O205002a
Fecha: 2000825
Título: El amor trae una inmensa sencillez y una profunda simplicidad a la vida entera
Original en audio: 26 min. 8 seg.
Cuando llegué a este lugar encontré que estaban reflexionando sobre la sencillez. No sé si el punto de partida fue por el evangelio de hoy, pero me parece que tiene una relación muy profunda.
Porque los fariseos eran gente que sentía que todo era muy complicado: había muchísimos mandamientos y había que tener cuidado de todos ellos, disposiciones, leyes, prácticas, ritos, que se habían convertido como en una maraña, una maraña que no dejaba acercarse a la hermosa sencillez de Dios.
Y es Cristo el que devuelve esa sencillez original a la propuesta de Dios en nuestras vidas. Le preguntan por la Ley, y responde Jesucristo, simplificando, en una preciosa síntesis, toda la Ley y los Profetas: "Amar. Amarás al Señor tu Dios. Amarás al prójimo como a ti mismo" Mateo 22,37-38.
A uno le cuesta trabajo creer que la santidad, que la perfección espiritual, que la meta de todo nuestro camino, y de toda religión, y de todas las prácticas, y todo, sea algo tan sencillo como el amor.
Y en segundo lugar, tal vez nos puede salir una pregunta: Y si todo es tan sencillo, ¿entonces por qué hay tantas cosas tan complicadas dentro de la Iglesia y por qué tenemos, por ejemplo, un Derecho Canónico y por qué tenemos ritos y tenemos tantas otras prácticas que de pronto complican las cosas?
Hace poco estaba hablando de un grupo cristiano que quiso simplificar completamente la fe. No. La fe tiene que ser una cosa mucho más sencilla, tiene que estar sólo en función del amor. Ese fue el grupo, que debemos llamar secta, de los Niños de Dios.
Los Niños de Dios eran una secta, o son, -no sé si siguen propagándose-, son una secta que tenía esa idea, tenía esa manera de obrar: "Simplifiquemos, quitemos tanto rito, tanto sacerdote, tanto ornamento, tanta ley, tanta constitución, simplifiquemos y lleguemos solamente al amor".
De modo que las lecturas de hoy, particularmente el evangelio, traen como este sentido, el amor que simplifica, que condensa, pero luego la pregunta: "Bueno, y si todo está tan condensado, ¿entonces por qué seguimos tan complicados?
Empecemos por lo primero y admiremos la simplicidad inmensa que da el amor. Cuando una persona no se ha resuelto a amar todavía, tiene que tener muy buena memoria, como los mentirosos: todo mentiroso debe tener buena memoria. Cuando una persona no se ha resuelto a amar, tiene que tener muy buena memoria para saber cómo está el estado de la deuda que todo el mundo tiene con él.
Cuando una persona no se ha resuelto a amar, tiene que conservar muchas cuentas corrientes, y tiene que conservar en su memoria todas las deudas que todas las demás personas tienen con él o con ella. Y tiene que conservar todas esas cuentas, para luego tratar a las personas y saber exactamente qué tiene que darle a cada persona, para no darle a nadie más de lo que se merece.
Este oficio de llevar escrupulosas cuentas de todo lo que me han dado y de todo lo que no me han dado, de todo lo queme deben y de todo lo que me negaron, este esfuerzo de llevar todas esas cuentas, ocupa de tal manera la mente humana, que queda luego sin fuerzas para hacer nada.
Por eso nadie vive tan ocupado, nadie tiene tan poco tiempo como el que está encerrado en sí mismo; su vida a duras penas le alcanza para atenderse a sí mismo. Porque tiene que cuidar precisamente toda las deudas que el universo entero tiene con él o con ella.
Tiene que cuidar todas esas deudas, tiene que saber exactamente que "fulano de tal ese fue el que no apareció cuando yo lo necesité", "y este es el que me la hizo", "y este me la debe, pero en juego largo hay desquite".
Resulta que llevar las cuentas en juego largo, es una manera de tener ocupada la mente y ocupado el corazón, y por eso egoísta es aquel que tiene toda la vida llena sólo de sí mismo, y claro, no le cabe nadie más: "A duras penas puedo con mis problemas; no me cuente los suyos", decía por allá una calcomanía cruel. "Estoy demasiado ocupado en mí; no puedo atenderle".
Tiene que tener mucha memoria y tiene que afanarse de todo lo suyo, pero no sólo de lo pasado sino de también de lo futuro: "¿Y ahora qué va a pasar conmigo? ¿Y ahora qué será de mí? ¿Y qué tengo que hacer?".
Desde luego, para esta persona no existe nadie que tenga sufrimientos peores, no existe nadie que tenga necesidades mayores; es una vida complicada.
El amor trae una inmensa sencillez a la vida, una gran sencillez, una profunda simplicidad a la vida entera.
Aparece un ser humano, "-ahh-", pues muy sencillo, aparece un ser humano, aparece alguien para amar, "-¿Pero quién va a vivir eso?-" Pues sí, hay gente que lo ha vivido. Y desde la sencillez de sus vidas, desde la sencillez de su mensaje ayudan a simplificar las vidas de los demás, precisamente por eso. El amor trae una profunda unidad a la vida.
Yo, un vez, bueno, me perdonarán que esa parte es un poquito antifeminista, pero no es con ánimo de lastimar a nadie.
Una vez estaba viendo yo a un grupo de jóvenes, un grupo de muchachas, estaban hablando entre ellas, pero era un tiempo difícil para ese grupo de amigas, porque unas no se entendían con las otras, y las otras estaban resentidas con las primeras, y bueno, era una situación compleja.
Entonces yo miraba un poco a distancia, en un trabajo de grupo, yo miraba cómo obraban estas niñas, y sobre todo me llamó la atención la cara de una de ellas.
Porque, hagamos de cuenta que eran cinco muchachas las que estaban ahí, entonces ella cambiaba la cara, pero de una manera impresionante, cuando oía hablar a la que le caía bien, hacía una cara amble, con la que estaba peleada, se mostraba seca, dura, cero sonrisa.
La que sí ha sido fiel y la que sí funcionó, "entonces con esta sí sonrío, con esta más confianza; con esta otra, la desconfianza".
Claro, una persona así tiene toda su vida ocupada sólo de sí misma. Eso es mucha miseria. Tener uno en la vida como único contenido sólo a uno mismo, eso es mucha miseria, esa sí es la soledad.
La soledad en no tener a nadie más que a uno mismo, ¿y por qué no tiene uno a nadie más que a uno mismo? Porque uno lleva todas esas cuentas, entonces tiene que estar ocupado de todo eso, para no darle a nadie más de lo que se merece. El amor trae simplicidad, el amor trae profunda paz.
Pero no sólo en el amor al prójimo, también en el amor a Dios. Santa Teresita del Niño Jesús, ahora Doctora de la Iglesia, tiene una frase muy hermosa: "Quiero, que a cualquier hora del día, cuando me pregunten: "Qué estás haciendo?" Yo pueda responder: "Yo estoy amando a Dios".
El amor a Dios como tónica general de nuestro día, como tónica general de nuestra vida, eso da una profunda simplicidad a la existencia.
Cuando nosotros empezamos a vivir, -claro, nos falta muchísimo-, pero cuando empezamos a vivir esa clave del ofrecimiento continuo al Señor, de todo el día, de toda la noche, de lo bueno y de lo malo, de lo que nos duele, de lo que nos incomoda, de lo que nos gusta.
Cuando empezamos a ofrecerle al señor todo o que somos y le presentamos todo lo que tenemos, y cuando todo es así, para Él, ¡ay eso da una profunda paz! ¡Eso da una profunda sencillez al alma!
Bueno, creo que se podrían decir muchas cosas, pero basten estas por el momento en cuanto al primer punto.
El amor trae sencillez, esto uno lo empieza a creer cuando lo empieza a vivir. Cuando uno se da cuenta de que es más sencillo decirle: "Gracias, Señor, en lo bueno y en lo malo", eso simplifica demasiado las cosas.
"-¿Pero yo cómo le voy a decir al Señor que gracias cuando llegan las cosas difíciles?" "-Bueno, entonces sigamos el camino largo; como usted es terco, sigamos el camino largo. Siéntese y le explico. Cuente alguna cosa que a usted le haya sucedido en el pasado y no se que".
Entonces la persona empieza a contar todo lo que le ha sucedido, sus dolores.... "-Bueno, entremos a analizar, por favor, su parte de responsabilidad en el asunto: ¿qué surgió de ahí? ¿Qué cree usted que significaba eso en su vida? Qué ha pasado después? ¿qué cre usted que esto puede aportarle?"
Todos los psicólogos coinciden en dos cosas: en que la presencia de la adversidad nos madura; la persona sin adversidades no madura. Y segundo: que la persona alcanza equilibrio cuando puede asimilar las experiencias duras de su pasado, y quese nuevo equilibrio que alcanza le eleva a un nivel mucho más luminoso, con una perspectiva mucho más amplia.
"Entonces empecemos. A ver, su caso, cuente sus dolores, su situación, diga de su vida, vamos a tener paciencia, hable, amnalicemos", y ese análisis puede durar años y años, y por eso la gente entra en tratamientos psicoanalíticos demasiado largos, para mi gusto, demasiado largos.
Pero yo tampoco tengo muchas cosas que proponer, porque yo conozco gente que dura años y años, y tampoco parece que avanzara gran cosa en la fe, de manera que no tengo mucha autoridad moral en eso.
El hecho es que la gente entra en unos tratamientos largos, hasta que de pronto un día se le ilumina la mente y descubre: "Oiga, sí, claro que tenía sentido, claro que de esas dificultades de las que nació mi existencia, claro que eso tenía un sentido, claro que a esas dificultades les debo lo que soy".
Como decía hermosamente un pensador: "Es que las cometas se elevan es contra el viento, no vemos cometas que se eleven a favor, es contra del viento". Bueno, y hay tantas frases bonitas en este sentido.
Entonces uno empieza a entender: "Claro, es que en esas dificultades, es que ahí estaban las claves en lo que tenía que ser mi vida, ¡entiendo!"
¿Cuánto tiempo pasó?: Ocho años, diez años, quince años, treinta años, sesenta años, hasta que al fin uno dice: "Ay, sí, con ese pedazo de familia que me dieron, con esa infancia triste y desvergonzada que yo tuve, con esa juventud sola y atribulada".
Sí sí, pero ahí descubre uno que había un sentido. Pero, claro, lo descubre cuando deja de gritar, y cuando deja de maldecir, y cuando deja de criticar, y cuando deja de buscar culpables. Y la demora es esa, la demora es que uno deje todas esas mañas.
Cuando uno deja de hacer todas esas cosas, y asume esa pasado y desde ese pasado se levanta, entonces uno descubre: "Claro, lo mejor de mi vida, los momentos más grandes de mi vida en realidad están unidos a los momentos más duros y tristes de mi vida". Pero de aquí a que uno entienda eso pasa tiempo y tiempo y tiempo.
Entonces San Pablo propuso un camino más cortico, San Pablo propuso esto, mire: "Usted empece por dar gracias, eso le elimina de una vez el problema de que empiece a maldecir, empiece a criticar, a renegar, a buscar culpables: "Ay,yo me voy a suicidar, y yo me voy a acabar".
Deje la bobada, empiece por dar gracias, empiece por ahí, tome la actitud sencilla, tome el camino simple que significa: "Dios me está amando siempre, yo quiero amar a Dios siempre". Ese es el camino sencillo.
"-No me gusta su camino sencillo", "-pues, vaya, púdrase. De aquí a unos veinte, treinta, cincuenta años, entonces usted llegará a descubrir: "Ay, sí, sí, sí era", o "no era", lo que sea que llegue a describir.
De manera que sí existe un camino simple, el camino simple es: "Dios te ama siempre. Si tú amas siempre a Dios, encuentras vida". Ya, ese es el camino sencillo. Y se te acelera la comprensión de las cosas, y más pronto entiendes que todo fue porque te amaba".
Pero uno es como un niño que tiempla la nalga. Todos los que van a poner inyecciones a los niños, el trabajo es convencer al niño de que no tiemple la nalga. Claro, cuando tiempla la nalga, le produce más desgarramiento, se complica, se demora.
¿Cómo hago para explicarle al niñito de cuatro años y medio que excite una cosa que se llaman los antibióticos? El niño no entiende y dice: "No, yo no quiero", y entonces le dice: "Mijito, a ver,un señor llamado Fleming descubrió la penicilina, la penicilina dio origen a toda una rama de la química farmacéutica que fue a dar a los antibióticos, mijito".
El niño no entiende ni cinco, ¿entonces el niño qué hace? Lo que hacen los niños: reniega y tiempla la nalga. De todas manera hay que aplicarle la inyección.
Entonces hay un camino corto, hay un camino que simplifica, hay un camino rápido, hay un camino ágil, y el camino es: "Dios siempre me amó, Dios siempre me ama, Dios siempre me amará.
Yo siempre quiero amar a Dios, yo quiero amarlo por lo que ha hecho conmigo, yo quiero amarlo por lo que hace conmigo, yo quiero amarlo por lo que hará conmigo. Yo quiero amarlo siempre, y en todo lugar, y por encima de todo, y en todas circunstancias". Ese es el camino corto.
Usted escoge si seguir el camino corto o templar la nalga. Esa es la escogencia que usted tiene que hacer. Lamentablemente, muchos de nosotros escogemos el camino largo, y entonces damos y damos vueltas; pero usualmente uno lo que hace es que se va, como el hijo pródigo, y vuelve. Ese escogió el camino largo, pero la diferencia está en que él lo hizo una sola vez, uno lo hace varias veces.
Pero, usualmente, usualmente, usualmente, cada una de esas perdidas es más cortica, entonces ya uno no se va tan lejos y uno se devuelve más rápido. A uno se le va acabando como la bobada y uno dice: "Sí, es como mejor volver más rápido".
Y entonces uno empieza a volver, y ahí es cuando uno empieza como a cultivar un poquito la vida del espíritu y uno dice: "Bueno, está bien, y entonces voy a asistir a su grupo, voy a tratar de hacer algo de oración, pero con una malagana y con un desagradecimiento que ahí es cuando yo veo que Dios realmente le ama a uno.
Porque pocos papás se aguantan eso. Los que son papás aquí saben lo aburrido que es tratar a u niño así. Entonces Dios espera con paciencia y espera con paciencia porque, como dice San Agustin: "Dios es paciente porque es eterno", y el libro de la Sabiduría dice: "Tú te compadeces de todos porque todo lo puedes" Sabiduría 11,24.
El camino corto es este, el camino que simplifica es este, y San Pablo nos lo propone: "Hombre, me pasó alguna cosa, empiece por agradecer: "Gracias, Señor"".
Les voy a contar que esto sí es posible. Yo recibí un testimonio impresionante de esta realidad en mi propia familia, y quiero contarlo para la gloria de Dios.
Resulta que en mi familia mis papás llegaron a un acuerdo y es que sólo iba a trabajar mi papá, mi mamá, ella es química farmacéutica, pero realmente nunca ejerció su profesión, ella se dedicó al hogar, y como dice mi papá, "a criar cuatro hijos únicos", que fuimos nosotros. Aquí está el tercero de los criados en ese estilo.
Pues bien, resulta que por esos cambios políticos que tiene este país, mi papá se quedó sin trabajo así, en una de esas volteretas, se quedó sin trabajo. Y él, con el corazón desecho, llama a mi mamá y le dice: "Mira, me he quedado sin trabajo en este momento".
Y ese pues es el sustento, claro, existe lo que dispone la Ley, que las cesantías, que las..., pero se sabe, cuando se está en la edad madura y cuando está la situación de empleo como a veces está, esa es una noticia muy dura.
Y realmente lo primero que hizo mi mamá fue acoger el dolor de papá y decirle, en esa misma llamada telefónica: "Nosotros sabemos que el Señor no nos va a desamparar, y vamos a orar, y vamos a dar gracias".
Y de ahí, en esa llamada telefónica de ese día tan triste, empezó la carrera universitaria de mi papá. Ahí, en ese momento, en ese traspiés laboral, en esa noche oscura, ahí empezó el amanecer.
Yo mamá hubiera podido perfectamente agarrar el teléfono, reventarlo contra la pared, y empezar a maldecir los partidos políticos, y las preferencias, y las camarillas, y las intrigas, y luego arrancarse los cabellos, y luego salir a patear las piedras, y luego decir: "Si no fuera por ustedes, me mataba".
Ha podido hacer todas esas cosas, pero ella, que es una mujer de una fe increíble y hermosa y que nos ha dado tanto testimonio de tantas cosas, en ese momento lo primero que hizo fue: la mirada hacia Dios, la gratitud. No estoy hablando de una persona a la que todo le ha salido bien, estoy hablando de una persona en los momentos más duros de su matrimonio y de su familia.
"Nos vamos a quedar en la calle", en ese momento se sabe quién tiene fe y quién no la tiene, y mi mamá mostró la fe que tenía, exactamente en ese momento.
O sea que esto es real, y desde luego que los ejemplos son múltiples. El amor simplifica la vida, el amor hace que tengamos una respuesta real y profunda. Claro, no todos tenemos una gran fe, pero empiece con lo que tenga, haga una oracioncita. "-No, no la hago, voy a patear el mundo". "-Vaya, pues, patéelo bien en la nalga y vuelve, ¿qué más hacemos?"
Pero nos falta el segundo punto, que toca resumirlo por razones obvias. El segundo punto es: bueno, y si todo es tan simple con el amor, ¿entonces por qué hay tantas complicaciones en la Iglesia? Pues mira, la razón en realidad no es muy larga.
La razón es: si uno acogiera el mandato del amor, y lo viviera en consecuencia y hasta el fondo, pues no se necesitaría casi nada, todo sería elemental, toso sería sencillísimo, todo sería simplismo.
Pero resulta que uno dice una cosa, y no la cumple; uno promete, y no hace. Resulta que el ser humano acaricia con su entendimiento la belleza del bien, pero luego desprecia ese bien con sus palabras, con sus obras y con la realidad de sus hechos en la vida.
Por eso, la Iglesia nos parece complicada en tantas cosas, pero es por eso, porque la Iglesia tiene que hacer previsión de lo tercos que somos los seres humanos, y tiene que hacer previsión de todas las durezas que nosotros tenemos y tiene que hacer previsión de todas las incoherencias que tenemos.
Entonces por eso nos vamos llenando de leyes y de leyes; las cosas eran más sencillas al principio, eso se ve en la vida religiosa, por ejemplo.
¿Cómo era la cosa en la vida religiosa antes? Un muchacho quería ser religioso, sabía que había un monasterio por ahí cerquita, se acercaba, pasaba un tiempo así como de prueba, y decía: "Oiga, esta es mi vida", entonces se consagraba, y hacía su voto solemne hasta la muerte, y se acabó y ahí quedaba y moría.
Pero resulta que pasa el tiempo y se ve que eso no es así, porque entonces la persona entra, pero después quiere como salirse, y luego como que sí,luego como que no, entonces solución: ¿qué hacemos, a ver, qué vamos a hacer con eso? Toca unos votos temporales.
Entonces haga su noviciado y haga primero unos votos temporales, ¿por qué? Porque ya se sabe que durante esos votos temporales, se desgrana la mazorca, entonces hay que esperar a que pasen los votos temporales.
Pero luego resulta que no, que no estaba preparado para el noviciado, entonces téngale también un postulantado; pero la gente llega al postulantado..., entonces agréguele un aspirantado, y así hasta aquella comunidad religiosa que ya tiene novicias, postulantes, aspirantes y "suspirantes", que son las que están ahí como esperando, esas son las "suspirantes".
Y así sucesivamente, ¿por qué? Porque la gente es terca, porque la gente es complicada, entonces se necesita todo eso, y así nos vamos llenando de cosas. Las complicaciones no surgen del mandamiento de Dios, las complicaciones surgen de las incoherencias del ser humano.
Bueno, sigamos nuestra celebración, pidiéndole a Dios que la dulzura, la diáfana claridad de su amor alumbre toda nuestra existencia.
Y hagamos propósito, fortalecidos por el Espíritu Santo, hagamos propósito de tener una vida mucho más sencilla, empezando por la gratitud, hay que empezar por el agradecimiento, empezar por decir: "Señor, no entiendo nada, nada, nada, pero estoy seguro de que voy a entender más rápido si empiezo por agradecer.
Quédese con una frase que es esta: "Voy a entender más pronto si agradezco más pronto". Eso no falla, y: "Voy a entender más tarde si agradezco más tarde". Esas dos cosas están unidas.
Viviendo en la gratitud, viviendo en el amor la vida se simplifica, y entendemos esa maravillosa sencillez que trajo Cristo a nuestra vida.
Amén.