuando Cristo dice: si tu ojo te hace caer sácatelo… estaba Cristo invitando a la gente a que fuera allá a donde un médico y dijera: oiga sáqueme este ojo porque es que pequé con este ojo? – Por supuesto que no. Pero es que en la lengua aramea las cosas se dicen de este modo que a nosotros nos parece exagerado y extraordinariamente brusco.
Si tu pie te hace caer, córtatelo, tiene que ir a donde el médico -Dr. Por favor córteme este píe –pero que le pasa, señor ¿por que me dice eso? es que como con este pie fui a allá a comprar un contrabando y eso es un pecado… entonces córteme el pie hágame el favor. Simplemente que en la lengua de Cristo, en el Arameo, las cosas se dicen así por esa lengua, el Arameo, tiene muy pocas posibilidades gramaticales para todos esos contrastes, hipótesis, que nosotros utilizamos en lenguas modernas.
En ese sentido hacer una traducción desde el Arameo, por ejemplo al castellano, no es simplemente tomar la palabra tal que significa pierna, la palabra tal que significa cortar, cortar la pierna… hacer una traducción desde esa lengua tan antigua que fue la lengua que utilizó Cristo, requiere algo más que eso… necesitamos que descubrir lo que podemos llamar el sentido profundo no solamente el sentido inmediato, y cual será el sentido profundo de lo que dice Cristo aquí… bueno de un modo un poco más elaborado podemos decir que descubramos en donde adquieren su significado las palabras. En donde lo adquieren.
Voy a hacer esta comparación: La apalabra cielo, la palabra cielo se refiere en la conversación ordinaria al firmamento, es decir a esa capa de aire que tenemos sobre la superficie de la tierra y que toma un color particular por la refracción de la luz, ese color suele ser azul y que además nos permite recibir la luz del sol y también recibir de noche la luz de las estrellas. Bueno, algo así sería la definición de cielo.
Pero resulta que los enamorados se dicen a veces esa palabra, “mi cielo” pero la expresión que le dice el novio a la novia “tú eres mi cielo” esa expresión de dónde saca su significado: del firmamento, del brillo de la hermosura de la amplitud del firmamento…de ahí saca su significado.
Cada palabra tiene como un lugar en la vida humana y en la historia humana, un lugar donde adquiere su significado y no debemos abusar de las palabras. Entonces, lo que en realidad Jesús nos está invitando aquí es a descubrir en donde está el origen, el verdadero significado de las palabras…
Uno solo es vuestro Maestro, Cristo. Es decir nos está invitando el Señor a que descubramos en él el verdadero Maestro, de modo que todo los demás maestros serán maestros en la medida en que se parezcan a él. Ahí es donde la palabra Maestro adquiere todo su significado.
Lo mismo la palabra Padre, la palabra Padre adquiere todo su significado en nuestro Padre del cielo ahí encontramos qué significa Padre y eso que quiere decir? Que los papás que tenemos en esta tierra, pues son papás a veces buenos, a veces regulares y a veces malos. Esos son nuestros papás. Pero el verdadero sentido de la palabra Padre, hay que encontrarlo en el nuestro Padre del cielo.
Eso es lo que Jesús nos está enseñando… No os dejéis llamar consejeros porque uno solo es vuestro consejero Cristo en él en Cristo está el verdadero consejero y todos los demás, solamente participan de ese significado.
Entonces así podemos sacar otras dos enseñanzas. La primera, que esa objeción que nos ponen los protestantes de que no se les puede llamar padres a los sacerdotes, es una objeción tonta. Porque ellos mismos utilizan la palabra padre para llamar a sus papás. O sea que eso es tonto.
Mucho más importante en cambio es descubrir que cuando Cristo nos habla de esta manera en esa lengua que fue su lengua en el arameo, lo que nos está queriendo enseñar es donde adquieren su significado las palabras y lo que vemos es que toda palabra tiene su verdadero significado en Cristo y en el Padre celestial.
Esto puede tener incluso consecuencias muy prácticas, por ejemplo, a veces uno espera que el papá que la vida le dio sea demasiado perfecto Cristo nos está diciendo mira si quieres perfección busca al Padre celestial fíjate por ejemplo lo que le pasó a San Francisco de Asís. Cuando San Francisco empezó en todo ese proceso de conversión y de acercarse al evangelio de Cristo y tomarlo en serio, el papá de San Francisco pues montó en cólera y sentía que eso era absurdo y que eso era una locura y se opuso con todas sus fuerzas al nuevo estado de vida que llevaba San Francisco.
Entonces fíjate que en esas circunstancia San Francisco se dio cuenta que su papá de esta tierra dejaba mucho qué desear, pero al mismo tiempo se dio cuenta que había un Padre del cielo que era siempre Padre y entonces aprendió que no tenía que juzgar demasiado duro al papá de esta tierra sino que más bien debía acogerse como verdadero hijo al Padre del cielo y cuando uno se siente amado por el papá del cielo aprende incluso a comprender las limitaciones y los pecados de los papás de esta tierra.
Qué cosa tan hermosa descubrir en Cristo a nuestro verdadero Maestro y descubrir en el Padre de nuestro Señor Jesucristo nuestro verdadero Abba, nuestro verdadero papá, que tu encuentres ahí tu alegría, que tu encuentres ahí el verdadero significado de estas palabras y así podrás tratar con verdadera justicia y misericordia a tus hermanos.
Entonces qué nos quedó de este Evangelio, nos quedaron tres cosas:
Primera, que Cristo no es solamente para darnos palmaditas en la espalda y para ser un “man chévere”, aunque el querido Padre Linero dice el “man está vivo”, pero no se trata solamente de que Cristo es chévere, no es solamente que Cristo es mi gran amigo, es mi amigazo, es mi amigote, ese amigazo y ese amigote también me regaña cuando me tiene que regañar, y eso es ser verdaderamente amigo.
Segundo punto, la coherencia de lo que nosotros creemos, que lo que pensamos, lo que sentimos, lo que vivimos sea una misma cosa y sobretodo tener cuidado en el testimonio que damos a los más pequeños, a los niños.
Y en tercer lugar, Cristo nos enseña en donde tenemos qué encontrar nuestra brújula, nuestro norte y en donde tenemos que encontrar el verdadero significado de las palabras que guían nuestra vida, palabras como como jefe, consejero, maestro, padre, eso tenemos que encontrarlo en el mismo Cristo en el Padre de nuestro Señor Jesucristo a quien sea la gloria por los siglos. Amén