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Uno de los pasajes más elocuentes y mejor recordados del profeta Ezequiel está en el capítulo número 37, es el que hemos leído en la primera lectura de hoy. Es el pasaje de los huesos secos, el pueblo de Israel tronchado, humillado, machacado por el destierro se siente un fracaso, pero no solamente eso, puede decirse que sienten que Dios mismo y su plan han fracasado y entonces Dios envía al profeta Ezequiel con un mensaje vigoroso que tiene por propósito elevar la esperanza más allá de las expectativas humanas, al tamaño de la fuerza misma de Dios, porque hay que reconocer que hay una esperanza que tiene el tamaño de nuestras fuerzas, por ejemplo una persona que ha tenido resultados más bien mediocres en los estudios puede decirse: “si me esfuerzo, si pongo de mi parte, si doy un paso todavía puedo sacar adelante esta carrera o esta materia”; esa es una esperanza válida y bella que se apoya sobre las fuerzas humanas, pero cuando encontramos huesos secos amontonados, irreconocibles ni siquiera en términos de qué pertenece o perteneció a quién, evidentemente las fuerzas humanas se topan con un límite, ahí no hay nada ya que se pueda hacer y lo maravilloso del mensaje de hoy es que ahí donde el ser humano dice: “ya no hay nada que hacer” ¡todavía Dios puede hacer!.
Por supuesto, el actuar de Dios va a tener un profundo paralelo con la obra misma de la creación; así como en la obra de la creación nadie le ayudó a Dios, así como Dios es la única, necesaria y suficiente causa del acto creador, así también en la redención nadie ayuda a Dios, es solamente su poder, su compasión inagotable lo que hace que Dios pueda transformar ese fracaso ejemplificado en los huesos secos, en una multitud llena de vigor, de fortaleza y de alegría, solamente Dios puede hacerlo; y por eso también llama la atención porque el milagro tiene como dos partes; Ezequiel habla y profetiza y se juntan los huesos pero todavía no tienen vida y entonces cuando Ezequiel invoca con fuerza el Espíritu divino entonces ahí sí se crea una verdadera multitud llena de fortaleza y alegría.
Lo anterior tiene un paralelo con la creación del ser humano como aparece en el libro del Génesis, también en este libro hay primero una conformación de ese cuerpo humano según la imagen del barro que Dios ha modelado, pero luego hay un momento culminante, Dios mismo sopla su aliento y a partir de ahí aparece la bendición, la alegría de la vida en aquellos que Dios ha creado, en ese momento en Adán; es decir que en el Génesis hay dos momentos: la conformación de ese cuerpo y luego la infusión de ese Espíritu; lo mismo aparece en el texto de Ezequiel, primero a través de la palabra se unen esos huesos, luego a través de la fuerza del Espíritu se constituye esa multitud llena de fortaleza y de alegría. Palabra y Espíritu, fuerza de Dios, nueva creación. En estos textos del profeta Ezequiel ¡que cerca estamos de las hermosas, de las grandes, de las preciosas noticias del Nuevo Testamento!, ¡que cerca estamos del Evangelio de la gracia! y ya que estamos cerca, no dejemos que se vaya de nosotros sin decirle: “haz tu obra Señor en mi vida, ¡resucita, levanta lo que te pertenece y haz que yo pueda vivir para tí!”. Amen.