O195003a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20000818

Título: Solo desde la experiencia de la misericordia y del amor de Dios la persona es libre para escoger su camino en el mundo

Original en audio: 20 min. 2 seg.


Las lecturas de hoy nos dan una preciosa ocasión para reflexionar sobre la fidelidad. Ese lenguaje del profeta Ezequiel es muy duro.

Yo creo que si un padre, un sacerdote, un diácono se pusiera a predicar con esas palabras en la iglesia, lo mandarían censurar. Porque toda la descripción que hace tan supremamente cruda, podríamos decir, casi lastima los oídos.

No es una comparación extraña, sin embargo, en la Biblia; varias veces se compara a los pueblos con mujeres, y se compara la unión que cada pueblo tiene con su Dios, con la unión matrimonial. este es el origen de unas expresiones que aparecen muchas veces en la Biblia, en las que se compara el adulterio con la idolatría.

Buscar otros dioses se parece mucho a buscar otros maridos, y en general los corazones que son infieles para el amor humano, son infieles también para el amor divino.

Estas dos fidelidades nacen o se pierden en el mismo corazón, y por eso la Biblia tiene más de una vez este tipo de comparaciones incluso bruscas como la de esa primera lectura que acabamos de escuchar.

Pero el objetivo de la lectura no es que repasemos en nuestra imaginación la descripción de aquella pobre criatura que chapotea en su propia sangre o cosas de esas.

El objetivo de la lectura es más bien el contraste que hay entre la repugnancia, la nada de aquel pueblo, y el amor resuelto, decidido de Dios. Y luego, entre la inconstancia, la infidelidad de ese pueblo, y la perseverancia y la fidelidad de Dios.

De manera que si se describe con cierta dureza a ese pueblo, y se le maltrata como machacándole las razones de su orgullo y diciéndole: "Usted no tiene nada que argumentar a su favor", si eso se hace con esa dureza, no es por hablar mal del pueblo, sino por hablar bien de Dios.

Porque efectivamente, cuando aparece toda la miseria humana, y al mismo tiempo se muestra la fidelidad de Dios, entonces junto con esa fidelidad de Dios, aparece toda la compasión de Dios.

Y es muy importante que estos dos conceptos, que en hebreo se llama hesed y emet, la fidelidad y la compasión, los veamos siempre juntos; la fidelidad está unida a la compasión; la fidelidad no es un simple acto de la voluntad, que se mantiene por una especie de terquedad o por una especie de orgullo; la fidelidad sólo es posible desde la compasión.

Y es en últimas la compasión la que hace posible a la misma fidelidad. Es la misericordia, es la compasión la que hace posible que se mantenga en las promesas hechas un día.

Y eso es lo que nosotros experimentamos con Dios: Dios ha hecho alianza con nosotros; Dios ha hecho pacto, no sólo con el pueblo en general, sino con cada uno de nosotros; a través del bautismo, a través de las oraciones, a través de los sacramentos, Dios hace y renueva su alianza con cada uno de nosotros, y esas alianzas que Dios hace con nosotros, esas alianzas maravillosas Dios las mantiene.

Luego nos dirá el Apóstol San Pablo: "Si nosotros le negamos, Él nos negará; pero si nosotros le somos infieles, Él permanece fiel, porque Él no puede desmentirse a sí mismo" 2 Timoteo 2,12-13.

Dios permanece, la parte de Dios, la parte de la alianza permanece, y esa permanencia de Dios tiene su raíz en el amor, y como el amor de Dios es inagotable, la fidelidad de Dios es inagotable.

Esta es una referencia fundamental porque en esa referencia, en ese punto fijo, en ese eje está toda nuestra esperanza.

Cuando nuestra vida se llena de tristeza, se llena de confusión, cuando nuestra vida se llena de desaliento por nuestras faltas y por los pecados de las demás personas, hay un fuerte, hay un faro al que podemos dirigir nuestros ojos.

Y ese faro es: Dios no ha cambiado, Dios ha permanecido; la parte de Dios está firme; la parte tuya cae, la parte mía también cae. Somos débiles, somos frágiles, prometemos y a veces no cumplimos, hacemos buenos propósitos y no encontramos camino; pero la parte de Dios permanece y permanece en razón de que su amor, su misericordia son inagotables.

Desde este amor, que tiene la plenitud de su revelación en el Señor Jesucristo, desde este amor total es posible, se vuelve posible la fidelidad.

"Moisés permitió el acta de divorcio" San Mateo 19,8, comenta aquí Jesucristo, cuando le preguntan precisamente sobre este tema que siempre será controvertido, por la razón sencilla de que siempre la convivencia es difícil, la permanencia en fidelidad siempre es difícil.

Entonces le preguntan sobre este tema y Jesús dice: "Mire, Moisés les dio permiso para el acta de divorcio por lo tercos que ustedes son. Ahora os digo yo que volvemos a lo del principio, ahora os digo que si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio" San Mateo 19,8-9.

¿Por qué Jesús vuelve a esa norma más rígida, esa norma del principio que a alguien le puede parecer inhumana? Le parecerá inhumana a quien no haya conocido la manifestación del amor de Dios que hace posible esa fidelidad.

Es que predicar la fidelidad, sin la raíz de amor de misericordia, y sin la experiencia del amor y de la misericordia en ambos, eso no tiene sentido, eso es tiempo perdido.

Yo por eso estoy resuelto a celebrar el mínimo número posible de matrimonios; estoy resuelto a celebrar el mínimo posible de matrimonios, porque me parece que es una payasada, que es una mentira. Yo, ahora, los pocos matrimonios que celebro, bueno, propiamente los celebramos todos, sobre todo algunos parientes celebran el matrimonio, bueno, ya salimos de pobres...

El matrimonio lo celebramos todos, el sacerdote lo que hace es presenciar el matrimonio, esa es la palabra técnica.

Yo estoy resuelto a presenciar el número mínimo de matrimonios por la razón sencilla de que tengo que mirar muy bien con lupa si la persona tiene experiencia fuerte, no cualquier experiencia, sino experiencia fuerte de la misericordia de Dios, de la compasión de Divina; si la persona no tiene esa experiencia, yo voy a hacer lo que están haciendo en una parroquia nuestra en Madrid.

Figúrense que estuve en Bucaramanga en un encuentro de formación permanente, y el padre que dirigía este encuentro nos comentaba cómo trabajaban ellos esto de los matrimonios allá en su parroquia, y decía: "Mire, nosotros recibimos las inscripciones de las personas, pero en la primera charla lo que les decimos es: "Bueno, aquí tenemos un cheque de trescientas pesetas, o tres mil pesetas, o treinta mil pesetas", yo no me acuerdo.

Vamos a suponer que sea un cheque de tres mil pesetas. "Aquí está un cheque de tres mil pesetas y este cheque se lo vamos a dar ya a la pareja que se arrepienta y no se case". Muy pocas veces han dado ese cheque, porque la gente es así; pero el cheque sí lo ofrecen.

"Este cheque es para que no se casen. Aquellos de ustedes, -claro que la gente dirá: "Ya pagamos el curso, ya qué", aquellos de ustedes que se arrepientan de casarse, tienen su cheque, tienen su reembolso, les ayudamos, pero no se casen".

Claro, es una manera un poco drástica, como a veces somos los dominicos, una manera un poquito drástica de decir las cosas; pero yo con la idea estoy de acuerdo, y creo que voy a empezar a reunir para esos cheques, porque esa idea es buena.

A ver, ¿cuál es la experiencia de fidelidad que usted tiene? ¿Cuál es la experiencia de amor que usted tiene? Decía el Cardenal Danneels, el Cardenal de Bruselas, no sé si actualmente sigue siendo el Arzobispo de Bruselas, decía: "La gente tiene experiencias sexuales desde muy temprana edad, pero no tiene experiencias afectivas a temprana edad, y no tiene experiencias de sentido ni de amor desde temprana edad".

Entonces les quedan una cantidad de experiencias indigestas de placeres extraños que son como explosiones, de fuegos artificiales. En la noche, esa noche falta de amor de la persona, explotan unos cohetes que los llenan de luz, que los llenan de una alegría momentánea, y que los dejan en la misma oscuridad.

Pero no tien una experiencia de un amor que construya. Y una persona así, que vive en esos castillos artificiales, se casa con otra que vive en otro castillo, y entonces luego en esos castillos no se encuentran, y no tienen posibilidad de quererse ni de comprenderse.

Claro, cuando una persona de esas llega a la iglesia, llega al grupo de oración y le leen: "Mire, si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio" San Mateo 19,9. "No. Es una palabra inhumana, es una palabra durísima, esa palabra tiene que cambiarla la Iglesia, y si la Iglesia no la cambia se va a quedar sin nada, se van a quedar sin gente".

Hay varios que han vaticinado que la Iglesia Católica se va a quedar sin gente; "o cambia eso, o se queda sin gente". Eso le parece a la persona que no ha tenido la experiencia radical de la fidelidad.

En cambio la persona que ha visto que Dios le ha tenido paciencia, que Dios le ha tenido misericordia, que ha vivido esa misericordia, que la ha agradecido; la persona que ha llorado de gozo porque Dios le ha perdonado, la persona que ha descubierto que Dios permaneció firme cuando todo se le caía en la vida, esa persona sí está lista para casarse, esa persona puede casarse.

Pero normalmente ya cuando le lleguen esas experiencias, ya que, ya lo que fue fue, y entonces queda difícil. Por eso yo estoy convencido de que muchos matrimonios nunca debieron celebrarse, porque la vocación al matrimonio, según unas cuentas que un día les explico de dónde salen, parece que la vocación al matrimonio no está mucho más allá de las dos terceras partes de la población.

Es decir, cerca de una tercera parte, tanto de hombres como de mujeres, nunca tuvieron vocación al matrimonio, nunca; y se casaron porque tenían que casarse, se casaron porque había que salir de la casa, se casaron porque es la manera pues más lícita y más limpia y menos escandalosa de poner a funcionar toda la sexualidad a plena máquina, pero no había vocación al matrimonio, no la había.

Y no habiendo vocación al matrimonio, pues pasa lo mismo que le sucedería a una persona que entrara al sacerdocio, y la persona sigue y sigue, "y yo me tengo que ordenar porque mi abuelita, porque mi tía, porque salí de mi casa, porque ya qué voy a hacer, porque con este desempleo tan feroz". Obviamente, esa vocación va a fracasar.

Entonces, así encontramos una aplicación muy concreta de esto de la misericordia y de la fidelidad; experimentar la misericordia.

Claro, todo este argumento que estoy presentando, por favor, mis amigos, no lo miremos como un argumento en contra del matrimonio, sino mirémoslo como un argumento a favor de la experiencia de la misericordia.

Precisamente, muchas personas optaron por esa salida afectiva, por ese tratar de buscar amor, porque no tenían experiencia de misericordia.

Y lo doloroso para uno como sacerdote es ver que eso termina mal, y que la persona entonces da tumbos aquí y allá, y sigue buscando: "Bueno, entonces debe ser, claro, la clave está en que no busqué como tenía que buscar, es que éramos incompatibles, es que... "

Y sigue dando tumbos la persona y sigue golpeándose, como el borracho que preguntaba cuántos chichones tenía para saber cuánto le faltaba para llegar a la casa.

De modo que ya dejemos ese cuadro triste y volvámonos hacia la experiencia de la misericordia, volvamos hacia el Señor Dios, pidámosle desde el corazón: "Señor, alabo en ti la paciencia, alabo en ti que me hayas esperado, alabo en ti que quieras darme de tu amor.

Bendigo, Señor tu nombre, bendigo tu piedad, bendigo tu ternura, y te pido que me permitas sentir, que me permitas experimentar esa gracia, que me permitas esa misericordia".

Yo debería terminar la homilía ahí, pero notemos ese diálogo final que se da en el evangelio de hoy.

Cuando Jesús habló de cuál era el plan de Dios para el matrimonio, los discípulos, que podían ser lo que fueran, pero no eran tontos, se dieron cuanta de que eso estaba bastante complicado, entonces dijeron: "No, pues si así es la situación, entonces más bien organicemos alguna cosa como más llevable, ¿no? "Mejor entonces no casarse"" San Mateo 8,10.

Pero esa frase de ellos fue una frase nacida del miedo; Jesús inmediatamente los corrige: "No, es un don". No se debe escoger el matrimonio por miedo, ni se debe rehusar el matrimonio por miedo. Nada en la vida se debe hacer por miedo. ¿Por que escoger vocación por miedo? No se debe seguir un camino por miedo. Jesús inmediatamente corrige: "Se trata de un don".

O sea que finalmente, es la experiencia de la misericordia, la experiencia del amor, la experiencia de la gracia, es la que le da libertad a la persona para escoger su lugar en el mundo. Desde esa experiencia radical, desde ese sentirse amado como sólo nos puede amar Dios, ¡cuando nos convenceremos de esto!

Desde ese sentirse amado por Dios, la persona encuentra su libertad; precisamente porque me siento amado por Dios y me siento libre, entonces te escojo a ti, como tú me has escogido a mí, para que formemos un hogar, para que caminemos juntos.

Entonces yo no me voy a colgar de ti, porque ese muy complicado llevar a tuta a las personas, es muy complicado estar cargando a la gente, sobre todo que casi siempre engordan, es difícil estar cargando a la gente.

Entonces no es que tú me vas a cargar, no es que yo te voy a cargar, es que vamos a caminar el uno al lado del otro, y vamos a buscar eso hermoso que ha brillado en nuestras vidas. El matrimonio cristiano es bellísimo, pero nace de esa experiencia.

Otros, nacidos de la misma misericordia, engendrados por la misma misericordia, encuentran un camino distinto; fascinados por esta experiencia de la misericordia, y aunque sean conscientes de sus debilidades, dicen: "Pues yo me lanzo más bien a anunciar el Reino de Dios", y Dios, nos dice Jesucristo, concede esa gracia y hace maravillas.

Que venga sobre nosotros una experiencia de ese dulce amor, que venga sobre nosotros la experiencia de esa gracia, pero una gracia importante, una gracia fuerte. Como yo vivo aquí en esta casa de formación, que es la casa donde están nuestros filósofos y teólogos, pues claro, yo pienso mucho en mis hermanos y oro mucho por ellos y también cuento con la oración de ellos.

Y a veces me entra como una angustia porque yo digo: "Bueno, ¿pero estos hermanos míos sí tendrán como una experiencia así radical, embriagante, sobrecogedora, poderosa del amor de Dios? ¡Es que sin esas experiencias no se hace nada! Como le dijo el Ángel a Elías: "Come, que el camino es superior a tus fuerzas" 1 Reyes 19,7.

Cuando yo a veces veo a mis hermanos, yo digo: "Bueno, ¿pero qué experiencia de amor tendrán? Pues todo el mundo tendrá, y no todo el mundo tiene que ser como yo, ni más faltaba, ¿no? Pero digo: "Ay, Dios, ¿cómo andarán esa experiencias de amor?"

Por favor, cuando recen por los seminaristas, por los frailes, por los sacerdotes, pidan a Dios que nos regale experiencia fuertes del amor de Dios, porque es que con dos pastillitas de amor por la mañana y cada tres días, así no se puede.

El que quiera trabajar por el Reino de Dios tiene que estar muy alimentado, porque sin ese alimento sólido, sin esa experiencia profunda, embriagante, sobrecogedora del amor de Dios, no se hace nada, se dan dos, tres pasos, se empiezan a dar tumbos en una y en otra parte, lo mismo que los matrimonios.

En fin, nosotros que somos tan yo no sé, como tan limitados, tan miserables, tan pecadores, con tantas faltas, unas que se ven y otras que no se ven, por favor, roguemos a Dios que nos dé a todos experiencias fuertes del amor, fuertes, fuertes, experiencias grandes del amor de Dios, experiencias que nos convenzan.

Dispongámonos todos para tener esa experiencia, de manera que no tenga Dios que reprocharnos con esas palabras tan terribles de la primera lectura.

Ven, Señor, regálanos tu experiencia de misericordia, a los que se sienten llamados al matrimonio, a los que viven la dureza de una separación matrimonial, a los que viven la dureza de la viudez, a los que viven, Señor, la dureza de una vocación fracasada en el sacerdocio, en la comunidad religiosa.

Señor, todos necesitamos de tu amor, necesitamos sentirte, necesitamos que te adueñes de nosotros; necesitamos, Dios mío, que tomes los pedacitos en que a veces queda vuelta nuestra vida, toma esos fragmentos, toma esos pedazos, Señor, y ayúdanos.

Danos experiencias nuevas de tu amor, Señor, experiencias que nos embriaguen de gozo, que nos hagan sentir tu bondad, que nos hagan vivir tu bondad, Señor, para poder sentir también libertad, y escoger de la mejor manera el camino en el que te demos gloria en esta tierra y alabanza en los cielos.

Amén.